Hopja nº 210
(Esto que leeréis ahora, es el resultado final de un esbozo pergeñado...hace 10 años)
MEDIEVO VEO.
El tipo de pelo cortísimo, camisa desabrochada sobre una camiseta estampada (ANTE TODO MUCHA CALMA) y botas militares, me perdona la vida cuando paso por su lado. Tira displicentemente el cigarrillo y acelera para ponerse delante de mí contoneándose.
Me precede durante unos metros y, después, entra en el aula ganándome por metro y medio. Si llega a entrar detrás de mí, le hubiera caído una falta leve por llegar a clase después del profe.
En el fondo, ese tipo es un terneras.
En la forma, ese tipo se viste para dar miedo.
Para él y tantos otros como él -yo mismo, creo- parecer algo es serlo: los chicos se visten para parecer duros. Los profes para parecer profesores jóvenes. Las chicas para parecer estudiantes.
Los policías se visten para parecer bandidos.
Esta confusión entre el parecer y el ser, entre la apariencia y la realidad, entre signo y cosa significada, no se había producido de manera tan extendida en Occidente desde la Edad Media.
Hay, por supuesto, otros signos del Advenimiento del Nuevo Medievo: los bestiarios (dinosaurios a mansalva, Jasones, Caradecueros…), la confusión entre el mundo real y el sobrenatural (espiritismo, paraciencias), el renacer de la épica en las crónicas deportivas, las guerras de religión...por no hablar de las relaciones de vasallaje, ahora, a escala planetaria con los barones y marqueses multinacionales.
Emoieza un nuevo milenio y el personal se lo toma muy a pecho: hay iglesias que predican el fin de los tiempos, economistas o políticos que detectan ya La Crisis de Todas las Crisis: unos y otros piden penitencias, pero el pueblo sólo tiene claro lo de "carpe diem" ("aprovecha el día presente").
Mientras tanto la barbarie se expande: en el mismo corazón del Imperio los niños dejan de saber matemáticas y los vicepresidentes, ortografía.
El saber se concentra en muy pocas cabezas: es cierto que todos tenemos un Pentium IIV a 3,2 GHz, pero sólo unos pocos (cuatro o cinco, quizás) saben hacer uno.
Las empresas japonesas se empeñan en poner, junto a los electrodomésticos, gruesos libros de instrucciones. Esos mitrídates plurilingües van destinados a analfabetos que son absolutamente incapaces de descifrarlos.
Las empresas coreanas los hacen directamente indescifrables.
Los clérigos -nosotros, digamos- ejercemos nuestro mester a sílabas contadas en libros, revistas, blogs, periódicos, listas, boletines, foros...Los juglares -ellos, digamos- producen culebrones, canciones de amor y raps. Los clérigos no nos comemos ni un rosco en ese negocio.
Pero mañana...¡ah, mañana! Nos buscarán para que leamos lo que ellos son incapaces de leer, y cambiarán las tornas y nos forraremos y seremos los nuevos alquimistas del milenio de barbarie que se avecina.
Gran parte de nuestros conocimientos se perderá por el camino. En algún monasterio del futuro se producirá una serie de inexplicables asesinatos, cuya causa última, será la destrucción del tomo II de la Enciclopedia Monitor de Salvat.
La peste (el SIDA, el estrés, la ansiedad) diezmará Europa y, si la peste no lo logra, lo harán las guerras entre barones o entre moros y cristianos.
Desaparecerá la curiosidad por conocer el mundo, porque el mundo no existe; no es sino un reflejo del Más Allá, o de dios o una proyección holográfica extraterrestre y, por lo tanto, es perfecto, cognoscible, plano, fielmente representable en la televisión.
Los pobres lo tienen crudo.
Yo no.
Yo no soy un pobre: soy un lector.
MEDIEVO VEO.
El tipo de pelo cortísimo, camisa desabrochada sobre una camiseta estampada (ANTE TODO MUCHA CALMA) y botas militares, me perdona la vida cuando paso por su lado. Tira displicentemente el cigarrillo y acelera para ponerse delante de mí contoneándose.
Me precede durante unos metros y, después, entra en el aula ganándome por metro y medio. Si llega a entrar detrás de mí, le hubiera caído una falta leve por llegar a clase después del profe.
En el fondo, ese tipo es un terneras.
En la forma, ese tipo se viste para dar miedo.
Para él y tantos otros como él -yo mismo, creo- parecer algo es serlo: los chicos se visten para parecer duros. Los profes para parecer profesores jóvenes. Las chicas para parecer estudiantes.
Los policías se visten para parecer bandidos.
Esta confusión entre el parecer y el ser, entre la apariencia y la realidad, entre signo y cosa significada, no se había producido de manera tan extendida en Occidente desde la Edad Media.
Hay, por supuesto, otros signos del Advenimiento del Nuevo Medievo: los bestiarios (dinosaurios a mansalva, Jasones, Caradecueros…), la confusión entre el mundo real y el sobrenatural (espiritismo, paraciencias), el renacer de la épica en las crónicas deportivas, las guerras de religión...por no hablar de las relaciones de vasallaje, ahora, a escala planetaria con los barones y marqueses multinacionales.
Emoieza un nuevo milenio y el personal se lo toma muy a pecho: hay iglesias que predican el fin de los tiempos, economistas o políticos que detectan ya La Crisis de Todas las Crisis: unos y otros piden penitencias, pero el pueblo sólo tiene claro lo de "carpe diem" ("aprovecha el día presente").
Mientras tanto la barbarie se expande: en el mismo corazón del Imperio los niños dejan de saber matemáticas y los vicepresidentes, ortografía.
El saber se concentra en muy pocas cabezas: es cierto que todos tenemos un Pentium IIV a 3,2 GHz, pero sólo unos pocos (cuatro o cinco, quizás) saben hacer uno.
Las empresas japonesas se empeñan en poner, junto a los electrodomésticos, gruesos libros de instrucciones. Esos mitrídates plurilingües van destinados a analfabetos que son absolutamente incapaces de descifrarlos.
Las empresas coreanas los hacen directamente indescifrables.
Los clérigos -nosotros, digamos- ejercemos nuestro mester a sílabas contadas en libros, revistas, blogs, periódicos, listas, boletines, foros...Los juglares -ellos, digamos- producen culebrones, canciones de amor y raps. Los clérigos no nos comemos ni un rosco en ese negocio.
Pero mañana...¡ah, mañana! Nos buscarán para que leamos lo que ellos son incapaces de leer, y cambiarán las tornas y nos forraremos y seremos los nuevos alquimistas del milenio de barbarie que se avecina.
Gran parte de nuestros conocimientos se perderá por el camino. En algún monasterio del futuro se producirá una serie de inexplicables asesinatos, cuya causa última, será la destrucción del tomo II de la Enciclopedia Monitor de Salvat.
La peste (el SIDA, el estrés, la ansiedad) diezmará Europa y, si la peste no lo logra, lo harán las guerras entre barones o entre moros y cristianos.
Desaparecerá la curiosidad por conocer el mundo, porque el mundo no existe; no es sino un reflejo del Más Allá, o de dios o una proyección holográfica extraterrestre y, por lo tanto, es perfecto, cognoscible, plano, fielmente representable en la televisión.
Los pobres lo tienen crudo.
Yo no.
Yo no soy un pobre: soy un lector.
Comentario:
El señor de pantalón mugriento y zapatillas grises a cuadros con suela de goma desgastada, no pudo acelerar su paso debido a la artritosis que padece desde hace ya demasiados años. Cuando le adelanté en mi pausado paseo matinal hasta el trabajo, su mirada se tiñó de un sentimiento entre rencor y envidia.
Este hecho, cotidiano, me permitió de nuevo entrar en primer lugar. Incluso antes de que el reloj marcara las 10 a.m.
Dos o tres etcéteras más tarde... Me siento delante delante del ordenador y leo el blog de mi amigo y pienso ¿qué soy?
Tras delibarar conmigo misma (y tras diez minutos de agradables argumentos y contraargumenso y dimes y diretes) llego a la conclusión de que soy aprendiz aunque a estas alturas todavía no tenga muy claro de qué.
Gracias, estimado y querido y extrañado amigo Jesús. Esta noche he pensado, me he pre-ocupado, desentendido, hablado sola, sonreído y llegado a una conclusión absolutamente provisional.
Nota: Por cierto, tengo una certeza (aunque no sea del todo absoluta) y es que las migas están de vicio las acompañes con lo que las acompañes.
Este hecho, cotidiano, me permitió de nuevo entrar en primer lugar. Incluso antes de que el reloj marcara las 10 a.m.
Dos o tres etcéteras más tarde... Me siento delante delante del ordenador y leo el blog de mi amigo y pienso ¿qué soy?
Tras delibarar conmigo misma (y tras diez minutos de agradables argumentos y contraargumenso y dimes y diretes) llego a la conclusión de que soy aprendiz aunque a estas alturas todavía no tenga muy claro de qué.
Gracias, estimado y querido y extrañado amigo Jesús. Esta noche he pensado, me he pre-ocupado, desentendido, hablado sola, sonreído y llegado a una conclusión absolutamente provisional.
Nota: Por cierto, tengo una certeza (aunque no sea del todo absoluta) y es que las migas están de vicio las acompañes con lo que las acompañes.





