Me voy de fiesta
Bueno, este es mi primer tema serio en mi blog. Hoy es viernes, y claro, como todo fin de semana que se precie, vienen días de salir de fiesta. Pero claro, yo ya sé lo que me toca. Aguantar la misma música de siempre, y preguntarme una y otra vez por qué a la gente le da igual. Vale, una cosa es salir de fiesta a pasarlo bien, pero, ¿es que acaso nadie tiene criterio musical? ¿A nadie le cansa oír las mismas canciones finde tras finde? – creo que no, porque algunos energúmenos hasta llevan la misma música en el coche entre semana-.
Vale que yo no viví los 70, ni los 80. Me tocaron los 90 y como muchos, soy fan de la música electrónica de la época. Sí, esa música que los heavies se ocupan de criticar y tal (me hace gracia cuando los susodichos son críos de menos de 19 años). La música que los medios de comunicación se encargaron de exterminar a golpe de crítica y de documentales explicativos. Explicativos, vaya, diciendo que la fiesta valenciana no era más que una continua apología de la droga y de gente descerebrada. Y así nos hicieron acabar.
Pero el panorama actual no es ni mucho menos, bonito, como se supone que sería tras hundir al movimiento bakalao. ¿Qué antes se drogaban los jóvenes? Sí, no lo niego, pero es que ahora los de 14 y 15 ya se meten rayas…
En 1997 el movimiento valenciano ya había tocado su final. En esa época, la fiesta se acrecentaba en Cataluña (donde hoy día siguen existiendo las salas más importantes del país) y la recién nacida Mákina Catalana (que no se que le ven de Mákina porque no es más que Happy Hardcore aún más “happy” y menos “hardcore”). Justo en esa época, empiezan a aparecer los primeros jóvenes que salen en manadas, a bailar música electrónica, a tomar drogas y montar jaleo. Son los llamados bakalas. ¿Por qué se les llama “bakalas” cuando justo termina de desaparecer la movida bakalaera? La culpa siempre es de la gente, que tiende a generalizar. Estos garrulillos no son más que prototipos de imitadores de los auténticos bakalaeros, ruteros, destroyers… - jóvenes de entre 17 y 30 años que tras una semana de duro trabajo o estudios, se dedicaban a pasar un fin de semana brutal-. Los llamados bakalas son gente de entre 13 y 23 años que no encuentra su lugar en el escalafón social y por lo tanto, tienen que hacerse ver. Tirando basureros al suelo, rompiendo retrovisores y pegándole a todo aquel que les mire mal o les empuje sin querer. La mayoría debido a su corta edad son estudiantes, y de los 16 para arriba, parados o currantes. Todos pasan por la fase “ciclomotor” (14-18 años) y “coche” (+18) esta última también “coche makeao”. Su única aspiración en la vida: llamar la atención. Me pregunto dónde estarán dentro de 10 años. Porque los auténticos bakalaeros, hoy todos en su mayoría con más de 30 años, son personas decentes, trabajadoras e incluso algunos, casados. Porque de jóvenes salían para divertirse y apartar los problemas, no a comerse el mundo (y unas cuantas rulas) como los pelaos. Éstos – los bakalas- dentro de 10 años serán desperdicios sociales consumidos neuronalmente por todo lo que se meten, o más de uno encerrado en prisión por írsele la mano en alguno de sus intentos de demostración de superioridad.
A lo que íbamos. ¿Quién ha sustituido al Bakalao en nuestros locales de marcha? Está más que claro: el pachangueo. Porque, sí, sigue haciéndose música electrónica, pero aunque os den risa nombres como Chimo Bayoo Paco Pil, los productores actuales sí que dan risa, por querer imitar a los extranjeros y no hacer más que el ridículo (Javi Boss, John Core, grandes nombres para grandes acabaos). Los señores Bayo y Pil al menos eran originales en sus creaciones (aunque, repito, nos hagan gracia sus letras).
El pachangueo lo ha ocupado todo. Recuerdo que a principios, nos hacia hasta gracia que en verano por entremedio del potente sonido Eurohouse y Mákina, saliesen algunas cancioncillas con ritmo caribeño con curiosos nombres (“El Venao”, “El Tiburón” “El Mueve Mueve” – imitación de un tema dance llamado “I Like to Move it”- etc.). Poco a poco, cada verano eran más; y no nos dábamos cuenta pero también aparecían los cantantes/grupos de Pop de usar y tirar, es decir, que sacaban un disco y ya no les veías más.
Doy un salto para plantarme en el 2001. Ese verano hubo cientos de temas veraniegos, pseudopoperos y demás; pero después en invierno nacía “Operación Triunfo”. Durante el invierno no dejó de salir música facilona a mansalva. Y cuando llegó el verano siguiente (¡qué digo verano! ¡A finales de Febrero ya!) había germinado la semilla del diablo: “Operación Triunfo” había sido un éxito. Se acabó el siquiera poner algo de Dance en los locales: todos pachanga. Este nuevo género musical (que en realidad tampoco se llama pachanga, no tiene nombre) se ha comido al Dance, al Pop e incluso ya va a atacar a sectores más específicos (el Rap, con gente como “Junior” o “Las Niñas”, se va a pique). Llegarán incluso a acabar con el Heavy (Al paso que van “Mago de Oz”, no tardarán). Y todo por la manía que se tuvo de señalar con el dedo al bakalao y tacharlo de peligroso. Este enemigo duele más. Las generaciones actuales carecen cada vez más de personalidad para decidir qué música es mejor. La gente que acude a los locales de música cañera electrónica, no va por la música, sino para hacer el animal. Y nosotros vemos como esto se come al mundo y no podemos hacer nada. Gracias, medios de comunicación, por detener un movimiento musical que no hacía daño a nadie. Me voy a ver qué puedo encontrar por ahí…

Vale que yo no viví los 70, ni los 80. Me tocaron los 90 y como muchos, soy fan de la música electrónica de la época. Sí, esa música que los heavies se ocupan de criticar y tal (me hace gracia cuando los susodichos son críos de menos de 19 años). La música que los medios de comunicación se encargaron de exterminar a golpe de crítica y de documentales explicativos. Explicativos, vaya, diciendo que la fiesta valenciana no era más que una continua apología de la droga y de gente descerebrada. Y así nos hicieron acabar.
Pero el panorama actual no es ni mucho menos, bonito, como se supone que sería tras hundir al movimiento bakalao. ¿Qué antes se drogaban los jóvenes? Sí, no lo niego, pero es que ahora los de 14 y 15 ya se meten rayas…
En 1997 el movimiento valenciano ya había tocado su final. En esa época, la fiesta se acrecentaba en Cataluña (donde hoy día siguen existiendo las salas más importantes del país) y la recién nacida Mákina Catalana (que no se que le ven de Mákina porque no es más que Happy Hardcore aún más “happy” y menos “hardcore”). Justo en esa época, empiezan a aparecer los primeros jóvenes que salen en manadas, a bailar música electrónica, a tomar drogas y montar jaleo. Son los llamados bakalas. ¿Por qué se les llama “bakalas” cuando justo termina de desaparecer la movida bakalaera? La culpa siempre es de la gente, que tiende a generalizar. Estos garrulillos no son más que prototipos de imitadores de los auténticos bakalaeros, ruteros, destroyers… - jóvenes de entre 17 y 30 años que tras una semana de duro trabajo o estudios, se dedicaban a pasar un fin de semana brutal-. Los llamados bakalas son gente de entre 13 y 23 años que no encuentra su lugar en el escalafón social y por lo tanto, tienen que hacerse ver. Tirando basureros al suelo, rompiendo retrovisores y pegándole a todo aquel que les mire mal o les empuje sin querer. La mayoría debido a su corta edad son estudiantes, y de los 16 para arriba, parados o currantes. Todos pasan por la fase “ciclomotor” (14-18 años) y “coche” (+18) esta última también “coche makeao”. Su única aspiración en la vida: llamar la atención. Me pregunto dónde estarán dentro de 10 años. Porque los auténticos bakalaeros, hoy todos en su mayoría con más de 30 años, son personas decentes, trabajadoras e incluso algunos, casados. Porque de jóvenes salían para divertirse y apartar los problemas, no a comerse el mundo (y unas cuantas rulas) como los pelaos. Éstos – los bakalas- dentro de 10 años serán desperdicios sociales consumidos neuronalmente por todo lo que se meten, o más de uno encerrado en prisión por írsele la mano en alguno de sus intentos de demostración de superioridad.
A lo que íbamos. ¿Quién ha sustituido al Bakalao en nuestros locales de marcha? Está más que claro: el pachangueo. Porque, sí, sigue haciéndose música electrónica, pero aunque os den risa nombres como Chimo Bayoo Paco Pil, los productores actuales sí que dan risa, por querer imitar a los extranjeros y no hacer más que el ridículo (Javi Boss, John Core, grandes nombres para grandes acabaos). Los señores Bayo y Pil al menos eran originales en sus creaciones (aunque, repito, nos hagan gracia sus letras).
El pachangueo lo ha ocupado todo. Recuerdo que a principios, nos hacia hasta gracia que en verano por entremedio del potente sonido Eurohouse y Mákina, saliesen algunas cancioncillas con ritmo caribeño con curiosos nombres (“El Venao”, “El Tiburón” “El Mueve Mueve” – imitación de un tema dance llamado “I Like to Move it”- etc.). Poco a poco, cada verano eran más; y no nos dábamos cuenta pero también aparecían los cantantes/grupos de Pop de usar y tirar, es decir, que sacaban un disco y ya no les veías más.
Doy un salto para plantarme en el 2001. Ese verano hubo cientos de temas veraniegos, pseudopoperos y demás; pero después en invierno nacía “Operación Triunfo”. Durante el invierno no dejó de salir música facilona a mansalva. Y cuando llegó el verano siguiente (¡qué digo verano! ¡A finales de Febrero ya!) había germinado la semilla del diablo: “Operación Triunfo” había sido un éxito. Se acabó el siquiera poner algo de Dance en los locales: todos pachanga. Este nuevo género musical (que en realidad tampoco se llama pachanga, no tiene nombre) se ha comido al Dance, al Pop e incluso ya va a atacar a sectores más específicos (el Rap, con gente como “Junior” o “Las Niñas”, se va a pique). Llegarán incluso a acabar con el Heavy (Al paso que van “Mago de Oz”, no tardarán). Y todo por la manía que se tuvo de señalar con el dedo al bakalao y tacharlo de peligroso. Este enemigo duele más. Las generaciones actuales carecen cada vez más de personalidad para decidir qué música es mejor. La gente que acude a los locales de música cañera electrónica, no va por la música, sino para hacer el animal. Y nosotros vemos como esto se come al mundo y no podemos hacer nada. Gracias, medios de comunicación, por detener un movimiento musical que no hacía daño a nadie. Me voy a ver qué puedo encontrar por ahí…

Comentario:
Hombre, Francisco! Nada, pero me refiero a que MDO son la llave perfecta para las puertas del pachanga-heavy, que no digo que ellos lo hagan, pero ya les saldrán imitadores, ya, y veréis.
Comentario:
APLAUSOS! APLAUSOS! BRAVO!
Sólo una objección: Mago de Oz tampoco está tan mal, el último disco (Belfast) aunque sea un recopilatorio está muy bien. Se han superado (dentro de lo superable).
Sólo una objección: Mago de Oz tampoco está tan mal, el último disco (Belfast) aunque sea un recopilatorio está muy bien. Se han superado (dentro de lo superable).





