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Ríe o llora pero sobre todo, lee
Anécdotas, comeduras de tarro y pensamientos de una universitaria poco convencional.
Acerca de
Soy una estudiante de primero de Comunicación Audiovisual, que se toma la vida de forma un tanto distinta al resto del mundo. Me tachan de rara,excéntrica... pero sólo soy una incomprendida. Ahora, comienzo una nueva etapa de mi vida con ganas, llena de altibajos, emociones fuertes y sensaciones nuevas. No sé qué me deparará el futuro, pero el presente y el pasado estarán reflejados aquí, en mi blog. Espero ir mejorando mi forma de escribir en cada post. Y también espero que paséis un buen rato ojeándolo. Gracias por visitarme y bienvenidos.
Sindicación
 
¡Tierra, trágame!
¡¡Han venido los resultados de los análisis de heces!!
(Si no sabéis de qué estoy hablando, por favor leed "Operación Detritus").

-¡Bieeeen!
-¡Por fin!
-Toma, Khia, tu informe. Piñy, aquí tienes el tuyo
-Dijo mi madre repartiendo los sobres.
-Hey, Ñata, no tengo nada, ¡estoy limpia!, ¿y tú? -Pregunté a los pocos segundos, esbozando una sonrisa y colando mi cara en el papel que leía mi hermana.
-Mamá: ¿qué... qué pone aquí? -Balbuceó sin reírse.
-¡¡Entamoeba coli!! -Leyó con sorpresa mi madre.
-¡Jajajajajaja! ¡Estás infectada, Piñy! "No-sé-qué coli"... lo de coli es de la coli-tis que te entra siempre, ajajajajajaj.

Total, que misterio se ha resuelto: la Piñy es la única que está infectada, ya que mi madre se curó, yo estoy más sana que una manzana (al menos en lo que a mi tracto intestinal se refiere) y mi padre también se ha librado.

Ésta es la amiguita de mi hermana...



¿Qué tratamiento tendrá que usar la Piñy para librarse de la ameba? Os tendré informados en los siguientes posts...
_______________________________________________________

Cambiando de tercio... debo informaros que mi mejor amiga fue la que me dio la idea para continuar mi andanza bolgiana, gracias a una conversación que mantuve con ella el miércoles.

Os hablaré de mi abuela. Sí. Ésa simpática mujercilla de izquierdas, creo que republicana (¡esa es mi abu!), que también es muy religiosa (sé que no es incompatible con lo primero, pero es un tanto extraño) y con un corazón que no le cabe en el pecho...

Es la misma que, al ir por la calle conmigo, agarrándose a mi brazo, no hace más que gritar a pleno pulmón:

-¡Dios mío, hija! ¡En lo que se ha convertido el barrio! Lleno de extranjeros, ¡qué asco! Lo invaden todo, ya no hay españoles por aquí. ¡Y los chinos! ¡Hombre!, como abren incluso los domingos, el pequeño comercio se hunde y lo monopolizan todo... ¡es una plaga!, si es que... ¡cómo ha cambiado esto!

Y claro, pasan dos o tres chinos por tu lado que entienden castellano perfectamente, te miran con cara de mala hostia y tú, aún atea, rezas para que no os peguen una paliza a tu abuela y a tí, porque encima se pensarán que vamos provocando... [Tierra, trágame (parte I)].

Eso es de lo más normalito que me ha pasado con mi abuela, porque aún recuerdo un día de hace tres meses, cuando salíamos de un restaurante, ella se fijó en lo que viene siendo mi pechonalidad por algún casual no identificado y, sin cortarse, grita a pleno pulmón en medio de una acera abarrotada...

-¡Pero hija! ¡Creí que ya ibas siendo mayorcita como para que te sigan creciendo las tetas! ¡Vaya par, ¿eh?! Te has hecho la cirugía esa moderna, ¿o qué? Menuda tu madre, que te ha dejado hacerte la operación...

Y mi madre, ni corta ni perezosa, contesta a su suegra también a grito pelado:

-¡Pero qué va, hombre!, si lleva relleno. No se ha hecho nada, ¡sólo se ha puesto una tallita más!

No acabando de avergonzarme, continúa el circo:

-¿De verdad que te has rellenado las tetas? A ver, a ver, déjame tocar...

Y va, en medio de una céntrica calle de mi ciudad, y me empieza a manosear mis súper-pechos de aquel día, como si de un vil pervertido se tratase. Yo pensé que era uno de ésos tipos que me acosan, porque me pilló desprevenida y no había estado atendiendo a la conversación, pero en cuanto bajé la mirada, dispuesta a pegarle un bofetón a algún deprabado, y vi la cara de mi abu, me desconcerté. Allí había algo que no encajaba...

-Abuela, por favor, ¡que nos está mirando todo el mundo!

Y nada, ¡que la mujer no me soltaba, estrujándomelo tó! [Tierra trágame (parte II)]

¡Pero ahí no queda la cosa! Noooo... porque cada vez que voy a su casa de visita, suele invitarme a comer... y no es porque yo no quiera, pero hay dos... elementos (sí, llamémosle elementos), que me cohíben y me inclinan a hacer todo lo posible para rechazar la propuesta con educación:

1º -> Es la típica abuela cebona (entiéndase que ceba) y que no deja que me levante de la mesa hasta que haya reventado. Creo que piensa que tengo cuatro estómagos, como las vacas...
2º-> No es por atacarla. Con esto, no digo mentiras ni exagero. Quiero mucho a mi abuela, pero... tendríais que ver la mierda que tienen los utensilios de su cocina.


Repasemos:

Vasos: con una capa de roña-no-identificada color gris que, si le añades agua, sólo cabe pensar: <<¿Para qué quiero yo refrescos cuando voy a casa de mi abu, si con beber el líquido elemento en sus vasos me estoy tomando un cadito con mucho sabor? Incluso si consigo que sepa bien algún día, ¡puedo patentarlo y todo! Me ahorraría una pasta en refrescos... a su lado, el Nestea, para nenazas.>>

Platos: los planos están más limpios, pero ¡hay que ver los hondos! Éstos están pringados de otro tipo de roña-no-identificada color amarillento que hace que las salsas pierdan todo su atractivo. ¡Para qué las quiero si ya tengo preparada allí una, que tiene el sabor de las comidas de los últimos cinco años!

Cubiertos: bueno, de esto ya no sé qué comentar. La roña es del tipo de la de los vasos, tiene las mismas características. Da miedo pinchar los filetes, creedme.

-Hija, ¿te quedas a comer?
-Sí, bueno, es que... tengo mucho que estudiar

-Sabes que puedes venir cuando quieras, y tráete a alguna amiguilla...

Oh, no, abuela... entonces hablaríamos del [Tierra trágame (parte III)]

Gracias a mi lógica aplastante y a mi inspiración, acabo de comprender por qué yo no estoy infectada con la Entamoeba coli: las comidas de mi abuela me han hecho inmune a cualquier bicharraco, en cambio, mi hermana, que es más finolis, casi nunca la visita, y claro, no está "vacunada" ¡Eso te pasa por perra!

Desde aquí deseo pediros un favor: si tenéis algo de corazón, ¡donad algunos euracos para que pueda comprarle un lavavajillas a mi abuela por su próximo cumpleaños!

 
San Cucufato, San Cucufato...
-Hey, ¿nos vamos a dar una vuelta?
-Pf... vale - Contesté sin apartar la vista de mis caóticos apuntes.

Eran las seis de la tarde de un miércoles cualquiera. Estaba hasta la p**** de estudiar (¿cuándo no he estado hasta la p**** de estudiar?) y quería que me diera un poco el aire, así que acepté la proposición que me hizo mi hermana.

-Hey, tía, espera. Voy a coger pelas para pillarme una lata de Nestea de naranja. ¡Ah!, y también el libro que tengo que devolver, nos pasamos por la biblio, ¿va?
-Eso, si. Llévate el DNI, que como tú eres mayor de edad, así puedo hacerme el carné de la biblioteca.

(Aclaración: los menores de 14 años han de llevar una autorización firmada por sus padres o en su lugar, que un adulto familiar suyo les acompañe para poder hacerse socios de la biblioteca).

-Vale, espérame, que ahora lo busco. En seguida bajo

¿Dónde está el DNI?
Pensé mientras revolvía por encima la mesa de mi escritorio (que, entre épocas de exámenes, parece que por ella pasa el huracán Mitch de vez en cuando).

-Ya bajo, Piñyyyy -Repetía una y otra vez buscando por todos lados.

¿Dónde coño está mi DNI?
Pensé mientras me impacientaba y revolvía un poco más mi escritorio.

Al llevar unos angustiosos cinco minutos de intensa búsqueda, bajé con la cabeza gacha y los ánimos abatidos a comunicarle la mala nueva a mi hermana:

-Piñy, tía: he perdido el DNI.
-A ver, que ya voy yo... -Soltó mi hermana de 13 años, asumiendo toda responsabilidad.

Total, que volvimos a mi cuarto. Lo encontró un pelín más desordenado de lo que había estado antes, por lo que no se asustó, pese a ser una puñetera maniática de la limpieza, sacadora de quicios nata.

-Bueno, dime: ¿dónde fue la última vez donde recuerdas haberlo puesto?
-Ains, no sé, tía... no sé. Joder... joder... -Solté en la primera fase de mi histeria.
-Mira que como lo hayas perdido otra vez...
-Tía, no seas gafe y ayúdame, joder

Pero la verdad es que mi hermana tenía razón. Hace unos meses lo extravié y tuve que ir a renovarlo (previa denuncia puesta porsiaca), pagando 17 euracos de multa por uno nuevo (oops, no. Los pagó mi novio...).
Así que, ya me veía yo, en la misma comisaría, anunciando que había vuelto a perder el DNI, imaginándome la cara de la piba rancia que atendía en plan: "Pero tú eres gilipollas, o ¿qué?, ¿dos veces en tres meses?" Y yo contestándola con la mirada: "Sí, soy un desastre de mujercilla, pero al menos no tengo cara de estar mal foll..."

-Tía, yo creo que lo mejor será que se lo digamos a mamá, ¿eh?
-Sí, hombre, ¡no te jode! Que no, tía, que no. Tiene que aparecer.

Seguimos buscando. Al cabo de unos minutos, mi hermana se cansó de escuchar mis resoplidos, gruñidos, bufidos... se sentó en la cama y, mientras, observaba cómo yo revolvía de nuevo entre la mierda.



-¿Y si te lo han cogido para ver si eres un travesti?
-Pero tía, ¿qué dices? -Le interrogué con cara de mala leche.
-Sí, sí... ¿tú no sabes que los travestis, donde pone sexo en el DNI en vez de poner Femenino-Mujer o Masculino-Varón, les viene Femenino-Varón o Masculino-Mujer?
-Eso es una leyenda urbana como la copa de un pino...
-A tí te han cogido el DNI porque, según tu cara, no sabían si eras travesti o no, y para asegurarse.
-Tía, a veces me cuesta creer que tengas 13 putos años.

Después de lo de los travestis, que fue un golpe bajo por su parte, concluí que aquello ya era demasiado y no me pude controlar: tiré todo lo de la encimera al suelo, como si estuviera poseída por San Cucufato, que, frustrado, montase en cólera.
No me importó el estruendo que estaba ocasionando con ese repentino arrebato, no me importó que mi hermana pudiera considerarme una niñata por hacer semejante gilimemez, y tampoco me importó que los apuntes, que con tanto esmero me esforcé en recopilar, se arrugasen, manchasen y rompiesen entre tal maraña de celulosa que se expandía por el suelo como si de un mal cáncer se tratase.

-Khia... voy a ir contando desde 10 hasta 1. Si cuando llegue al 1 no has encontrado el puto DNI, me voy yo sola y te quedas aquí.
-No, por favor. ¡¡Que tiene que estar por aquí, joder!! -Supliqué fuera de mí.
-Diiiiez...
-Piñy... Piñy, no, ¡Piñy! Ay, ¿dónde está, dónde está?
-Nueeeve...



Y nada, que no aparecía.
Hasta que apareció: en una chaqueta, de las que me pongo siempre. ¿Qué coño haría allí?
Ni idea. Un misterio. El caso es que deduje de la situación varias cosas:

1ª -> Que me comporto como una puñetera subnormal en los momentos de crisis. Cuando más necesito a mi cerebro, éste me da la espalda como un amigo traidor.
2ª-> Debido a lo explicado previamente en el apartado anterior, mi hermana se crece y parece que sea ella quien vaya a cumplir 19 años y no la menda.
3ª-> Que el humor negro de la Piñy aflora en los peores momentos, y que es en estas ocasiones cuando sucede lo que yo denomino "efecto retardado" (es decir, lo de los travestis me hizo gracia... horas después).
4ª->Que debería ordenar mi habitación más a menudo.
5ª-> Que no debería perder los papeles con esa tontería (¡ja, ja, qué graciosa!)
6ª-> Que el DNI debería estar a buen recaudo, encerrado n una caja fuerte, o si tuviera un GPS incorporado... a ver si con esto del documento de identidad electrónico incorporan un sistema anti-pérdida, porque vamos...
 
La DGT (y en su nombre, yo), avisa: "Cuidado con las batas rosas"
Ya que estamos a día 14 de febrero, os diré que nunca creí en San Valentín y en lo que ello implica. En mi opinión, es una fiesta comercial donde las haya y además, muy cursi (según la pinta El Corte Inglés), qué queréis que os diga... paso de ella y de hacer regalos caros e innecesarios.

Pero eso no quita para que tenga hoy un detalle, y este post se lo dedique por entero a mi querido novio, que se lo merece por aguantarme. (Y sabiendo cómo estoy de obsesionada con los blogs, mi querido supondrá que, si hablo de él en estas líneas, será por algo muy especial).

Pues eso, mi novio. Él es extremeño, mu salao, con ese acento tan marcado y tan característico.
Nos podemos tirar horas hablando por teléfono, -como cualquier otra pareja-, estaréis pensando. Pero no. Tened presente que, si él está conmigo y yo soy yo, (ya me vais conociendo) no podemos formar una pareja normal.

Como iba diciendo, él merece el post de hoy y ocho más como éste porque aguanta mis manías, mis ralladuras, mi "pasado conflictivo" que nunca del todo dejo atrás, mis cabreíllos que nos asaltan de vez en cuando y mis movidas varias.

Y, después de lo sucedido la semana pasada, añado a la lista anterior otra cosilla:

Mi querido no me veía desde el fin de semana anterior y yo, agobiadísima con los exámenes, tampoco podría quedar con él aquel viernes. Por tanto, decidió venir a verme a mi casa un ratejo, para luego dejarme con folios plagados de letras ilegibles.

-Por mí, conforme -Solté por teléfono.

Resulta que ese día estaba algo pachuchilla, no me encontraba muy bien, vamos. Y tenía más o menos este aspecto:



Pensé: Khia, anda, cámbiate para estar presentable ante tu novio, no dejes que te vea hecha una facha

Miré el reflejo que proyectaba el espejo de mis pintas y me dije:

<¡¡Buah!! Se supone que me quiere, así que no se va a morir por verme así>



Bueno, morirse no, pero se quedó con una cara al observarme cuando cruzó la puerta que vamos...

-¿Y esa bata, tía? -Preguntó cachondeándose.
-Joder, tío. No te rías, ¿vale? La hizo mi madre para su ajuar hace 21años y todavía sirve.
-No, ya veo que cumple con la función de hacerte parecer una marujona.
-¿No estoy chenchual?
-Hombre, es que... mi concepto de "chenchual" creo que dista un poco del tuyo, ¿eh?




Pues nada, se quedó media hora más o menos, vacilándome con lo de la bata, (y aún vestida así, me quería dar un besico... ¡si es que tengo un novio más majo!...).
Además de esto, seguía partiéndose tó lo partible gracias a mi aspecto, así que le "invité" a que abandonara mi casa puesto que tenía todavía mucho que estudiar.

A los veinte minutos, me llama al móvil. Antes de cogérselo, mi obtusa mente, pensó:

Ains, ¡qué mono!, mírale. Si no hace ni un momento que se ha ido y ya me está llamando. Seguro que no puede vivir sin mi...

-Hola, nene. ¿Qué pasa?
-Tía, que he estrellado el coche.
-¿Quéééé? Pero, ¿estás bien?
-Sí, sí, tranquila.
-¿Y cuándo ha sido? ¿Al bajar a tu casa?
-Sí. Me he chocado contra una farola en tu calle.
-Pero tío...
-Pues mínimo me va a costar 700 ñapos arreglarlo. Mi madre se ha cabreado y no me quiere dejar el dinero, pero mi padre me lo va a dar a escondidas, sin que ella se entere...
-¡Séras mimado! ¿Y en qué coño estabas pensando para darte esa hostia?
-Pues la verdad es que tenía una imagen en la cabeza, y como no podía concentrarme en nada salvo en ella, me he pegado la leche.
-¿Y qué era? No me lo digas... Veías a Elsa Pataki en trikini, ¿a que sí?
-Pues no, tía. Te equivocas. Estaba pensando en otra cosa un poco más... desagradable.
-A ver, ¿qué?
-En tu bata rosa. Créeme, ha sido un gran trauma que no sé si podré superar.


Pues menos mal que no me has visto recién levantada tras una noche de juerga, guapo. Con mis ojerillas, mis pelos despeinados, mi cara sin desmaquillar, mi olor a tabaco y alcohol... Pero te prometo que te lo compensaré.
 
Operación "Detritus"
AVISO IMPORTANTE A TODOS LOS QUE ME LEAN: El post que os disponéis a leer a continuación puede ofender la sensibilidad de los más escrupulosos. Gentes delicadas y/o de fácil ofensa, absténganse de bajar la vista.

¡Quedáis avisados!

Me dispongo a contar la anécdota que más ha dado de qué hablar en mi entorno familiar en los últimos... ¿siglos?, ¿milenios? .Lo único que os puedo decir es que promete.

El gran notición que ha revolucionado mi casa estos días ha sido que... ¡¡Un polizón se ha colado en los intestinos de ésta familia!! Sí. Os explico: una ameba que prolifera donde nunca querríais vivir, cómodamente se ha instalado en nuestro colon. Mi madre cayó la primera. ¡Estaba infectada!

La pregunta del millón era: ¿Lo estaríamos los demás miembros del clan?

Mi madre nos dio clases teóricas para que supiéramos cómo hacerlo y así salir de dudas. Todos la miramos asqueados.

-¡Niiiiii de coña! - Salté yo. (Leedlo con musiquilla rechinante).
-Si bueno, no tengo otra cosa mejor que hacer, no te j... -Repuso mi padre.
-Mamá, ¡venga ya! -Le tocó ésta vez a mi hermana.

¿Qué era aquello a lo que nos negábamos con tanto rechazo? Os estaréis preguntando. La respuesta es... tomar muestras para someternos a un análisis de heces.

-Mirad: he comprado nueve botes, tres para cada uno. Tenéis que extraer el "material" tres días diferentes.
-¿Por qué? Quiero decir, ¿por qué tres días? - Pregunté con una media sonrisa en la cara.
-Porque si no cogéis un trozo en el que esté la ameba, el análisis no habrá servido de nada.
-Pfff... te lo haces tú, mamá -Declaró mi hermana -Yo no pienso hacerlo.
-Pues sí lo vas a hacer. Yo me lo hice, ¿sabes? Y además, no sabes tú qué corte entrar a la farmacia llena de gente y pedir delante de todos: "Perdone: ¿me podría dar nueve botes para análisis de heces?" Seguro que todos se creerían que teníamos diarrea o que éramos ciento y la madre...

Después de las carcajadas iniciales, siguió la coña en la mesa:

-Pues papá, seguro que tú no estás infectado -Concluyó mi hermana.
-¿Por? -Pregunté yo atendiendo más al noticiario de Antena 3 que a la conversación.
-Porque cuando haces caca sueltas un olor tan repulsivo que las amebas morirían al instante.



-¡Es verdad! -Conseguí articular poseída por un ataque de risa.
-Tú cállate que seguro que cuando haces caca verde es por las amebas...

(Lo de la caca verde es otra historia. Un día, cuando era pequeña, hice mis necesidades, las miré y quedé sorprendida ya que no tenían la tonalidad a la que yo ya me había acostumbrado. Asustada, fui con la noticia a mi madre mientras mi padre se partía toa la caja. "Habrás comido puré de lentejas en el cole" Fue la contestación que recibí.)

Soy consciente que si revelo la información que estoy dispuesta a compartir, mi reputación en la blogosfera bajará considerablemente; pero me sacrificaré, puesto que me importan mucho más vuestras sonrisas y comentarios que lo que podáis pensar de mí, una completa desconocida (muy maja, por cierto).

Total, que cuando la tarde de sábado se estaba consumiendo, me entraron ganas de ir al baño. Aguas mayores apenas podían ser contenidas por mi fantástico aparato desguazador.

Evacué, pero al ir a recoger mis muestras, miré sorprendida la taza del water y me percaté que allí no había nada.

Bajé con el cuento a mi madre que simplemente me miró y dijo:

-Pues coge un guante y extrae, hija, extrae. Seguro que tiene que seguir ahí si aún no has tirado de la cadena.

Mi hermana oyó mis quejas y se presentó en el salón, anunciando que aquello no se lo perdía por nada del mundo.

Así que, me armé de valor, coloqué el guante en mi mano derecha, la introduje entre aquella mezcla de pestilencia, blandura putrefacta, agüita amarilla y mierda en general para dar comienzo a la que más tarde sería conocida como "Operación Detritus".

No recuerdo mucho de ese momento. Oía las arcadas fingidas de mi hermana, procuraba no mirar demasiado... Tampoco pienso entrar en detalles, por la seguridad de vuestros teclados y pantallas, no vaya a ser que queden cubiertos de vómito... ¡o algo peor!: que os entren ganas de acudir a la llamada de la naturaleza.

Una vez concluída mi misión, cerré bien los botes y me puse a estudiar.

Unos días después, me enteré, por una conversación vía messenger, que mi hermana había estado difundiendo mis andanzas en el cuarto de baño entre sus compañeros de clase.

-¡Serás cabrona, tú! -Grité nada más verla -Has ido contando por ahí lo de la mierda... ¡te vas a enterar!
-Pero si sólo se lo he contado a N, mi mejor amiga y ella no se va chivando, joder.
-¿Y qué ha dicho?
-Se ha partido el culo, tía.
-Normal, Piñy, normal.

Más tarde, una fuente de información del todo fideligna me comentó que la Piñy (mi hermana) había tenido que proceder a la repetición de la "Operación Detritus" ya que a ella también le sucedió lo mismo que a mí: el objeto de estudio no deseaba formar parte de ninguna clase de análisis y deseó a toda costa escapar por la cañería. Ella se lo impidió.

Así que, orgullosa, fui a demostrarle a mi hermana algo que en la carrera nos hacen recordar a cada minuto: que la información es poder.

-Piñy... sé lo de tu participación en la "Operación Detritus"
-Ya te lo ha contado mamá, ¿no?
-Pues sí. Y que sepas que me voy a vengar.
-Tía, por fa, no se lo digas a nadie -Suplicó.
-Tranquila, tú. -Añadí con una sonrisa -Sólo lo voy a escribir.



PD: Aún no se han podido obtener los resultados de los análisis pero si os interesa, prometo manteneros informados.
 
"Acer jimnasia"
Esta semana os voy a contar una de mis anécdotas más célebres entre mi círculo selecto de familia y amigos. Poca gente la conoce, pero como estoy medio paranoica de tanto examen, tanto estudio y tanta paliza, y, por suerte, he encontrado un huequecillo para escribir este post ya que durante el fin de semana apenas tendré tiempo para respirar, he adelantado mi cita semanal con el blog y os daré el privilegio de conocer esta historia. Allá va:

Nos trasladamos en el tiempo: yo tenía once añitos y cursaba quinto de primaria. Imagináos una tarde de primavera en la que los niños van al cole con abrigo y vuelven a merendar a casa hasta con la camiseta interior de manga larga atada a la cintura del calor que tienen los pobriños.
Pues en una tarde como ésa acontece mi anécdota. Seguid leyendo...

Resulta que tenía una cuidadora, una canguro (llamémosla MC [porque se parecía físicamente a Mariah Carey]) que venía cada día a mi casa prácticamente desde que nací hasta los trece años, más o menos (sí, me avergonzaba de estar a las puertas de mi conflictiva adolescencia y que esa señora estuviera por ahí diciéndome lo que debía y no debía hacer, ya que no era mi madre).

Pero volvamos a aquella tarde de primavera. Con once inocentes años. Siempre he sido una niña enfermiza y, para no variar, en aquella época del año me atacaban los catarros, las gripes y las sinusitis como si mi cuerpecito fuera un campo de batalla a conquistar, costara lo que costase a los bichitos dañinos y microscópicos. ¡Me invadían los virus y las alergias! La habían tomado conmigo.

No me había estado sintiendo demasiado bien en toda la mañana y, tan solo de pensar que tendría que dar clase de educación física (asignatura que siempre he odiado) por la tarde, me entraban ganas de quedarme en casita a dormir la mona lejos de las fatigas que provoca el ejercicio.

Y cuando fui a comer a casa, creédme que lo intenté:

[Yo] - MC, déjame quedarme en casa esta tarde. Es que no me encuentro muy bien.
[MC] - No tienes fiebre. No puedo dejarte, Khia.
[Yo] - Pero... es que tengo educación física después y no puedo hacer deporte. Me encuentro mal.
[MC] - Mira, ¿por qué no hacemos una cosa? Te escribo un justificante, se lo enseñas a la profe y te quedas en el banquillo viendo cómo tus compañeros hacen deporte, ¿vale?
[Yo] - Vale...

Total, que me quedo viendo Heidi sentada en el sofá y a los pocos minutos, MC me entrega una nota manuscrita. Yo ni la miro, me la guardo en el bolsillo y sigo viendo cómo Clara se ponía en pie desde su silla de ruedas.

Puntualmente (algo que, con el paso de los años, no ha cambiado), me presento en el patio del colegio. Allí, todos mis compañeros se pusieron a calentar mientras yo les miraba atenta. La profesora, (Margarita creo recordar que se llamaba), al comprobar que no estaba haciendo nada, me mira y dice:

- Khia, ¿por qué no calientas como los demás? Luego te da un tirón o un esguince y no quiero saber nada, ¿eh?
- Profe, es que no puedo hacer deporte. Mira...

Y le entrego la nota a mi profesora. Después de leerla con detenimiento en unos segundos, me mira con cara de mala leche y me grita:

- ¡A hacer deporte! ¡Vamos, la clase ha empezado!
- ¡Pero si no puedo!
- Mira, mira... ¿encima con chulerías? Que esa nota la has escrito tú, niña, que a mí no me engañas.
- ¡Pero si la ha escrito mi cuidadora!
- ¡Cállate, que como protestes más te llevo al director! Será posible la niña ésta...

Yo no comprendía nada. Mientras me seguía abroncando, entregó la nota con violencia, arrugándola en mis manos sin ningún tipo de delicadezas.

- Ve a calentar a la esquina, que aquí estorbas a los que están jugando al fútbol. ¡Vamos, muévete!

Casi a punto de llorar al no entender nada, leí la nota que mi querida MC escribió, para ver si se había equivocado de papel o si ponía algo raro. Rezaba:

A la atencion del señor profesor:

Le solicito que la alumna Khia M. M. no aga jimnasia oy ya que se encuentra enferma.

Gracias,

MC.


¡Ya comprendía el motivo por el cual Margarita se había cabreado tanto conmigo! ¡Creía que yo había escrito aquel justificante, al tener aquellas considerables faltas de ortografía! Por supuesto, nunca llegó a caer en la posibilidad de que una persona hecha y derecha, bien entrada en la treintena, hubiera escrito aquello.
Bien es sabido que los niños siempre tienen, pero heme ahí, a los once años, apenas sin ninguna, corrigiendo mentalmente los fallos y... cagándome en MC cuando me obligaron a correr quinientos metros alrededor del colegio como castigo.