Hoja nº 260
DOS AVATARES DE LA PATRIA
En la demasiado famosa Canción del pirata, Espronceda hace decir a su capitán:
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
En su caso, se entiende que "patria" es el lugar a donde se pertenece. Por contraposición con las patrias de tierra, donde hay fronteras, él se define por pertenecer a la mar: una patria donde caben todos porque no pueden trazarse fronteras. Enseguida, continuando con la idea, agrega:
Allá mueven feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra.
La idea es ingeniosa aunque algo obvia por la dicotomía tierra/mar. Y, si se piensa, un poco poco romántica. Un poco antinacionalista, vaya.
En pleno siglo XX, Félix Grande (ese magnífico poeta al que la mezquindad y la ceguera de Castellet excluyeron de sus Nueve novísimos) dejó escrito en su libro capital Las Rubáiyátas de Horacio Martín, estos tremendos versos:
Los que sin fervor comen del gran pan del idioma
y lo usan como adorno o coraza o chantaje
sienten por mí un rechazo donde la rabia asoma:
yo no he llamado patria más aque a ti y al lenguaje.
En este caso, Félix Grande comete el pecado de decir que su patria son dos: tú (la Loba, como la llama en el libro) y el lenguaje.
El primero ("mi patria es ella") se entronca con Calisto y su declaración de ser de religión melibea: se intercambian los fidelidades.
El segundo: el lenguaje es mi patria, es un muy poderoso argumento para negarse a pertenecer a ninguna patria terrenal.
Solo la geografía celeste o de nuestro pensamiento pueden contener una patria tan íntima.
En la demasiado famosa Canción del pirata, Espronceda hace decir a su capitán:
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
En su caso, se entiende que "patria" es el lugar a donde se pertenece. Por contraposición con las patrias de tierra, donde hay fronteras, él se define por pertenecer a la mar: una patria donde caben todos porque no pueden trazarse fronteras. Enseguida, continuando con la idea, agrega:
Allá mueven feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra.
La idea es ingeniosa aunque algo obvia por la dicotomía tierra/mar. Y, si se piensa, un poco poco romántica. Un poco antinacionalista, vaya.
En pleno siglo XX, Félix Grande (ese magnífico poeta al que la mezquindad y la ceguera de Castellet excluyeron de sus Nueve novísimos) dejó escrito en su libro capital Las Rubáiyátas de Horacio Martín, estos tremendos versos:
Los que sin fervor comen del gran pan del idioma
y lo usan como adorno o coraza o chantaje
sienten por mí un rechazo donde la rabia asoma:
yo no he llamado patria más aque a ti y al lenguaje.
En este caso, Félix Grande comete el pecado de decir que su patria son dos: tú (la Loba, como la llama en el libro) y el lenguaje.
El primero ("mi patria es ella") se entronca con Calisto y su declaración de ser de religión melibea: se intercambian los fidelidades.
El segundo: el lenguaje es mi patria, es un muy poderoso argumento para negarse a pertenecer a ninguna patria terrenal.
Solo la geografía celeste o de nuestro pensamiento pueden contener una patria tan íntima.
Comentario:
Y gracias por esta... entrega. Me ha gustado mucho.
Comentario:
Tercer avatar que enlaza con el segundo:
"Quiero que nadie ponga su mirada en estas úlceras. El pus le saltaría a los ojos. Yo no soy traidor a mi única patria que es la poesía".
José Hierro
Ése es mi credo.
"Quiero que nadie ponga su mirada en estas úlceras. El pus le saltaría a los ojos. Yo no soy traidor a mi única patria que es la poesía".
José Hierro
Ése es mi credo.





