Cómo creerte algo que es
Lo bueno de estudiar es que, racionalmente, no estás estudiando nada que no exista. O sea, si estudias el protestantismo (mi caso) en el siglo XVI y no vas a clase, no pasa nada, porque hay millones de libros que te lo documentan. Bien, entonces, nuestra tarea es puramente descriptiva. La historia no la puedes transformar a tus anchas en un examen, porque pongas lo que pongas, ha tenido que suceder. Estudiar, por eso, requiere una dosis de creatividad reciclada. O una dosis de motivación vacía de prejuicios.





