Concha Gómez: “El teatro aficionado es la auténtica cantera de actores y público”
Concha Gómez, directora de la compañía Teatro Estable de Leganés, afianza el futuro del teatro aficionado de su municipio. Concha afronta este reto con la convicción de que su trabajo es la base de este arte. Tras el éxito de La camisa de Lauro Olmo, la agenda de Concha Gómez está llena de nuevas ideas y proyectos.

Concha Gómez comenzó su carrera profesional hace 12 años especializándose en pedagogía teatral. Fundó la compañía de teatro KARAVASAR, en la que estuvo trabajando tres años y cuyos componentes eran todas mujeres. En 1999 comenzó a dirigir los talleres municipales concertados de Leganés, donde imparte clase a grupos de jóvenes y adultos. Durante estos años publicó Cómicas atribuladas buscan obra (con fines serios) ganadora de un accésit en el Certamen Nacional de Teatro de Bailén. Actualmente es coordinadora de actividades culturales de Animasur (Asociación para la Promoción Social de la Zona Sur) y dirige la compañía Teatro Estable de Leganés.
¿Cómo nace la compañía Teatro Estable de Leganés?
Nace de los talleres de teatro que estuve impartiendo en el año 2001
¿Cómo es el día a día de una directora teatral?
Un director es la persona que une todas las facetas de un espectáculo: escenografía, luces, actores... En mi caso, además coordino la producción y distribución de la obra, lo que me obliga a diversificar mi tiempo al máximo, pero sobre todo dedico la parte más importante a los actores, como profesionales y como personas. Esa atención personalizada ha hecho que el grupo vaya creciendo y se mantenga como equipo de trabajo.
Con más de una decena de representaciones teatrales como directora ¿de qué obra te llevas mejores recuerdos?
Cada obra te aporta satisfacciones distintas. Indudablemente nuestra primera obra La tejedora de sueños me hizo ver que podría llegar a consolidar un buen espectáculo: eso fue muy importante para mí.
¿Crees que el teatro está suficientemente valorado y apoyado en nuestro país?
Creo que no hay una línea clara de programación y que por lo tanto las ayudas son más que insuficientes, dispersas y no atienden a un criterio claro.
Una de tus últimas obras La Camisa de Lauro Olmo resultó ser un rotundo éxito y colmó a la compañía de premios y reconocimiento, ¿Cuál crees que fue el secreto esta obra?
El éxito se debió, como en casi todos los casos, al amor. Yo me enamoré del texto y quise regalar a mi gente un montaje que nos trasladase al momento en que podíamos vivir de las pequeñas cosas. Quise a la vez homenajear a mi madre, quien como tantas otras, luchó por dar una vida mejor a los suyos y desde luego hacer ver al espectador que hoy se repiten en muchos países circunstancias que se nos dieron a nosotros.
¿Qué queréis mostrar en vuestra última representación teatral Los figurantes?
Queremos mostrar que los, aparentemente, más insignificantes en la sociedad son imprescindibles para que la maquinaria funcione. Que los protagonistas no son siempre fundamentales y que en el teatro, como en la vida, la labor de equipo vale.
¿Cuáles son vuestros próximos proyectos?
Estrenar El pendón coronado, una comedia en verso que tengo en vías de edición.
¿Cómo son los jóvenes y mayores que junto a ti hacen posible la compañía de Teatro Estable de Leganés?
Gente diversa que combina sus quehaceres personales y laborales con una afición extraordinaria al teatro unida a unas enormes ganas de aprender.
Si cerraras los ojos e intentaras imaginar el teatro en nuestro país dentro de diez años ¿qué verías?
Lo que veo es una continuidad, basada sobre todo en incentivar la rentabilidad económica. Lo que quisiera ver es un apoyo al teatro comercial por una parte, facilidad para los nuevos creadores por otra parte, y una línea de programas para incentivar el teatro aficionado que es la auténtica cantera de actores y público
Por último ¿Qué crees que puede aportarnos el teatro frente al cine y la televisión?
El teatro nos aporta inmediatez, responsabilidad ante el público, el calor humano y el valor de la palabra frente a las grandes imágenes.
Para saber más:
Ayuntamiento de leganés
Agenda Cultural Leganés
Teatro Gurdulú
Cristina Pérez, Madrid

Concha Gómez comenzó su carrera profesional hace 12 años especializándose en pedagogía teatral. Fundó la compañía de teatro KARAVASAR, en la que estuvo trabajando tres años y cuyos componentes eran todas mujeres. En 1999 comenzó a dirigir los talleres municipales concertados de Leganés, donde imparte clase a grupos de jóvenes y adultos. Durante estos años publicó Cómicas atribuladas buscan obra (con fines serios) ganadora de un accésit en el Certamen Nacional de Teatro de Bailén. Actualmente es coordinadora de actividades culturales de Animasur (Asociación para la Promoción Social de la Zona Sur) y dirige la compañía Teatro Estable de Leganés.
¿Cómo nace la compañía Teatro Estable de Leganés?
Nace de los talleres de teatro que estuve impartiendo en el año 2001
¿Cómo es el día a día de una directora teatral?
Un director es la persona que une todas las facetas de un espectáculo: escenografía, luces, actores... En mi caso, además coordino la producción y distribución de la obra, lo que me obliga a diversificar mi tiempo al máximo, pero sobre todo dedico la parte más importante a los actores, como profesionales y como personas. Esa atención personalizada ha hecho que el grupo vaya creciendo y se mantenga como equipo de trabajo.
Con más de una decena de representaciones teatrales como directora ¿de qué obra te llevas mejores recuerdos?
Cada obra te aporta satisfacciones distintas. Indudablemente nuestra primera obra La tejedora de sueños me hizo ver que podría llegar a consolidar un buen espectáculo: eso fue muy importante para mí.
¿Crees que el teatro está suficientemente valorado y apoyado en nuestro país?
Creo que no hay una línea clara de programación y que por lo tanto las ayudas son más que insuficientes, dispersas y no atienden a un criterio claro.
Una de tus últimas obras La Camisa de Lauro Olmo resultó ser un rotundo éxito y colmó a la compañía de premios y reconocimiento, ¿Cuál crees que fue el secreto esta obra?
El éxito se debió, como en casi todos los casos, al amor. Yo me enamoré del texto y quise regalar a mi gente un montaje que nos trasladase al momento en que podíamos vivir de las pequeñas cosas. Quise a la vez homenajear a mi madre, quien como tantas otras, luchó por dar una vida mejor a los suyos y desde luego hacer ver al espectador que hoy se repiten en muchos países circunstancias que se nos dieron a nosotros.
¿Qué queréis mostrar en vuestra última representación teatral Los figurantes?
Queremos mostrar que los, aparentemente, más insignificantes en la sociedad son imprescindibles para que la maquinaria funcione. Que los protagonistas no son siempre fundamentales y que en el teatro, como en la vida, la labor de equipo vale.
¿Cuáles son vuestros próximos proyectos?
Estrenar El pendón coronado, una comedia en verso que tengo en vías de edición.
¿Cómo son los jóvenes y mayores que junto a ti hacen posible la compañía de Teatro Estable de Leganés?
Gente diversa que combina sus quehaceres personales y laborales con una afición extraordinaria al teatro unida a unas enormes ganas de aprender.
Si cerraras los ojos e intentaras imaginar el teatro en nuestro país dentro de diez años ¿qué verías?
Lo que veo es una continuidad, basada sobre todo en incentivar la rentabilidad económica. Lo que quisiera ver es un apoyo al teatro comercial por una parte, facilidad para los nuevos creadores por otra parte, y una línea de programas para incentivar el teatro aficionado que es la auténtica cantera de actores y público
Por último ¿Qué crees que puede aportarnos el teatro frente al cine y la televisión?
El teatro nos aporta inmediatez, responsabilidad ante el público, el calor humano y el valor de la palabra frente a las grandes imágenes.
Para saber más:
Ayuntamiento de leganés
Agenda Cultural Leganés
Teatro Gurdulú
Cristina Pérez, Madrid
Me siento pulga
La sala alternativa de teatro El Montacargas acoge del 11 al 27 de enero, de jueves a sábados a las 21:30 horas, una obra de humor inteligente donde lo haya. En Me siento pulga bastan tres mujeres y tres sillas para realizar un recorrido por el pensamiento femenino y por todo aquello que requiere de una peculiar reflexión. Todo ello se encuentra encuadrado en el lenguaje de Jardiel Poncela, Mihura, Gómez de la Serna y de otros autores de la época.

Cercano a la boca de metro de Puerta del Ángel y situado en la calle Antillón número 19 se encuentra El Montacargas. La sala se incluye dentro de la red de teatros alternativos de Madrid, a la que también pertenecen salas como El canto de la cabra o Cuarta Pared.
Sábado día 13 de enero, sin duda, una noche bastante cálida para estar en pleno invierno, pasadas las 21:30 horas daba comienzo en este pequeño rincón de Madrid una obra con bastante personalidad, Me siento pulga. Con un “sal tú”, seguido de un “no, no, mejor sal tú”, y sin que faltara un “pero, si te toca a ti…”, se rompía el silencio de la sala. Una a una, las tres protagonistas de la obra fueron haciendo su aparición en escena. Unas palmadas irían seguidas por el diálogo inicial: “Me siento pulga”, “y yo”, “pues yo no”. Así comenzaban casi 60 minutos de diversión inteligente, surrealista, carente de una narratividad coherente, absurda en el sentido positivo que califica a esta forma de hacer teatro.
La obra se basa en una sucesión de microrrelatos donde las protagonistas, a medida que transcurren estas pequeñas historias, encarnan papeles diferentes. Frases como “soy poética de cuerpo entero”, “volver es la gran delicia de los viajes”, “yo soy soltera”, “hay que matar a la tía Asunción”, “los hombres no saben ser maridos” o “un día lo maté” son la esencia de muchas escenas.
Con las tres intérpretes de esta obra, Ascen López, Ana de Lima y Aurora Navarro, comprobamos como siempre el eco tiene razón. Por ejemplo, cuando una de ellas pregunta al vacío “¿en qué piensan siempre los hombres bellos?” y el eco contesta “ellos, ellos, ellos”. Esto sólo puede demostrarlo la única periodista del mundo capaz de entrevistar al eco. Con estas tres mujeres el espectador descubre también la verdadera personalidad de los gallegos. Galicia, esa tierra verde, hace que sus oriundos tengan más en común que una infancia rodeada de agua. En la escena en que una de ellas se encuentra con una gallega nos muestran la clave: “¿eres de aquí?”, “¿por qué iba a serlo?”, “¿eres del lugar o no?”, “¿tengo pinta de serlo?”, “no sé, yo sólo preguntaba; ¿estás casada?”, “¿y por qué no iba a estarlo?”.
Música de Piazzola entre escena y escena para que las protagonistas se vuelvan más pulgas que nunca, moviéndose y rascándose por el espacio a la vez que buscan deshacerse precisamente de esa sensación de desazón, la misma que sufren muchas mujeres hoy en día. Así, detrás de un tango llega el momento cumbre de la obra. Éste aparece cuando llegan a un pueblo de pescadores sin mar al que la ministra no quiere ayudar. La solución que se adopta es un buen ejemplo del surrealismo que impregna toda la obra: arrastrarlo. Sin embargo, como siempre que se resuelven las cosas utilizando un método poco recomendable, comienzan a suceder catástrofes: hay naufragios, la gente se ahoga… Vamos, que nadie sabe cómo utilizar correctamente este mar y acabarán determinando que, por eso, lo mejor será asfaltarlo.
Dietas de adelgazamiento, matrimonios fracasados, ilusión por los viajes, búsqueda constante del hombre ideal… De todo ello hablan estas tres mujeres provistas simple y llanamente de tres sillas. Porque ya lo dice el programa de esta obra: “siempre hay un dolor donde menos se espera, y donde menos se espera hay siempre una silla”. Ahora a seguir recogiendo aplausos, aunque sea a un nivel de público alternativo que siempre es escaso.
Ylenia Álvarez, Madrid

Cercano a la boca de metro de Puerta del Ángel y situado en la calle Antillón número 19 se encuentra El Montacargas. La sala se incluye dentro de la red de teatros alternativos de Madrid, a la que también pertenecen salas como El canto de la cabra o Cuarta Pared.
Sábado día 13 de enero, sin duda, una noche bastante cálida para estar en pleno invierno, pasadas las 21:30 horas daba comienzo en este pequeño rincón de Madrid una obra con bastante personalidad, Me siento pulga. Con un “sal tú”, seguido de un “no, no, mejor sal tú”, y sin que faltara un “pero, si te toca a ti…”, se rompía el silencio de la sala. Una a una, las tres protagonistas de la obra fueron haciendo su aparición en escena. Unas palmadas irían seguidas por el diálogo inicial: “Me siento pulga”, “y yo”, “pues yo no”. Así comenzaban casi 60 minutos de diversión inteligente, surrealista, carente de una narratividad coherente, absurda en el sentido positivo que califica a esta forma de hacer teatro.
La obra se basa en una sucesión de microrrelatos donde las protagonistas, a medida que transcurren estas pequeñas historias, encarnan papeles diferentes. Frases como “soy poética de cuerpo entero”, “volver es la gran delicia de los viajes”, “yo soy soltera”, “hay que matar a la tía Asunción”, “los hombres no saben ser maridos” o “un día lo maté” son la esencia de muchas escenas.
Con las tres intérpretes de esta obra, Ascen López, Ana de Lima y Aurora Navarro, comprobamos como siempre el eco tiene razón. Por ejemplo, cuando una de ellas pregunta al vacío “¿en qué piensan siempre los hombres bellos?” y el eco contesta “ellos, ellos, ellos”. Esto sólo puede demostrarlo la única periodista del mundo capaz de entrevistar al eco. Con estas tres mujeres el espectador descubre también la verdadera personalidad de los gallegos. Galicia, esa tierra verde, hace que sus oriundos tengan más en común que una infancia rodeada de agua. En la escena en que una de ellas se encuentra con una gallega nos muestran la clave: “¿eres de aquí?”, “¿por qué iba a serlo?”, “¿eres del lugar o no?”, “¿tengo pinta de serlo?”, “no sé, yo sólo preguntaba; ¿estás casada?”, “¿y por qué no iba a estarlo?”.
Música de Piazzola entre escena y escena para que las protagonistas se vuelvan más pulgas que nunca, moviéndose y rascándose por el espacio a la vez que buscan deshacerse precisamente de esa sensación de desazón, la misma que sufren muchas mujeres hoy en día. Así, detrás de un tango llega el momento cumbre de la obra. Éste aparece cuando llegan a un pueblo de pescadores sin mar al que la ministra no quiere ayudar. La solución que se adopta es un buen ejemplo del surrealismo que impregna toda la obra: arrastrarlo. Sin embargo, como siempre que se resuelven las cosas utilizando un método poco recomendable, comienzan a suceder catástrofes: hay naufragios, la gente se ahoga… Vamos, que nadie sabe cómo utilizar correctamente este mar y acabarán determinando que, por eso, lo mejor será asfaltarlo. Dietas de adelgazamiento, matrimonios fracasados, ilusión por los viajes, búsqueda constante del hombre ideal… De todo ello hablan estas tres mujeres provistas simple y llanamente de tres sillas. Porque ya lo dice el programa de esta obra: “siempre hay un dolor donde menos se espera, y donde menos se espera hay siempre una silla”. Ahora a seguir recogiendo aplausos, aunque sea a un nivel de público alternativo que siempre es escaso.
Ylenia Álvarez, Madrid
Abanderados de la vanguardia
Que a nadie le extrañe: España exporta vanguardia. La Fura dels Baus es un buen ejemplo de cómo la provocación, la innovación y el ingenio se pueden utilizar para realizar creaciones artísticas que no sólo interesan a unos pocos sino que son seguidas con devoción por un público que continúa creciendo, y no sólo dentro de nuestras fronteras.

La escena teatral urbana de este país tiene un claro representante: la Fura dels Baus. Hablar de este grupo de teatro catalán es ponerse en el lado opuesto a la tradición. Desde que se creara en 1979, siempre tuvo muy claro que no pretendía moverse sobre lo que otros ya hicieron, la Fura llegaba con la intención de cambiar lo pretérito por un futuro inexplorado. Sus armas serían la continua interactuación con sus espectadores, la pérdida del miedo a las nuevas tecnologías y una estructura jerárquica en su proceso de creación en la que autores y actores entremezclaban sus funciones en cada nueva obra.
Desde el estreno de su obra Accions en el Festival de Sitges en 1983, el nombre de la Fura comenzó a estar relacionado con los mejores grupos teatrales de Cataluña. Tras los estrenos de sus obras posteriores: Suz/o/Suz (1985), Tier Mon (1988) y Noun (1990) comenzaron a abandonar la etiqueta de grupo revelación para demostrar que su forma de trabajo tenía una entidad propia, lo que vino a denominarse como lenguaje furero. Los elementos comunes a todas sus creaciones se reflejaban en el importante papel de la música, los efectos audiovisuales, la combinación de materiales tanto industriales como naturales y la ya mencionada participación del público, el “otro” personaje de sus obras.
La Fura en los Juegos Olímpicos del 92
La Fura ha ido extendiendo sus creaciones a ámbitos artísticos cada vez más diversos. Durante la pasada década, la agrupación salió de los escenarios teatrales y experimentó con arriesgados proyectos en los que se atrevieron con la ópera, el teatro digital o la organización de eventos de alta escala. Cuando en 1992 se les encargó idear y representar el número para la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Barcelona, la Fura era consciente de que se enfrentaban al proyecto de mayor proyección internacional que habían tenido hasta la fecha. Y lo superaron con éxito. Las Olimpiadas que más de una década después siguen siendo utilizados como referencia ayudaron a este grupo catalán a situarse en primera línea de la vanguardia artística teatral.
Los Juegos de Barcelona supusieron una importante pista de despegue pero la expectación generada ante futuras apariciones de la Fura les sometió a una presión considerable. Ante esta situación, los chicos de la Fura decidieron continuar por esa vía de la diversificación artística y aceptaron nuevos proyectos propuestos por multinacionales del nivel de Pepsi o Mercedes Benz . Las campañas de promoción que realizaron para estas firmas fortalecieron la posición de este grupo que comenzaba a ver cómo la crítica y el público extranjeros también sentían un gran interés por sus nuevas creaciones.
De Internet a la ópera
Lo que quizá resulta más desconocido para el gran público es la activa participación que la Fura ha tenido en Internet. El Work in progress 97 (WIP97) todavía sigue siendo constituyendo el impulso más fuerte que se dio en el ámbito europeo al teatro digital. La idea se basa en una participación a escala planetaria de todo aquél que tenga algo que aportar en el mundo escénico. De esta forma, el proyecto se va construyendo poco a poco ya que, como indica su nombre, está en continuo progreso sin llegar a considerarse nunca acabado. Aunque la participación en el WIP97 no ha sido masiva, supuso una apuesta mundial por una forma de teatro, el digital, que hasta ese momento no había conectado más de tres ciudades de forma simultánea.
Frente a este interés por las nuevas posibilidades del mundo digital, la Fura también se ha adentrado en terrenos clásicos como la ópera. Como ya se puede adivinar, las aportaciones de la Fura al universo operística no fueron del agrado de las mentes más puristas. La introducción de elementos electrónicos, juegos de luces y enormes pantallas hicieron que su versión de la Atlántida de Manuel de Falla o de El martirio de San Sebastián de Claude Debussy se acercaran a públicos que nunca imaginaron que acabarían invirtiendo su dinero en una entrada para la ópera.
Últimos trabajos
Tras dar la bienvenida al nuevo milenio desde la ciudad condal en un espectáculo en el que participaban ciudades a nivel mundial, presentó la que posiblemente fue su obra más polémica: XXX . Se trata de una adaptación de La filosofía del tocador del Marqués de Sade en la que la prostitución y la presencia del sexo en cualquier faceta de nuestra vida eran los ingredientes principales. Después de recorrer varios países con esta obra, en 2004 presentaron Naumon y se lanzaron a mostrar una retrospectiva de sus espectáculos como una forma de celebrar su 25 aniversario.
Una larga trayectoria que muestra cómo la compañía ha ido cumpliendo los principios que motivaron su fundación: una obra dedicada a la vanguardia y el eclecticismo. Metamorfosis es su último montaje en el que continúa con el lenguaje furero que ya recuperara con su anterior trabajo OBIT. Una obra que tratará de aumentar la cifra de los tres millones de espectadores que ya se han acercado a ver alguna de las más de 3000 representaciones que han realizado en cuatro de los cinco continentes.
Pepe Ruiz, Madrid

La escena teatral urbana de este país tiene un claro representante: la Fura dels Baus. Hablar de este grupo de teatro catalán es ponerse en el lado opuesto a la tradición. Desde que se creara en 1979, siempre tuvo muy claro que no pretendía moverse sobre lo que otros ya hicieron, la Fura llegaba con la intención de cambiar lo pretérito por un futuro inexplorado. Sus armas serían la continua interactuación con sus espectadores, la pérdida del miedo a las nuevas tecnologías y una estructura jerárquica en su proceso de creación en la que autores y actores entremezclaban sus funciones en cada nueva obra.
Desde el estreno de su obra Accions en el Festival de Sitges en 1983, el nombre de la Fura comenzó a estar relacionado con los mejores grupos teatrales de Cataluña. Tras los estrenos de sus obras posteriores: Suz/o/Suz (1985), Tier Mon (1988) y Noun (1990) comenzaron a abandonar la etiqueta de grupo revelación para demostrar que su forma de trabajo tenía una entidad propia, lo que vino a denominarse como lenguaje furero. Los elementos comunes a todas sus creaciones se reflejaban en el importante papel de la música, los efectos audiovisuales, la combinación de materiales tanto industriales como naturales y la ya mencionada participación del público, el “otro” personaje de sus obras.
La Fura en los Juegos Olímpicos del 92
La Fura ha ido extendiendo sus creaciones a ámbitos artísticos cada vez más diversos. Durante la pasada década, la agrupación salió de los escenarios teatrales y experimentó con arriesgados proyectos en los que se atrevieron con la ópera, el teatro digital o la organización de eventos de alta escala. Cuando en 1992 se les encargó idear y representar el número para la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Barcelona, la Fura era consciente de que se enfrentaban al proyecto de mayor proyección internacional que habían tenido hasta la fecha. Y lo superaron con éxito. Las Olimpiadas que más de una década después siguen siendo utilizados como referencia ayudaron a este grupo catalán a situarse en primera línea de la vanguardia artística teatral.
Los Juegos de Barcelona supusieron una importante pista de despegue pero la expectación generada ante futuras apariciones de la Fura les sometió a una presión considerable. Ante esta situación, los chicos de la Fura decidieron continuar por esa vía de la diversificación artística y aceptaron nuevos proyectos propuestos por multinacionales del nivel de Pepsi o Mercedes Benz . Las campañas de promoción que realizaron para estas firmas fortalecieron la posición de este grupo que comenzaba a ver cómo la crítica y el público extranjeros también sentían un gran interés por sus nuevas creaciones.
De Internet a la ópera
Lo que quizá resulta más desconocido para el gran público es la activa participación que la Fura ha tenido en Internet. El Work in progress 97 (WIP97) todavía sigue siendo constituyendo el impulso más fuerte que se dio en el ámbito europeo al teatro digital. La idea se basa en una participación a escala planetaria de todo aquél que tenga algo que aportar en el mundo escénico. De esta forma, el proyecto se va construyendo poco a poco ya que, como indica su nombre, está en continuo progreso sin llegar a considerarse nunca acabado. Aunque la participación en el WIP97 no ha sido masiva, supuso una apuesta mundial por una forma de teatro, el digital, que hasta ese momento no había conectado más de tres ciudades de forma simultánea. Frente a este interés por las nuevas posibilidades del mundo digital, la Fura también se ha adentrado en terrenos clásicos como la ópera. Como ya se puede adivinar, las aportaciones de la Fura al universo operística no fueron del agrado de las mentes más puristas. La introducción de elementos electrónicos, juegos de luces y enormes pantallas hicieron que su versión de la Atlántida de Manuel de Falla o de El martirio de San Sebastián de Claude Debussy se acercaran a públicos que nunca imaginaron que acabarían invirtiendo su dinero en una entrada para la ópera.
Últimos trabajos
Tras dar la bienvenida al nuevo milenio desde la ciudad condal en un espectáculo en el que participaban ciudades a nivel mundial, presentó la que posiblemente fue su obra más polémica: XXX . Se trata de una adaptación de La filosofía del tocador del Marqués de Sade en la que la prostitución y la presencia del sexo en cualquier faceta de nuestra vida eran los ingredientes principales. Después de recorrer varios países con esta obra, en 2004 presentaron Naumon y se lanzaron a mostrar una retrospectiva de sus espectáculos como una forma de celebrar su 25 aniversario.
Una larga trayectoria que muestra cómo la compañía ha ido cumpliendo los principios que motivaron su fundación: una obra dedicada a la vanguardia y el eclecticismo. Metamorfosis es su último montaje en el que continúa con el lenguaje furero que ya recuperara con su anterior trabajo OBIT. Una obra que tratará de aumentar la cifra de los tres millones de espectadores que ya se han acercado a ver alguna de las más de 3000 representaciones que han realizado en cuatro de los cinco continentes.
Pepe Ruiz, Madrid
Beckett y la tragedia de haber nacido

Nunca fue fácil encontrarse con Samuel Beckett, pero siempre fue un placer esperarlo. Un siglo después de su nacimiento, Madrid también celebró su aniversario. Consciente, suponemos, de que la tragedia era para él precisamente eso. “Sólo hay dos cosas ciertas: que hemos nacido y que tenemos que morir”, solía repetir Beckett al que quisiera escucharle. Hoy, de seguir vivo, hubiera añadido que dos es un porcentaje razonable.
El dramaturgo, novelista, poeta y director de cine Samuel Beckett hubiera cumplido cien años el pasado 13 de abril. Madrid, al igual que su Dublín natal y otras tantas capitales, celebró el hecho -no de que no lo hiciera, claro, sino de su nacimiento- de la mano del Círculo de Bellas Artes y del Centro de Arte Reina Sofía. Desde el 27 de septiembre y durante 13 días, el Círculo de Bellas Artes programó un ciclo de conferencias sobre su obra y ofreció desde la Sala Teatro Fernando de Rojas una muestra de sus piezas más conocidas. El Reina Sofía, por su parte, también quiso sumarse a la iniciativa programando su obra cinematográfica: el largometraje Film y otras siete piezas para televisión. Además, salas como el Teatro RépliKa también ofrecieron [leer la noticia aparecida en Indigentes] la que comúnmente es aceptada como su obra cumbre, Esperando a Godot.
La peculiaridad de Beckett
Larguirucho y lacónico, Samuel Beckett [en inglés] era ante todo, peculiar. Su filosofía de vida establecía que los esfuerzos del ser humano por encontrar el significado dentro del universo eran baldíos, puesto que no existe tal significado. La vida es un absurdo, un puro azar que transcurre entre dos puntos. Absolutamente genial hasta su muerte en 1989, Beckett es el principal adalid, junto con Eugène Ionesco, de aquello que en la desolada Europa de la posguerra se le ocurrió a Martin Esslin llamar “teatro del absurdo”. Derivando, claro está, de la expresión artística y estilística del concepto filosófico de Albert Camus; de la filosofía del absurdo, en definitiva. Nihilista, bebedor de las teorías existencialistas de Kierkegaard y del irracionalismo de Camus, escribía -entre la impotencia y la desolación- con un humor deslumbrante, tan carente de sentido como la vida misma y como aquel cuchillo que estuvo a punto de matarle en 1938 en las calles de París.
Ocurrió después de que decidiera emigrar a la capital francesa con la sola intención de poder conocer a James Joyce. Sabía que éste solía merodear por la librería Shakespeare & Co., por donde vagaban también Ernest Hemingway o Scott Fitzgerald, y un día -al fin- consiguió que un amigo poeta, Thomas McGreevy, los presentara. Beckett se ganó pronto su amistad, pero no contó con que, debido a sus continuas visitas a la casa, la hija de Joyce, emocionalmente inestable, se acabaría enamorando de él. El “no vengo a verte a ti, vengo a ver a tu padre” que se veía obligado a lanzarle cada vez que aparecía hizo que un día tuviera que dejar de hacerlo. En enero de 1938, doblando una esquina, fue apuñalado por un vagabundo, de nombre Prudent. El azar se puso esta vez de su lado: dos centímetros más y aquel filo le hubiera causado la muerte.
Tras el apuñalamiento, James Joyce le consiguió una cama en una habitación privada del hospital y, al salir de éste, en la primera audiencia judicial le preguntó a Prudent por el motivo que le llevó a apuñalarle. “No lo sé”, le respondió éste. Beckett encontró en él un ser amable y de buenas maneras, llevado por el puro azar, y decidió retirar los cargos que tenía contra él.
Desde el estreno de su obra más conocida, el 5 de enero de 1953 en el teatro Babylone de París, siempre le persiguió -allá donde iba- una pregunta: qué o quién es Godot. Y es que nadie sabe aún, ni sabrá, qué representa ese tal Godot, ése al que todos esperan y que, naturalmente, nunca llega. Unos siguen defendiendo que es Dios, otros que es la muerte, otros que es la belleza, otros que es la esperanza, otros que es la ilusión, otros… El propio Beckett lo dejó claro: “si lo supiera lo hubiera escrito”.
Pero las anécdotas en la vida de Beckett se suceden como los diálogos entre unos Estragon y Vladimir cualesquiera. Un día, viéndose obligado a viajar desde París a Dublín para visitar a su enferma madre, tomó un avión del que, ante el estupor de los demás viajeros, se quiso tirar en pleno vuelo. La razón era bien simple: escuchó por megafonía una voz que decía “les hablo en nombre del comandante Godot”.

Su obra, genial de principio a fin, encuentra su cima en la trilogía narrativa conformada por Molloy, Malone muere -ambas de 1951- y El innombrable, de 1953, además de la consabida obra teatral Esperando a Godot de 1952; aunque lo justo sería incluir también en la lista Fin de partida, de 1957. Por la época de las cuatro primeras, Beckett vivía con una judía multimillonaria, Peggy Guggenheim, que le consideraba un escritor frustrado pero de gran atractivo por su excentricidad, y también un hombre perezoso que se pasaba las mañanas en la cama sin hacer nada. Cierto día, a Beckett le salieron unos granos en el cuello y, lejos de consultar a un especialista, se aferró a la idea -del todo improbable pero suya- de que tenía cáncer. Ello le llevó a encerrarse durante una buena temporada en su cuarto y a escribir compulsivamente, como si de una cuestión de vida o muerte se tratase, lo que acabó dando como fruto las obras citadas. El reconocimiento pleno por ello le llegaría en 1969, al ser premiado con el Premio Nobel de Literatura. Lejos de mostrarse satisfecho por su elección, “¡qué catástrofe!” fue lo único que se le ocurrió decir, antes de decidir enviar a su editor a recoger el premio.
Su pesimismo ante la vida y, a la vez, el humor con el que estamos destinados a afrontarla -“hay que seguir, voy a seguir” es la frase final de El innombrable- quedan plasmados en toda su obra, genial o carente de significado, como se prefiera. Y es que mucho se ha hablado y discutido en todos estos años sobre el sentido de la obra beckettiana, pero todo ello es sencillo: sencillamente es “teatro del absurdo”. Nuestro error, como lectores, es intentar comprender su obra y su modo de hacer arte, pues la comprensión no tiene aquí cabida ni lugar. Como no podía ser de otra manera, “yo tampoco lo entiendo”, fue lo que le espetó en una ocasión a la crítica al ser preguntado por su largometraje Film.
Precisamente porque, recurriendo al siempre recurrente Woody Allen, “nada que merezca la pena puede ser entendido con la mente; todo lo que es verdaderamente valioso tiene que entrar por una abertura distinta”. Y perdón por lo gráfico de la expresión.
J. Carlos Bello, Madrid
El dramaturgo, novelista, poeta y director de cine Samuel Beckett hubiera cumplido cien años el pasado 13 de abril. Madrid, al igual que su Dublín natal y otras tantas capitales, celebró el hecho -no de que no lo hiciera, claro, sino de su nacimiento- de la mano del Círculo de Bellas Artes y del Centro de Arte Reina Sofía. Desde el 27 de septiembre y durante 13 días, el Círculo de Bellas Artes programó un ciclo de conferencias sobre su obra y ofreció desde la Sala Teatro Fernando de Rojas una muestra de sus piezas más conocidas. El Reina Sofía, por su parte, también quiso sumarse a la iniciativa programando su obra cinematográfica: el largometraje Film y otras siete piezas para televisión. Además, salas como el Teatro RépliKa también ofrecieron [leer la noticia aparecida en Indigentes] la que comúnmente es aceptada como su obra cumbre, Esperando a Godot.
La peculiaridad de Beckett
Larguirucho y lacónico, Samuel Beckett [en inglés] era ante todo, peculiar. Su filosofía de vida establecía que los esfuerzos del ser humano por encontrar el significado dentro del universo eran baldíos, puesto que no existe tal significado. La vida es un absurdo, un puro azar que transcurre entre dos puntos. Absolutamente genial hasta su muerte en 1989, Beckett es el principal adalid, junto con Eugène Ionesco, de aquello que en la desolada Europa de la posguerra se le ocurrió a Martin Esslin llamar “teatro del absurdo”. Derivando, claro está, de la expresión artística y estilística del concepto filosófico de Albert Camus; de la filosofía del absurdo, en definitiva. Nihilista, bebedor de las teorías existencialistas de Kierkegaard y del irracionalismo de Camus, escribía -entre la impotencia y la desolación- con un humor deslumbrante, tan carente de sentido como la vida misma y como aquel cuchillo que estuvo a punto de matarle en 1938 en las calles de París.
Ocurrió después de que decidiera emigrar a la capital francesa con la sola intención de poder conocer a James Joyce. Sabía que éste solía merodear por la librería Shakespeare & Co., por donde vagaban también Ernest Hemingway o Scott Fitzgerald, y un día -al fin- consiguió que un amigo poeta, Thomas McGreevy, los presentara. Beckett se ganó pronto su amistad, pero no contó con que, debido a sus continuas visitas a la casa, la hija de Joyce, emocionalmente inestable, se acabaría enamorando de él. El “no vengo a verte a ti, vengo a ver a tu padre” que se veía obligado a lanzarle cada vez que aparecía hizo que un día tuviera que dejar de hacerlo. En enero de 1938, doblando una esquina, fue apuñalado por un vagabundo, de nombre Prudent. El azar se puso esta vez de su lado: dos centímetros más y aquel filo le hubiera causado la muerte.
Tras el apuñalamiento, James Joyce le consiguió una cama en una habitación privada del hospital y, al salir de éste, en la primera audiencia judicial le preguntó a Prudent por el motivo que le llevó a apuñalarle. “No lo sé”, le respondió éste. Beckett encontró en él un ser amable y de buenas maneras, llevado por el puro azar, y decidió retirar los cargos que tenía contra él.
Desde el estreno de su obra más conocida, el 5 de enero de 1953 en el teatro Babylone de París, siempre le persiguió -allá donde iba- una pregunta: qué o quién es Godot. Y es que nadie sabe aún, ni sabrá, qué representa ese tal Godot, ése al que todos esperan y que, naturalmente, nunca llega. Unos siguen defendiendo que es Dios, otros que es la muerte, otros que es la belleza, otros que es la esperanza, otros que es la ilusión, otros… El propio Beckett lo dejó claro: “si lo supiera lo hubiera escrito”.
Pero las anécdotas en la vida de Beckett se suceden como los diálogos entre unos Estragon y Vladimir cualesquiera. Un día, viéndose obligado a viajar desde París a Dublín para visitar a su enferma madre, tomó un avión del que, ante el estupor de los demás viajeros, se quiso tirar en pleno vuelo. La razón era bien simple: escuchó por megafonía una voz que decía “les hablo en nombre del comandante Godot”.

Su obra, genial de principio a fin, encuentra su cima en la trilogía narrativa conformada por Molloy, Malone muere -ambas de 1951- y El innombrable, de 1953, además de la consabida obra teatral Esperando a Godot de 1952; aunque lo justo sería incluir también en la lista Fin de partida, de 1957. Por la época de las cuatro primeras, Beckett vivía con una judía multimillonaria, Peggy Guggenheim, que le consideraba un escritor frustrado pero de gran atractivo por su excentricidad, y también un hombre perezoso que se pasaba las mañanas en la cama sin hacer nada. Cierto día, a Beckett le salieron unos granos en el cuello y, lejos de consultar a un especialista, se aferró a la idea -del todo improbable pero suya- de que tenía cáncer. Ello le llevó a encerrarse durante una buena temporada en su cuarto y a escribir compulsivamente, como si de una cuestión de vida o muerte se tratase, lo que acabó dando como fruto las obras citadas. El reconocimiento pleno por ello le llegaría en 1969, al ser premiado con el Premio Nobel de Literatura. Lejos de mostrarse satisfecho por su elección, “¡qué catástrofe!” fue lo único que se le ocurrió decir, antes de decidir enviar a su editor a recoger el premio.
Su pesimismo ante la vida y, a la vez, el humor con el que estamos destinados a afrontarla -“hay que seguir, voy a seguir” es la frase final de El innombrable- quedan plasmados en toda su obra, genial o carente de significado, como se prefiera. Y es que mucho se ha hablado y discutido en todos estos años sobre el sentido de la obra beckettiana, pero todo ello es sencillo: sencillamente es “teatro del absurdo”. Nuestro error, como lectores, es intentar comprender su obra y su modo de hacer arte, pues la comprensión no tiene aquí cabida ni lugar. Como no podía ser de otra manera, “yo tampoco lo entiendo”, fue lo que le espetó en una ocasión a la crítica al ser preguntado por su largometraje Film.
Precisamente porque, recurriendo al siempre recurrente Woody Allen, “nada que merezca la pena puede ser entendido con la mente; todo lo que es verdaderamente valioso tiene que entrar por una abertura distinta”. Y perdón por lo gráfico de la expresión.
J. Carlos Bello, Madrid
Segunda edición del Festival Internacional de Improvisación Teatral de Madrid
Del 24 de noviembre al 3 de diciembre ha tenido lugar la segunda edición del Festival Internacional de Improvisación de Madrid, FESTIM 06. Un certamen organizado por Impromadrid Teatro y el Circulo de Bellas Artes, en el que cuatro de las mejores compañías hispanohablantes de improvisación crearon piezas teatrales únicas e irrepetibles.

Durante diez días FESTIM 06, II Festival Internacional de Improvisación de Madrid, nos ha invitado a disfrutar de piezas únicas e irrepetibles de la mano de cuatro de las mejores compañías hispanohablantes de improvisación teatral. Un festival organizado por Impromadrid Teatro y el Circulo de Bellas Artes en el que el público dictaminó que el grupo teatral anfitrión fuera galardonado con el premio Jamón de Madrid, después de una apasionante final contra la compañia colombiana Acción Impro.
Las compañías seleccionadas para participar en la segunda edición del festival fueron la Liga Mexicana de Improvisación, Improcrash! de Argentina, Acción Impro llegada de Colombia y los anfitriones Impromadrid Teatro. Cada una de ellas, además de participar en los campeonatos deportivos, presentaron espectáculos de improvisación de creación propia como La Familia García de la Impro realizada por Impromadrid Teatro, Un salto al Baldío! de los argentinos Improcrash!, Tríptico de la compañía colombiana Acción Impro o Improductivos de la Liga Mexicana de Improvisación. También impartieron cursos de improvisación teatral en los que todos los interesados pudieron adentrarse en el emocionante mundo del la interpretación improvisada.
Encima de un ring y como si de una noche de boxeo se tratase, juego, teatro y deporte se unen para dar lugar al Campeonato Match de Improvisación, uno de los ejes centrales del festival. En él, dos equipos con vestuarios deportivos se enfrentan en un partido de ochenta minutos a sucesivos combates de interpretación. El árbitro es el encargado de anunciar los temas de improvisación y decidir si ésta es comparada (cada equipo actúa por turnos sobre el mismo tema) o mixta (jugadores de ambos equipos actúan juntos sobre un único tema). Tras este anuncio, los equipos disponen de veinte segundos para elegir los participantes y concentrarse para la actuación. A continuación, el árbitro señala el inicio del combate con un silbato. Durante las actuaciones la espontaneidad, originalidad y la naturalidad son las únicas armas para alzarse con la victoria. El público es quien elige al equipo vencedor mostrando el lado de una tarjeta de votación con el color del vestuario del grupo elegido.
Esta modalidad de teatro improvisado nació en Canadá en 1977 de la mano de Robert Gravel e Yvon Leduc. Concebida en un principio, tan sólo, como una propuesta para desarrollar el trabajo de la improvisación, pronto se convirtió en un fenómeno teatral que se extendió por todo el mundo con gran rapidez. Fue tal su éxito, que tras la creación de la Liga Nacional de Improvisación de Canadá, más de una decena países siguieron sus pasos creando nuevas ligas nacionales. En 1999 se creó la Liga de Improvisación Madrileña, una asociación en la que se daría cabida a actividades relacionadas con la improvisación que se venían realizando en Madrid desde 1993. Impromadrid Teatro es una de las compañías de interpretación teatral más reconocidas en nuestro país. Entre sus representaciones más premiadas se encuentra Chup Suey, un espectáculo donde un grupo de actores y un músico se enfrentan a títulos propuestos por el público.
Cristina Pérez, Madrid

Durante diez días FESTIM 06, II Festival Internacional de Improvisación de Madrid, nos ha invitado a disfrutar de piezas únicas e irrepetibles de la mano de cuatro de las mejores compañías hispanohablantes de improvisación teatral. Un festival organizado por Impromadrid Teatro y el Circulo de Bellas Artes en el que el público dictaminó que el grupo teatral anfitrión fuera galardonado con el premio Jamón de Madrid, después de una apasionante final contra la compañia colombiana Acción Impro.
Las compañías seleccionadas para participar en la segunda edición del festival fueron la Liga Mexicana de Improvisación, Improcrash! de Argentina, Acción Impro llegada de Colombia y los anfitriones Impromadrid Teatro. Cada una de ellas, además de participar en los campeonatos deportivos, presentaron espectáculos de improvisación de creación propia como La Familia García de la Impro realizada por Impromadrid Teatro, Un salto al Baldío! de los argentinos Improcrash!, Tríptico de la compañía colombiana Acción Impro o Improductivos de la Liga Mexicana de Improvisación. También impartieron cursos de improvisación teatral en los que todos los interesados pudieron adentrarse en el emocionante mundo del la interpretación improvisada.
Encima de un ring y como si de una noche de boxeo se tratase, juego, teatro y deporte se unen para dar lugar al Campeonato Match de Improvisación, uno de los ejes centrales del festival. En él, dos equipos con vestuarios deportivos se enfrentan en un partido de ochenta minutos a sucesivos combates de interpretación. El árbitro es el encargado de anunciar los temas de improvisación y decidir si ésta es comparada (cada equipo actúa por turnos sobre el mismo tema) o mixta (jugadores de ambos equipos actúan juntos sobre un único tema). Tras este anuncio, los equipos disponen de veinte segundos para elegir los participantes y concentrarse para la actuación. A continuación, el árbitro señala el inicio del combate con un silbato. Durante las actuaciones la espontaneidad, originalidad y la naturalidad son las únicas armas para alzarse con la victoria. El público es quien elige al equipo vencedor mostrando el lado de una tarjeta de votación con el color del vestuario del grupo elegido.
Esta modalidad de teatro improvisado nació en Canadá en 1977 de la mano de Robert Gravel e Yvon Leduc. Concebida en un principio, tan sólo, como una propuesta para desarrollar el trabajo de la improvisación, pronto se convirtió en un fenómeno teatral que se extendió por todo el mundo con gran rapidez. Fue tal su éxito, que tras la creación de la Liga Nacional de Improvisación de Canadá, más de una decena países siguieron sus pasos creando nuevas ligas nacionales. En 1999 se creó la Liga de Improvisación Madrileña, una asociación en la que se daría cabida a actividades relacionadas con la improvisación que se venían realizando en Madrid desde 1993. Impromadrid Teatro es una de las compañías de interpretación teatral más reconocidas en nuestro país. Entre sus representaciones más premiadas se encuentra Chup Suey, un espectáculo donde un grupo de actores y un músico se enfrentan a títulos propuestos por el público.
Cristina Pérez, Madrid





