Hoja nº 44
STATEMENTS / y 3 (Viene de las Hojas 37 y 43)
“Nombre: Ana (omito aquí los apellidos)
Edad: 36
Dirección. (Por razones obvias, omito también la dirección)
Tipo familia: marido (Enrique, 38empresa de transportes) y dos niñas (Julia, 11 y Ana, 8)
Hora salida mañanas: 8:30
Hora llegada mañanas: 11:15-11:30
Coche: Sí. Nissan Patrol
Matrícula: (Omitido)
Cochera: Sí. En el mismo edificio de su piso.
Lugar donde compra: Caprabo
Otras rutinas: A las 15:30 toma café con dos amigas en El Pato. Lunes y martes.
Fines de semana: Sale con su marido y sus hijos en el coche. No he querido averiguar a dónde.
Accesibilidad: A partir de las 11:30 está sola en casa hasta las 2:30”
Venía después una serie de anotaciones breves:
“¿Llave de la puerta?
Imaginar cómo entrar en su casa, si llave no posible. ¿cartero?”
Por fin, debajo de unas rayas que dividían la página 8 por la mitad, aparece este comentario:
“Será el lunes 4 de junio”
La página 9 estaba íntegramente dedicada a la descripción del asesinato:
“A las 11:38 llamé a su puerta vestido con un mono gris y una caja de herramientas en la mano. A través de la puerta me preguntó que quién era y le dije que de Telefónica, que iba a hacer una comprobación de la línea. A través de la mirilla de la puerta sostuve un carné plastificado que había hecho con el Publisher. Abrió. Aún llevaba la ropa de calle: pantalones vaqueros con una camisa en tonos azules y zapatos bajos.
Nada más entrar, saqué el cuchillo Jungle King con hoja de 20 cm.que escondía en la caja de herramientas y le dije:
- No hables y no te pasará nada.
Ella me miró asombrada, no asustada. Entonces, la golpeé con el mango metálico del cuchillo y cayó al suelo medio atontada. Entonces me puse un par de guantes de cirujano (dos en cada mano) y respiré: tenía el corazón un poco acelerado.
La llevé al cuarto de baño, le puse una cinta adhesiva en la boca. La desnudé y le até las manos a la espalda y los pies. A estas alturas empezó a resistirse y a hacer ruidos a través de la mordaza. Le dije que si quería que le hiciese lo mismo a sus hijas y que si colaboraba, no pasaría nada. Solo quería divertirme un rato.
Entonces dejó de resistirse y empezó a sollozar sin apartar los ojos de mí.
Finalmente, la metí en la bañera y fui a buscarme algo de beber. Encontré cervezas en el frigorífico (ya sabía que las tenía: el sábado estuve detrás de ella en el supermercado).
Cuando volví al cuarto de baño, había casi conseguido salirse de la bañera, así es que le di un par de golpes en la cara y la volví a meter.
Saqué otro cuchillo y con este, mientras la sostenía del pelo, la degollé.”
Me detuve. El whisky se había acabado y me serví otra ración. Esta vez, generosa.
Les ahorro los detalles. Casi no podía sostener el cuaderno y la copa en las manos, que me temblaban de manera incontrolable.
Me puse a pensar. Por supuesto, no recordaba nada de un asesinato cometido en junio de 2001. Se cometen demasiados para retener alguno en la memoria de manera en especial. Pero tengo conexión a Internet y una suscripción a El Pais.
Introduje los datos, fatigué el Archivo y la Hemeroteca pero no pude encontrar ninguna referencia al tal asesinato.
Consulté la guía telefónica y ahí estaba el número del cuaderno y la dirección correctas.
No sabía si llamar o poner el cuaderno directamente en manos de la policía, pero, finalmente, nadie (y yo tampoco) quiere tener tratos con la policía: demasiadas explicaciones. Primero verificaría que hubiera, realmente, algo de lo que informar.
Eran las 10 de la noche de un sábado, así es que pensé que, de acuerdo con los datos de la vigilancia, no habría nadie en casa. De todos modos llamé. Nadie contestó. Al sexto timbrazo saltó el contestador y una voz de mujer me dijo que en ese momento no estaban, etc.
¿Sería ella? Si la hubieran asesinado no sería probable que el marido hubiese dejado su voz en el contestador.
Entonces enfoqué el problema desde un ángulo distinto: a través de la Federación no me sería difícil descubrir qué otros árbitros habían pitado este sábado en esa pista.
El problema era el día y la hora. Pero sabía que había partidos jugándose todavía y pensé que alguien había en las oficinas del comité de árbitros.
Cuando empecé a marcar, me di cuenta de que el dueño del cuaderno debería estar haciendo las mismas cábalas que yo.
Llamé, di mi número de colegiado y pregunté por los compañeros que habían pitado esa mañana. Se habían dejado una cosa y quería devolvérsela, sí, tomo nota.
Solo había dos nombres que habían arbitrado a los Alevines y los Junior.
Ahora que tenía sus nombres y teléfonos, traté de recordar si los conocía. Vagamente, me sonaba uno de ellos por haber estado juntos en un curso de promoción.
Pero, antes de llamarlos, volví a Internet y consulté la prensa local. No había nada, ya que no disponían de base de datos consultable para fechas anteriores, pero encontré el teléfono y llamé. Pedí que me pusieran con alguien de sucesos o algo parecido /yo no sabía si existía una sección así) y, finalmente, conseguí hablar con alguien que se ocupaba de ese tipo de noticias.
No. No había nada sobre un asesinato cometido en las fechas cercanas al 4 de junio de 2001.
Estaba perplejo. Y hasta desilusionado: ¿sería posible que, finalmente, todo fueran datos para escribir una novela? Pero, en ese caso, ¿por qué tanto detalle?, ¿por qué nombres reales?
Antes de colgar, le pedí que mirara otros nombres que aparecían en el cuaderno a las que presuntamente ese tipo había matado.
Al tercer o cuarto nombre con resultado negativo, el periodista empezó a amoscarse y me preguntó que de qué iba todo eso. Colgué.
Decidí no llamar a los dos árbitros hasta que supiera algo más.
Esa noche salí y estuve de copas con los amigos hasta bastante tarde. No les dije nada y creo que anduve más taciturno que de costumbre.
Al llegar a la puerta del bloque donde vivo, vi a un tipo apoyado en la pared y mentiría si dijese que no imaginé quien era. Se despegó de la pared y avanzó hacia mí.
- Perdona, eres Fulano (aquí mi nombre), ¿verdad?
- Sí.- dije retrocediendo levemente.
- En el pabellón me han dicho que te dieron una bolsa mía que había olvidado en el vestuario.
- Sí.
- ¿La tienes?
- Sí.
- ¿Has visto lo que hay dentro? El libro, los cuadernos…
- Sí.
Aquí empecé a odiarme a mí mismo por la elocuencia que estaba mostrando en el diálogo. Y añadí:
- Iba a llamarte para devolvértela.
Hubo un momento de estupor, creo que mutuo. Entonces preguntó:
- ¿Lo has leído?
- Sí…Dije tras dudarlo un par de décimas de segundo.
- No es lo que parece…
- Ya…
- Si quieres te lo explico…
- Bueno, solo si no llevas a mano un Jungle King.
- No. No tengo ningún cuchillo…- y abrió los brazos y se dio la vuelta para demostrármelo.
Allí, a las 4 de la mañana, delante de la puerta de mi bloque, mi compañero árbitro (cuyo nombre omitiré piadosamente) me contó que le gustaba sentir como un asesino que elige sus víctimas, las seguía, preparaba cuidadosamente el asesinato y después…lo ejecutaba en su cabeza.
- Es como los toros en Portugal…que al final no los matan.- Y añadió: No estoy loco.
Subimos a mi piso y le devolví los cuadernos y el libro. Le pregunté qué pintaba Potocki en todo esto.
- Nada – me dijo. He empezado a leerlo…Oye, no puedo hacer nada por evitarlo, pero preferiría que no lo contaras…No creo que la gente lo entendiera…
- No te preocupes. No sé si fue Montesquieu o Buñuel, pero alguien dijo: “El pensamiento no delinque”
- Eso creo yo.
Nos despedimos y así acabó un sábado realmente extraño.
Al repasar el asunto (ahora que lo escribo) me doy cuenta de que el título más apropiado para esta historia habría sido: “El asesino de mente”.
“Nombre: Ana (omito aquí los apellidos)
Edad: 36
Dirección. (Por razones obvias, omito también la dirección)
Tipo familia: marido (Enrique, 38empresa de transportes) y dos niñas (Julia, 11 y Ana, 8)
Hora salida mañanas: 8:30
Hora llegada mañanas: 11:15-11:30
Coche: Sí. Nissan Patrol
Matrícula: (Omitido)
Cochera: Sí. En el mismo edificio de su piso.
Lugar donde compra: Caprabo
Otras rutinas: A las 15:30 toma café con dos amigas en El Pato. Lunes y martes.
Fines de semana: Sale con su marido y sus hijos en el coche. No he querido averiguar a dónde.
Accesibilidad: A partir de las 11:30 está sola en casa hasta las 2:30”
Venía después una serie de anotaciones breves:
“¿Llave de la puerta?
Imaginar cómo entrar en su casa, si llave no posible. ¿cartero?”
Por fin, debajo de unas rayas que dividían la página 8 por la mitad, aparece este comentario:
“Será el lunes 4 de junio”
La página 9 estaba íntegramente dedicada a la descripción del asesinato:
“A las 11:38 llamé a su puerta vestido con un mono gris y una caja de herramientas en la mano. A través de la puerta me preguntó que quién era y le dije que de Telefónica, que iba a hacer una comprobación de la línea. A través de la mirilla de la puerta sostuve un carné plastificado que había hecho con el Publisher. Abrió. Aún llevaba la ropa de calle: pantalones vaqueros con una camisa en tonos azules y zapatos bajos.
Nada más entrar, saqué el cuchillo Jungle King con hoja de 20 cm.que escondía en la caja de herramientas y le dije:
- No hables y no te pasará nada.
Ella me miró asombrada, no asustada. Entonces, la golpeé con el mango metálico del cuchillo y cayó al suelo medio atontada. Entonces me puse un par de guantes de cirujano (dos en cada mano) y respiré: tenía el corazón un poco acelerado.
La llevé al cuarto de baño, le puse una cinta adhesiva en la boca. La desnudé y le até las manos a la espalda y los pies. A estas alturas empezó a resistirse y a hacer ruidos a través de la mordaza. Le dije que si quería que le hiciese lo mismo a sus hijas y que si colaboraba, no pasaría nada. Solo quería divertirme un rato.
Entonces dejó de resistirse y empezó a sollozar sin apartar los ojos de mí.
Finalmente, la metí en la bañera y fui a buscarme algo de beber. Encontré cervezas en el frigorífico (ya sabía que las tenía: el sábado estuve detrás de ella en el supermercado).
Cuando volví al cuarto de baño, había casi conseguido salirse de la bañera, así es que le di un par de golpes en la cara y la volví a meter.
Saqué otro cuchillo y con este, mientras la sostenía del pelo, la degollé.”
Me detuve. El whisky se había acabado y me serví otra ración. Esta vez, generosa.
Les ahorro los detalles. Casi no podía sostener el cuaderno y la copa en las manos, que me temblaban de manera incontrolable.
Me puse a pensar. Por supuesto, no recordaba nada de un asesinato cometido en junio de 2001. Se cometen demasiados para retener alguno en la memoria de manera en especial. Pero tengo conexión a Internet y una suscripción a El Pais.
Introduje los datos, fatigué el Archivo y la Hemeroteca pero no pude encontrar ninguna referencia al tal asesinato.
Consulté la guía telefónica y ahí estaba el número del cuaderno y la dirección correctas.
No sabía si llamar o poner el cuaderno directamente en manos de la policía, pero, finalmente, nadie (y yo tampoco) quiere tener tratos con la policía: demasiadas explicaciones. Primero verificaría que hubiera, realmente, algo de lo que informar.
Eran las 10 de la noche de un sábado, así es que pensé que, de acuerdo con los datos de la vigilancia, no habría nadie en casa. De todos modos llamé. Nadie contestó. Al sexto timbrazo saltó el contestador y una voz de mujer me dijo que en ese momento no estaban, etc.
¿Sería ella? Si la hubieran asesinado no sería probable que el marido hubiese dejado su voz en el contestador.
Entonces enfoqué el problema desde un ángulo distinto: a través de la Federación no me sería difícil descubrir qué otros árbitros habían pitado este sábado en esa pista.
El problema era el día y la hora. Pero sabía que había partidos jugándose todavía y pensé que alguien había en las oficinas del comité de árbitros.
Cuando empecé a marcar, me di cuenta de que el dueño del cuaderno debería estar haciendo las mismas cábalas que yo.
Llamé, di mi número de colegiado y pregunté por los compañeros que habían pitado esa mañana. Se habían dejado una cosa y quería devolvérsela, sí, tomo nota.
Solo había dos nombres que habían arbitrado a los Alevines y los Junior.
Ahora que tenía sus nombres y teléfonos, traté de recordar si los conocía. Vagamente, me sonaba uno de ellos por haber estado juntos en un curso de promoción.
Pero, antes de llamarlos, volví a Internet y consulté la prensa local. No había nada, ya que no disponían de base de datos consultable para fechas anteriores, pero encontré el teléfono y llamé. Pedí que me pusieran con alguien de sucesos o algo parecido /yo no sabía si existía una sección así) y, finalmente, conseguí hablar con alguien que se ocupaba de ese tipo de noticias.
No. No había nada sobre un asesinato cometido en las fechas cercanas al 4 de junio de 2001.
Estaba perplejo. Y hasta desilusionado: ¿sería posible que, finalmente, todo fueran datos para escribir una novela? Pero, en ese caso, ¿por qué tanto detalle?, ¿por qué nombres reales?
Antes de colgar, le pedí que mirara otros nombres que aparecían en el cuaderno a las que presuntamente ese tipo había matado.
Al tercer o cuarto nombre con resultado negativo, el periodista empezó a amoscarse y me preguntó que de qué iba todo eso. Colgué.
Decidí no llamar a los dos árbitros hasta que supiera algo más.
Esa noche salí y estuve de copas con los amigos hasta bastante tarde. No les dije nada y creo que anduve más taciturno que de costumbre.
Al llegar a la puerta del bloque donde vivo, vi a un tipo apoyado en la pared y mentiría si dijese que no imaginé quien era. Se despegó de la pared y avanzó hacia mí.
- Perdona, eres Fulano (aquí mi nombre), ¿verdad?
- Sí.- dije retrocediendo levemente.
- En el pabellón me han dicho que te dieron una bolsa mía que había olvidado en el vestuario.
- Sí.
- ¿La tienes?
- Sí.
- ¿Has visto lo que hay dentro? El libro, los cuadernos…
- Sí.
Aquí empecé a odiarme a mí mismo por la elocuencia que estaba mostrando en el diálogo. Y añadí:
- Iba a llamarte para devolvértela.
Hubo un momento de estupor, creo que mutuo. Entonces preguntó:
- ¿Lo has leído?
- Sí…Dije tras dudarlo un par de décimas de segundo.
- No es lo que parece…
- Ya…
- Si quieres te lo explico…
- Bueno, solo si no llevas a mano un Jungle King.
- No. No tengo ningún cuchillo…- y abrió los brazos y se dio la vuelta para demostrármelo.
Allí, a las 4 de la mañana, delante de la puerta de mi bloque, mi compañero árbitro (cuyo nombre omitiré piadosamente) me contó que le gustaba sentir como un asesino que elige sus víctimas, las seguía, preparaba cuidadosamente el asesinato y después…lo ejecutaba en su cabeza.
- Es como los toros en Portugal…que al final no los matan.- Y añadió: No estoy loco.
Subimos a mi piso y le devolví los cuadernos y el libro. Le pregunté qué pintaba Potocki en todo esto.
- Nada – me dijo. He empezado a leerlo…Oye, no puedo hacer nada por evitarlo, pero preferiría que no lo contaras…No creo que la gente lo entendiera…
- No te preocupes. No sé si fue Montesquieu o Buñuel, pero alguien dijo: “El pensamiento no delinque”
- Eso creo yo.
Nos despedimos y así acabó un sábado realmente extraño.
Al repasar el asunto (ahora que lo escribo) me doy cuenta de que el título más apropiado para esta historia habría sido: “El asesino de mente”.
Comentario:
Aunque prefiera las muertes de American Psycho(las de la novela, ojo, no las de la peli), ésta no está del todo mal.
Comentario:
La secuencia fónica del título es genial.
Comentario:
Pues, aún a riesgo de parecer sádica, tengo la impresión de que el que imagina un asesinato, se toma tantas molestias para vigilar, controlar cada detalle como hace el protagonista, primero, no va dejando olvidados sus cuadernos de notas por ahí, y, segundo, no imagina una muerte tan rápida. ¡Un degollamiento resulta en este cuento como un coitus interruptus!
Comentario:
Soy el oscuro = Jesús ?????
de no ser así... a que se debe que sea el quién responde a mis dudas???
bueno... sea como fuere se me plantea otra duda, en este casa también de significado; " taciturno ".... k és ????
si se me permite ser un tanto crítica.... :).... yo creo que un pelín si, no??? enga va.... intentaré no pasarme..... :P
amos a ver...
primera critica.... creo yo que no eran necesarios tantos detalles pa' ke nos hicieramos un efecto de lo que podia ser un asesinato en toda regla.... por mucho que al final todo se aclare y te quedes un poco alibiá... porque alibia ehhh.... buenoooooo si alibia..... buffff.... me quitao un peso de encima..... ajajajjaj.....
Bueno con todo esto llegamos a la conclusión de que no es necesario ser tan sádico para relatar una historia, un poco si.. porque en ocasiones la misma historia te lo pide, pero vamos.... k tanto, NO....!!!!!!!!
Lo cierto es que me parece que ya no voy a criticar más... porque estoy viend que no es lo mio.... ajajjaaj
A por cierto, una preguntilla....
Ahora vamos a sufrir un parón por navidades, o vamos a poder seguir distraidos con tus historias???
x
de no ser así... a que se debe que sea el quién responde a mis dudas???
bueno... sea como fuere se me plantea otra duda, en este casa también de significado; " taciturno ".... k és ????
si se me permite ser un tanto crítica.... :).... yo creo que un pelín si, no??? enga va.... intentaré no pasarme..... :P
amos a ver...
primera critica.... creo yo que no eran necesarios tantos detalles pa' ke nos hicieramos un efecto de lo que podia ser un asesinato en toda regla.... por mucho que al final todo se aclare y te quedes un poco alibiá... porque alibia ehhh.... buenoooooo si alibia..... buffff.... me quitao un peso de encima..... ajajajjaj.....
Bueno con todo esto llegamos a la conclusión de que no es necesario ser tan sádico para relatar una historia, un poco si.. porque en ocasiones la misma historia te lo pide, pero vamos.... k tanto, NO....!!!!!!!!
Lo cierto es que me parece que ya no voy a criticar más... porque estoy viend que no es lo mio.... ajajjaaj
A por cierto, una preguntilla....
Ahora vamos a sufrir un parón por navidades, o vamos a poder seguir distraidos con tus historias???
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