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Hojas para la Supresión de la Realidad
Destrucción de la realidad mediante la creación de otra más interesante.
Acerca de
Jesús Alonso Ruiz. Ateo y pescador de perlas. Nacido en Guadalajara (España)
Sindicación
 
Hoja nº 181
Los crímenes de la Sala de Profesores

Capítulo 1


- ¡Feliz año nuevo!
La frase se repetía hasta la saciedad entre beso y beso en la mejilla - muá, muá - en una escena que se representaba desde hace años en la Sala de Profesores del internado "Virgen de las Tormentas".
Los profesores iban llegando y los deseos de felicidad para el nuevo año se mezclaban con los "¡Ya estamos otra vez aquí!" y los "¿Qué habéis hecho estas fiestas?¿Habéis salido?".
Eran las 8 menos 10 de la mañana en que llegarían de nuevo los alumnos al internado.
A las diez en punto, todos los alumnos deberían estar ya acomodados y listos para dar su primera clase.
Pero ahora era el momento en que la Directora saludaba a los profesores y les recordaba, un sí es no es en serio, sus obligaciones.
El Bachiller estaba en un rincón como de costumbre, observando a sus compañeros. No era muy popular entre ellos, ni lo pretendía. Solitario y misántropo, no encontraba diversión en la mayoría de las cosas que la gente encontraba divertidas.
Era de corta estatura y edad indefinida entre 30 y 50 años. Los ojos de color violeta miraban traspasando a su interlocutor.
El Bachiller se dio cuenta enseguida de que faltaba el Jefe de Estudios. Había estado contando a los profesores agrupándolos por departamentos y, después, en hombres y mujeres, por colores de ropa...No podía evitar hacerlo.
Al poco tiempo, empezó a ser evidente de que Antonio, el Jefe de Estudios, no estaba allí.
- Es extraño...- comentó la directora - llegó a noche y estuvimos charlando un poco. Se habrá dormido...
Cuando dieron la ocho, la directora llamó al conserje y le pidió que fuese a las habitaciones de Antonio para avisarle.
Al cabo de cinco minutos el conserje regresó con la noticia de que nadie contestaba al llamar a la habitación.
La directora salió de la sala y se dirigió, acompañada del conserje, hacia el ala Este, donde, en el segundo piso, tenían su residencia los profesores varones.
Algún tiempo después, mientras los profesores continuaban charlando sobre sus vacaciones, el sonido de unos pasos a la carrera en el pasillo llamó la atención del Bachiller.
El conserje abrió la puerta y, con cara de estupefacción, anunció:
- Está muerto...

Todas las conversaciones se detuvieron y, en el silencio posterior, solo se oyeron los pasos del Bachiller que, a toda velocidad, se dirigía al ala Este.
No