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Valgo más que mil palabras...
¿Y si pudiese parar todo lo que me rodea sin miedo a perder?(Ladridos de un perro afónico)
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El largo y tortuoso camino...
Cuántos caminos habrá hasta tu casa... y cuántos habré recorrido intentando saber si me abrirás la puerta cuando esté allí...


The long and winding road...

Nada se puede cantar con más sensibilidad que esto...


GEORGE MICHAEL!!
(The Beatles version)





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Si todos los secretos fueran como éste...

Si todos los secretos fueran como el nuestro...

Si todo fuera inventado con tanto empeño...

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The music...
Nunca creería que la música pudiera llenarme tanto, pero no sólo a mí, sino a ti y todos los que están a tu alrededor. Es una parte fundamental de vidas cotidianas que basan sus formas en hechos y acciones relacionadas con música. ¿El mayor holocausto? Asesinar a todos los músicos del mundo porque, ¿quién sino ellos son los que nos hacen sentirnos felices y desolados a la misma vez en tiempo record? Tienen en sus manos las fuerza que nos invita a caminar un poco más cada día, a hacernos más libres de lo que nosotros, cada uno de los que aún vivimos, creímos ser. Y al fin de cuentas, es más que un modelo de vida...

¿Por qué?

No lo sé...

¿Y tú?




 
A título póstumo.
Hasta mis propios huevos...

Cuando en su momento creí ser la mejor persona del mundo me di de
bruces contra un muro infranqueable como es la vida, propiamente dicha. Acto seguido, sin poder reaccionar supe que todo había cambiado, que todo sería una mierda (sin ocultar mi enfado) por el simple hecho de haber querido cambiar el planeta y haya sido este el que me gane la partida, de nuevo. Me da por pensar que es de principiantes el jugar, el apostar por futuras promesas al doce rojo en
cualquier mano azarosa de “blackjack”.

Muchas veces me da por cavilar que soy ese subnormal que cruza la esquina con la cabeza bien alta para decirle a los demás “aquí está el menda”. También medito en las afirmaciones que uno deja caer de vez en cuando y no se quiere decir nada, en realidad, pero los presentes se quedan pensando “este tío los tiene bien gordos” porque saben que has metido la pata, al igual que tú. En ese momento sientes vergüenza y lo que no es vergüenza porque no conoces ni un lugar cercano para poder esconderte. Y como es ésta una de las muchas veces en las que me encuentro perdido me transmito a mi mismo inseguridad, para salir del apuro.

¡Qué gilipollas es uno en su mayoría de tiempo!
¡Qué gilipolladas hacemos los humanos en nuestro tiempo libre!


De no ser porque estoy en el último piso de mi azotea contándole a las macetas de la señora “Peti” mi situación, mi costumbre es la de ir al bar Loles sobre esta hora, a saber; 21:30 de la noche, para flirtear con las chicas de la comunidad y todo ese deseo juvenil, a saber; chico entre 25 y 30 años busca a chica de 22. Dejo caer esta apetencia mía por si se da el caso. ¡Joder! Que todo hay que decirlo.


No me gustaría preocuparos sobre mi asiento en este instante, pero os puedo asegurar que ver, no veo las estrellas por la mierda que hay en el cielo, a saber; diversas contaminaciones en las que ahora no se da el caso para explicarlas. Ya es algo muy trivial. Lo que sí observo son todas las calles de mi ciudad natal, a saber; no quiero ni recordarlo.

Tenemos mala reputación entre las diversas localidades
de la zona (deben ser cosas de pueblo). Quedo claro que mi autoestima, moral y ética en juicios poco razonados, no se encuentra en su mejor momento debido a yo qué sé qué cosas. Me quedé sin trabajo, sin compañera sentimental (no es necesario saber el motivo), sin la amiga de mi compañera sentimental y sin mi fiel amigo ya que fue tal paliza la que propiné que no ha venido a recoger los
calzoncillos del “mercata”, pero al fin y al cabo…todos somos humanos, ¿no?

Sinceramente, soy el tipo de persona al que te gustaría odiar, de hecho, mi madre ya me tenía entre ojos desde que cumplí los 15. Tenía sus motivos, a saber; en casa me comportaba como el niño desgraciado y pamplinas de los cojones, y fuera de ella era el prototipo de adolescente (o eso creía). Puede que este sea una de las
causas contradictorias que me haya traído hasta aquí. Quiero denominar a la zona como “borde del precipicio” porque los coches se ven demasiado pequeños desde esta altura. ¡Y qué más da la distancia!

¿De qué sirve el poder mirar si tus ojos no te dejan ver por las lágrimas?

¡Qué controversia!

Después de todo, no puedo quejarme porque si cayó el ejército romano en manos de los turcos, puede vencerse a cualquier condición. Además, muchos estarán peor que yo, soportando la lidia con sus mujeres, las cuales se acuestan con otros hombres y a su vez éstos con éstas mujeres, engañando a las suyas, formando un círculo vicioso (nunca mejor dicho). Pero como en mi casa somos refraneros mi madre diría en ésta ocasión “mal de muchos, consuelo de tontos, hijo”.

Ahora mismo, ¿cuál es la mejor solución desde la perspectiva humana? Respuesta rápida y coherente; lo más fácil.

Con un paso atrás, reclinado en mis manos con la cabeza hacia abajo, no dejo de contemplar las calles vacías y mi mente no deja de repetirme una y otra vez “hazlo ya, no te lo pienses”, pero hay motivos claros para dilatar mi vida un poquito más.

A priori, puede que ni yo los sepa, mas siempre queda una madre y un padre por ahí, sueltos, aunque no vayas a visitarlo ni una vez a la semana. Normalmente acaban pareciéndose a una hipoteca, sabes que la estás pagando pero te tiras un verano sabático en Punta Umbría, ¡toma ya! ¡Vivan las crisis económicas del país!


(Pensamiento razonado)
Con cordura me decía el “abuelote” de mi profesor de Historia que le saltaba en los exámenes por petenera…
Contaba mi propia muerte anunciada y he terminado haciendo referencia a mis padres con una hipoteca. No tengo seriedad ni para las cosas verdaderamente serias.

(Otro pensamiento razonado)
Creo que el motivo de mi despido en mi antiguo trabajo fue por falta de seriedad.
No por falta de rectitud en la labor sino por que una vez le solté al jefe;
eres lo mejor que me ha pasado en la vida, a saber; alguien en quien confiar de verdad. Y después de esto no volvimos a intimar. ¡No estaba el horno para bollos!



Y aparentemente… ¿Qué es lo que en realidad importa?

(Prólogo)
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