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Memorias de un cristiano ingenuo
Remembranzas de un heterosexual, católico y .... Profesor de Religión.
Acerca de
Me llamo MANUEL. Soy sevillano. Nacido la última vez que nevó en esta ciudad. Profesor de Religión desde hace 17 años en mi querido Instituto Llanes. Apasionado de la música, la pintura, los amigos, ... Cada vez creo en menos cosas: Creo en Dios y espero que exista o la vida es una gigantesca broma. Espero, que no aspiro, a vivir en paz y dejar de ser perseguido por los jacobinos de este país. Y por último, sentarme cuando me jubile a la sombra de un pino para canturrear incansable hasta que llegue mi hora.
Sindicación
 
EL FACTOR HUMANO: HABEMUS PAPA CON CHOCO
El ciego de la ONCE se cruzó por delante de mi carro de la compra a velocidad meteórica, tanto que hacía dudar de su minusvalía física. Se precipitó hacia el mostrador de la relojería, y le gritó al empleado: ¡¡¡ Tío, “jabemus” Papa, PAPA CON CHOCO, PAPA CON CHOCO, JAJAJAJAJA!!!!.
Esta fue mi forma de conocer aquella tarde el acontecimiento clerical por excelencia. Por supuesto que me di prisa en llegar a casa con la remota esperanza de que MARTINI, mi cardenal preferido, amigo de Umberto Eco y claro partidario de reformas profundas, hubiese salido elegido por una auténtica intervención directa del Espíritu Santo desencadenando un “tsunami” en los cerebros de los purpurados.
Sentado delante del televisor aguardé expectante. Hasta que dijeron la palabra fatídica: JOSEPH… Me levanté y me fuí.
Ni que decir tiene que no me gusta RATZINGER. No hace falta alcanzar las cotas de bajeza periodística de algunos medios pretendiendo volcar mierda sobre un cardenal de impresionante altura intelectual (sólo MARTINI se le puede comparar), de indudable entereza ideológica y franca honestidad religiosa. Pero no comparto SU MANERA DE PENSAR Y ENTENDER LA IGLESIA, NI LAS COORDENADAS EN LAS QUE SE MUEVE SU EXPERIENCIA CRISTIANA, NI SU CONCEPCIÓN DEL SER HUMANO. NO me gusta la forma en que ha actuado con VIEJOS AMIGOS DE BATALLA. Como le comenté a mis alumn@s, era el ÚLTIMO que yo hubiese elegido.
No comienzan tiempos duros para la Iglesia, simplemente se prolongan unos años más. Nunca como ahora creo que estamos en un periodo de transición. Muchos de los comentarios que han ido apareciendo posteriormente me han confirmado mi teoría. RATZINGER ha ganado POR UN DESLIZAMIENTO HACIA LA DERECHA DEL CENTRO. Algo por cierto muy habitual en los seres humanos, y de paso una aclaración. Hace tiempo que ya no uso los términos izquierda, centro o derecha, en las acepciones tradicionales, sino más bien, como suelo hacer en clase, RUPTURISTA, REFORMISTA Y CONSERVADOR. Es decir, fuera de cualquier pretensión paradigmática.
¿Qué puede ocurrir?. Supongo que más de lo mismo. Cualquier cosa que escape de ahí, será una sorpresa. RATZINGER es muy inteligente, UNA COSA ES SER CARDENAL Y OTRA MUY DISTINTA SER PAPA. Quién sabe….
De momento, el cadáver de JUAN PABLO II, sigue “vivo”….

PARA SABER MÁS:

“¿En qué creen los que no creen?”. Umberto Eco-Carlo María Martini


 
EL JARDÍN CERCADO
Próxima a la catedral, tan escondida que muchos sevillanos desconocen su existencia, se encuentra la plaza de Sta. Marta.
Este lugar oculto, revela a quién sabe mantener una escucha atenta, el secreto mensaje del jardín cercado.
Después de recorrer un estrecho callejón serpenteante, se accede de improviso a un espacio no mucho mayor que el salón de nuestra casa. Tiene forma cuadrangular y está rodeado de naranjos y plantas aromáticas. En el suelo empedrado, reposan serenamente en distintas épocas del año, hojas secas, azahares y naranjas. En el centro se eleva un pilar, en cuyo extremo se levanta la tosca figura de un crucificado. La atmósfera está tan preñada de silencio, que nadie eleva la voz más allá del susurro. He aquí la figuración perfecta del Paraíso Perdido.
El corto tramo de calle recorrido para acceder a la plaza, simula ingenuamente el laberinto de La Vida, mar proceloso mezcla confusa de azar y destino a cuyo final aguarda para quien ha sabido navegar con tiento, ese lugar geométrico llamado Centro, o lo que es lo mismo, el vientre materno y regenerador del Uno. Las curvas y contracurvas del camino, intentan hacer desistir a aquellos que están atenazados por el miedo al misterio y sometidos al peso de sus seguridades. Quién haya jugado a la Oca sabrá a qué me refiero.
Por fin, el Paraíso. Un cuadrado perfecto símbolo de la Tierra. Durante siglos, el pensamiento de que el Paraíso existía físicamente en algún lugar de nuestro mundo, obsesionó a teólogos, reyes, emperadores e intelectuales. Lo colocaron primero en Asia, después en África, y ya en el Renacimiento, en el Nuevo Continente. Escudriñaron la Biblia minuciosamente para hacerla hablar con claridad. Todos tenían la certeza que llegar a el suponía recorrer un camino iniciático lleno de peligros.
En el centro el Árbol de la Vida, aquél de cuyos frutos Dios no permitió que comiesen Adán y Eva para que no alcanzasen la inmortalidad. Desde allí salían los cuatro ríos que fecundaban el mundo: el Pisón, el Guijón, el Tigris y el Eúfrates.. Hoy, en la plaza, el lugar del Árbol de la Vida lo ocupa el Crucificado. Cristo es el nuevo Adán que es clavado en el árbol de la Cruz y regenera el mundo con su sangre para hacernos inmortales.
Es así como el espacio urbanístico de la plaza, igual que la música, crea el hábitat propicio para que el misterio pueda asomarse. Para que Dios, como entonces, pueda caminar y conversar a nuestro lado.

PARA SABER MÁS:

Una película.....
"Drácula". Francis Ford Coppola.
Un libro....
"Historia del Paraíso". Jean Delumeau.
 
KALVIKATOR, EL DIÁCONO DE MATALASCAÑAS.
"El hombre era alto y tan flaco que parecía siempre de perfil. Su piel era oscura, sus huesos prominentes y sus ojos ardían con fuego perpetuo".(Arranque de la novela La Guerra del Fin del Mundo de Mario Vargas Llosa)

El doctor Mir, solía contar historias antimetafísicas cuando menos te lo esperabas.
Sostenía la teoría de que a través de la historia, podíamos encontrar episodios de sobra como para demostrar de manera fehaciente la inutilidad de las elucrubaciones sobre el sentido de la vida.
Prefería contarlas a altas horas de la noche, cuando los tertulianos embriagados y somnolientos, a duras penas podían seguir el hilo argumental y aún menos las intenciones ocultas entre los pliegues narrativos. Se trataba de una eficaz praxis pseudocientífica con la que pretendía desarbolar los últimos bastiones de la fe.
Aquella madrugada, bebíamos dejando pasar el tiempo desparramados por los sillones de la biblioteca en la mansión del ingeniero Francisco Panzer. Mir y Paco Panzer, eran amigos inseparables ligados por la rara cualidad de la unidad de pensamiento. Lazos tan fraternales, los impulsaron a crear la Asociación para el Progreso Futuro (ASOPROFUT), que contaba con doce miembros, y cuyos ingresos daban para publicar una revista semestral de muy corta tirada.
Alrededor de las cuatro, Mir inició la historia de Kalvikator. Paco Panzer comenzó a reír y no paró durante toda la narración, hasta un punto de histeria que las lágrimas brotaban a raudales bañándole su cuello de toro. Los demás asistimos al espectáculo gratamente asombrados por aquella empatía que casi nos saca del sopor y la bruma.
Reproduzco ahora el relato tratando respetar lo mejor posible la forma de contar del doctor Mir:
Kalvikator fue alguien con un apelativo singular que terminó sustituyendo un nombre original que nadie llegó a conocer.
Formaba parte de la asociación: Kalvinform, dedicada al diseño de calva por ordenador, que tan próspero negocio hizo, cosa pública que no es de comentar por sabida. Su actividad de diácono tampoco ha sido motivo para ningún comentario, pues la normalidad fue la nota que también la marcó. Era por supuesto calvo, alto, enjuto, delgado. Su mandíbula inferior era enorme, cerrada, fuerte, saliente, cuadrada. Golpes y puñetazos no nacieron para alterarla lo más mínimo.
Pero fueron sus reiteradas negativas a aceptar las secretas determinaciones del Kalvintern (Comité gobernador de las decisiones para todos los calvos del mundo) las que le hicieron famoso. Kalvikator era un rebelde. Se obstinó en algo que chocó definitivamente con los demás dirigentes animado por la actitud de su esposa, que lo presionó hasta que lo expulsaron siendo proclamado Calvo Rebelde. Ella, que fue llamada por todo esto la Kalvikatrix (Calvicatrice en italiano, cómo no), le obligó a pedir venganza de rodillas en las arenas de la playa durante las horas de más sol, suplicando a gritos que bajara fuego del cielo sobre todos aquellos que se burlaban de los calvos.
Tal vez estuvo influenciada por aquellos relatos del profeta Elías contra el grupo de chavales que le llamaban calvo.
La Kalvikatrix agarraba a su huesudo marido por el codo y le agitaba el
brazo diciendo: "¡de rodillas!”. Cuando él caía en el suelo, convencido de la inutilidad de sus intentos para zafarse de los empujones, ella le añadía: "pide fuego del cielo sobre esos malditos burlones. ¡Yá!”.Él le cogió gusto a la operación y lo acabó haciendo cada vez que ella estaba a su lado, o sea, siempre.
Los acompañantes del matrimonio también se paraban. El se agitaba y suplicaba gritando con fuerte voz. La gente se impresionaba mucho. La cosa se puso más caliente cuando algunos padres de los chavales que se burlaban de la calva de este profeta de nuestro tiempo empezaron a protestar porque sus hijos necesitaban ser curados de quemaduras. Pero Kalvikator no cejó en sus vengativas plegarias. Era típica su imagen austera, tostada y de color casi bronce con su calva que había sido sometida a un baño de metal líquido para hacerla brillar como una linterna cegadora en los mediodías playeros del verano, sus sandalias del 47/48, sus pantalones algo remangados por los tobillos y su camisa siempre blanca.
La empresa Kalvinform diseñaba todo tipo de calvas: manchurronas, cerúleas (para los viejecillos que pasaban mucho tiempo en la iglesia), tostadas, de blanco hueso, ojivales, aplastadas por detrás (para los transportistas de muebles grandes), franciscanas, etc. Sin embargo la mala fama creada por Kalvikator provocó su derrumbe, y en pocos años hubo de cerrar. Después de estos escándalos, Kalvikator, con su esposa la Kalvikatrix y su perpetuo grupo de
seguidores, tuvieron que huir. El Kalvintern los buscó sin descanso, pero con el tiempo, fueron olvidándose del asunto y dirigieron sus esfuerzos hacia otros asuntos más peliagudos que aquella panda de fanáticos encabezadas por un calvo y una calva consorte.
Años después se extendió el rumor de que Kalvikator se había refugiado en Argentina, fundando un pueblo de colonización en el valle de Neuquén que se mantenía próspero a base de exportar melaza de frutas. Mantenía oculta su verdadera identidad bajo el nombre de José Alberto Guitarossa. De la que no se supo nada más, fue de la señora Guitarossa. Se sospechaba que había desaparecido misteriosamente en el océano.


PARA SABER MÁS:
"La noche del Cazador". Sir Charles Laughton
"La guerra del Fin del Mundo". Mario Vargas Llosa.


 
EL PAPA QUE VINO DEL FRIO
"Dios no existe"
(Artículo tercero de la constitución marxista albanesa)

Me encanta la ingenuidad absoluta de ese artículo de una vieja constitución. Es una afirmación prepotente y visceral .Tal afirmación tiene una cierta dimensión apocalíptica o profética actuando decididamente sobre el espacio-tiempo, provocando el cortocircuito existencial del Gran Hacedor y su autoinmolación. Fantástico artículo-conjuro comparable a aquel:¡Ábrete Sésamo! de "Alí Babá y los cuarenta ladrones".
Añadir algo sobre el papa blanco que vino del frío, sería una presunción intolerable a la vista de la abrumadora carga mediática que su muerte ha producido. Algo muy característico de nuestras sociedades pis-modernas (Borjamari dixit).
Pero este personaje que vino de un mundo donde Dios había desaparecido por decreto ley, se merece al menos un recuerdo, un homenaje, una mención dedicada a su soledad oceánica, a ese estado de suspensión en el que lo único que tenía eran sus convicciones buenas o malas, pero suyas.
Me gusta verlo ahí, cuando todavía subía a la montaña acompañado de jóvenes y hermosos amigos, libres bajo el frío de los totalitarismos. Descendió de las montañas para atravesar el umbral de una esperanza escurridiza.
 
CONVERSACIONES CON CELESTINO
En la semana del 21 al 27 de marzo, fui invitado por el doctor Mir a acompañarle en su viaje a Roma y su estancia en el Estado Vaticano.
Quién me iba a decir que en esos días viviría una experiencia tan sorprendente por cuanto ciencia y fe, arrepentimiento y salvación, iban a mezclarse en informe batiburrillo desconcertante.
Mir se vanagloriaba de poseer una estrecha amistad con el cardenal Eusebio Cimarossa, responsable del Dicasterio Ciencia y Fe y lo que para Mir era más importante, director del Observatorio Astronómico vaticano. Aquel observatorio, bien valía una delicada relación con un príncipe ilustrado de la Iglesia.
Fue paseando por los jardines privados del Papa, cuando Mir me reveló los resultados de un experimento, cuya realización no habría sido posible sin la colaboración de Cimarossa y su curiosidad científica, que en más de una ocasión conseguía desplazar a un segundo plano la vocación de pastor de almas.
El experimento había resultado simple pero eficaz. El doctor colocó durante la noche un magnetófono de bobina ancha en el tercer confesonario entrando a la derecha, de la nave central de la Basílica vaticana. Allí quedó, funcionando toda la noche, hasta que Mir lo recogió poco antes de la apertura del templo.
Analizando la cinta cuidadosamente, había descubierto un grupo de voces dialogantes que por los datos aportados y tras consultar a su amigo purpurado, podía asegurarse que pertenecían con distintas inflexiones y tonos a un mismo personaje: Celestino V.
Me quedé pensativo, mientras Mir manoseaba una flor en un seto cercano. Celestino V era un papa especial porque había sido capaz de abdicar de su pontificado y convertirse con ese gesto en un caso único en la historia de la Iglesia. Sin embargo, para mí, resultaba fascinante por su ingenuidad e infantilismo. El abismo de ignorancia sobre los resortes del poder, atrajo sobre él la desgracia y la vergüenza del engaño, la burla, la manipulación y la mentira. Su indiscutible pureza de corazón, lo convirtió en un juguete roto en manos de la curia. Un tonto útil. El cordero que quita los pecados del mundo.
En la madrugada del día 26, allí estaba yo arrodillado frente a la celosía del confesonario, en medio de aquel recinto sagrado de proporciones inhumanas. Mis pensamientos giraban continuamente alrededor del rostro del doctor Mir y aquella mueca burlona pero complaciente, cuando le manifesté mi deseo de pasar la noche junto al confesonario. No preguntó por mis intenciones últimas, pero creo que tenía claro que no era precisamente la curiosidad científica el origen de las mismas.
Durante un buen rato no ocurrió nada. Por un momento creo que perdí el contacto con la realidad y fue un ligero murmullo sordo y continuado, el que me devolvió la conciencia del momento.
Mi voz resonó en toda la basílica: ¡Santidad! ¡Santidad!.
Del otro lado de la celosía, alguien respondió: No me llames “Santidad”, no me gusta. Soy simplemente Pietro.
La conversación transcurrió más o menos de la siguiente manera:
- Pietro, necesito saber algunas cosas.
- Para qué.
- Supongo que para clarificar el propósito de la vida que arrastro.
- Difícil lo veo. Pero pregunta.
- ¿Qué le hizo abandonar el pontificado?.
- No tuve paciencia.
- ¿Paciencia?.
- Sí, paciencia para soportar la pasión de la ignorancia.
- ¿Es pecado ser un ignorante?
- Bueno, Dante me colocó en el Infierno.
- Pero no está en el Infierno.
- Y tú que sabes. Llevo vagando por estos espacios desde hace siglos. Puede que el Infierno sea esto. Desplazarse flotando eternamente a unos centímetros del suelo.
- ¿Es verdad que Bonifacio VIII le mató de hambre?
- En absoluto. No hizo más que cumplir mi última voluntad: Vivir encerrado a pan y agua, detener la duración y ahogarla en la pura contemplación. Ser la ignorancia ignorada.
- Necesito la absolución. Yo tampoco soporto la pasión de la ignorancia y vivo en pecado.
- Ego te absólvo a peccátis tuis, in nómine Patris, et Filii, et Spíritus Sancti. Amen.
- Pietro, debo marcharme.
- Ya ves, poco he podido aclararte me temo. Pero antes, quiero decirte unas palabras que le oí murmurar a Igino Giordani, bibliotecario del Vaticano, cuando inclinó la cabeza para morir sobre su mesa: Fuera del amor, ronda el océano de la estupidez. A mí ya me sirve de poco, pero puede que tú estés a tiempo de algo. Ni Joaquín de Fiore habría dicho nada semejante.
- ¿Qué quiere que haga con eso?¿qué pretende?.
Ya no hubo más. El murmullo continuaba pero la voz no volvió a oírse.
Me levante y no pude evitar acercarme lentamente con un cierto temor, hacia la cortina violácea que cubría el interior del confesonario. La aparté con cuidado y traté de atisbar algo entre las sombras. Mis ojos se acostumbraron lo suficiente a la oscuridad para ver el magnetófono del doctor Mir, y aquella bobina de banda ancha dando vueltas sin parar camino de la consunción.