De bien nacidos es ser agradecido
Nuevamente la colaboracion de los participantes del blog ha sido de inestimable valor para la publicación del siguiente documento. Aunque actualmente hay noticias de gran interés como, por ejemplo, por qué 9 de cada 10 terroristas prefieren PSOE (tanto para afiliarse como para recibir visitas), hoy quiero conectar el anterior tema del blog con este gran descubrimiento que pongo a disposición de todos los jóvenes y jóvenas progresist@s de bien: Víctor Manuel cantando las maravillas del caudillo antes de transformarse en progre pata negra.
¿Cómo es posible camarada Víctor, que hayas olvidado tu devoción por el "gran hombre que supo alejar, esa invasión, que la senda venía a cambiar"? Tú , que denunciaste la invasión de la horda comunista y ahora te alegras por la noche irrepetible en que se retiró la estatua del Generalísimo.
Eso no se hace Víctor, está muy feo y no es digno de un hombre de progreso como tú, y por tanto, te reprendo públicamente e invito a todos los lectores y participantes del blog a comprar tus discos y los de tu dentuda mujer en las mantas de los negros. No creo que te importe que contribuyamos de esta forma al bienestar de los inmigrantes ilegales, tan cruelmente despreciados por quienes no viven en urbanizaciones de lujo, es más, seguro que tu señora y tú estaréis encantados, como buenos comunistas, de compartir vuestra riqueza con los más necesitados.
Y ahora la letra (cortesía de Jaun Zuría):
Hay un país
Que la guerra marcó sin piedad,
Ese país
De cenizas logró resurgir,
Años costó
Su tributo a la guerra pagar,
Hoy consiguió
Que se admire y respete su paz.
No, no conocí
El azote de aquella invasión,
Vivo feliz
En la tierra que aquél levantó,
Gracias le doy
Al gran hombre que supo alejar,
Esa invasión
Que la senda venía a cambiar.
Otros vendrán
Que el camino no habrán de labrar,
Él lo labró
A los otros les toca sembrar.
Otros vendrán
Que el camino más limpio hallarán,
Deben seguir
Por la senda que aquél nos marcó,
No han de ocultar
Hacia el hombre que trajo esta paz,
Su admiración,
Y por favor,
Pido, siga esta paz.
Víctor Manuel, "Un Gran Hombre" (refiriéndose al caudillo)
Ahí va el tema en cuestión (cortesía de Pablo).

"No han de ocultar, hacia el hombre que trajo esta paz,
su admiración, ninonaníiiii..."
¿Cómo es posible camarada Víctor, que hayas olvidado tu devoción por el "gran hombre que supo alejar, esa invasión, que la senda venía a cambiar"? Tú , que denunciaste la invasión de la horda comunista y ahora te alegras por la noche irrepetible en que se retiró la estatua del Generalísimo.
Eso no se hace Víctor, está muy feo y no es digno de un hombre de progreso como tú, y por tanto, te reprendo públicamente e invito a todos los lectores y participantes del blog a comprar tus discos y los de tu dentuda mujer en las mantas de los negros. No creo que te importe que contribuyamos de esta forma al bienestar de los inmigrantes ilegales, tan cruelmente despreciados por quienes no viven en urbanizaciones de lujo, es más, seguro que tu señora y tú estaréis encantados, como buenos comunistas, de compartir vuestra riqueza con los más necesitados.
Y ahora la letra (cortesía de Jaun Zuría):
Hay un país
Que la guerra marcó sin piedad,
Ese país
De cenizas logró resurgir,
Años costó
Su tributo a la guerra pagar,
Hoy consiguió
Que se admire y respete su paz.
No, no conocí
El azote de aquella invasión,
Vivo feliz
En la tierra que aquél levantó,
Gracias le doy
Al gran hombre que supo alejar,
Esa invasión
Que la senda venía a cambiar.
Otros vendrán
Que el camino no habrán de labrar,
Él lo labró
A los otros les toca sembrar.
Otros vendrán
Que el camino más limpio hallarán,
Deben seguir
Por la senda que aquél nos marcó,
No han de ocultar
Hacia el hombre que trajo esta paz,
Su admiración,
Y por favor,
Pido, siga esta paz.
Víctor Manuel, "Un Gran Hombre" (refiriéndose al caudillo)
Ahí va el tema en cuestión (cortesía de Pablo).

"No han de ocultar, hacia el hombre que trajo esta paz,
su admiración, ninonaníiiii..."
Comentario:
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Comentario:
Me han dicho que Cenutri@ se enojó sobremanera porque alguien decidió llamar a las cosas por su nombre y hasta a los animales de tiro como Haro Tacglen (da muchas coces esa acémila para haber llevado semejantes arreos).
En fin, para que La Cenutri@ (nombre de pollino donde los haya) no deje de rebuznar, aquí van unas palabritas de La Momia para recordar las bondades del camarada José Antonio:
La voz de bronce de las campanas de San Lorenzo, el laurel de fama de la corona fúnebre, la piedra gris del Monasterio, los crespones de luto en todos los balcones del Escorial, los dos mil cirios ardiendo en el túmulo gigantesco coronada por el águila del Imperio que se eleva en la Basílica, lloran en esta mañana, con esa tremenda expresión que a veces tienen las cosas sin ánimo, la muerte del Capitán de España. Hasta el sol y el paisaje han cubierto su inmutable indiferencia con el velo gris de la lluvia y la niebla, y cae sobre la ciudad —lacrima coeli— una llovizna fina y gris. El subconsciente nos ha repetido sus frases, sus profecías, sus oraciones; y no ha sido voz de ultratumba la suya; ha sido voz palpitante de vida, de la vida y el afán de todos estos magníficos camaradas de la Vieja Guardia, del Frente de Juventudes, de la Sección Femenina... La doctrina del Fundador vive en ellos como en aquellos tiempos, y si el cuerpo de José Antonio está muerto bajo la lápida, su espíritu tiene calor de vida en la de todos los camaradas de Falange. Se nos murió un Capitán, pero el Dios Misericordioso nos dejó otro. Y hoy, ante la tumba de José Antonio, hemos visto la figura egregia del Caudillo Franco. El mensaje recto de destino y esperanzador de historia que José Antonio traía es fecundo y genial en el cerebro y en la mano del Generalísimo. Y así, en este día de dolor —Dies Irae— a las once —once campanadas densas de todos los relojes han sido heraldos de duelo— la corona del laurel portada por manos heroicas de viejos camaradas ha llegado a la Basílica y, entre la doble fila de seminaristas —cirios encendidos en sus manos— ha pasado el Patio de los Reyes y ha entrado en el crucero. Ha sido depositada sobre la lápida de mármol donde grabado está el nombre de José Antonio y la palma de honor y martirio. Había dolor en todos los semblantes. Mientras el coro entonaba el Christus Vinci y los registros del órgano cantaban la elegía del héroe muerto, a nosotros nos parecía oír la clara palabra de José Antonio elevarse allí donde el mármol vela su cuerpo. Una alegría tenemos; la de ver que a José Antonio sucede un hombre tan irme y sereno como el que lleva a España por los senderos que él marcó. [en Enrique de Diego, Los nuevos clérigos, Libros Libres, Madrid, 2004, pp. 180-1; Cfr. todo el capítulo aquí.]
En fin, para que La Cenutri@ (nombre de pollino donde los haya) no deje de rebuznar, aquí van unas palabritas de La Momia para recordar las bondades del camarada José Antonio:
La voz de bronce de las campanas de San Lorenzo, el laurel de fama de la corona fúnebre, la piedra gris del Monasterio, los crespones de luto en todos los balcones del Escorial, los dos mil cirios ardiendo en el túmulo gigantesco coronada por el águila del Imperio que se eleva en la Basílica, lloran en esta mañana, con esa tremenda expresión que a veces tienen las cosas sin ánimo, la muerte del Capitán de España. Hasta el sol y el paisaje han cubierto su inmutable indiferencia con el velo gris de la lluvia y la niebla, y cae sobre la ciudad —lacrima coeli— una llovizna fina y gris. El subconsciente nos ha repetido sus frases, sus profecías, sus oraciones; y no ha sido voz de ultratumba la suya; ha sido voz palpitante de vida, de la vida y el afán de todos estos magníficos camaradas de la Vieja Guardia, del Frente de Juventudes, de la Sección Femenina... La doctrina del Fundador vive en ellos como en aquellos tiempos, y si el cuerpo de José Antonio está muerto bajo la lápida, su espíritu tiene calor de vida en la de todos los camaradas de Falange. Se nos murió un Capitán, pero el Dios Misericordioso nos dejó otro. Y hoy, ante la tumba de José Antonio, hemos visto la figura egregia del Caudillo Franco. El mensaje recto de destino y esperanzador de historia que José Antonio traía es fecundo y genial en el cerebro y en la mano del Generalísimo. Y así, en este día de dolor —Dies Irae— a las once —once campanadas densas de todos los relojes han sido heraldos de duelo— la corona del laurel portada por manos heroicas de viejos camaradas ha llegado a la Basílica y, entre la doble fila de seminaristas —cirios encendidos en sus manos— ha pasado el Patio de los Reyes y ha entrado en el crucero. Ha sido depositada sobre la lápida de mármol donde grabado está el nombre de José Antonio y la palma de honor y martirio. Había dolor en todos los semblantes. Mientras el coro entonaba el Christus Vinci y los registros del órgano cantaban la elegía del héroe muerto, a nosotros nos parecía oír la clara palabra de José Antonio elevarse allí donde el mármol vela su cuerpo. Una alegría tenemos; la de ver que a José Antonio sucede un hombre tan irme y sereno como el que lleva a España por los senderos que él marcó. [en Enrique de Diego, Los nuevos clérigos, Libros Libres, Madrid, 2004, pp. 180-1; Cfr. todo el capítulo aquí.]
Comentario:
Lo es, lo es, con el ligero aflautamiento de la juventud (escucha los primeros discos de Loquillo y sabrás a qué me refiero)
Comentario:
Intel... ¿estas seguro que esa voz es de Victor Manuel? Mi madre dice que no.
Comentario:
Y por que tu madre prefiere prostituirse en vez de hacerlo gratis sabiendo que lo unico que le gusta es que se la metan por el culo?
Comentario:
Éste debe ser otro de tantos que prefieren "vivir de rodillas" Haro-Tecglenobitch (sic) dixit. Lástima que les huela tanto el sobaco de tanto haber tenido el brazo en alto.





