Hoja nº 201
LOS EXPERIMENTOS LITERARIOS DEL BACHILLER ALONSO
Hoy: La novela femenina
Rosa Martí, editora de éxito,se ve obligada a abrazar una nueva cultura y una nueva religión por amor.
DEJÉ MIS ROSAS EN TÁNGER
Capítulo I: Todo se tambalea.
- Te volveré a llamar.
Pablo colgó y tuve que aguantarme las lágrimas. Mi vida estaba rota y ya no tenía ese apoyo que había sido siempre Julia. No. Ya nunca más volveríamos a vernos para pasar una de esos fines de semana en su casa de la playa de Roses.
Hace diez años, cuando mi carrera como editora pendía de un hilo, Julia me había sorprendido con su llamada telefónica:.
- Ven. Lo pasaremos bien, ya lo verás...
No éramos especialmente amigas: apenas unas palabras cruzadas en los pasillos de la editorial en la que trabajaba. Yo siempre cohibida por la presencia de Julia Masclans, la gran Julia Masclans, la más grande escritora contemporánea y, aún más asombrada (la prosodia española habría exigido un "de", pero véase el paréntesis siguiente) que me hubiera invitado para charlar conmigo.
Yo solo era una editora novel que acababa de cagarla en su último trabajo, pero ahí estaba Julia, proponiéndomer un fin de semana "para nosotras solas" en su mítica casa del acantilado: Ca'l Masclans, donde se reunía - a juzgar por los periódicos - la crema de la intelectualidad barcelonesa de los años 80.
Fue fácil convencer a Pablo. Por entonces estaba teniendo su enésima aventura con su enésima secretaria de su fábrica téxtil (En español es textil, como se sabe, pero como la escritora es catalana, la traductora también y la correctora lo mismo, se les cuelan este y otros gazapos. Todos los que aparecen en el texto son intencionados por mi parte) de Sabadell.
Yo me tragaba el orgullo por Laia, nuestra hija mayor, a la que no estaba dispuesta a arruinar su infancia con escenas.
Además, a Pablo le venía muy bien un fin de semana solo en nuestra casa de Vallvidrera mientras Laia pasaba el fin de semana con sus abuelos en Caldes de Montbui.
No voy a decir que no me importaban sus aventuras. Solo Dios sabe las noches que me pasé llorando sola en nuestra habitación de camas individuales, esperando su llegada y sintiendo (Vid. etc.)los sonidos de sus abluciones en el lavabo cuando llegaba oliendo a perfume barato..
Aquel fin de semana en Roses fue maravilloso. Compartimos paseos por la playa y cava al atardecer en su balcón el cual daba al mar (Vid. paréntesis anterior).
Al final de la noche del sábado, me propuso que nos fuéramos a Túnez a pasar unos días.
[...]
Capítulo último: Días de cava y rosas.
Ahmed se revolvió aún dormido y yo me separé de su abrazo y me acerqué al balcón. Una fresca brisa movía las cortinas de gasa y yo las aparté y contemplé el paisaje de la vieja medina: los minaretes (Galicismo por "alminar", torre desde donde el almuédano convoca a la oración) aún estaban silenciosos, pero pronto la ciudad se llenaría de sus hermosos cánticos.
¡Qué lejos quedaba ahora Barcelona!
Mi tormentosa aventura con Julia, su prematura muerte, la separación de Pablo...Solo Laia y Gifre me unían ya a aquel que otrora (Audacia de la traductora: el original dice: fa temps) había sido mi mundo.
Ahmed me trataba tan bien, eran tan grandes sus atributos como persona humana y tan misteriosa su mirada, que compensaban grandemente sus ausencias imprevistas y su comportamiento distante, casi burlón a veces, para conmigo.
Por consejo suyo, había empezado a leer el Corán y estaba empezando a comprenderlo.
Su trabajo como recepcionista en el Qumra Resort le iba bien y yo podía hacer mi trabajo en la editorial gracias a la Internet.
No. No volvería.
A veces, para paliar la añoranza, le enseñaba palabras en catalán...
-Bon dia, maca!
Ahmed se había despertado y yo me volví hacia él con una sonrisa radiante.
En la mesa quedaban los restos de la cena: las copas de cava medio vacías y el ramo de rosas ya marchitándose...





