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Hojas para la Supresión de la Realidad
Destrucción de la realidad mediante la creación de otra más interesante.
Acerca de
Jesús Alonso Ruiz. Ateo y pescador de perlas. Nacido en Guadalajara (España)
Sindicación
 
Hoja nº 62
SUPERMAN

Hay veces en que Superman se deja la cara de Superman (ya saben, el rizo) pero se quita el ridículo traje azul. Esa faceta de su vida es conocida por muy pocas personas; quizás yo soy el único que puede hablar de ello.
Esas veces, Superman, por ejemplo, se va a Africa y, vestido de explorador, se pone cerca de una manada de cebras. Allí espera pacientemente a que los leones salgan de caza.
Cuando comienza el acoso, se muestra torpe de movimientos, cojea, hasta que, finalmente, los leones lo eligen como presa. Entonces corre de tal forma que los leones casi lo alcanzan, pero siempre acelera lo suficiente para dejarlos frustrados.
Cuando se cansa del juego se deja atrapar, digamos, por una leona y, cuando intenta morderle, la coge por las fauces y se las abre hasta rompérselas. Alguna vez incluso ha llegado a partir al animal por la mitad y dejárselo al resto de la manada para que lo devore.

Otras veces, se pone un polo Lacoste de color rosa y se pasea por Harlem a la hora en que los negratas se sientan en esas escaleras de la entrada de las casas con el aparato tocando rap a todo trapo.
Siempre hay alguno que pica y sale al darle al blanquito de mierda una pequeña lección.
La Policía de la Ciudad de Nueva York tiene registrados varios casos en que se denuncia que un caucásico vestido de marica ha roto el cráneo de algún afroamericano de un solo golpe.
Estos casos los llevan los sargentos O'Hara y Johnson, pero en cuatro años años de investigaciones no han logrado una pista fiable.

En otras ocasiones, se va a un bar de carreteras de Oklahoma o Nuevo México donde suelan reunirse los moteros y, allí, vestido de vaquero moderno, intenta ligar con alguna de las chatis de los Ángeles del Infierno.
Cuando ella le rechaza, la abofetea.
Eso desencadena una reacción de la manada de moteros que, impotentes, ven cómo el cowboy de mierda les parte los dientes o alguna pierna y, después, viola a un par de chicas sobre la mesa de billar.
Después de esas correrías, Superman vuelve a Metrópolis, se disfraza de Clark Kent y vuelve a hacer el bobo con Lois Lane.
Siempre me dice que si no fuera por esas correrías, le daría un ataque de diabetes: tanta azúcar y tanto salvar autobuses escolares hacen perder el equilibrio mental a cualquiera.
No