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Guisante on-line
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y entre medio un guisante
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De como las perspectivas pueden producir efectos ópticos irreversibles

En fin, otra noche más en la que soy consciente de que soy un poco feliz. Se me hace raro ante tanta avalancha de corrosiva tristeza que subraya el otoño. Mi teoría es que el otoño enturbia un poco la alegría, Marta, mi amiga Marta, cree que no, que el otoño es bonito. Pero a mi me parece que las estaciones se acompasan al estado de animo. Y pues voy a haceros una lista, seguro que será breve, del por qué:
1) el otoño sigue al verano. El verano es en general una epoca buena, tal vez porque siempre se asocia al verano una época buena. No se tiene que hacer mucho, y tus padres te perdonan que no te arregles la habitación, por decir algo.
2) el frio es un coñazo. No apetece salir tanto como en verano, la idea de sentarte en una terracita tomando una cerveza hiela las manos y la nariz.
3) la cerveza está más fría. Tienes que invertir más presupuesto en cerveza para olvidarte del frío, para no comentar que las manos no se recuperan de la hipotermia, el vaso, AMIGOS, siempre está helado.
4) el metro y la combinación de "me quito el abrigo, me lo vuelvo a poner". Creo que esto es evidente. Muchas veces he preferido asarme como un pollo sentadita en mi butaca, antes de empezar a "descebollarme", y prefiero helarme al salir a la calle. La vagancia es un síndrome también del otoño.
5) en una lista siempre se debe llegar al numero cinco: en general el otoño es más caro. Siempre tienes que refugiarte en un lugar caliente, y por ende, consumir. Y está claro que la vida no está para bollos. Un agua natural simple y corriente, sin vaso, ya llega a la cifra de 1€.

Y bueno, así transcurre el otoño hasta que llega Navidad y Reyes. DIOS MIO, NAVIDAD Y REYES!!!! Creo que es una tendencia creciente que cada año más gente odia la Navidad y los Reyes. No sé si es porque a medida que nos vamos haciendo mayores (Dios, tambien mi cumpleaños: 7 de enero, cumplo 23) tenemos que hacer más regalos y más cumplidos. Y francamente, entre nosotros, yo ahora, a mis 22 no tengo más dinero que cuando tenía 12 años. Podríamos decir que mi capital rodea la misma cifra de un dígito (el máximo son 9€ y eso no llega a regalos decentes).

Mientrastanto va surgiendo a tu alrededor una serie de factores. Yo le llamo la teoría de las circunstancias inversas. Sigue así, si tú tienes un mal día, los demás tienen un buen día, y lo mismo sucede cuando tienes un buen día, que todos tienen un mal día. Si tienes hambre, nadie tiene hambre y viceversa. En realidad, esas pequeñeces te hacen valorar tus relaciones y tus amistades. Si tu amig@/ parej@ no tienen hambre, pues no comes nada, por cortesía. Bueno, como mucho unas pipas... En general los individuos no somos muy inteligentes, y no es porque siempre choquemos con la misma piedra, sino porque, inevitablemente, nos gusta chocar con piedras. Conozco a más de uno que te avisa antes de poner la piedra justo en su camino para tropezar en ella... Y yo, señores y señoras, soy la primera en hacerlo. Calculo la distancia, la caida, el dolor, y entonces coloco la piedra a conciencia: pá que duela.

Si es que el otoño no ayuda mucho, pero nosotros tampoco.

Boa Noite.
No