"TERRITORIO COMANCHE"
Editorial de Uribe Kosta Digitala redactado por Ion Antolin y publicado el día 2 de Abril de 2003, dedicado a la labor de los reporteros de guerra.
EDITORIAL.- Ayer la cadena Telecinco emitía, en un horario imposible, la película de Gerardo Herrero "Territorio Comanche", basada en la novela de Arturo Perez-Reverte. Una historia que nos narra la vida de los reporteros de guerra en el conflicto de la ex – Yugoslavia, su lucha por conseguir llevar hasta los tranquilos consumidores de televisión, radio, prensa o internet, la verdad de una guerra, o por lo menos su visión de lo que ocurre. Intentar retratar la realidad de la batalla es una profesión de riesgo, a sortear balas y morteros se une ahora la sombra de los presionados propietarios del medio, prestos a ponerlo a uno de patitas en la calle, de Bagdad, como le ha pasado al corresponsal de la NBC y ganador de un premio Pulitzer, Peter Arnett.
Hay personas que anteponen su propia seguridad, que dejan en casa a sus familias, a miles de kilómetros de distancia, para luchar por informar con veracidad de la locura que es, y que genera, cualquier conflicto armado. Muchos se dejan la vida en ese empeño, en los Balcanes, como contaba la película, murieron 52 periodistas haciendo su trabajo. En Irak, después de unos días de combates, ya han muerto varios informadores más. Todas estas muertes, todo este esfuerzo por llegar a la verdad, por conocer más y transmitirlo al mundo, merece muy poco respeto para los guardianes de la moralidad y la versión única, hoy disfrazados de accionistas en los medios de comunicación, militar indignado o político asustado.
Que el plan de Estados Unidos está sufriendo duros envites, proporcionales a la enconada resistencia iraquí, es una verdad que hoy a nadie se le escapa, y que la guerra "quirúrgica", guiada por el bisturí de las bombas inteligentes para evitar bajas civiles, era una operación de marketing más propia del fabricante del engendro que de un gobierno serio, otra. Pues decir estas dos cosas ha sido el pecado de Peter Arnett para quedarse sin trabajo. Decir la verdad. Poco o nada a pesado que este hombre lleve 30 años jugándose el tipo por todo el mundo, que fuese el único periodista, junto con Alfonso Rojo, que aguantó los bombardeos en Bagdad durante la primera guerra del Golfo o que haya sido el primer occidental en entrevistar a Osama Bin Laden. Poco importa la verdad, y el que la busca, molesta.
Gracias a uno de estos reporteros, hoy sabemos que las mujeres y niños iraquíes que ayer murieron acribillados por los soldados de Estados Unidos en un control, no fueron advertidos previamente para que parasen el vehículo. Que los disparos "preventivos" han costado diez vidas. William Branigin, del "Washington Post", ha tenido que corregir la versión oficial del mando aliado, que hablaba de menos muertos y de que si se efectuaron disparos de advertencia. Hoy hemos sabido algo más de la guerra de verdad gracias a un reportero, un luchador en "Territorio Comanche". Esperemos que no le cueste el puesto.
A la última frase de este editorial, reproducido en su forma original, hoy queremos sumarle solo unas palabras: "... esperemos que no le cueste el puesto, o la vida".
EDITORIAL.- Ayer la cadena Telecinco emitía, en un horario imposible, la película de Gerardo Herrero "Territorio Comanche", basada en la novela de Arturo Perez-Reverte. Una historia que nos narra la vida de los reporteros de guerra en el conflicto de la ex – Yugoslavia, su lucha por conseguir llevar hasta los tranquilos consumidores de televisión, radio, prensa o internet, la verdad de una guerra, o por lo menos su visión de lo que ocurre. Intentar retratar la realidad de la batalla es una profesión de riesgo, a sortear balas y morteros se une ahora la sombra de los presionados propietarios del medio, prestos a ponerlo a uno de patitas en la calle, de Bagdad, como le ha pasado al corresponsal de la NBC y ganador de un premio Pulitzer, Peter Arnett.
Hay personas que anteponen su propia seguridad, que dejan en casa a sus familias, a miles de kilómetros de distancia, para luchar por informar con veracidad de la locura que es, y que genera, cualquier conflicto armado. Muchos se dejan la vida en ese empeño, en los Balcanes, como contaba la película, murieron 52 periodistas haciendo su trabajo. En Irak, después de unos días de combates, ya han muerto varios informadores más. Todas estas muertes, todo este esfuerzo por llegar a la verdad, por conocer más y transmitirlo al mundo, merece muy poco respeto para los guardianes de la moralidad y la versión única, hoy disfrazados de accionistas en los medios de comunicación, militar indignado o político asustado.
Que el plan de Estados Unidos está sufriendo duros envites, proporcionales a la enconada resistencia iraquí, es una verdad que hoy a nadie se le escapa, y que la guerra "quirúrgica", guiada por el bisturí de las bombas inteligentes para evitar bajas civiles, era una operación de marketing más propia del fabricante del engendro que de un gobierno serio, otra. Pues decir estas dos cosas ha sido el pecado de Peter Arnett para quedarse sin trabajo. Decir la verdad. Poco o nada a pesado que este hombre lleve 30 años jugándose el tipo por todo el mundo, que fuese el único periodista, junto con Alfonso Rojo, que aguantó los bombardeos en Bagdad durante la primera guerra del Golfo o que haya sido el primer occidental en entrevistar a Osama Bin Laden. Poco importa la verdad, y el que la busca, molesta.
Gracias a uno de estos reporteros, hoy sabemos que las mujeres y niños iraquíes que ayer murieron acribillados por los soldados de Estados Unidos en un control, no fueron advertidos previamente para que parasen el vehículo. Que los disparos "preventivos" han costado diez vidas. William Branigin, del "Washington Post", ha tenido que corregir la versión oficial del mando aliado, que hablaba de menos muertos y de que si se efectuaron disparos de advertencia. Hoy hemos sabido algo más de la guerra de verdad gracias a un reportero, un luchador en "Territorio Comanche". Esperemos que no le cueste el puesto.
A la última frase de este editorial, reproducido en su forma original, hoy queremos sumarle solo unas palabras: "... esperemos que no le cueste el puesto, o la vida".





