Hoja nº 170
CRÓNICA DE UN VIAJE A LA EXTREMADURA (NO TAN) PROFUNDA /3
Jueves, 3 de noviembre
Villanueva de la Serena
Pub La Traviata
La Traviata resulta ser un sitio con excelente diseño.
Una vez tuvimos montados los micros inalámbricos y esas cosas que necesitamos para la actuación, interrogamos a un nativo sobre el mejor lugar donde podríamos comer jamón (recordad mi antojo al respecto). Se nos informó de que el Café Principal era un lugar idóneo para ello.
Nada más llegar a dicho café, Arnau y yo pedimos aceitunas y jamón y disfrutamos en silencio de esas maravillas que, sorprendentemente, podemos obtener a cambio de dinero de curso legal.
La actuación resultó bien, aunque quizás, no brillante .
Después de la actuación estuvimos con unas chicas encantadoras a las que tuvimos que abandonar porque era tarde y teníamos que volvernos a Cáceres, lo que nos volvió a recordar lo dura que es la vida del artista: en efecto, cuando estás de gira no puedes ligar. O, mejor dicho, ligar sí, pero follar, no.
No digo yo que hubiéramos follado, que quede claro. Pero eso de abandonar a las fans cuando mejor está la cosa es uno de los puntos débiles de esta profesión.
Mientras volvíamos a casa, observamos el maravilloso cielo incontaminado de Extremadura.
Paramos y Arnau, que sabe muchísimo de los cielos, estuvo enseñándome las constelaciones, las estrellas y los planetas.
Reconfortados, reanudamos el viaje escuchando la Pasión de Bach. Lo que no es escucha desdeñable.
Llegamos finalmente. Al día siguiente nos vamos a
Plasencia
Sala Impacto
En Plasencia tengo a unos de mis mejores amigos del pasado: Eduardo y Encarnita.
Eduardo vivió con Carmen y conmigo en el piso que tuvimos de estudiantes y Encarnita, que estudiaba en Badajoz, nos visitaba los fines de semana.
El problema es que hace como 22 años que no sabemos los unos de los otros.
En la sede de Huevos Fritos (los organizadores del circuito) me conecto a Infobel y consigo descubrir el teléfono de mis amigos.
Llamo. Contesta Encarni y cree que estoy intentando venderles algo, hasta que aclaro que viví con Eduardo en Pinilla hace eones (yo tampoco la reconocí).
Sí. Soy Jesús.
Quedamos en Plasencia y el reencuentro se produce en la cafetería del hotel Alfonso VIII (pronunciado viii).
Todo es fantástico. Cenamos de tapeo y nos vamos al local donde nosencontramos con un público exiguo, pero entusiasta.
Resulta ser la mejor de las actuaciones hasta la fecha.
Público culto, atento y divertido y así se lo hago saber. Un hurra por Plasencia. Además de una ciudad viva, es muy bonita. Volveré.
Como Plasencia está solo a 76 km de Cáceres, el viaje se hace en un visto y no visto.
A la ida, mientras era de día, volvimos a ver el puente de Alconétar o de Mantible. En él situé hace años la acción de una novela mía que se llama Sangre de agosto.
Pero Arnau tenía cierta desazón del ánimo porque al día siguiente nos tocaba actuar en
Valdefuentes
Disco Tiffanys
y ya recordaréis las malas noticias que nos habían dado de ese pueblo, además de la dosis de temor que infunde el nombre de la discoteca en cuestión.
Llegamos con cierta antelación al sitio y descubrimos que es un galpón enorme con sillas situadas especialmente para la actuación.
Por las calles no había un alma, lo que nos hacía concebir las peores esperanzas, pero le dije a Arnau que, pese a todo, tenía un buen pálpito con la actuación.
De hecho, lo que ocurrió, fue que al entrar en el pueblo vi que era Garrovillas, el pueblo donde yo viví mi adolescencia y, por tanto, yo conocía a la gente de los pueblos así.
Habíamos quedado previamente en que empezaríamos la actuación antes de la hora, es decir, que empezaríamos a conectar con el público antes de salir al escenario pues sería la manera de conseguir que nos prestaran atención una vez establecido el hecho de que no éramos ni capitalinos ni extraterrestres.
Así lo hicimos.
Cuando empezamos, la primera fila estaba ocupada por chicos muy jóvenes ¡comiendo pipas!.
Todo fue estupendo. Tuvimos muy buena actuación y una mejor acogida. Parabienes por doquier...
A mi espalda, un chico le comentaba a otro:
- ¡Estos sí que son buenos, tío!
Como queriendo decir...
Poco antes de la actuación nos habían dado unas alitas de pollo fritas que estaban deliciosas
Los renglones se precipitan hacia el final.
Domingo, 6 de noviembre
Cáceres
Pub Barroco
Arnasu y yo decidimos darnos un homenaje y, a mediodía, nos vamos a comer a un restaurante oriental llamado Big House.
Es un restaurante de lujo (sí; oriental y de lujo) en el que pedimos un menú de degustación a base de platos japoneses (tempura, sushi...), tailandeses (ensalada de sésamo) y chinos.
Lo comimos con sendas Shintao (algún día contaré la historia de esa cerveza) y todo estaba exquisito.
Fuimos al Barroco a hora temprana para controlar los micros y lo demás. Comprobamos sin asombro, que, con diferencia, el pub de la capital está mucho peor dotado técnicamente que los de los pueblos: solo hay entrada para uno de los dos micrófonos. En fin.
Para más inopia, no hay luz externa al escenario, sino unos apliques que están en las paredes del mismo y que, naturalmente, no nos iluminan la cara.
A la actuación vienen Pedro Barco y Santi Lindo, mi hermano Juan Luis y un número indeterminado de amigas de mi hermana que, por supuesto, no se dan a conocer.
La actuación resulta bien, pero un poco con la sensación de que todo se acaba.
Mañana, acabaré.
Jueves, 3 de noviembre
Villanueva de la Serena
Pub La Traviata
La Traviata resulta ser un sitio con excelente diseño.
Una vez tuvimos montados los micros inalámbricos y esas cosas que necesitamos para la actuación, interrogamos a un nativo sobre el mejor lugar donde podríamos comer jamón (recordad mi antojo al respecto). Se nos informó de que el Café Principal era un lugar idóneo para ello.
Nada más llegar a dicho café, Arnau y yo pedimos aceitunas y jamón y disfrutamos en silencio de esas maravillas que, sorprendentemente, podemos obtener a cambio de dinero de curso legal.
La actuación resultó bien, aunque quizás, no brillante .
Después de la actuación estuvimos con unas chicas encantadoras a las que tuvimos que abandonar porque era tarde y teníamos que volvernos a Cáceres, lo que nos volvió a recordar lo dura que es la vida del artista: en efecto, cuando estás de gira no puedes ligar. O, mejor dicho, ligar sí, pero follar, no.
No digo yo que hubiéramos follado, que quede claro. Pero eso de abandonar a las fans cuando mejor está la cosa es uno de los puntos débiles de esta profesión.
Mientras volvíamos a casa, observamos el maravilloso cielo incontaminado de Extremadura.
Paramos y Arnau, que sabe muchísimo de los cielos, estuvo enseñándome las constelaciones, las estrellas y los planetas.
Reconfortados, reanudamos el viaje escuchando la Pasión de Bach. Lo que no es escucha desdeñable.
Llegamos finalmente. Al día siguiente nos vamos a
Plasencia
Sala Impacto
En Plasencia tengo a unos de mis mejores amigos del pasado: Eduardo y Encarnita.
Eduardo vivió con Carmen y conmigo en el piso que tuvimos de estudiantes y Encarnita, que estudiaba en Badajoz, nos visitaba los fines de semana.
El problema es que hace como 22 años que no sabemos los unos de los otros.
En la sede de Huevos Fritos (los organizadores del circuito) me conecto a Infobel y consigo descubrir el teléfono de mis amigos.
Llamo. Contesta Encarni y cree que estoy intentando venderles algo, hasta que aclaro que viví con Eduardo en Pinilla hace eones (yo tampoco la reconocí).
Sí. Soy Jesús.
Quedamos en Plasencia y el reencuentro se produce en la cafetería del hotel Alfonso VIII (pronunciado viii).
Todo es fantástico. Cenamos de tapeo y nos vamos al local donde nosencontramos con un público exiguo, pero entusiasta.
Resulta ser la mejor de las actuaciones hasta la fecha.
Público culto, atento y divertido y así se lo hago saber. Un hurra por Plasencia. Además de una ciudad viva, es muy bonita. Volveré.
Como Plasencia está solo a 76 km de Cáceres, el viaje se hace en un visto y no visto.
A la ida, mientras era de día, volvimos a ver el puente de Alconétar o de Mantible. En él situé hace años la acción de una novela mía que se llama Sangre de agosto.
Pero Arnau tenía cierta desazón del ánimo porque al día siguiente nos tocaba actuar en
Valdefuentes
Disco Tiffanys
y ya recordaréis las malas noticias que nos habían dado de ese pueblo, además de la dosis de temor que infunde el nombre de la discoteca en cuestión.
Llegamos con cierta antelación al sitio y descubrimos que es un galpón enorme con sillas situadas especialmente para la actuación.
Por las calles no había un alma, lo que nos hacía concebir las peores esperanzas, pero le dije a Arnau que, pese a todo, tenía un buen pálpito con la actuación.
De hecho, lo que ocurrió, fue que al entrar en el pueblo vi que era Garrovillas, el pueblo donde yo viví mi adolescencia y, por tanto, yo conocía a la gente de los pueblos así.
Habíamos quedado previamente en que empezaríamos la actuación antes de la hora, es decir, que empezaríamos a conectar con el público antes de salir al escenario pues sería la manera de conseguir que nos prestaran atención una vez establecido el hecho de que no éramos ni capitalinos ni extraterrestres.
Así lo hicimos.
Cuando empezamos, la primera fila estaba ocupada por chicos muy jóvenes ¡comiendo pipas!.
Todo fue estupendo. Tuvimos muy buena actuación y una mejor acogida. Parabienes por doquier...
A mi espalda, un chico le comentaba a otro:
- ¡Estos sí que son buenos, tío!
Como queriendo decir...
Poco antes de la actuación nos habían dado unas alitas de pollo fritas que estaban deliciosas
Los renglones se precipitan hacia el final.
Domingo, 6 de noviembre
Cáceres
Pub Barroco
Arnasu y yo decidimos darnos un homenaje y, a mediodía, nos vamos a comer a un restaurante oriental llamado Big House.
Es un restaurante de lujo (sí; oriental y de lujo) en el que pedimos un menú de degustación a base de platos japoneses (tempura, sushi...), tailandeses (ensalada de sésamo) y chinos.
Lo comimos con sendas Shintao (algún día contaré la historia de esa cerveza) y todo estaba exquisito.
Fuimos al Barroco a hora temprana para controlar los micros y lo demás. Comprobamos sin asombro, que, con diferencia, el pub de la capital está mucho peor dotado técnicamente que los de los pueblos: solo hay entrada para uno de los dos micrófonos. En fin.
Para más inopia, no hay luz externa al escenario, sino unos apliques que están en las paredes del mismo y que, naturalmente, no nos iluminan la cara.
A la actuación vienen Pedro Barco y Santi Lindo, mi hermano Juan Luis y un número indeterminado de amigas de mi hermana que, por supuesto, no se dan a conocer.
La actuación resulta bien, pero un poco con la sensación de que todo se acaba.
Mañana, acabaré.





