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Hojas para la Supresión de la Realidad
Destrucción de la realidad mediante la creación de otra más interesante.
Acerca de
Jesús Alonso Ruiz. Ateo y pescador de perlas. Nacido en Guadalajara (España)
Sindicación
 
Hoja nº 244
Los experimentos literarios del Bachiller Alonso (esos que no le gustan a nadie).

Hoy:

La novela de códigos escondidos en la obra de un artista antiguo que encierran Secretos que pueden Cambiar el Destino de la Humanidad.

LA CONSPIRACIÓN DE ZURBARÁN.



Capítulo I

Marcia Garbajosa estaba a punto de tomar una ducha cuando el teléfono móvil que guardaba en su mochila deshilachada, comenzó a emitir los primeros compases del Invierno, de Vivaldi.
Pensó en no hacerle caso, pero temió que fuese algo relacionado con su beca de investigación y a Paco, su director de Departamento, no le gustaba esperar.
Pronto vio que la pequeña pantalla no mostraba el nombre de Paco. En su lugar aparecía "Número desconocido".
la tentación de no contestar la asaltó nuevamente, pero tomó la decisión y levantó la tapa de su Motorola.
-¿Sí?
- ¿Marcia Garbajosa?
El acento era norteamericano. Oki concretamente.
- Sí. ¿Quién...?
- Mi nombre es James Caldwell y su número me lo ha proporcionado don Francisco Miguel...llamo desde los Estados Unidos.

Marcia no sabía qué pensar.

-¿Qué quiere usted?
- Deseamos contar con sus servicios.
A Marcia no le pasó inadvertido ese plural. "Deseamos". Sin saber por qué, sintió un escalofrío.
-¿Mis servicios como qué?
- Como especialista en pintura barroca española. Concretamente en Zurbarán.

Marcia Garbajosa había acabado su tesis sobre Zurbarán hacía dos años. había llamado la atención de algún especialista, pero Marcia no imaginaba que su fama hubiese llegado a EE.UU.
Quizás Paco...
Pobre Paco: llevaba años tratando de llevársela a la cama; con mucho tacto sí, pero con intentos patéticos. ¿Sería su nueva manera?¿Comprarla con algun trabajito para un americano?

-¿Sigue ahí, señorita Garbajosa?
- Sí, sigo aquí. Dígame qué quiere.
- Lo que queremos es que nos ayude a interpretar y valorar un nuevo Zurbarán que ha aparecido aquí. En Boston, Massachusets.
- ¿Quiénes son ustedes?
- ¡Oh, perdone!¿No se lo he mencionado?
- No.
- Le llamo desde el cuartel general de la CIA.
[...]

Capítulo Final.

[...]
Marcia se incorporó tratando de liberarse de las cadenas que la ataban a la reja de la celda.
El agua seguía subiendo y, si no daba pronto con el último código, perdería la vida en el intento.
No podía esperar ayuda.
Con Agustín y James muertos, Paco malherido en el hospital y Bruno muy lejos, su destino dependía de que introdujese en el teclado de la pared de la celda el código de seis cifras que le permitiría liberarse y acceder, por fin, al secreto del cuadro.
Trató de olvidarse del agua que subía poco a poco y reflexionó.
El mensaje que contenía la clave parecía baladí: "Pito, pito, colorito, saca la carta de veinticinco. A la era verdadera, pim, pam, pum, fuera".
Ya había probado contar las letras, sustituirlas por números o establecer los espacios entre las palabras, pero nada había funcionado.
"¡Concéntrate en el mensaje!", se dijo a sí misma.
¿Qué decía el mensaje? Pito, pito...
¿No se llamaban "pitos" a los ases en el juego del mus?
Así los dos primeros números seían 1-1. Pero, ¿Cuál era la carta de 25?
Imaginó una baraja nueva...¡eso era! Cuando una baraja era nueva (como en el cuadro) venía ordenada así: copas, oros, espadas y bastos. Además, a diferencia de la francesa cuyas cuatro primeras cartas eran los ases, en la baraja española iban en orden correlativo. Así pues la carta 25 sería...
¡El 5 de espadas!
1-1-5-...solo faltaban tres númerso, pero el agua seguía subiendo. Ya estaba a la altura de su pecho y los pezones se le habían puesto erectos del frío...
¡Solo tres números más!
"A la era verdadera...". La era verdadera. La era verdad. Era.
¿La, la sexta nota, era verdad?
1-1-5-6-...
El agua llegaba ya al cuello de Marcia, pero ahora ya no podía pensar en otra cosa que resolver el enigma.
Pim,pam,pum...¡un tres!
1-1-5-6-3
Solo faltaba un número, pero Marcia tenía claro cuál debía pulsar...
En el cuadro, la ventana de la derecha se abría hacia el exterior. Hacia fuera. Y fuera no había nada...0
1-1-5-6-0
Al pulsar la ultima cifra, una trampilla se abrió y el agua comenzó a bajar.
Marcia se asió con desesperación a los barrotes de la puerta, ahora abierta.
Al fondo del pasillo se encontraba el cofre que contenía el Documento.
El documento que probaba que en los tiempos de Zurbarán la consagración en la Santa Misa se había hecho con gazpacho extremeño en lugar de vino,
La prueba de que el Vaticano había silenciado el origen extremeño (como Zurbarán) del rito eclesiástico...
[...]

 
Comentario:
[y los pezones se le habían puesto erectos del frío...]

¡Juas, juas, juas!
¡Que sigan los experimentos!
 
Comentario:
¡Qué gusto verte de nuevo por aquí, In_festa! Y sí, pero no solo del Da Vinci: hay una auténtica plaga de libros de esos. Un paseíto por los estantes de novedades de cualquier librería y lo comprobarás.
Decía yo que estos experimentos no le gustan a nadie porque, hasta ahora, los publicados (Hojas nº 215, 201, 189, 187 y, especialmente, la inaugural 183) no han recibido mucha atención en forma de comentario. Bien mirado, igual lo dije como captatio benevolentiae.
Y sí también, Danae, es terrible: estoy convencido de poder escribir eso con la gorra. No sé por qué no lo hago.


 
Comentario:
Debe ser una sensación terrible, saber que uno es capaz de escribir "eso", a la mínima que se lo proponga.
 
Comentario:
¿Por qué dices que a nadie le gustan estos experimentos? Lo del gazpacho extremeño ha sido la guinda, ¡de verdad!
 
Comentario:
jajajaja que buenooooo... no he leído el famoso Código... pero me suena a que esto es parodia ¿me equivoco?
 
Comentario:
¡Ay, que me troncho....!
PD: A mí sí que me gustan estos experimentos.
No