Blogs.ya.com Quitar publicidad
Iba yo caminando por la India, cuando de repente..
Penosísima narración de un viaje por la India (vergüenza debería darme)
Acerca de
"Un halo de encantamiento te rodeará durante todo el viaje y perdurará dulcemente en tu recuerdo después de cruzar el "puente" que te llevará a un mundo muy distinto. Ya, antes de irte comenzarás a sentir nostalgia, lamentarás no poder prolongar un poco más tu estancia. No importa, será así porque has desenmascarado o confirmado esa atracción que siempre habías intuido hacia esos lugares y gentes y habrás quedado cautivado para siempre. Regresarás, te habrás convertido en adicto suyo y cuando sientas el aviso de tu alma volverás a ese lugar sin apenas ser consciente de que ese deseo proviene del afán de viajar de nuevo a tu propio corazón."
Sindicación
 
Mumbai
No sé si tiene mucho sentido finalizar este diario desde la organizada, limpia, cómoda y predecible España, a la que llegué hace casi dos semanas. Me encuentro ahora inmerso en el famoso síndrome postvacacional, y me temo que todo lo que escriba estará condicionado por la añoranza y la melancolía, con lo que corro el riesgo de que esto se convierta en un continuo lamento. Aun así, y como deferencia hacia todos aquellos fieles seguidores de esta página (¡gracias a los tres!) voy a hacer un esfuerzo por concluir la crónica de mis ya finiquitados y añorados días en aquel país. Va por vosotros!.

Aterricé en Mumbai con un nuevo amigo, Antonio, a quien conocí en el avión. Viajaba solo por primera vez a la India, y no dudó en aceptar mi propuesta de unirse a nosotros durante su estancia en Mumbai. A la salida del aeropuerto nos encontramos con Diego y nos pillamos un taxi hasta Colaba, la zona elegida para hospedarnos.

Llegamos a Colaba como a las tres de la mañana. Para ilustrar la situación, nada mejor que una frase pronunciada por Diego: Tengo la sensación de que me han soltado en medio de una película de zombies, exagerao, que eres un exagerao... vale, que hay gente durmiendo en el suelo por todas partes, vale, que la mayoría de las casas parecen haber sobrevivido a un bombardeo, vale, que hay un par de hogueras en la acera de enfrente, y unos tipos con harapos que deambulan alrededor, vale, que una rata se cruza en el camino... en fin, tampoco es para tanto...

Encontramos un hotel, que resultaba ser un poco caro para el standard de la India, pero ante la perspectiva de que los zombies pudieran hacer acto de aparición de un momento a otro, decidimos quedarnos.

Despertamos a la mañana siguiente, bueno, al mediodía, y nos fuimos a ver The Gate of India, que se encontraba tan solo a cinco minutos del hotel. Primer contacto con mendigos, vendedores y camellos (¿quién dijo que la India fuese un país fácil?).

En el almuerzo fuimos atendido por un camarero gordísimo y antipatiquísimo. Tengo una teoría acerca de los indios obesos, teoría poco fundamentada y probablemente bastante estúpida, pero acorde a mi experiencia, en la India la simpatía, los buenos modales, la cordialidad, la humildad y otros valores similares están reñidos con los kilos. Me da la sensación de que para un amplio sector de la población, la barriga es símbolo de opulencia, de bienestar, de rango social, y muchos gorditos parecen sentirse con derecho a menospreciar y a mirar por encima del hombro a los flaquitos que los rodean. Da la casualidad de que casi todas las muestras de arrogancia y de malos modos que he presenciado en este país corresponden a personas con prominentes barrigas. Soy consciente de que este es un juicio injusto y como dije antes, sin mucho fundamento, pido perdon a todos los indios gorditos que lean esto (nunca se sabe) y que puedan sentirse ofendidos por lo que sin duda es, un juicio de valor de lo más arbitrario.

A todo esto... no hay muchos gorditos en la India (creo que no hacía falta decirlo).

Después de comer nos fuimos a dar un paseo por Mumbai, al ser Domingo, las calles estaban bastante tranquilas. Durante nuestro recorrido, pasamos ante numerosos altares dedicados a Ganesh, el dios elefante, el más popular entre el pueblo llano. Nos enteramos de que al día siguiente se celebraba en Chowpatti beach el gran festival dedicado a su figura, en el que miles de imágenes del simpático elefantito son trasladadas hasta la playa y sumergidas en el agua, en lo que probablemente es la fiesta más popular y multitudinaria que acontece en Mumbai.

Un Ganesh montado en su tortuguita... más rico...



Precisamente hacia Chowpatti beach dirigimos nuestros pasos. En nuestro camino tuvimos ocasión de comprobar las tremendas desigualdades existentes en Mumbai, pobres asentados junto a las puertas de boutiques de lujo, barrios de chabolas construidos junto a grandes edificios...

Hay mucho de cierto cuando se habla de la dignidad de los pobres de la India, y de su capacidad para mantener la alegría de vivir aun en condiciones muy adversas. Los barrios pobres de la India están llenos de sonrisas, de gente que te saluda, te da la bienvenida, un apretón de manos... por lo general no es una pobreza que te encoge el corazón, no es miseria, la gente sobrevive, y come, probablemente no todo lo que quisiera, pero come, y aceptan su situación, y no pierden la disposición para el deleite y para el disfrute, los niños sin zapatos juegan con un neumático y un palo (probablemente el juguete más extendido en la India) y no paran de reir. No voy a idealizar la pobreza, imagino que todos aquellos que rien reirían mucho más si tuvieran un techo bajo el que guarecerse y tres comidas diarias que llevarse a la boca, pero ya que esto no es posible... es digno de elogio la aceptación y la dignidad con la que afrontan el día a día.

Para nosotros y nuestras mentes occidentales, acostumbradas al lujo, la comodidad y la opulencia, un niño descalzo es un niño pobre y digno de compasión, en la India un niño descalzo es simplemente un niño sin zapatos, que no se para a lamentarse de su situación, entre otras cosas, porque convive con miles de niños descalzos que a su vez, aceptan el andar descalzo con toda normalidad.

Repito, ni idealizo ni elogio la pobreza, y decir que todos los pobres de la India son felices es una solemne estupidez, y en ocasiones no hay lugar para lecturas positivas ante determinadas escenas ante las cuales sólo cabe tragar saliva, suspirar y mirar hacia otro lado. No, no es la India un país fácil...

Bueno, dejo el estudio antropológico acerca de los pobres de la India para aquellos que estén capacitados para realizarlo y continúo con mi frívolo y trivial diario repleto de frívolos y triviales acontecimientos.

Llegamos a Chowpatti Beach poco antes del atardecer. En Chowpatti Beach no hay niñas en biquini, ni familias con nevera, tortilla y litrona, ni bañistas, ni socorristas, ni sardinas asadas. En Chowpatti Beach hay cientos de familias que se sientan sobre la arena y asisten a la puesta del sol mientras comen cacahuetes o beben te, hay decenas de masajistas que ofrecen masajes de cabeza y espalda, hay vendedores de helados, de te, de cacahuetes, de algodón dulce, hay una pequeña noria y un pequeño tiovivo, hay multitud de tenderetes en los que sirven comida, casi siempre demasiado picante, pero sabrosa y muy barata, hay un mono que baila como Michael Jackson, hay niños que juegan con globos de tamaño gigante y también un mar en el que nadie se baña. Todo eso y alguna cosa más en Chowpatti Beach un Domingo por la tarde.

Chowpatti Beach



Nos bebimos un te, nos dimos un masaje de cabeza, hombros y espalda, nos bebimos unos zumos de mango y nos fuimos a explorar otras zonas de Mumbai.

Caminamos unas tres horas sin rumbo por Mumbai, adentrandonos en barrios... ¿cómo definirlos?, barrios no incluídos en las visitas de los tour-operadores. Callejuelas de metro y medio de ancho, un enmarañado de casas, gente en constante trasiego, aguas fecales corriendo calle abajo y tres guiris despistaos preguntándonos qué coño hacemos allí. Me imagino entrando en un barrio de similares características en Madrid y saliendo con una mano delante y otra detrás, pero allí la gente se limitaba a mirarnos con sorpresa, a saludarnos y a gritarnos algún que "otro welcome to India".

Ganesh festival

Un consejo de amigo: si algún día, un indio, dos indios o quién sabe si tres indios entraran en vuestra habitación y gritaran al unísono algo así como: ¡¡Gan pa di vapa!!, no os paréis a pensar en lo extraño de la situación y gritad simplemente: Murria!, os los habréis ganado para siempre, y en el caso bastante probable, de que alguno de ellos vendiera bisutería seguro que os haría un buen precio. Que conste que os he avisado.

Llegamos a Chowpatti Beach sobre las doce de la mañana, la fiesta estaba empezando, y los primeros altares con figuras de Ganesh comenzaban a llegar. Al parecer, durante las primeras horas llegaban a la playa las figuras más pequeñas. Llegaban transportadas en pequeños carros cubiertos de flores e inciensos y acompañados por una comitiva que gritaba loas al más majete de los dioses. Una señora gordita (y simpática, muy simpática, contradiciendo a mi absurda teoría) nos cogió del brazo y nos llevó frente al Ganesh de su cortejo, nos enseñó los cánticos y las alabanzas y nos invitó a unirnos a ellos en su celebración. Así que ahí nos tenéis, dando el cante, eclipsando en su protagonismo al mono que baila como Michael Jackson. Una multitud nos rodeaba y se descojonaba viendo como hacíamos el ridículo ante la mirada atónita de un Ganesh que espero, sepa perdonar nuestra torpeza a la hora de realizar las ofrendas. En fin... qué coño! Lo pasamos bien!.

Volvimos a Chowpatti Beach por la noche, una multitud abarrotaba la playa. La procesión de figuras de Ganesh era constante, representaciones enormes, de seis o siete metros, transportadas en camiones, y seguidas por docenas de personas que tocaban tambores, bailaban y gritaban. Todo un espectáculo. Pasamos algún apuro al meternos en una multitud desbocada así que decidimos presenciar la ceremonia desde una distancia prudencial. Unos niños, acompañados de su familia, comenzaron a hablar con nosotros, nos invitaron a visitar su casa al día siguiente y se ofrecieron a acompañarnos a no sé qué templo. Durante la conversación multitud de personas se agolpaban alrededor, es sorprendente cómo en una ciudad aparentemente cosmopolita y multicultural como Mumbai tres extranjeros pueden llamar tanto la atención... qué cosas!.

De camino de vuelta y ya cerca del hotel, nos unimos a la fiesta que había montada en torno a uno de tantos Ganesh. El camión llevaba incorporado un super equipo de sonido en el que estaban pinchando a... ¡Prodigy!¿?¿?, todo es posible en la India. Nos metimos en medio de la jarana para sentir por primera vez en nuestras carnes lo que debe sentir una rubia maciza y minifaldera en una discoteca de barrio, todos los tios se disputaban un lugar junto a nosotros y nos invitaban a imitar sus coreografías, al más puro estilo boolywoodiano.

Exhaustos, sudorosos, acosados y agasajados volvimos al hotel. Un divertido día de festival. ¡¡Gan pa di vapa!! ¡Murriaaaaaaaa!

Isla de Elefanta.

Nos levantamos tempranito para hacer una excursión a la Isla de Elefanta, famosa por sus famosas esculturas en las cuevas. Cogimos un ferry que en una hora nos llevó hasta la isla. Bonita isla, bonitas cuevas, bonitas historias en torno a las esculturas, todo bonito.

Por la tarde asistimos a Mumbai en su estado puro, es decir, en día laborable, con su caos de tráfico, ruido, aglomeraciones y contaminación. Vámonos ya de aquí!.
No