Hoja nº 311
FLOR NUEVA DE UN ROMANCE VIEJO
(Bien sé que en el libro al que alude el título, "flor" vale por "florilegio", es decir, antología; aquí me sirve para decir, machadianamente, que al romance al que me refiero le ha salido, como al tronco viejo del soneto con estrambote enorme, una flor nueva)
Desde siempre me ha fascinado el siguiente romance que copio a continuación. Lo transcribo según la versión de Menéndez Pidal en el libro aludido supra, por la única razón de que es el que mejor medidos tiene los octosílabos.
¡ Quién hubiera tal ventura
sobre las aguas del mar
como hubo el infante Arnaldos
la mañana de San Juan !
Andando a buscar la caza
para su falcón cebar,
vio venir una galera
que a tierra quiere llegar;
las velas trae de sedas,
la ejarcia de oro torzal,
áncoras tiene de plata,
tablas de fino coral.
Marinero que la guía,
diciendo viene un cantar,
que la mar ponía en calma,
los vientos hace amainar;
los peces que andan al hondo,
arriba los hace andar;
las aves que van volando,
al mástil vienen posar.
Allí habló el infante Arnaldos,
bien oiréis lo que dirá:
- Por tu vida, el marinero,
digasme ora ese cantar.
Respondióle el marinero,
tal respuesta le fue a dar:
- Yo no digo mi canción
sino a quien conmigo va.
Supongamos que el romance debe leerse literalmente: un marinero que viene en un barco de riqueza extraordinaria canta una canción que amaina los vientos, hace posarse a la aves, atrae a los peces...Un Infante o Conde le pide que le enseñe la canción que logra esos prodigios; el marinero le responde que solo se la enseña a los que se embarcan con él.
Coinsideremos que todo ello es una alegoría: que el barco es una vida perfecta, rica; que la canción no son sino las palabras del conocimiento o la sabiduría. El Infante un tipo que quiere lograr el éxito sin esfuerzo y sin riesgo...o sin mojarse.
El marinero le dice, pues, que debe embarcarse con él, que debe arrostrar las penalidades de la mar, el frío y la soledad si quiere tener el derecho a aprenderla.
Pues bien, yo sostengo que el marinero pertenece al Club del Brillo en los Ojos y, desde hoy, adopto ese poema como mi lema o mi divisa.
No le diré mi canción sino a quien vaya conmigo.
(Bien sé que en el libro al que alude el título, "flor" vale por "florilegio", es decir, antología; aquí me sirve para decir, machadianamente, que al romance al que me refiero le ha salido, como al tronco viejo del soneto con estrambote enorme, una flor nueva)
Desde siempre me ha fascinado el siguiente romance que copio a continuación. Lo transcribo según la versión de Menéndez Pidal en el libro aludido supra, por la única razón de que es el que mejor medidos tiene los octosílabos.
¡ Quién hubiera tal ventura
sobre las aguas del mar
como hubo el infante Arnaldos
la mañana de San Juan !
Andando a buscar la caza
para su falcón cebar,
vio venir una galera
que a tierra quiere llegar;
las velas trae de sedas,
la ejarcia de oro torzal,
áncoras tiene de plata,
tablas de fino coral.
Marinero que la guía,
diciendo viene un cantar,
que la mar ponía en calma,
los vientos hace amainar;
los peces que andan al hondo,
arriba los hace andar;
las aves que van volando,
al mástil vienen posar.
Allí habló el infante Arnaldos,
bien oiréis lo que dirá:
- Por tu vida, el marinero,
digasme ora ese cantar.
Respondióle el marinero,
tal respuesta le fue a dar:
- Yo no digo mi canción
sino a quien conmigo va.
Supongamos que el romance debe leerse literalmente: un marinero que viene en un barco de riqueza extraordinaria canta una canción que amaina los vientos, hace posarse a la aves, atrae a los peces...Un Infante o Conde le pide que le enseñe la canción que logra esos prodigios; el marinero le responde que solo se la enseña a los que se embarcan con él.
Coinsideremos que todo ello es una alegoría: que el barco es una vida perfecta, rica; que la canción no son sino las palabras del conocimiento o la sabiduría. El Infante un tipo que quiere lograr el éxito sin esfuerzo y sin riesgo...o sin mojarse.
El marinero le dice, pues, que debe embarcarse con él, que debe arrostrar las penalidades de la mar, el frío y la soledad si quiere tener el derecho a aprenderla.
Pues bien, yo sostengo que el marinero pertenece al Club del Brillo en los Ojos y, desde hoy, adopto ese poema como mi lema o mi divisa.
No le diré mi canción sino a quien vaya conmigo.
Comentario:
Lo mejor de ello es poder (porque se merece) elegirse un lema así.
Creo que soy, como mucho, un alga marina.
Por cierto: ¡qué bien poder leer otra vez tus posts!
Creo que soy, como mucho, un alga marina.
Por cierto: ¡qué bien poder leer otra vez tus posts!
Comentario:
Me alegro mucho, Innes.
Comentario:
He estado explicando hoy a mis alumnos este romance. Así, en esos términos. He conseguido que me escucharan, pero ya definitivamente creen que estoy zumbada.
Comentario:
Hazme un sitio en tu montura, maestro, aunque sea chiquito :-)
Un abrazo
Un abrazo





