Hoja nº 277
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Hace muchos años tuve la cosa de leer varios libros de un tal Trevanian. Algunos de ellos estaban protagonizados por un tal Jonathan Hemlock, experto en arte y asesino a sueldo que me gustaron especialmente.
Hubo un momento en que creí haber leído todos sus libros y los condené al ostracismo en mi biblioteca.
Este verano he visto que habían vuelto a editar - al menos - uno de ellos y, creyendo que no lo tenía, lo compré. Se trata de La sanción de Loo.
Cuando lo leí fui a colocarlo en su lugar correspondiente de mi biblioteca (que está ordenada por orden alfabético de autores) y me encontré que lo tenía ya en una pésima edición en dos volúmenes.
Naturalmente, no pude resistir la tentación y cotejé ambos libros.
El antiguo se titula La sanción del Loo y su traducción es de Ana María Torra.
Fue publicado para El Observador por la editorial Noguer en 1991, aunque el copyright de Noguer es de 1974.
El nuevo, como se ha dicho, se llama La sanción de Loo y está publicado por la editorial Entrelibros en 2006.
Su traductora es Isabelle Ardevol.
Aparte de la ausencia del articulo contracto en el título, se aprecian algunas diferencias.
Copio los párrafos iniciales de ambas versiones.
Versión A (Torra):
Sentía un tremendo dolor. Pero por lo menos tenía un fin. Las agudas oleadas de agonía iban creciendo en intensidad hasta que su cuerpo empezó a experimentar convulsiones y su mente quedó anegada. Entonces, al borde mismo de la locura, se rompieron las olas y se arremolinaron por encima del límite de su consciencia, haciéndole caer en el olvido.
(Está describiendo lo que siente un hombre empalado)
Versión B (Ardevol):
Sentía un dolor tremendo, pero por lo menos sabía que tenía un fin. Las agudas oleadas de agonía iban creciendo en intensidad hasta que su cuerpo empezaba a experimentar convulsiones y su mente quedaba anegada. Entonces, al borde mismo de la locura, se rompían las olas y se arremolinaban por encima del límite de su conciencia, haciéndole caer en un pozo profundo.
A partir de ahí, hasta donde he consultado, ambas traducciones son idénticas o presentan variaciones mínimas (Imperfecto por Indefinido, etc.)
- No seré yo quien se aventure a hacer acusaciones, pero este asunto me da mala espina...-Dije con voz cavernosa.
Hace muchos años tuve la cosa de leer varios libros de un tal Trevanian. Algunos de ellos estaban protagonizados por un tal Jonathan Hemlock, experto en arte y asesino a sueldo que me gustaron especialmente.
Hubo un momento en que creí haber leído todos sus libros y los condené al ostracismo en mi biblioteca.
Este verano he visto que habían vuelto a editar - al menos - uno de ellos y, creyendo que no lo tenía, lo compré. Se trata de La sanción de Loo.
Cuando lo leí fui a colocarlo en su lugar correspondiente de mi biblioteca (que está ordenada por orden alfabético de autores) y me encontré que lo tenía ya en una pésima edición en dos volúmenes.
Naturalmente, no pude resistir la tentación y cotejé ambos libros.
El antiguo se titula La sanción del Loo y su traducción es de Ana María Torra.
Fue publicado para El Observador por la editorial Noguer en 1991, aunque el copyright de Noguer es de 1974.
El nuevo, como se ha dicho, se llama La sanción de Loo y está publicado por la editorial Entrelibros en 2006.
Su traductora es Isabelle Ardevol.
Aparte de la ausencia del articulo contracto en el título, se aprecian algunas diferencias.
Copio los párrafos iniciales de ambas versiones.
Versión A (Torra):
Sentía un tremendo dolor. Pero por lo menos tenía un fin. Las agudas oleadas de agonía iban creciendo en intensidad hasta que su cuerpo empezó a experimentar convulsiones y su mente quedó anegada. Entonces, al borde mismo de la locura, se rompieron las olas y se arremolinaron por encima del límite de su consciencia, haciéndole caer en el olvido.
(Está describiendo lo que siente un hombre empalado)
Versión B (Ardevol):
Sentía un dolor tremendo, pero por lo menos sabía que tenía un fin. Las agudas oleadas de agonía iban creciendo en intensidad hasta que su cuerpo empezaba a experimentar convulsiones y su mente quedaba anegada. Entonces, al borde mismo de la locura, se rompían las olas y se arremolinaban por encima del límite de su conciencia, haciéndole caer en un pozo profundo.
A partir de ahí, hasta donde he consultado, ambas traducciones son idénticas o presentan variaciones mínimas (Imperfecto por Indefinido, etc.)
- No seré yo quien se aventure a hacer acusaciones, pero este asunto me da mala espina...-Dije con voz cavernosa.
Comentario:
Saludos. Rodney William Whitaker, era el nombre real de Trevanian. Hay una buena biografía en le versión inglesa de Wikipedia. Compruebo por las obras que posee que conocerá bien al dr. Jonathan Hemlock. Si sabe de alguna libreria de segunda mano le recomiendo que se acerque y busque Shibumi y podrá descubrir a Nicholai Hel, otro gran protagonista de Trevanian. El placer es mio al leerle. Por favor no se canse. Hasta otra.
Comentario:
Encantado de recibir noticias tuyas.
Efectivamente, tengo, además de La sanción del Loo, La sanción del Eiger y El Main.
He empezado a releerlo con muchísimo placer.
Por cierto, ¿cuál era su verdadero nombre? Ni siquiera me enteré de que hubiese muerto.
Efectivamente, tengo, además de La sanción del Loo, La sanción del Eiger y El Main.
He empezado a releerlo con muchísimo placer.
Por cierto, ¿cuál era su verdadero nombre? Ni siquiera me enteré de que hubiese muerto.
Comentario:
Enhorabuena, si tiene toda o casi la obra de Trevanian cuenta con un tesoro en sus manos, ya que, aparte de La sanción de Loo, no hay nada reeditado ni probablemente se haga, a menos que a algún agudo editor se le ocurra hacer un homanaje póstumo a este estupendo autor. ¿Sabe que desgraciadamente falleció a finales del año pasado, manteniendo en buen secreto su identidad de autor hasta el final de su vida? Ahora sí es posible saber quién fue. Si alguna vez quire desprenderse de sus libros, por favor, no deje de avisarlo que gustosamente se los compraré. Un cordial saludo.





