Blogs.ya.com Quitar publicidad
Ríe o llora pero sobre todo, lee
Anécdotas, comeduras de tarro y pensamientos de una universitaria poco convencional.
Acerca de
Soy una estudiante de primero de Comunicación Audiovisual, que se toma la vida de forma un tanto distinta al resto del mundo. Me tachan de rara,excéntrica... pero sólo soy una incomprendida. Ahora, comienzo una nueva etapa de mi vida con ganas, llena de altibajos, emociones fuertes y sensaciones nuevas. No sé qué me deparará el futuro, pero el presente y el pasado estarán reflejados aquí, en mi blog. Espero ir mejorando mi forma de escribir en cada post. Y también espero que paséis un buen rato ojeándolo. Gracias por visitarme y bienvenidos.
Sindicación
 
Los tíos, esos grandes desconocidos Pt. I

Lo que verdaderamente te hace sentir como una aunténtica gilipollas, por cierto, lo mencionaré a modo de anécdota, es encontrar por puro azar a un tío que:

a) Está de buen ver.
b) Vive cerca tuya.
c) Tiene coche (y pelas)
d) Está estudiando una prometedora carrera de ingeniería
e) ¡¡¡le gusta la misma música que a tí!!!
f) Tiene tres años más que tú (opcional)


Quedas con él, toda emocionada, porque es universitario y tú sólamente eres una criaja de quince años. Te lleva a tomar algo (en tu pueblo, no te lleva más lejos, ¡a ver si se le va a acabar la gasolina que está muy cara!, e invitas tú al refresco porque él no tiene suelto, eso sí, te hace una foto como recuerdo), te pone buena música en el coche, te lleva y te trae un par de veces en su súper todo-terreno color granate mientras todas las de tu clase se quedan flipando, mientras te mira a través de las gafas oscuras y se oye a todo volumen al 50 Cent (que es un rapero, por si alguien no lo sabe).

PERO, a ese bombonazo de hombrecillo le descubres una serie de defectillos sin importancia:

a) No hace más que hablarte de él (conocido también como el síndrome del yo-yo-yo)

b) Te trata como una niñata y te riñe si has suspendido un examen ó si bebes más de la cuenta.

c) ¡¡¡No tenéis nada en común y poco de qué hablar!!!

d) FALLO GORDO: pasa de tí durante un mes entero, ni te llama ni te hace toques. No te escribe... vamos, no existes. Repentinamente, como si tal cosa, te empieza a llamar insistentemente, implorándote que quedes con él y que no se olvida de tí (como si faltasen cinco horas para que se terminase el mundo y sólo quisiera pasar sus últimos momentos contigo).

e) FALLO AÚN MÁS GORDO: tú al final cedes porque ves que le va a dar un ataque. Además, quieres desconectar de la pandilla de niñatos del colegio y ver a un tío bueno de cerca por una vez y que no sea para que te pregunte por dónde se va al súper.
Te lleva por la noche, con un frío del carajo, por unas carreteras comarcales en su coche, temiéndote que vaya a violarte porque no le conoces de casi nada, pero confiando a la vez. Por fin y tras un silencio incómodo te lleva a su destino: un lugar en el que se puede ver toda la sierra norte de Madrid, todos los pueblecitos con sus luces, claro está, de noche, como mencioné antes.
Piensas que esa vista es muy romántica aunque tú seas una verdadera escéptica en esas cosas y esperas que se te lance. Al cabo de tres minutos le sueltas un vago: "aquí hace mucho frío" y te contesta con indiferencia: "es verdad", arranca y te deja... ¡¡no en tu casa!!... unos cuantos cientos de metros antes, por si acaso tus padres dicen algo (ó por no enterarse de dónde vives).

f) FALLO CASI IMPERDONABLE: Te empieza a hablar de su gran "amiga" y te acaba confesando que está loquito por ella. Tú aguantas como una heroína toda la mierda que te suelta y te pide consejo sobre lo que te ha estado diciendo durante toda la tarde, mientras estabas empanada, oyéndole pero no escuchándole porque te importa tres cojones.
No sabes qué decir. Sólo se te ocurre pensar: "Hijo puta, ¿y para esto me llamas? ¿Para hablarme de ella? ¿Te crees que no tengo nada mejor que hacer que pasarme toda la tarde viendo cómo cae tu baba? ¿Por qué no le pides consejo a otra que esté menos ocupada? ¿ó a otra que le interese más saber todo eso, por ejemplo...?"

g) FALLO GARRAFAL: Tras partirte de risa de ese piltrafilla, se lo perdonas todo: el ser mal conversador y peor "llevador de iniciativas", y el que pase de tí durante semanas. Incluso que te hable de ella" (te ha dicho mil veces su nombre, pero, por pura casualidad, su nombre te suena algo así como Zorra ó Guarra). Él queda perdonado, libre de toda culpa simplemente porque es el tío más buenorro que osa dirigirte la palabra (y además porque no te comes un rosco).

Entonces, quedas con él aposta un día que vas de traje de fiesta para que te vea en todo tu espendor. Te pasas horas frente al espejo, acicalándote para vuestro encuentro y esperando nerviosa que llegue para luego decirte secamente: "tengo que cuidar de mi hermana, no te voy a poder llevar a tu casa ni quedarme mucho tiempo. Por cierto,¿de qué vas vestida?"

Tras asumir que te va a dejar tirada en medio de la nada y sin que nadie pueda ir a recogerte cuando contabas con que él te sacaría de aquel infierno de pijos y te llevaría por ahí para hacerte alguna guarrerida al no poder resistir tu encanto y tu sex appeal, optas por mandarle a tomar por culo, sin importarte que esté bueno y su puta madre.


Fin de la historia. Por cierto, antes de despedirme, aclarar que todo esto sucedió hace unos cuantos miles de años. Ya no soy ni tan superficial ni tan inmadura...
 
Puré de mierda
-Domingo, 14:00PM-

Había estado todo el santo día de mala leche. Mis padres se dedicaron a amargarme la vida en aquel instante, porque les dio por ahí. Y allí estaba yo, aborreciendo la vida y el cosmos en general cuando me llaman para comer.

-Mamáaaaaa. ¿Qué hay de comeeeer?- Pregunté yo de mala gana (leed esto con musiquilla en la pregunta).
-Baja y lo verás.

Total, que bajo las esclaeras y descubro una especie de puré blanquecino y trozos de jamón serrano flotando como quien no quiere la cosa por la superficie.




-¿Qué puñetas es esto, mamá?- Pregunté con una mueca de asco, viendo cómo los tropezones se hundían en el fondo del plato.
-Me alegro que me lo preguntes. Resulta que cuando fui al restaurante gay que hay al lado de mi escuela, me pedí un plato parecido y me encantó así que lo he preparado para hoy.

Yo no soy homófoba, pero en ese preciso momento me entraron ganas de comenzar a serlo. ¿Mezclar sólido y líquido? ¿Mezclar una sopa insípida con jamón serrano del bueno?
Mi meta es compartir piso con un buen amigo gay, pero por favor, si va a cocinar así, que no pise jamás la cocina a menos que sea para fregar los cacharros.

-No me pienso comer esto - Declaramos mi hermana y yo al unísono.
-Pfff. Ya lo creo que os lo vaís a comer.

Una hora y media más tarde, cinco arcadas, muchos lloriqueos, otros tantos lamentos, ruegos y quejas, mi hermana iba un poco más adelantada que yo. Casi se lo había terminado.
La menda iba un poco más avanzada que la mitad, y no había siquiera atacado los tropezones sólidos que flotaban a pocos milímetros de la translúcida superficie de tan lechoso líquido.

-Khia, deja de comer tanto pan, que luego no vas a tomarte el puré.

Por aquel entonces, yo ya estaba de los nervios. Comencé a portarme como una niñata: me rebelé, peleé, dí ostias a la mesa, aporrée la silla... (no sé si hice todo aquello ó los efectos narcóticos de la bazofia esa me hacen retener falsos recuerdos en mi escasa memoria) pero nada sirvió.
Más aún, me quedé de piedra cuando me soltaron...

-Eso que te estoy haciendo pasar fortalece el carácter.

¡Qué jodía! Tras otra media angustiosa hora, me había tomado todo lo líquido.
Faltaba lo más asqueroso: el jamón bañado en el puré aquel.

Poco tiempo después, me di cuenta que sabía mejor si exprimía los trocitos de jamón, aplastándolos entre la cuchara y el tenedor, sacándoles todo el juguillo, que si me los tomaba tal cual. Todo aquello acentúo todavía más la tardanza que ya de por sí era escandalosa (dos horas y pico para comer no se emplean todos los días).

Finalmente acabé con todo. Después de que mi madre se atreviera con un plato de Armenia (Hummus) que sabía a mil demonios, ha sido lo más horrible que he probado en toda mi vida.
Lo que más me dolió fue la amenaza maternal que vertía sobre mí y sobre mi hermana:

-Dejad de quejaros, porque os lo pienso poner más veces.

De segundo, había croquetas (o cocretas, según el grado de paletosidad que prefiráis), pero no pude con ellas y pasé directamente al postre.

-¿Qué hay de poste, mamy?

-Melón.

-Mientras no sea con jamón...

Una vez acabada mi rajita de melón, me puse a recoger la mesa con mi hermana. Mi madre no nos quiso desvelar sus peculiares ingredientes secretos con los que había realizado tal arma de destrucción masiva, pese al severo interrogatorio al que la sometimos.
Nuestros esfuerzos fueron en vano, pero, aunque el cabreo que tenía encima (y la mierda medio digerida que tenía dentro) eran muy grandes, mi hermana supo animarme la tarde como nunca antes nadie lo había hecho en esas condiciones.

-Khia, luego te cuento a qué me ha estado recordando el puré todo el rato que lo hemos estado comiendo.

Yo me podía imaginar qué era. Mi hermana es bastante mal pensada (aunque nunca llega a mis extremos) y me podía figurar a qué quería referirse con aquello. Imagináos, un líquido blancuzco, sospechoso...

Al fin llegó el momento: mi hermana me desvelaría que su imaginación no tiene límites.

-A ver, Pi. ¿A qué te recordaba el puto puré de los cojones que estaba más malo que la...
-¿Te acuerdas cómo son los vómitos de Txitxomeno cuando no tiene nada en el estómago casi?

Ostias... mira. Casi me caigo al suelo de la risa: aquello parecía vómito de mi perro recién levantado, cuando le ha sentado mal ladrar tanto por la noche. Además, aquellos tropezoncillos de jamón lo hacían parecer aún más verídico y real.

Mi hermana me había abierto los ojos: me había comido el vómito de mi buen perro Txitxomeno.

Aquí acaba la historia, pero no me iré sin deciros antes que...
¡¡MAÑANA TENGO ACELGAS PARA COMER!!
¿Algún voluntario/a para sacarme de casa e invitarme a comer?
Mejor dicho, invito yo.