De Mahabalipuram a Tiruvannamalai
Dejé Mahabalipuram casi con lágrimas en los ojos después del amanecer y cogí un autobús a Pondicherry, té con galletas en la estación y enseguida salió el autobús que me llevaría hasta Tiruvannamalai, pueblo enclavado a los pies del monte Arunachala, lugar de peregrinación clave en el hinduismo, en especial entre los “shivaiitas”.
Arunachala

En Tiruvannamalai me esperaba el ashram de Ramana Maharshi, llegué al ashram como a las doce de la mañana, comprobaron mi reserva en la lista (hay que reservar con tres meses de antelación), me dieron el programa con las actividades del día y me acompañaron a mi habitación.
Como era tarde para el almuerzo salí a comer fuera, spaguettis con verduras, no se vende carne en Tiruvannamalai. Luego, me incorporé a la actividad del ashram: a las 4 de la tarde canto de los Vedas junto al altar de Ramana, a las 17:30 lecturas relacionadas con sus enseñanzas y a las 18:30 puja (ritual hinduista) ante el altar de Ramana y de La Madre (continuadora de sus enseñanzas). Todos los actos se desarrollan en una sala grande, el altar ocupa la parte norte de la sala, a su alrededor los fieles dan vueltas y vueltas en silencio alrededor del monumento dedicado a Maharshi, en el resto de la sala algunos se sientan en el suelo en postura meditativa, otros recitan mantras, otros observan en silencio... Se respira paz y tranquilidad, el canto de los Vedas a cargo de los sacerdotes resulta especialmente estremecedor.
Después de asistir a todos los actos de la tarde, me uní a la cena. El comedor del ashram es una sala grande sin mesas ni sillas, la comida se sirve en plan rancho sobre hojas de platanero situadas en el suelo. Te sientas detrás de tu hoja y unos buenos señores van pasando y echando sobre las hojas arroz, pan, y otros comestibles que no sabría identificar, por supuesto, se come con las manos, bueno, con la mano derecha solamente, la izquierda se reserva para actos... llamémoslos impuros. Por suerte, la comida no estaba demasiado picante, y aunque no era una exquisitez culinaria, no dejé más que la hoja.
Después de cenar me fui a dar una vuelta por el pueblo, que estaba en plena celebración del festival de Dussera. Ufffff, locura colectiva, coches y camiones adornados con hojas de palma haciendo sonar sus bocinas, sandías rotas en la puerta de cada casa, altavoces con música estridente en cada esquina... después de veinte minutos esquivando coches y saltando entre restos de sandías busqué refugio en la paz y la tranquilidad del ashram.
Al día siguiente me levanté a las 6 de la mañana para asistir a la primera ceremonia que se realiza en el ashram, una ofrenda de leche frente al altar de Ramana, a las 7 sirven el desayuno, tras el desayuno paseo por Tiruvannamalai para esquivar sandías y visitar el templo. Volví pronto al ashram, en el que permanecí el resto del día asistiendo a todas las ceremonias.
Templo

A la mañana siguiente, aun en el ashram, después del desayuno subí al monte sagrado Arunachala, a la cueva en la que Ramana Maharshi permaneció durante siete años en actitud contemplativa. Como en todo el ashram está prohibido el uso de zapatos, pues nada, subí descalzo, pronto los peldaños dieron lugar a rocas bastante irregulares, ains qué dolor. Durante el ascenso se podían apreciar vistas espectaculares del pueblo y de su magnífico templo, lo siento, no llevaba cámara. En media hora o así alcancé la cueva, a la entrada de la misma, un lugar para que los peregrinos dejaran sus zapatos, ouch!.
La experiencia en la cueva... en mi diario personal.
A mediodía abandoné el ashram, la verdad es que me habría quedado más tiempo, pero la estancia máxima para los extranjeros es de tres días así que tras hacer una simbólica donación económica y tras pasar por la tienda y pillarme unos cuantos libros me dirigí a la estación de autobuses para pillar un bus muy muy siniestro con dirección a Bangalore. Después de seis horas, para cubir una distancia de ciento cincuenta kilómetros, llegué a Bangalore, que es una de las ciudades más modernas y prósperas de la India, famosa por ser el centro tecnológico del país. Se podían ver grandes centros comerciales, discotecas y hasta un Kentucky Fried Chicken.
Llegué a la estación de autobuses de Bangalore, pregunté por un autobús hacia Anantapur (sede de la Fundación de Vicente Ferrer) y resulta que había uno que salía en pocos minutos. Tenía intención de quedarme a pasar la noche en Bangalore, pero cambié de idea sobre la marcha y me monté en otro autobús que, esta vez sí, era de lo más confortable, con asientos reclinables y todo.
Cuando llegué a Anantapur, era demasiado tarde para dirigirme a la fundación, así que opté por pasar la noche en una pensión que había junto a la estación, posiblemente el sitio más cutre en el que he dormido, pero que sólo me costó 55 rupias, un euro!. A la mañana siguiente, muy temprano me dirigí a la fundación.
Arunachala

En Tiruvannamalai me esperaba el ashram de Ramana Maharshi, llegué al ashram como a las doce de la mañana, comprobaron mi reserva en la lista (hay que reservar con tres meses de antelación), me dieron el programa con las actividades del día y me acompañaron a mi habitación.
Como era tarde para el almuerzo salí a comer fuera, spaguettis con verduras, no se vende carne en Tiruvannamalai. Luego, me incorporé a la actividad del ashram: a las 4 de la tarde canto de los Vedas junto al altar de Ramana, a las 17:30 lecturas relacionadas con sus enseñanzas y a las 18:30 puja (ritual hinduista) ante el altar de Ramana y de La Madre (continuadora de sus enseñanzas). Todos los actos se desarrollan en una sala grande, el altar ocupa la parte norte de la sala, a su alrededor los fieles dan vueltas y vueltas en silencio alrededor del monumento dedicado a Maharshi, en el resto de la sala algunos se sientan en el suelo en postura meditativa, otros recitan mantras, otros observan en silencio... Se respira paz y tranquilidad, el canto de los Vedas a cargo de los sacerdotes resulta especialmente estremecedor.
Después de asistir a todos los actos de la tarde, me uní a la cena. El comedor del ashram es una sala grande sin mesas ni sillas, la comida se sirve en plan rancho sobre hojas de platanero situadas en el suelo. Te sientas detrás de tu hoja y unos buenos señores van pasando y echando sobre las hojas arroz, pan, y otros comestibles que no sabría identificar, por supuesto, se come con las manos, bueno, con la mano derecha solamente, la izquierda se reserva para actos... llamémoslos impuros. Por suerte, la comida no estaba demasiado picante, y aunque no era una exquisitez culinaria, no dejé más que la hoja.
Después de cenar me fui a dar una vuelta por el pueblo, que estaba en plena celebración del festival de Dussera. Ufffff, locura colectiva, coches y camiones adornados con hojas de palma haciendo sonar sus bocinas, sandías rotas en la puerta de cada casa, altavoces con música estridente en cada esquina... después de veinte minutos esquivando coches y saltando entre restos de sandías busqué refugio en la paz y la tranquilidad del ashram.
Al día siguiente me levanté a las 6 de la mañana para asistir a la primera ceremonia que se realiza en el ashram, una ofrenda de leche frente al altar de Ramana, a las 7 sirven el desayuno, tras el desayuno paseo por Tiruvannamalai para esquivar sandías y visitar el templo. Volví pronto al ashram, en el que permanecí el resto del día asistiendo a todas las ceremonias.
Templo

A la mañana siguiente, aun en el ashram, después del desayuno subí al monte sagrado Arunachala, a la cueva en la que Ramana Maharshi permaneció durante siete años en actitud contemplativa. Como en todo el ashram está prohibido el uso de zapatos, pues nada, subí descalzo, pronto los peldaños dieron lugar a rocas bastante irregulares, ains qué dolor. Durante el ascenso se podían apreciar vistas espectaculares del pueblo y de su magnífico templo, lo siento, no llevaba cámara. En media hora o así alcancé la cueva, a la entrada de la misma, un lugar para que los peregrinos dejaran sus zapatos, ouch!.
La experiencia en la cueva... en mi diario personal.
A mediodía abandoné el ashram, la verdad es que me habría quedado más tiempo, pero la estancia máxima para los extranjeros es de tres días así que tras hacer una simbólica donación económica y tras pasar por la tienda y pillarme unos cuantos libros me dirigí a la estación de autobuses para pillar un bus muy muy siniestro con dirección a Bangalore. Después de seis horas, para cubir una distancia de ciento cincuenta kilómetros, llegué a Bangalore, que es una de las ciudades más modernas y prósperas de la India, famosa por ser el centro tecnológico del país. Se podían ver grandes centros comerciales, discotecas y hasta un Kentucky Fried Chicken.
Llegué a la estación de autobuses de Bangalore, pregunté por un autobús hacia Anantapur (sede de la Fundación de Vicente Ferrer) y resulta que había uno que salía en pocos minutos. Tenía intención de quedarme a pasar la noche en Bangalore, pero cambié de idea sobre la marcha y me monté en otro autobús que, esta vez sí, era de lo más confortable, con asientos reclinables y todo.
Cuando llegué a Anantapur, era demasiado tarde para dirigirme a la fundación, así que opté por pasar la noche en una pensión que había junto a la estación, posiblemente el sitio más cutre en el que he dormido, pero que sólo me costó 55 rupias, un euro!. A la mañana siguiente, muy temprano me dirigí a la fundación.
Comentario:
Cuando mencionas el altar de Ramana, no es del todo correcto. Es su samadhi (su tumba, por decirlo en terminos faciles). Junto al Gran Hall (donde está Ramana hacia la izq si lo encaras) se encuentra el Mahamatruteshwara (el samadhi de su madre) que no continuó sus enseñanzas sino justamente lo contrario (supongo que te confundiras con Aurobindo y la Madre (una francesa que expandió sus enseñanzas al mundo entero). Aurobindo y Ramana fueron contemporáneos. Y en cuanto a la comida se sigue una tradicion que es la ayurveda, la mejor para conseguir un equilibrio entre mente y cuerpo (mens sana in corpore sano)
Estas anotaciones no son para criticar sino para ampliar conocimientos. TVM es mi ciudad predilecta en India.
Estas anotaciones no son para criticar sino para ampliar conocimientos. TVM es mi ciudad predilecta en India.
Comentario:
Hola, me gustaría comentarte. Voy a India en diciembre para estar 6 meses y me gustaría conocer tu opinión. Había pensado ir al ashram de Amma (en donde seguro estaría 15 o 20 días)pero sin saber porqué, me veo muy llamada hacia el ashram de Ramana Maharchi. Te importaría que hablásemos. Un saludo
Comentario:
querria informacion para ir a la Fundacion Vicente Ferrer ,Saibaba y el centro de Ramana Maharchi