logotipo

img_google
Las Increibles Aventuras de Jotade
Taller personal de historias comunes y propias
Sindicación
 
El Increible Jotade contra la lluvia.
Jueves 27 de Octubre. Primer día de clase en el curso de experto en Mediación Familiar. Como todos los primeros días de cualquier cosa te los imaginas como algo maravilloso, con su puntito de misterio y te preocupas por tener un aspecto favorable. Bien, pues esa era mi idea para mi primer día de clase tras más de dos años sin pisar un aula para tales efectos. Incluso llegué a plantearme comer en la cafetería de la Universidad para ir entrando en ambiente y llegar a buena hora, puntualidad, elegir bien el sitio o pupitre, esas cosas que puede hacer un tipo como yo en su afán por sentirse lo más a gusto en esta primera vez.
La cosa ya de entrada no empezaba demasiado bien porque me levanté tarde, con un pequeño dolor de cabeza... causado por una fiesta erasmus del día anterior. El dolor, bajo el agua de la ducha, no tardó en irse (por el desagüe). Comida de rápida preparación y no en grandes dosis. Las 15:30 en el reloj, la cuenta atrás comienza; peinate, lávate los piños, mete en la mochila algunos folios, etcétera. Tenía fijada mi hora de salida media hora más tarde, tiempo suficiente para arreglarlo todo. Estábamos citados para las 17 horas (como los toros, y algunos toreros, se citan en esta ciudad allá por Abril y su Feria con la muerte).
Y las cosas comienzan a truncarse. Para empezar no encontraba mi bolígrafo talismán, y esto para la gente que nos da por escribir es bastante necesario. Por necesidades de tiempo paso del amuleto. Miro por la ventana, el cielo está totalmente encapotado pero no llueve y yo confío en mi suerte para llegar en quince minutos a la parada del autobus correspondiente sin mojarme nada. Es evidente que no me imaginaba lo que el destino me tenía guardado.
Saliendo por la puerta me da por meter en la mochila mi chubasquero (ganado por méritos propios: gracias Cacique) y mi paraguas que compré en una pequeña tienda en Triana a precio de dos euros (entenderíais ese precio si hubieseis visto al susodicho... a cuadritos, fino como un alambre de peseta y blando como una ameba).
Llego a la calle, camino unos pasos hasta la esquina y me encuentro con el mayor aguacero que jamás haya visto yo. Lo primero que haces es pararte, por supuesto; lo segundo es decir: "¡Hostia!" (haciendo incidencia en la "o", que suene "hooostia") y lo tercero es convertirte en gladiador: saca el chubasquero, que no olvidemos que era de propaganda de un ron, póntelo (pónselo); ese paraguas minúsculo, y lánzate al coso. A mi derecha, el río Guadalquivir; a mi izquierda, un río de coches; y debajo de mis tobillos, un río creado gracias a que el sistema de alcantarillado de esta ciudad no está acostumbrado a chupar tanta agua. En ese momento parecía una isla, rodeado de agua por todas partes.
Renegando contra el cielo, contra los que allá viven, lanzando improperios paar que se detuviera el grifo... y venga más agua. Ese paraguas miserable se volcaba a causa del viento, el chubasquero se colaba a la altura del cogote, mis piernas empapadas, en lugar de zapatillas tendría que haberme bajado las chanclas, para el caso hubiera sido lo mismo.
Dejo atrás la Maestranza y no soporto más a ese maldito paraguas, aprovechando una esquina le he propinado tres certeros golpes contra ella, se ha deshecho, lo he mirado bajo la lluvia, una señora que venía tras de mí me mira y aligera el paso, recojo los trozos de ese inútil trasto y los deposito en un contenedor de los normales, que eso no era ni reciclable ni nada. Por un momento me he quitado un poco de tensión, pero la lluvia sigue ahí y no me queda más remedio que confiar toda mi suerte al chubasquero y a mis improperios bucales.
Llegué al autobus como una sopa y a la primera clase tarde y con los dedos como garbanzos, todos arrugados.
Un señor que estaba hablando, luego me enteré que era el director de todo aquello, me ha mirado y he sentido que me comprendía. O eso espero.
Be water, my friend.
 
Comentario:
Los improperios bucales (como los enjuagues), amigo mío, deberías saber que sirven para mojar (esa babilla hermosa que se dispara al tiempo que el enojo incrementa su poder de recaudación de venas henchidas), no para secar o, en cualquier caso, detener la lluvia cual paraguas de 2 euros; puede que porque la saliva se cotiza más cara que cualquier paraguas de cuadros y de una tela más fina que los preservativos esos sensitive, para mayor sensación falosa.
Pero a lo que íbamos. Los primeros días siempre son importantes, pero únicamente para nosotros. A veces nos preocupa más causar una primera impresión que causar una buena primera impresión. Las primeras impresiones, como los extraños, sólo prometen y nunca defraudan, a menos, claro, que se vaya con ideas preconcebidas, que son, claro, primeras impresiones, pero con otro nombre e incluso más falsas que las primeras. Así que don't worry por el curso, que seguro que irá bien, sobre todo si sigues haciendo valentías de esas que me contaste por teléfono. Y no te preocupes por tu boligrafo talibán, seguro que aparece.
Para la próxima vez que te vuelvas a encontrar con el agua podías hacerte una camiseta que lleve escrita: Be my friend, water.
Jau.
 
Comentario:
Amigo, te mando un abrazo grande desde Buenos Aires, por favor no dejes de escribir que me transporta a otros mundos.. cotidianos, ni mejores, ni peores, pero "otros" al fin. je. cuidate.
No