Puré de mierda
-Domingo, 14:00PM-
Había estado todo el santo día de mala leche. Mis padres se dedicaron a amargarme la vida en aquel instante, porque les dio por ahí. Y allí estaba yo, aborreciendo la vida y el cosmos en general cuando me llaman para comer.
-Mamáaaaaa. ¿Qué hay de comeeeer?- Pregunté yo de mala gana (leed esto con musiquilla en la pregunta).
-Baja y lo verás.
Total, que bajo las esclaeras y descubro una especie de puré blanquecino y trozos de jamón serrano flotando como quien no quiere la cosa por la superficie.

-¿Qué puñetas es esto, mamá?- Pregunté con una mueca de asco, viendo cómo los tropezones se hundían en el fondo del plato.
-Me alegro que me lo preguntes. Resulta que cuando fui al restaurante gay que hay al lado de mi escuela, me pedí un plato parecido y me encantó así que lo he preparado para hoy.
Yo no soy homófoba, pero en ese preciso momento me entraron ganas de comenzar a serlo. ¿Mezclar sólido y líquido? ¿Mezclar una sopa insípida con jamón serrano del bueno?
Mi meta es compartir piso con un buen amigo gay, pero por favor, si va a cocinar así, que no pise jamás la cocina a menos que sea para fregar los cacharros.
-No me pienso comer esto - Declaramos mi hermana y yo al unísono.
-Pfff. Ya lo creo que os lo vaís a comer.
Una hora y media más tarde, cinco arcadas, muchos lloriqueos, otros tantos lamentos, ruegos y quejas, mi hermana iba un poco más adelantada que yo. Casi se lo había terminado.
La menda iba un poco más avanzada que la mitad, y no había siquiera atacado los tropezones sólidos que flotaban a pocos milímetros de la translúcida superficie de tan lechoso líquido.
-Khia, deja de comer tanto pan, que luego no vas a tomarte el puré.
Por aquel entonces, yo ya estaba de los nervios. Comencé a portarme como una niñata: me rebelé, peleé, dí ostias a la mesa, aporrée la silla... (no sé si hice todo aquello ó los efectos narcóticos de la bazofia esa me hacen retener falsos recuerdos en mi escasa memoria) pero nada sirvió.
Más aún, me quedé de piedra cuando me soltaron...
-Eso que te estoy haciendo pasar fortalece el carácter.
¡Qué jodía! Tras otra media angustiosa hora, me había tomado todo lo líquido.
Faltaba lo más asqueroso: el jamón bañado en el puré aquel.
Poco tiempo después, me di cuenta que sabía mejor si exprimía los trocitos de jamón, aplastándolos entre la cuchara y el tenedor, sacándoles todo el juguillo, que si me los tomaba tal cual. Todo aquello acentúo todavía más la tardanza que ya de por sí era escandalosa (dos horas y pico para comer no se emplean todos los días).
Finalmente acabé con todo. Después de que mi madre se atreviera con un plato de Armenia (Hummus) que sabía a mil demonios, ha sido lo más horrible que he probado en toda mi vida.
Lo que más me dolió fue la amenaza maternal que vertía sobre mí y sobre mi hermana:
-Dejad de quejaros, porque os lo pienso poner más veces.
De segundo, había croquetas (o cocretas, según el grado de paletosidad que prefiráis), pero no pude con ellas y pasé directamente al postre.
-¿Qué hay de poste, mamy?
-Melón.
-Mientras no sea con jamón...
Una vez acabada mi rajita de melón, me puse a recoger la mesa con mi hermana. Mi madre no nos quiso desvelar sus peculiares ingredientes secretos con los que había realizado tal arma de destrucción masiva, pese al severo interrogatorio al que la sometimos.
Nuestros esfuerzos fueron en vano, pero, aunque el cabreo que tenía encima (y la mierda medio digerida que tenía dentro) eran muy grandes, mi hermana supo animarme la tarde como nunca antes nadie lo había hecho en esas condiciones.
-Khia, luego te cuento a qué me ha estado recordando el puré todo el rato que lo hemos estado comiendo.
Yo me podía imaginar qué era. Mi hermana es bastante mal pensada (aunque nunca llega a mis extremos) y me podía figurar a qué quería referirse con aquello. Imagináos, un líquido blancuzco, sospechoso...
Al fin llegó el momento: mi hermana me desvelaría que su imaginación no tiene límites.
-A ver, Pi. ¿A qué te recordaba el puto puré de los cojones que estaba más malo que la...
-¿Te acuerdas cómo son los vómitos de Txitxomeno cuando no tiene nada en el estómago casi?
Ostias... mira. Casi me caigo al suelo de la risa: aquello parecía vómito de mi perro recién levantado, cuando le ha sentado mal ladrar tanto por la noche. Además, aquellos tropezoncillos de jamón lo hacían parecer aún más verídico y real.
Mi hermana me había abierto los ojos: me había comido el vómito de mi buen perro Txitxomeno.
Aquí acaba la historia, pero no me iré sin deciros antes que...
¡¡MAÑANA TENGO ACELGAS PARA COMER!!
¿Algún voluntario/a para sacarme de casa e invitarme a comer?
Mejor dicho, invito yo.
Había estado todo el santo día de mala leche. Mis padres se dedicaron a amargarme la vida en aquel instante, porque les dio por ahí. Y allí estaba yo, aborreciendo la vida y el cosmos en general cuando me llaman para comer.
-Mamáaaaaa. ¿Qué hay de comeeeer?- Pregunté yo de mala gana (leed esto con musiquilla en la pregunta).
-Baja y lo verás.
Total, que bajo las esclaeras y descubro una especie de puré blanquecino y trozos de jamón serrano flotando como quien no quiere la cosa por la superficie.

-¿Qué puñetas es esto, mamá?- Pregunté con una mueca de asco, viendo cómo los tropezones se hundían en el fondo del plato.
-Me alegro que me lo preguntes. Resulta que cuando fui al restaurante gay que hay al lado de mi escuela, me pedí un plato parecido y me encantó así que lo he preparado para hoy.
Yo no soy homófoba, pero en ese preciso momento me entraron ganas de comenzar a serlo. ¿Mezclar sólido y líquido? ¿Mezclar una sopa insípida con jamón serrano del bueno?
Mi meta es compartir piso con un buen amigo gay, pero por favor, si va a cocinar así, que no pise jamás la cocina a menos que sea para fregar los cacharros.
-No me pienso comer esto - Declaramos mi hermana y yo al unísono.
-Pfff. Ya lo creo que os lo vaís a comer.
Una hora y media más tarde, cinco arcadas, muchos lloriqueos, otros tantos lamentos, ruegos y quejas, mi hermana iba un poco más adelantada que yo. Casi se lo había terminado.
La menda iba un poco más avanzada que la mitad, y no había siquiera atacado los tropezones sólidos que flotaban a pocos milímetros de la translúcida superficie de tan lechoso líquido.
-Khia, deja de comer tanto pan, que luego no vas a tomarte el puré.
Por aquel entonces, yo ya estaba de los nervios. Comencé a portarme como una niñata: me rebelé, peleé, dí ostias a la mesa, aporrée la silla... (no sé si hice todo aquello ó los efectos narcóticos de la bazofia esa me hacen retener falsos recuerdos en mi escasa memoria) pero nada sirvió.
Más aún, me quedé de piedra cuando me soltaron...
-Eso que te estoy haciendo pasar fortalece el carácter.
¡Qué jodía! Tras otra media angustiosa hora, me había tomado todo lo líquido.
Faltaba lo más asqueroso: el jamón bañado en el puré aquel.
Poco tiempo después, me di cuenta que sabía mejor si exprimía los trocitos de jamón, aplastándolos entre la cuchara y el tenedor, sacándoles todo el juguillo, que si me los tomaba tal cual. Todo aquello acentúo todavía más la tardanza que ya de por sí era escandalosa (dos horas y pico para comer no se emplean todos los días).
Finalmente acabé con todo. Después de que mi madre se atreviera con un plato de Armenia (Hummus) que sabía a mil demonios, ha sido lo más horrible que he probado en toda mi vida.
Lo que más me dolió fue la amenaza maternal que vertía sobre mí y sobre mi hermana:
-Dejad de quejaros, porque os lo pienso poner más veces.
De segundo, había croquetas (o cocretas, según el grado de paletosidad que prefiráis), pero no pude con ellas y pasé directamente al postre.
-¿Qué hay de poste, mamy?
-Melón.
-Mientras no sea con jamón...
Una vez acabada mi rajita de melón, me puse a recoger la mesa con mi hermana. Mi madre no nos quiso desvelar sus peculiares ingredientes secretos con los que había realizado tal arma de destrucción masiva, pese al severo interrogatorio al que la sometimos.
Nuestros esfuerzos fueron en vano, pero, aunque el cabreo que tenía encima (y la mierda medio digerida que tenía dentro) eran muy grandes, mi hermana supo animarme la tarde como nunca antes nadie lo había hecho en esas condiciones.
-Khia, luego te cuento a qué me ha estado recordando el puré todo el rato que lo hemos estado comiendo.
Yo me podía imaginar qué era. Mi hermana es bastante mal pensada (aunque nunca llega a mis extremos) y me podía figurar a qué quería referirse con aquello. Imagináos, un líquido blancuzco, sospechoso...
Al fin llegó el momento: mi hermana me desvelaría que su imaginación no tiene límites.
-A ver, Pi. ¿A qué te recordaba el puto puré de los cojones que estaba más malo que la...
-¿Te acuerdas cómo son los vómitos de Txitxomeno cuando no tiene nada en el estómago casi?
Ostias... mira. Casi me caigo al suelo de la risa: aquello parecía vómito de mi perro recién levantado, cuando le ha sentado mal ladrar tanto por la noche. Además, aquellos tropezoncillos de jamón lo hacían parecer aún más verídico y real.
Mi hermana me había abierto los ojos: me había comido el vómito de mi buen perro Txitxomeno.
Aquí acaba la historia, pero no me iré sin deciros antes que...
¡¡MAÑANA TENGO ACELGAS PARA COMER!!
¿Algún voluntario/a para sacarme de casa e invitarme a comer?
Mejor dicho, invito yo.
Comentario:
Comentario:
y toda la ilusión de tu madre convertida en una sopa de...
:o)
Yo empecé a cocinar joven en parte para que no pasaran esas cosas, y es que yo tengo muchas manías (restrictivas) a la hora de comer...
un beso
epoptek
:o)
Yo empecé a cocinar joven en parte para que no pasaran esas cosas, y es que yo tengo muchas manías (restrictivas) a la hora de comer...
un beso
epoptek
Comentario:
Te acompaño en el sentimiento... Al menos no has perdido el sentido del humor a base de acelgas y vómito de perro... que asquito.
Un saludo.
Un saludo.
Comentario:
Sucesos paranormales han llegado a la blogosfera. Sera una posesion ???
Comentario:
Hey, cuentanos, qué tal las acelgas?
;)
saludos
;)
saludos
Comentario:
jajajjajajajajaja lo que tu madre ha hecho sera algun plato de comida de autor, que si no lo sabes hacer bien, salen asquerosos
resignacion (a mi mi madre si no me comia un plato me lo iba poniendo para cenar, desayunar, comer el dia siguiente hasta que por fin me lo terminaba. Una vez hasta con un poco de moho y una vomitera durante tres dias. Ahora, eso si, ahora como de todo
besos
resignacion (a mi mi madre si no me comia un plato me lo iba poniendo para cenar, desayunar, comer el dia siguiente hasta que por fin me lo terminaba. Una vez hasta con un poco de moho y una vomitera durante tres dias. Ahora, eso si, ahora como de todo
besos
Comentario:
Si lo cazas conmigo, estas invitada, yo lo pelo!!
Comentario:
Gracias por tu comentario en mi blog... he leído lo que me ha dado tiempo del tuyo y ¡felicidades! me encanta tu manera de escribir (y tu sentido del humor)... pero la comida de tu mami...¡esa nooooooo!
Un besito.
Un besito.