logotipo

img_google
Isla Perdida
Un lugar donde perderme...
Acerca de
"Se me escapó la razón... si la encuentras, atájala... se me escapó por ti..." (Dina Posada) Bienvenidos...
Enlaces
Olas que llegan a mi orilla...
Brisas de inspiración...
Sindicación
 
Aprendiendo a acomprenderme...
Siempre oí decir que hay que escuchar al corazón y dejarse guiar por él.

Pero yo pensé que el corazón era sólo un órgano que no podía saber lo que nos hacía bien y lo que nos hacía mal.
Más tarde descubrí que el corazón tiene vida propia, que mientras el resto de órganos y aparatos corporales responden a las órdenes de ese caos comprimido que llamamos cerebro, el corazón sigue su propio camino, aunque nunca totalmente aislado sí de forma independiente.
Por eso me pareció que el corazón debía ser como un reflejo de aquella parte de nosotros que permanece oculta, marginada de lo demás y tal vez en ciertas ocasiones debe quedarse así para no perdernos en caminos innecesarios.
Y sin darme cuenta lo comenzé a atar bien atado, por miedo a que me desviara de lo que yo pensaba que era mi camino, mi vida. Y lo hacía callar cada vez que hablaba. No hacía caso de sus quejas, las oía pero casi siempre se quedaban allí silenciosas, haciendo ruido sólo por las noches cuando me atacaba el insomnio.
Y así estuvo mi corazón calladito y manso, en un rincón acurrucado, ni triste ni feliz, existiendo sin existir, pero llenándose de una sustancia pegajosa que prometia empaparlo todo al salir.
Y así estuvo... hasta que un día alguien cortó la cuerda a la que lo tenía atado. No sé cómo ni cuando. Poco a poco lo hizo y cuando quise darme cuenta el corazón andaba suelto y aquella sustancia pegajosa se estaba esparciendo por mi interior sin tregua. Y todo lo llenó.
El corazón dejó de responder a mis órdenes, comenzó a hacer ruido a todas horas y alteró mis hábitos de serenidad.
Saltaba a cada palabra que aquella persona me dedicaba, las lágrimas comenzaron a salir cada vez con más facilidad, percibí los sentimientos de otra forma y la emoción podía aflorar con sólo una mirada.
Todo lo cambió esa persona, al soltar al corazón.

Y es por eso que no sé como sacarla de mi vida aunque sepa que es lo mejor para mi ¿cerebro? (o al menos eso me dice todo el mundo...)
Ahora el corazón hace demasiado ruido y aunque día a día voy aprendiendo a tranquilizarlo hay momentos en que se me escapa y me chilla al oído.
Me gustaría saber cual es el silbido que conseguiría hacer que se quedara quietecito y que me dejara hacer lo más razonable.

Ayer volvió a ganar la batalla (como lo lleva haciendo en el último año cada vez...) y aquí estoy... preguntándome por qué le escucha más a él que a mí... (explicame corazoncito qué tiene él para que no me escuches...)

Siempre me queda el consuelo de saber que, al menos, estoy aprendiendo que a veces escuchar al corazón, aunque parezca que no te lleva a ningún lugar, te llena mucho más que mantenerlo siempre atado y que el equilibrio se encuentra cuando consigues pactar con él...

Yo estoy en trámites...
No