EL MARTILLO DE LOS CRÉDULOS
Permitaseme hoy, dedicar unas líneas a la certera pluma inconfundible de nuestro Prometeo cibernético.
Y es que cuando recorro sus primeras frases, donde deja traslucir su inconfundible estilo, siento brotar en mi interior exclamaciones entusiastas no por reprimidas menos intensas: ¡Martillo de los crédulos!¡Espada contra beatonas!¡Paladín de los comecuras!.
Erudito local, lengua afilada, látigo de irracionales, ¡cómo no conmoverse hasta la médula cuando se pasea la vista por los versos de su antivillancico invernal!. Esa pieza angular de un nuevo género litarario, llena de profundas reflexiones sobre el ser humano y sus cuítas. Versos cargados de ironía y lucidez, de pasión y continencia, de erudición disfrazada de estulticia y majadería. ¡Qué pena de aquellos que no podrán abrevar en las cantarinas aguas de la sabiduría que emana de sus palabras!. ¡Qué placer inenarrable la de aquellos que como yo, miserable iniciado, pueden vislumbrar el pozo sin fondo de hermética filosofía que destilan sus neuronas!. ¡Cómo no admirar su inteligencia al conseguir estrenar su obra en nada más y nada menos que una parroquia, en ese refugio de bichos con fe, gobernados por un párroco ingenuo que sonríe estúpidamente, sin comprender ni un ápice de ese monumento verborreico que, cual trompeta de Jericó, derriba los muros de aire de la clerecía!.
Puedo imaginarle entonces, siglos atrás, caminando erguido hacia su asiento en la Asamblea Nacional. Traje oscuro. Peluca gris. Rictus severo. Tocho de papeles bajo el brazo, dónde cual hormigas reptantes, en letra apretada y menuda, se extienden en columnas interminables, los nombres de los condenados por falta de sentido común. Por entregarse a esa fea costumbre de jugar con el misterio. Entonces, cuando toma asiento, le veo retozar de placer con los discursos de sus hermanos laicistas, esos seres puros y sin mácula. Por allí brama Marat, acullá Robespierre, por detrás resopla Dantón, por delante el maloliente Hébert.Ya nuestro hombre acusa el torrente de la verborrea, sus labios se tuercen en una mueca que quiere ser una sonrisa, y entonces parpadea incontrolado el ojo izquierdo. Por fin ha sido arrebatado por el éxtasis.
Puedo adivinar entonces las imágenes poderosas que se transmiten unas a otras sus raptadas y fosforecentes neuronas: una catedral envuelta en plástico gris, una pira humeante cuyas llamaradas se ven a kilómetros de distancia, una masa de vociferantes seres que arroja sobre las llamas a velocidad de vértigo, las obras de Velázquez, de Bach, de Rubens, de Mahler, de Haynd, de Hendel, de Lope, Calderón, Cervantes,... Y así por cientos, miles, todas ellas monumentos a la credulidad, a la bobería, al engaño... Un río de humanidad acomete el derribo de los rótulos de las calles con nombres de baja catadura religiosa. ¡Cómo son sustituidos en un abrir y cerrar de ojos por nombres gloriosos: Carrillo, La Pasionaria, Floridablanca, Pablo Olavide, Llamazares, Fernando de los Ríos, Zapatero, Moratinos, Victoria Kent,...!. Hombres y mujeres con sentido común, pero como lo entiende nuestro Prometeo: La Razón aplicada a la Vida.
Vuelvo a los versos del antivillancico invernal que ya termina. Siento dolor porque se acaba. Todavía puedo gozar con esas revelaciones que actuan como puñaladas sobre el costado de la credulidad y la fatuidad pensante: ¡Jesús no nació un 25 de diciembre!. Cómo siento crujir los huesos del craneo de tanto clerical suelto. ¡Cuidado! Ante tamaña revelación, en manada abandonan la fe, como un saco de patatas vacio, cientos y cientos de miserables engañados por la lengua viperina de los curas pederastas.Todavía puedo comparar, pidiendo disculpas por hacerlo, la inspiración absoluta de nuestro erudito con la de aquel otro poeta más mediocre. Pobre maestro de escuela. Que escribió estos versos ramplones y aburridos:
Españolito que vienes al mundo
Te guarde D...(censurado).
Una de las dos Españas
Ha de helarte el corazón.
Me atrevo a preguntarle, abusando de su paciencia, ¿intuiría este pobre poeta en las dos Españas, ese 20% de uno y otro lado que usted con maestría científica inigualable, grosso modo, revelaba en su estadística inapelable?.
Que D... (censurado) le bendiga. ¡Uy!¡Perdón!... Que el Sentido Común y la Razón le bendiga, Prometeo.
Y es que cuando recorro sus primeras frases, donde deja traslucir su inconfundible estilo, siento brotar en mi interior exclamaciones entusiastas no por reprimidas menos intensas: ¡Martillo de los crédulos!¡Espada contra beatonas!¡Paladín de los comecuras!.
Erudito local, lengua afilada, látigo de irracionales, ¡cómo no conmoverse hasta la médula cuando se pasea la vista por los versos de su antivillancico invernal!. Esa pieza angular de un nuevo género litarario, llena de profundas reflexiones sobre el ser humano y sus cuítas. Versos cargados de ironía y lucidez, de pasión y continencia, de erudición disfrazada de estulticia y majadería. ¡Qué pena de aquellos que no podrán abrevar en las cantarinas aguas de la sabiduría que emana de sus palabras!. ¡Qué placer inenarrable la de aquellos que como yo, miserable iniciado, pueden vislumbrar el pozo sin fondo de hermética filosofía que destilan sus neuronas!. ¡Cómo no admirar su inteligencia al conseguir estrenar su obra en nada más y nada menos que una parroquia, en ese refugio de bichos con fe, gobernados por un párroco ingenuo que sonríe estúpidamente, sin comprender ni un ápice de ese monumento verborreico que, cual trompeta de Jericó, derriba los muros de aire de la clerecía!.
Puedo imaginarle entonces, siglos atrás, caminando erguido hacia su asiento en la Asamblea Nacional. Traje oscuro. Peluca gris. Rictus severo. Tocho de papeles bajo el brazo, dónde cual hormigas reptantes, en letra apretada y menuda, se extienden en columnas interminables, los nombres de los condenados por falta de sentido común. Por entregarse a esa fea costumbre de jugar con el misterio. Entonces, cuando toma asiento, le veo retozar de placer con los discursos de sus hermanos laicistas, esos seres puros y sin mácula. Por allí brama Marat, acullá Robespierre, por detrás resopla Dantón, por delante el maloliente Hébert.Ya nuestro hombre acusa el torrente de la verborrea, sus labios se tuercen en una mueca que quiere ser una sonrisa, y entonces parpadea incontrolado el ojo izquierdo. Por fin ha sido arrebatado por el éxtasis.
Puedo adivinar entonces las imágenes poderosas que se transmiten unas a otras sus raptadas y fosforecentes neuronas: una catedral envuelta en plástico gris, una pira humeante cuyas llamaradas se ven a kilómetros de distancia, una masa de vociferantes seres que arroja sobre las llamas a velocidad de vértigo, las obras de Velázquez, de Bach, de Rubens, de Mahler, de Haynd, de Hendel, de Lope, Calderón, Cervantes,... Y así por cientos, miles, todas ellas monumentos a la credulidad, a la bobería, al engaño... Un río de humanidad acomete el derribo de los rótulos de las calles con nombres de baja catadura religiosa. ¡Cómo son sustituidos en un abrir y cerrar de ojos por nombres gloriosos: Carrillo, La Pasionaria, Floridablanca, Pablo Olavide, Llamazares, Fernando de los Ríos, Zapatero, Moratinos, Victoria Kent,...!. Hombres y mujeres con sentido común, pero como lo entiende nuestro Prometeo: La Razón aplicada a la Vida.
Vuelvo a los versos del antivillancico invernal que ya termina. Siento dolor porque se acaba. Todavía puedo gozar con esas revelaciones que actuan como puñaladas sobre el costado de la credulidad y la fatuidad pensante: ¡Jesús no nació un 25 de diciembre!. Cómo siento crujir los huesos del craneo de tanto clerical suelto. ¡Cuidado! Ante tamaña revelación, en manada abandonan la fe, como un saco de patatas vacio, cientos y cientos de miserables engañados por la lengua viperina de los curas pederastas.Todavía puedo comparar, pidiendo disculpas por hacerlo, la inspiración absoluta de nuestro erudito con la de aquel otro poeta más mediocre. Pobre maestro de escuela. Que escribió estos versos ramplones y aburridos:
Españolito que vienes al mundo
Te guarde D...(censurado).
Una de las dos Españas
Ha de helarte el corazón.
Me atrevo a preguntarle, abusando de su paciencia, ¿intuiría este pobre poeta en las dos Españas, ese 20% de uno y otro lado que usted con maestría científica inigualable, grosso modo, revelaba en su estadística inapelable?.
Que D... (censurado) le bendiga. ¡Uy!¡Perdón!... Que el Sentido Común y la Razón le bendiga, Prometeo.
Comentario:
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Yo soy licenciado en filosofía, tascas y teatros varios; Te recomendaría una lectura atenta de Unamuno y,como no, de E.M Cioan....
nunca es tarde para volver a empezar....
nunca es tarde para volver a empezar....
Comentario:
¡Hola! Vi tu comentario en mi blog y me pasé por aquí... Difícil comentar, lo reconozco, permíteme la libertad. Para empezar, partimos de diferentes concepciones sobre muchos temas... Aún así, respeto tus posturas (¡faltaría más!) y te aseguro que volveré a pasarme por aquí, porque parecen bastante interesantes tus artículos.
Un saludo.
Un saludo.