Hoja nº 182
LOS CRÍMENES DE LA SALA DE PROFESORES
Capítulo 23
La solución final
Todos estaban en silencio y mirándose unos a otros.
En un rincón, el Bachiller y el comisario Parada cuchicheaban con aire de misterio. Al poco, el comisario salió de la sala y volvió a entrar acompañado de dos agentes de uniforme.
El Bachiller se acercó a la máquina de café y, carraspeando, dirigió la atención de todos ahacia sí mismo.
- Os he reunido aquí porque esta tarde señalaré al culpable de estos crímenes. Sí. Es uno de vosotros...y voy a darle la oportunidad de que confiese...
Un silencio aún más espeso se cernió sobre los profesores y los demás empleados del Virgen de las Tormentas.
Como si hubiese estado preparado, un relámpago hizo palidecer la luz fluorescente de la sala. Explotó el trueno. La lluvia volvió a arreciar.
- ¿No? De acuerdo. Voy a exponeros los hechos tal como ahora sé que ocurrieron. Debo deciros que no estoy satisfecho conmigo: si hubiese pensado correctamente, podría haber salvado alguna vida...esto es algo con lo que tendré que cargar para siempre...
El Bachiller Alonso, se puso las gafas de cerca y consultó su Moleskine de tapas negras:
- Hecho número uno: Antonio, el jefe de estudios es asesinado en su habitación la noche antes de que llegasen los alumnos. La autopsia ha demostrado que gran parte de sus heridas, incluída la extirpación del hígado, fueron post mortem. El hecho de haber usado la daga afgana robada del Departamento de Geografía e Historia debió haberme dado una pista, pero no lo comprendí hasta anoche... Hecho número dos: Al día soguiente, ya con los alumnos en el centro, aparece descuartizado en dirección el Coordinador de Segundo Ciclo, Manuel. Como sabéis, se había quedado por la noche a trabajar sobre el reasignamiento de clases tras la muerte de Antonio. Recordad que, en aquellos momentos, se creía que el asesinato anterior había sido perpetrado por alguien externo al centro. Debo decir que, en aquel momento, al ver la katana con la que le habían seccionado los miembros tuve mi primera sospecha. A partir de ese momento la Policía decide vigilar el centro día y noche. Al cabo de una semana...bueno, ya lo sabéis...aquellos tres niños de 3º...
El Bachiller paseó la vista sobre la concurrencia, pero la mayoría evitó su mirada...la mayoría, pero no Blanca, la profesora de Francés.
- Todos deberíamos pedir perdón a Blanca. El caso fue que aquella frase en francés escrita en la pared sin una sola falta de ortografía hizo que la Policía y...todos nosotros la consideráramos sospechosa. las investigaciones de la Policía sobre su pasado...ejem...pusieron de manifiesto algunas cosas que nunca debieron salir a la luz. Desde aquí pido a la señora directora que mantenga a Blanca en este claustro: es una excelente profesora.
El Bachiller sonrió y Blanca le devolvió la sonrisa...
- Este era el tercer eslabón de esta cadena. La autopsia de los niños puso de manifiesto, no solo que consumían drogas, sino la pericia y brutalidad de nuestro asesino: a los tres les fue extirpado el bazo. Más tarde, como no ignoráis, dos de lods cuales aparecieron en el Departamento de Tecnología, en el armario de José María, concretamente. Todo parecía acusarlo menos el hecho en sí:¿por qué, si era culpable, iba a guardar en su armario dos bazos sanguinolentos? ¿Dónde estaba el tercero?
El Bachiller Alonso hizo una pausa mientras miraba en derredor todas las caras fijas en él.
- Por fin, anoche, mientras hacía guardia por los pasillos con el comisario Parada se produjo el intento de matarme...por dos veces. Sí. Sé que solo se ha difundido que dispararon contra mí, pero, poco después, estando ya en mi habitación, estuve a punto de ser mordido por una Bitis gabonica, una víbora del Gabón, que alguien, el asesino, había dejado en mi cuarto por si fallaba el disparo...No contaba con mis conocimientos de herpetología y, una vez localizada, no me fue difícil reducirla. Por entonces ya tenía claro que el asesino no podía ser otro que...¡cogedle!
Se produjo un tremendo alboroto. Alguien forcejeaba con los dos guardias y algunos miembros del claustro que lo habían sujetado al intentar escapar...
- No ofrezca resistencia, es inútil...señora Directora. Y, por cierto, no estaría de más detener también a su cómplice: el conserje de por las mañanas, Gabino.
Gabino ponía cara de estupefacción mientras el comisario Parada le colocaba las esposas.
- Sí, Gabino. Solo usted pudo haber dispuesto de una Bitis. Solo usted había estado de vacaciones en África estas vacaciones...Lo que me induce a pensar que llevaban mucho tiempo planeando todo el asunto.
- Sí. Nos amamos en secreto desde hace tres años...- acertó a musitar Gabino con la cabeza gacha.
- ¡Cállate, estúpido! - masculló la Directora.
Pero ya era demasiado tarde.
Capítulo 23
La solución final
Todos estaban en silencio y mirándose unos a otros.
En un rincón, el Bachiller y el comisario Parada cuchicheaban con aire de misterio. Al poco, el comisario salió de la sala y volvió a entrar acompañado de dos agentes de uniforme.
El Bachiller se acercó a la máquina de café y, carraspeando, dirigió la atención de todos ahacia sí mismo.
- Os he reunido aquí porque esta tarde señalaré al culpable de estos crímenes. Sí. Es uno de vosotros...y voy a darle la oportunidad de que confiese...
Un silencio aún más espeso se cernió sobre los profesores y los demás empleados del Virgen de las Tormentas.
Como si hubiese estado preparado, un relámpago hizo palidecer la luz fluorescente de la sala. Explotó el trueno. La lluvia volvió a arreciar.
- ¿No? De acuerdo. Voy a exponeros los hechos tal como ahora sé que ocurrieron. Debo deciros que no estoy satisfecho conmigo: si hubiese pensado correctamente, podría haber salvado alguna vida...esto es algo con lo que tendré que cargar para siempre...
El Bachiller Alonso, se puso las gafas de cerca y consultó su Moleskine de tapas negras:
- Hecho número uno: Antonio, el jefe de estudios es asesinado en su habitación la noche antes de que llegasen los alumnos. La autopsia ha demostrado que gran parte de sus heridas, incluída la extirpación del hígado, fueron post mortem. El hecho de haber usado la daga afgana robada del Departamento de Geografía e Historia debió haberme dado una pista, pero no lo comprendí hasta anoche... Hecho número dos: Al día soguiente, ya con los alumnos en el centro, aparece descuartizado en dirección el Coordinador de Segundo Ciclo, Manuel. Como sabéis, se había quedado por la noche a trabajar sobre el reasignamiento de clases tras la muerte de Antonio. Recordad que, en aquellos momentos, se creía que el asesinato anterior había sido perpetrado por alguien externo al centro. Debo decir que, en aquel momento, al ver la katana con la que le habían seccionado los miembros tuve mi primera sospecha. A partir de ese momento la Policía decide vigilar el centro día y noche. Al cabo de una semana...bueno, ya lo sabéis...aquellos tres niños de 3º...
El Bachiller paseó la vista sobre la concurrencia, pero la mayoría evitó su mirada...la mayoría, pero no Blanca, la profesora de Francés.
- Todos deberíamos pedir perdón a Blanca. El caso fue que aquella frase en francés escrita en la pared sin una sola falta de ortografía hizo que la Policía y...todos nosotros la consideráramos sospechosa. las investigaciones de la Policía sobre su pasado...ejem...pusieron de manifiesto algunas cosas que nunca debieron salir a la luz. Desde aquí pido a la señora directora que mantenga a Blanca en este claustro: es una excelente profesora.
El Bachiller sonrió y Blanca le devolvió la sonrisa...
- Este era el tercer eslabón de esta cadena. La autopsia de los niños puso de manifiesto, no solo que consumían drogas, sino la pericia y brutalidad de nuestro asesino: a los tres les fue extirpado el bazo. Más tarde, como no ignoráis, dos de lods cuales aparecieron en el Departamento de Tecnología, en el armario de José María, concretamente. Todo parecía acusarlo menos el hecho en sí:¿por qué, si era culpable, iba a guardar en su armario dos bazos sanguinolentos? ¿Dónde estaba el tercero?
El Bachiller Alonso hizo una pausa mientras miraba en derredor todas las caras fijas en él.
- Por fin, anoche, mientras hacía guardia por los pasillos con el comisario Parada se produjo el intento de matarme...por dos veces. Sí. Sé que solo se ha difundido que dispararon contra mí, pero, poco después, estando ya en mi habitación, estuve a punto de ser mordido por una Bitis gabonica, una víbora del Gabón, que alguien, el asesino, había dejado en mi cuarto por si fallaba el disparo...No contaba con mis conocimientos de herpetología y, una vez localizada, no me fue difícil reducirla. Por entonces ya tenía claro que el asesino no podía ser otro que...¡cogedle!
Se produjo un tremendo alboroto. Alguien forcejeaba con los dos guardias y algunos miembros del claustro que lo habían sujetado al intentar escapar...
- No ofrezca resistencia, es inútil...señora Directora. Y, por cierto, no estaría de más detener también a su cómplice: el conserje de por las mañanas, Gabino.
Gabino ponía cara de estupefacción mientras el comisario Parada le colocaba las esposas.
- Sí, Gabino. Solo usted pudo haber dispuesto de una Bitis. Solo usted había estado de vacaciones en África estas vacaciones...Lo que me induce a pensar que llevaban mucho tiempo planeando todo el asunto.
- Sí. Nos amamos en secreto desde hace tres años...- acertó a musitar Gabino con la cabeza gacha.
- ¡Cállate, estúpido! - masculló la Directora.
Pero ya era demasiado tarde.





