Batman contra las psicofonías
Resulta curioso constatar hasta qué punto la carrera de Michael Keaton tiene que ver con los fantasmas. Empezó haciendo de uno, en la imprescindible y ya clásica "Bitelchús". Tras enfundarse en la acartonada armadura del Señor de la Noche un par de veces, su carrera transcurrió principalmente por el más allá, haciendo fantasmales apariciones en "Mucho Ruido y pocas Nueces" o "Jackie Brown" a la vez que intentaba remontar el vuelo haciendo de Robert DeNiro en "Medidas Desesperadas" o participando en espectrales pinículas como "Jack Frost" o "Quicksand" (en esta última aburriendo al personal mano a mano con el imprevisible Michael Caine, que igual te hace "La Huella" que "Miss Agente Especial" o "Tiburón IV").
Pese a todo, uno no podía evitar tener cierta ilusión ante la nueva aparición de nuestro alopécico preferido (aunque lo trate de ocultar con sus bat-peluquines) en la gran pantalla. Era como encontrarse con un viejo amigo al que no ves. Al fin y al cabo, Keaton puede presumir de ser el único actor capaz de cantar sin perder la compostura aquello de:
- Comeré lo que quiera que coma, cagaré lo que quiera que cague...
Pues bueno, resulta que en su nueva película, "White Noise", nuestro heroe, tan avejentado que apenas habrá que maquillarle si alguna vez se llega a rodar "Bitelchús 2" tiene que enfrentarse a unos malvadísimos espíritus con los que entra en contacto al intentar encontrar a su esposa muerta radiocassette en mano. Y es que la cosa va de psicofonias (sí, voces que aparentemente quedan registradas al grabar una cinta en blanco y que suelen sonar como María Jimenez en plena resaca).
La cosa tiene su interés la primera media hora, pero la hora y media restante (sí, chicos, esto se acerca a las dos horas) manda una a una al garete las pocas buenas ideas esbozadas al principio. La cosa acaba distinguiéndose por un ritmo lento, por una historia en la que poco o nada sucede (aparte de 4 o 5 sustos de los de subir el THX a tope y montar un plano relámpago de una cara deformada) y...poco más. Todo ello se agrava cuando, al acabar la película y pensar un poco (no conviene pensar mucho) sobre ella toda la historia comienza a desmontarse sola. Así que, en resumidas cuentas:
- Sustos: Pocos y facilones
- Historia: Empieza siendo un dragonfly y acaba siendo un "Agarrame esos Fantasmas" de tercera regional.
- Keaton: El pobre Michael es de lo poco que se salva en la película. Y es que hay que tener talento y juego de piernas para sostener una película como esta durante buena parte del metraje sin ayuda alguna por parte del guionista ni del director.
Pese a todo, uno no podía evitar tener cierta ilusión ante la nueva aparición de nuestro alopécico preferido (aunque lo trate de ocultar con sus bat-peluquines) en la gran pantalla. Era como encontrarse con un viejo amigo al que no ves. Al fin y al cabo, Keaton puede presumir de ser el único actor capaz de cantar sin perder la compostura aquello de:
- Comeré lo que quiera que coma, cagaré lo que quiera que cague...
Pues bueno, resulta que en su nueva película, "White Noise", nuestro heroe, tan avejentado que apenas habrá que maquillarle si alguna vez se llega a rodar "Bitelchús 2" tiene que enfrentarse a unos malvadísimos espíritus con los que entra en contacto al intentar encontrar a su esposa muerta radiocassette en mano. Y es que la cosa va de psicofonias (sí, voces que aparentemente quedan registradas al grabar una cinta en blanco y que suelen sonar como María Jimenez en plena resaca).
La cosa tiene su interés la primera media hora, pero la hora y media restante (sí, chicos, esto se acerca a las dos horas) manda una a una al garete las pocas buenas ideas esbozadas al principio. La cosa acaba distinguiéndose por un ritmo lento, por una historia en la que poco o nada sucede (aparte de 4 o 5 sustos de los de subir el THX a tope y montar un plano relámpago de una cara deformada) y...poco más. Todo ello se agrava cuando, al acabar la película y pensar un poco (no conviene pensar mucho) sobre ella toda la historia comienza a desmontarse sola. Así que, en resumidas cuentas:
- Sustos: Pocos y facilones
- Historia: Empieza siendo un dragonfly y acaba siendo un "Agarrame esos Fantasmas" de tercera regional.
- Keaton: El pobre Michael es de lo poco que se salva en la película. Y es que hay que tener talento y juego de piernas para sostener una película como esta durante buena parte del metraje sin ayuda alguna por parte del guionista ni del director.





