Príncipes morados a la plancha
Otra vez tengo la sensación de que me persiguen (creo que tengo un principio de esquizofrenia...), pero esta vez no es el pasado, sino la casualidad. Además es esa maldita casualidad que me une una y otra vez a quien no quiero unirme ni aunque me paguen, aunque durante mucho tiempo hubiera pagado porque nos unieran. Cuántas vueltas da el mundo, leches... Demasiadas, quizá. En menos de dos meses cumplo años, y no quiero... ¡NO-QUIE-RO!
Sé que suena a gilipollez, pero para mí no lo es. Cumplo veinte años, y tengo unas ganas de plantarme a los 19 que no son normales
- ¿Miedo a crecer como Peter Pan? - me dice Hangelus
Creo que no es tanto el miedo a crecer como el miedo a ser mayor. Yo quería haber hecho muchas cosas antes de llegar a los veinte y no he hecho ninguna. Creo que he estado perdiendo un tiempo precioso en gilipolleces o en hacer el vago, o también lamentándome, todo puede ser. El caso es que a mí me gusta ser una niña. Me gusta ser la pequeña en el trabajo y que me cuiden, y poder enfurruñarme cuando quiera y que todos me entiendan o que incluso les haga gracia (sí, soy una mimada y me encanta). Me gusta ir a jugueterías y gritar a cada instante y correr hacia Hangelus (o hacia el pobre que me acompañe) para enseñarle lo que he encontrado. Me encanta comprarme libros de cuentos. Me encanta escribir cuentos chorra que no le enseño a nadie en los que yo y mis amigos somos super héroes y nos enfrentamos a los ultra-villanos (que normalmente son las personas que nos caen mal o que nos putean). Me encanta hacer planes tontos para fiestas de cumpleaños. Me gustan los caramelos PEZ de cereza y los expendedores con cabezas guay. Me encanta tener ilusión porque llegan los reyes y tener mucho secretismo alrededor. Y me encanta seguir creyendo en los príncipes morados.
Cuando yo era pequeña no me gustaban los príncipes azules. Eran unos cafres y además hablaban poco porque eran semi-oligofrénicos. Yo quería un príncipe morado. Los príncipes morados normalmente suelen estar encerrados en mazmorras por malvados médicos o farmacéuticos con bata blanca (me daban PÁNICO las batas blancas), y en esas mazmorras se pasan el día leyendo cuentos y libros de todo tipo. Hasta que les rescata una princesa con sabor a PEZ de cereza con una jarra de chocolate caliente como única arma contra esas impolutas batas blancas, y entonces, los dos protas se van volando en el tractor de la princesa (no me preguntéis el por qué del tractor, yo de pequeña debía ser muy rural). El príncipe morado y su princesa con sabor a PEZ de cereza a partir de entonces se dedicaron a viajar por todo el mundo mientras el príncipe le contaba a la princesa todos los cuentos e historias que había leído mientras estaba encerrado.
Vale, era una niña rara, pero era lo que quería. Mi abuela Celia siempre se reía de mí cuando le contaba este cuento, y me decía que por qué no era una niña normal como todas, con sus príncipes azules y sus nancys... y yo le decía "jo abuela, entonces qué poco te reirías conmigo". Si es que la gente se queja de vicio...
En fin, ¡que no quiero cumplir los veinte y ya está! Aunque espero que el 3 de marzo todos me regalen un montón de juguetes...
En días como este, en el que escribo estas chorradas, me siento profundamente gilipollas... Pero no es del todo malo. Ayer Hangelus me dijo una frase de norecuerdoquién: "sólo hay dos formas de ser feliz: ser tonto, o hacérselo. De todas formas, para que este cúmulo de palabras no sea un auténtico despropósito, os dejo un fragmento de un poema de José Hierro (¡al fin me regalaron su antología!), cuán profundamente amo a este poeta...
Serenidad, tú para el muerto,
que yo estoy vivo y pido lucha.
Otros habrá que te deseen:
ésos no saben lo que buscan.
Si se durmieran nuestras almas
si las tuviéramos maduras
para mirar inconmovibles,
para aceptar sin amargura,
para no ver la vida en torno
apasionadamente nunca,
duros y fríos, como piedra
que sopla el viento y no la muda.
Almas claras. Ojos despiertos.
Oídos llenos de la música
del dolor. Los dedos felices,
aunque los hieran las agudas
espinas. Todo el sabor agrio
de la vida, en la lengua.
"Nunca podrás mojar tu pie en el río
en que ayer lo mojaste. Busca
la eternidad, vive en la alta
contemplación de su figura"
Palabrería de los libros
de la que deja el alma turbia.
Serenidad que se nos vende
por librarnos de la tortura,
por llenarnos de sueño el alma
y rodeárnosla de bruma.
Serenidad, tú para el muerto.
Sé que suena a gilipollez, pero para mí no lo es. Cumplo veinte años, y tengo unas ganas de plantarme a los 19 que no son normales
- ¿Miedo a crecer como Peter Pan? - me dice Hangelus
Creo que no es tanto el miedo a crecer como el miedo a ser mayor. Yo quería haber hecho muchas cosas antes de llegar a los veinte y no he hecho ninguna. Creo que he estado perdiendo un tiempo precioso en gilipolleces o en hacer el vago, o también lamentándome, todo puede ser. El caso es que a mí me gusta ser una niña. Me gusta ser la pequeña en el trabajo y que me cuiden, y poder enfurruñarme cuando quiera y que todos me entiendan o que incluso les haga gracia (sí, soy una mimada y me encanta). Me gusta ir a jugueterías y gritar a cada instante y correr hacia Hangelus (o hacia el pobre que me acompañe) para enseñarle lo que he encontrado. Me encanta comprarme libros de cuentos. Me encanta escribir cuentos chorra que no le enseño a nadie en los que yo y mis amigos somos super héroes y nos enfrentamos a los ultra-villanos (que normalmente son las personas que nos caen mal o que nos putean). Me encanta hacer planes tontos para fiestas de cumpleaños. Me gustan los caramelos PEZ de cereza y los expendedores con cabezas guay. Me encanta tener ilusión porque llegan los reyes y tener mucho secretismo alrededor. Y me encanta seguir creyendo en los príncipes morados.
Cuando yo era pequeña no me gustaban los príncipes azules. Eran unos cafres y además hablaban poco porque eran semi-oligofrénicos. Yo quería un príncipe morado. Los príncipes morados normalmente suelen estar encerrados en mazmorras por malvados médicos o farmacéuticos con bata blanca (me daban PÁNICO las batas blancas), y en esas mazmorras se pasan el día leyendo cuentos y libros de todo tipo. Hasta que les rescata una princesa con sabor a PEZ de cereza con una jarra de chocolate caliente como única arma contra esas impolutas batas blancas, y entonces, los dos protas se van volando en el tractor de la princesa (no me preguntéis el por qué del tractor, yo de pequeña debía ser muy rural). El príncipe morado y su princesa con sabor a PEZ de cereza a partir de entonces se dedicaron a viajar por todo el mundo mientras el príncipe le contaba a la princesa todos los cuentos e historias que había leído mientras estaba encerrado.
Vale, era una niña rara, pero era lo que quería. Mi abuela Celia siempre se reía de mí cuando le contaba este cuento, y me decía que por qué no era una niña normal como todas, con sus príncipes azules y sus nancys... y yo le decía "jo abuela, entonces qué poco te reirías conmigo". Si es que la gente se queja de vicio...
En fin, ¡que no quiero cumplir los veinte y ya está! Aunque espero que el 3 de marzo todos me regalen un montón de juguetes...
En días como este, en el que escribo estas chorradas, me siento profundamente gilipollas... Pero no es del todo malo. Ayer Hangelus me dijo una frase de norecuerdoquién: "sólo hay dos formas de ser feliz: ser tonto, o hacérselo. De todas formas, para que este cúmulo de palabras no sea un auténtico despropósito, os dejo un fragmento de un poema de José Hierro (¡al fin me regalaron su antología!), cuán profundamente amo a este poeta...
Serenidad, tú para el muerto,
que yo estoy vivo y pido lucha.
Otros habrá que te deseen:
ésos no saben lo que buscan.
Si se durmieran nuestras almas
si las tuviéramos maduras
para mirar inconmovibles,
para aceptar sin amargura,
para no ver la vida en torno
apasionadamente nunca,
duros y fríos, como piedra
que sopla el viento y no la muda.
Almas claras. Ojos despiertos.
Oídos llenos de la música
del dolor. Los dedos felices,
aunque los hieran las agudas
espinas. Todo el sabor agrio
de la vida, en la lengua.
"Nunca podrás mojar tu pie en el río
en que ayer lo mojaste. Busca
la eternidad, vive en la alta
contemplación de su figura"
Palabrería de los libros
de la que deja el alma turbia.
Serenidad que se nos vende
por librarnos de la tortura,
por llenarnos de sueño el alma
y rodeárnosla de bruma.
Serenidad, tú para el muerto.
Regresiones temporales
Últimamente tengo la asquerosa sensación de que el pasado me persigue. Su regreso a mi vida, la vuelta a casa, el café con Fernando, la sensación de que este año no ha sido más que un círculo vicioso del que espero salir... Más que un círculo vicioso es un ciclo maldito, porque no hago más que repetir fases y fases y cada una es más desesperanzadora que la anterior... ¿entonces por qué sigo repitiéndolas? Ese es el misterio de mi vida, quizá el único.
Creo que me estoy convirtiendo en una persona insulsa, sin sustancia. No hay nada más triste que una histérica sin motivo de histerismo. Me he dado cuenta de que he llevado la nave de mi vida muy mal en estos últimos tiempos. Me enganché a ella porque mi vida no merecía la pena en aquel entonces, me hice un hueco en ella y me quedé a vivir allí. Olvidé mi verdadera vida y la dejé por el camino, y me dediqué a vivir una falsa que salía de la suya. No sé si me explico... Cuando ella me echó de su vida, en mis manos quedó algo falso sobre lo que intenté construir. Volví a equivocarme, porque todo lo que edificaba se me hundía en el fango una y otra vez. Ahora intento volver atrás buscando mi verdadera vida, aquella que abandoné por el camino, pero creo que me he perdido porque ya no sé hacia dónde ir.
He estado demasiado tiempo supeditada a alguien, y me parece ridículo. Es decir, yo misma me siento ridícula, porque he hecho todo lo que dije que nunca haría. Yo decía ser un baluarte de la libertad y de la independencia, yo decía que primero estábamos yo y mi vida y luego estaba el amor, yo pensaba que ninguna persona en el mundo me anularía. Me equivocaba, porque fui yo misma la que lo hizo. Creo que estoy diciendo tonterías, porque todo el rato digo lo mismo, doy vueltas a una misma idea.
Y la idea es que me aburro soberanamente. De mí y de todo lo que represento ahora mismo. Lo tenía todo muy claro, lo que quería hacer, cómo lo iba a hacer, cuándo... Quería hacer cosas, pero se me ha secado la tinta con la que se escriben los sueños. Y estoy desesperada, porque no sé dónde conseguir más
No me da miedo la oscuridad, pero me da mucho miedo vivir en la indiferencia... y ser indiferente
V, tengo que pedirte perdón porque es la primera vez que te siento distante y alejada, y la primera vez que no siento nada hacia ti. Siempre me has despertado sentimientos fuertes, amor y odio. Cuando me iba mal te odiaba y quería irme de ti, sentía que me tratabas mal y yo atentaba contra ti. Cuando me iba bien me aferraba a ti con todas mis fuerzas, te sonreía cada día, y te llenaba de ilusiones con cada sueño que tenía. Pero ahora me siento impotente, porque no sé cómo despertarnos de esta especie de letargo en el que nos hemos sumido. Tú me das igual y yo te doy igual a ti. Qué triste. Cuando te odiaba pensaba en ti todo el rato, lo eras todo. Cuando te amaba pasaba lo mismo. Tiendo a pensar que ahora nuestra relación se ha roto. Que nos estamos abandonando.
Esto no es vida... no es muerte siquiera, no es nada. Como en “La historia interminable”... lo más temible es la nada, es el vacío, y contra él nada se puede hacer, porque cuando está cerca de ti, cuando te rodea... se te acaba metiendo dentro.
Creo que me estoy convirtiendo en una persona insulsa, sin sustancia. No hay nada más triste que una histérica sin motivo de histerismo. Me he dado cuenta de que he llevado la nave de mi vida muy mal en estos últimos tiempos. Me enganché a ella porque mi vida no merecía la pena en aquel entonces, me hice un hueco en ella y me quedé a vivir allí. Olvidé mi verdadera vida y la dejé por el camino, y me dediqué a vivir una falsa que salía de la suya. No sé si me explico... Cuando ella me echó de su vida, en mis manos quedó algo falso sobre lo que intenté construir. Volví a equivocarme, porque todo lo que edificaba se me hundía en el fango una y otra vez. Ahora intento volver atrás buscando mi verdadera vida, aquella que abandoné por el camino, pero creo que me he perdido porque ya no sé hacia dónde ir.
He estado demasiado tiempo supeditada a alguien, y me parece ridículo. Es decir, yo misma me siento ridícula, porque he hecho todo lo que dije que nunca haría. Yo decía ser un baluarte de la libertad y de la independencia, yo decía que primero estábamos yo y mi vida y luego estaba el amor, yo pensaba que ninguna persona en el mundo me anularía. Me equivocaba, porque fui yo misma la que lo hizo. Creo que estoy diciendo tonterías, porque todo el rato digo lo mismo, doy vueltas a una misma idea.
Y la idea es que me aburro soberanamente. De mí y de todo lo que represento ahora mismo. Lo tenía todo muy claro, lo que quería hacer, cómo lo iba a hacer, cuándo... Quería hacer cosas, pero se me ha secado la tinta con la que se escriben los sueños. Y estoy desesperada, porque no sé dónde conseguir más
No me da miedo la oscuridad, pero me da mucho miedo vivir en la indiferencia... y ser indiferente
V, tengo que pedirte perdón porque es la primera vez que te siento distante y alejada, y la primera vez que no siento nada hacia ti. Siempre me has despertado sentimientos fuertes, amor y odio. Cuando me iba mal te odiaba y quería irme de ti, sentía que me tratabas mal y yo atentaba contra ti. Cuando me iba bien me aferraba a ti con todas mis fuerzas, te sonreía cada día, y te llenaba de ilusiones con cada sueño que tenía. Pero ahora me siento impotente, porque no sé cómo despertarnos de esta especie de letargo en el que nos hemos sumido. Tú me das igual y yo te doy igual a ti. Qué triste. Cuando te odiaba pensaba en ti todo el rato, lo eras todo. Cuando te amaba pasaba lo mismo. Tiendo a pensar que ahora nuestra relación se ha roto. Que nos estamos abandonando.
Esto no es vida... no es muerte siquiera, no es nada. Como en “La historia interminable”... lo más temible es la nada, es el vacío, y contra él nada se puede hacer, porque cuando está cerca de ti, cuando te rodea... se te acaba metiendo dentro.
Qué coño de amor...
El otro día iba en el autobús, y tenía ese momento de vaguería extrema en que no te apetece quitarte el abrigo, ni la bufanda, ni el gorro... y mucho menos sacar el mp3 del bolso. Así que sólo me quedó pensar. En cosas negativas, como siempre. Pensé en que la quiero. Soy así de gilipollas. Y en el fondo el amor es una gilipollez, ¿no? Vamos a ver, como dice una canción, o como dice algún nick del Messenger de esas personas con las que jamás hablas, “amar es el comienzo de la palabra amargura”, y me dije, vamos a ver, más palabras que contengan el amor... Después de un rato pensando sólo se me ocurría amortajar. Vamos bien, el amor es tristeza, y el amor es muerte. Un mensaje esperanzador.
Me pasé toda la tarde pensando palabras y al llegar a casa le pedí un diccionario a mi compañera de piso y me puse a buscar. Mi actitud era optimista, creí que iba a encontrar palabras salvadoras. Pero no. Encontré lo siguiente:
Amoral. Dicho de una persona: desprovista de sentido moral.
Amoratado. Que tira a morado
Amorbar. Enfermar
Amorcar. Amurcar (golpear un toro con las astas)
Amordazar. Poner mordaza. 2. Impedir hablar o expresarse libremente, mediante coacción. 3. Ofender de palabra
Amorfo. Sin forma regular y bien determinada. 2. Que carece de personalidad y carácter propio
No sigo, pero hay más. Conclusión: está presente en palabras que se refieren a enfermedades, mordazas, acciones contrarias a la libertad, golpes, personas carentes de voluntad...
Últimamente, a saber por qué, estoy muy etimológica...
Qué revenida estoy... Será porque hace mucho que no me amordaza nadie, o porque el amor me amarga, o porque pienso demasiado en lo que son las cosas, vaya usted a saber. Yo creo que es más bien porque echo de menos algunas cosas. Ese día en el que quedas con esa persona porque te va a llevar a ese sitio especial. Y llevas pensando lo que vas a ponerte y cómo vas a oler tres días antes del momento. Y cuando por fin llega el día todo el mundo te pregunta que qué te pasa, que estas hiperactiva, o que qué te pasa, que sonríes tanto. Y cuando ya llega la hora vas sonriendo por la calle. Y cuando estás llegando al sitio te vas poniendo nerviosa, tienes los nervios agarrados al estómago, e incluso a veces te pueden llegar a temblar las manos. Y cuando la ves a lo lejos sólo puedes sonreír...
Qué bonito es el mundo en esos días en los que sientes que gira sólo para ti...
Mataría por uno de esos días. Tengo que hacer algo con mi vida. No puedo seguir perdiendo el tiempo en perseguir un solo arbejo, y como alguien me dijo, tengo que empezar a comerme todo el plato (aunque dicho así, suene fatal). Pero no puedo, no me sale. O no quiero, yo qué sé.
De momento ya he dado un paso. Raquel superó una ruptura de una forma bastante absurda, pero también bastante eficaz. Sustituyó a su ex por un peluche de un burro que cantaba. Iba a todas partes con él. A trabajar, a tomar café, subía al coche y montaba al burro en el asiento del copiloto (y le ponía el cinturón para que no le pasase nada), hablaba con él de tonterías... Como digo, ya he dado un paso. Me he comprado un títere-guante de una vaca. Y ya la quiero bastante
Me pasé toda la tarde pensando palabras y al llegar a casa le pedí un diccionario a mi compañera de piso y me puse a buscar. Mi actitud era optimista, creí que iba a encontrar palabras salvadoras. Pero no. Encontré lo siguiente:
Amoral. Dicho de una persona: desprovista de sentido moral.
Amoratado. Que tira a morado
Amorbar. Enfermar
Amorcar. Amurcar (golpear un toro con las astas)
Amordazar. Poner mordaza. 2. Impedir hablar o expresarse libremente, mediante coacción. 3. Ofender de palabra
Amorfo. Sin forma regular y bien determinada. 2. Que carece de personalidad y carácter propio
No sigo, pero hay más. Conclusión: está presente en palabras que se refieren a enfermedades, mordazas, acciones contrarias a la libertad, golpes, personas carentes de voluntad...
Últimamente, a saber por qué, estoy muy etimológica...
Qué revenida estoy... Será porque hace mucho que no me amordaza nadie, o porque el amor me amarga, o porque pienso demasiado en lo que son las cosas, vaya usted a saber. Yo creo que es más bien porque echo de menos algunas cosas. Ese día en el que quedas con esa persona porque te va a llevar a ese sitio especial. Y llevas pensando lo que vas a ponerte y cómo vas a oler tres días antes del momento. Y cuando por fin llega el día todo el mundo te pregunta que qué te pasa, que estas hiperactiva, o que qué te pasa, que sonríes tanto. Y cuando ya llega la hora vas sonriendo por la calle. Y cuando estás llegando al sitio te vas poniendo nerviosa, tienes los nervios agarrados al estómago, e incluso a veces te pueden llegar a temblar las manos. Y cuando la ves a lo lejos sólo puedes sonreír...
Qué bonito es el mundo en esos días en los que sientes que gira sólo para ti...
Mataría por uno de esos días. Tengo que hacer algo con mi vida. No puedo seguir perdiendo el tiempo en perseguir un solo arbejo, y como alguien me dijo, tengo que empezar a comerme todo el plato (aunque dicho así, suene fatal). Pero no puedo, no me sale. O no quiero, yo qué sé.
De momento ya he dado un paso. Raquel superó una ruptura de una forma bastante absurda, pero también bastante eficaz. Sustituyó a su ex por un peluche de un burro que cantaba. Iba a todas partes con él. A trabajar, a tomar café, subía al coche y montaba al burro en el asiento del copiloto (y le ponía el cinturón para que no le pasase nada), hablaba con él de tonterías... Como digo, ya he dado un paso. Me he comprado un títere-guante de una vaca. Y ya la quiero bastante
Carta in-enviable
Él fue la primera persona que me llegó a las entrañas. No digo que fuera el amor de mi vida. Ni siquiera digo que fuera amor de verdad. No sé lo que era, y tampoco me interesa saberlo ahora. Sólo sé que me llegó bien dentro, y que lo que viví con él, lo viví con todas sus consecuencias, con lo bueno y con lo malo, con pasión, como decia Nietzsche.
La última vez que hablé contigo me puse muy contenta... hacía mucho que no hablábamos. Ahora no sé si mentías o decías la verdad, aunque nunca mentiste bien. Pero si quieres creer algo, te tragas cualquier cosa. Fuera como fuese, aquel día colgué el teléfono sonriendo porque me gustó lo que oí. Era lo que siempre había querido para ti. Una prometedora carrera como guitarrista (siempre creí en tu talento), una vida fuera de la casa familiar que te asfixiaba, y la convicción de que si querías, podías vivir mejor de lo que lo estabas haciendo. Pensé que era todo lo que necesitabas. Me equivoqué, o algo te falló...
A veces me culpabas a mí, y me dolía mucho. Me decías tus verdades a la cara, y era otra persona la que me recogía del suelo... "Es un hijo de puta", me decía todo el mundo. Y yo, en esos momentos, me lo creía. Pero luego pensaba que estabas enfermo y era aún peor.
Cuando ya no nos veíamos me llamabas para culparme. Nos veíamos y me hacías responsable de tu problema
- Si vuelves, lo dejo - me decías
- No puedo
- ¿Por qué no?
- Porque no quiero
- No te creo... ¿no sientes la pasión dentro? ¿Ya no sientes nada?
- Sí la siento... pero no por ti ya...
- No te creo
Me colgaste. A partir de entonces siempre me lo dijiste. Decías que yo sabía cómo ayudarte y no quería hacerlo. Pero no podía...
Últimamente ya no estabas tan presente en mi vida. No pensaba mucho en ti excepto que algo te trajese a mi memoria (Nothing else matters...), pero me doy cuenta de que eres parte de mi vida. Y no ya de mi vida, sino de mí misma. Sé que te echaré de menos, sé que me faltarás aunque ya no tuviéramos mucha relación... pero también sé que estoy muy cabreada contigo. No sé si lo hiciste a propósito (no lo creo la verdad, tú no huías nunca), o si se te fue la mano; pero sí sé que lo podías haber evitado
- No puedo - decías siempre
- ¿¿Quieres?? - gritaba yo
- Claro
- Entonces puedes
Fer siempre me decía la misma frase cuando estaba deprimida, dice que es lo único que aprendió en las convivencias católicas del colegio: "si quieres, puedes, y si puedes, debes". Te lo repetíamos a menudo los dos, y para cualquier cosa, porque creíamos en ti. Aunque ya a veces lo hacíamos de coña porque tú rabiabas cuando te lo decíamos. "Tanto querer, poder y deber me suena a responsabilidad... ¡y si me dedico a esto es para evitarlas!", bromeabas tú, aunque había posos de verdad. "Claro", decías... pero dudabas
Ahora me arrepiento un poco de haber enterrado nuestras cosas, y de no haber guardado ninguna foto en la que salieras tú. No porque aquello me parezca un error, sino porque ahora me da miedo que se me borre tu cara de la retina. Me da miedo olvidar lo cuadrada que tenías la mandíbula, tus labios finitos, el brillo de tus ojos, aunque fueran tan negros (qué especial y qué bonita me sentía viéndome reflejada en ellos...), o tu sudadera de Korn, que tan a menudo me dejabas y yo me ponía cuando me sentía sola o triste
Tengo la sensación de que nos has dejado a muchos en el limbo. Nos has clavado una espina con todo esto, que espero que acabe saliendo. Muchas preguntas sin respuesta, muchas explicaciones a medias y tantas dudas... ¿Podía haber hecho algo? ¿Querías que hubiese hecho algo? ¿Por qué dejaste de llamar? ¿Me tenías miedo? ¿Me dijiste la verdad en tu última llamada? ¿Por qué volviste, y con más fuerza? ¿Pensabas en mí en los últimos meses? ¿Me considerabas tu amiga? ¿De verdad pensabas todo lo que me decías? ¿Tan perdido estabas? ¿Por qué?
Tengo algo dentro que es raro... nace en la boca del estómago y se extiende como cuando plantas la punta de un pilot en un papel absorbente... quizá sean las ganas de llorar. Mientras escribo esto me mareo. Todo me parece ajeno, casi onírico... y soy como una visitante, un agente extraño que ha sido soltado en medio del mundo. Qué sensación tan extraña...
Me escribiste una canción hace mucho tiempo. La frase más bonita de toda ella era "... y sentirme libre entre tus manos...". Tú me pedías sentirte libre en mis manos... precisamente tú, que nunca lo fuiste.
La última vez que hablé contigo me puse muy contenta... hacía mucho que no hablábamos. Ahora no sé si mentías o decías la verdad, aunque nunca mentiste bien. Pero si quieres creer algo, te tragas cualquier cosa. Fuera como fuese, aquel día colgué el teléfono sonriendo porque me gustó lo que oí. Era lo que siempre había querido para ti. Una prometedora carrera como guitarrista (siempre creí en tu talento), una vida fuera de la casa familiar que te asfixiaba, y la convicción de que si querías, podías vivir mejor de lo que lo estabas haciendo. Pensé que era todo lo que necesitabas. Me equivoqué, o algo te falló...
A veces me culpabas a mí, y me dolía mucho. Me decías tus verdades a la cara, y era otra persona la que me recogía del suelo... "Es un hijo de puta", me decía todo el mundo. Y yo, en esos momentos, me lo creía. Pero luego pensaba que estabas enfermo y era aún peor.
Cuando ya no nos veíamos me llamabas para culparme. Nos veíamos y me hacías responsable de tu problema
- Si vuelves, lo dejo - me decías
- No puedo
- ¿Por qué no?
- Porque no quiero
- No te creo... ¿no sientes la pasión dentro? ¿Ya no sientes nada?
- Sí la siento... pero no por ti ya...
- No te creo
Me colgaste. A partir de entonces siempre me lo dijiste. Decías que yo sabía cómo ayudarte y no quería hacerlo. Pero no podía...
Últimamente ya no estabas tan presente en mi vida. No pensaba mucho en ti excepto que algo te trajese a mi memoria (Nothing else matters...), pero me doy cuenta de que eres parte de mi vida. Y no ya de mi vida, sino de mí misma. Sé que te echaré de menos, sé que me faltarás aunque ya no tuviéramos mucha relación... pero también sé que estoy muy cabreada contigo. No sé si lo hiciste a propósito (no lo creo la verdad, tú no huías nunca), o si se te fue la mano; pero sí sé que lo podías haber evitado
- No puedo - decías siempre
- ¿¿Quieres?? - gritaba yo
- Claro
- Entonces puedes
Fer siempre me decía la misma frase cuando estaba deprimida, dice que es lo único que aprendió en las convivencias católicas del colegio: "si quieres, puedes, y si puedes, debes". Te lo repetíamos a menudo los dos, y para cualquier cosa, porque creíamos en ti. Aunque ya a veces lo hacíamos de coña porque tú rabiabas cuando te lo decíamos. "Tanto querer, poder y deber me suena a responsabilidad... ¡y si me dedico a esto es para evitarlas!", bromeabas tú, aunque había posos de verdad. "Claro", decías... pero dudabas
Ahora me arrepiento un poco de haber enterrado nuestras cosas, y de no haber guardado ninguna foto en la que salieras tú. No porque aquello me parezca un error, sino porque ahora me da miedo que se me borre tu cara de la retina. Me da miedo olvidar lo cuadrada que tenías la mandíbula, tus labios finitos, el brillo de tus ojos, aunque fueran tan negros (qué especial y qué bonita me sentía viéndome reflejada en ellos...), o tu sudadera de Korn, que tan a menudo me dejabas y yo me ponía cuando me sentía sola o triste
Tengo la sensación de que nos has dejado a muchos en el limbo. Nos has clavado una espina con todo esto, que espero que acabe saliendo. Muchas preguntas sin respuesta, muchas explicaciones a medias y tantas dudas... ¿Podía haber hecho algo? ¿Querías que hubiese hecho algo? ¿Por qué dejaste de llamar? ¿Me tenías miedo? ¿Me dijiste la verdad en tu última llamada? ¿Por qué volviste, y con más fuerza? ¿Pensabas en mí en los últimos meses? ¿Me considerabas tu amiga? ¿De verdad pensabas todo lo que me decías? ¿Tan perdido estabas? ¿Por qué?
Tengo algo dentro que es raro... nace en la boca del estómago y se extiende como cuando plantas la punta de un pilot en un papel absorbente... quizá sean las ganas de llorar. Mientras escribo esto me mareo. Todo me parece ajeno, casi onírico... y soy como una visitante, un agente extraño que ha sido soltado en medio del mundo. Qué sensación tan extraña...
Me escribiste una canción hace mucho tiempo. La frase más bonita de toda ella era "... y sentirme libre entre tus manos...". Tú me pedías sentirte libre en mis manos... precisamente tú, que nunca lo fuiste.





