logotipo

img_google
Sueños
"La huella de un sueño no es menos real que la de una pisada". George Duby
Acerca de
Es dificil hacer una descripción sobre uno mismo, soy una persona única y diferente a los demás, es decir, como todos. Alguien me enseñó a soñar, alguien especial. Sé muy feliz
Estadisticas de visitas
Sindicación
 
Más cositas (el finde ha dao para mucho)

Lo he pasado bien (no todo va a ser malo). Lo cierto es que lo he pasado mejor de lo que esperaba, en familia, con mis sobris, jugando a todo jugar.

Y he tenido novedades sobre mi examen.

Tachan, tachan!!!!

No aparece. Con dos cojones!!!

Me ha llamado el profesor el sábado por la tarde (todo un detalle, ya está de vacaciones) Y me ha dicho que no aparece ni vivo ni muerto.

Solución: presentarme a septiembre. Eso es, con dos…

Resulta que no aparece, por lo tanto no me puede evaluar, la forma de hacerlo?? Presentarme en septiembre. Si aparece y está aprobado, pues me suben la nota (que ilusión, si yo lo que quiero es no tener que ir a septiembre) y si no aparece, pues ya tienen forma de evaluarme. Siempre y cuando, claro está, que no vuelvan a perderlo.

Es cierto que lo daba casi por suspendido, con suerte un cinco pelao, pero joder, para una cosa que tienen que hacer…

Eso, junto con algún que otro revés, hace que copie vilmente algunas de las leyes del tal Murphy este.

En fins… que la vida es muy injusta.

Aunque como todo, tiene su lado bueno, ya tengo planes para estas vacaciones. Alguien se apunta??? Va a ser que no, no??


 
LEYES DE MURPHY

Si algo puede salir mal, saldrá mal.

Si algo no puede salir mal, saldrá mal.

Sonríe. Mañana puede ser peor.

Si te encuentras bien, no te preocupes. Se te pasará.

Cuando las cosas vayan bien, algo habrá que haga que vayan mal.

Corolarios:

- Cuando parece que ya nada puede ir peor, empeora.

- Cuando te parezca que las cosas van mejor, es que se te ha pasado algo por alto.



 
EL CAMPESINO Y EL BURRO

Un día, el burro de un campesino se cayó en un pozo. El animal lloró fuertemente por horas, mientras el campesino trataba de buscar algo que hacer.

Finalmente, el campesino decidió que el burro ya estaba viejo, el pozo ya estaba seco y necesitaba ser tapado de todas formas; que realmente no valía la pena sacar al burro del pozo.

Invitó a todos sus vecinos para que vinieran a ayudarle. Cada uno agarró una pala y empezaron a tirarle tierra al pozo.

El burro se dio cuenta de lo que estaba pasando y lloró horriblemente. Luego, para sorpresa de todos, se aquietó después de unas cuantas paladas de tierra.

El campesino finalmente miró al fondo del pozo y se sorprendió de lo que vio... Con cada palada de tierra, el burro estaba haciendo algo increíble: se sacudía la tierra y daba un paso encima de la tierra.

Muy pronto todo el mundo vio sorprendido como el burro llegó hasta la boca del pozo, pasó por encima del borde y salió trotando...

"La vida va a tirarte tierra, todo tipo de tierra... el truco para salir del pozo es sacudírsela y usarla para dar un paso hacia arriba"

Cada uno de nuestros problemas es un escalón hacia arriba. Podemos salir de los más profundos huecos si no nos damos por vencidos... Usa la tierra que te echan para salir adelante.

Para que luego digan que los burros son tontos
 
Hoy me siento mal

Como puede un hijo no sentirse mal, cuando su padre está enfermo, aunque sea poco importante??

Que puede haber hecho un padre, para que un hijo no sienta nada??

Que puede haber hecho un hijo??

No se, hay veces que pienso que no es para tanto. Que un padre es un padre, aunque en algún momento te hiciese daño, o no te tratase como tú crees que debería hacerlo. Que hay cosas peores…

Y otras veces pienso, que no es justo. Que un padre tiene que ser un padre, y tiene que querer a sus hijos, y mimarles y protegerles, y preocuparse por ellos.


"Tener hijos no lo convierte a uno en padre, del mismo modo en que tener un piano no lo vuelve pianista".

Michael Levine


"Los recuerdos no pueblan nuestra soledad, como suele decirse; antes al contrario, la hacen más profunda".

Gustave Flaubert (1821-1880) Escritor francés.

Hoy me siento mal.

(Aclaración: Mi padre está bien)

 
Un buen día, si señor!!!

Lunes, se acabó en fin de semana y toca currar, pues que bien.

Ya comienzo el día con el mal humor asociado al lunes por la mañana, nada anormal. Recibo un par de correos agradables y los contesto de igual forma. Incluso sonrío un par de veces antes de salir de casa por unos comentarios de mi madre.

En definitiva un lunes como tantos otros en los que me dirijo al trabajo, pidiendo por favor, una buena primitiva, que por cierto, no me ha tocao.

Ya estoy cerca y escucho los sapos y culebras que salen de la boca de mi compañera de trabajo. Joder, hoy tiene un mal día, es lunes, pero no es para tanto, digo yo.

Pues si, si es para tanto.

Con dos cojones que nos han roto todas las cerraduras. Toma ya!!!!! Han querido robar, no lo han conseguido, pero para aprovechar el viaje, pues se cargan las cerraduras. Pues di que si!!!

Ahora al seguro, después a la comisaría, tres horas esperando al cerrajero… toda la mañana perdida!!!

Para colmo, discusión con clientes que tenían cita y claro, esperaban que les respetara la cita. Pues coño abre tú la puerta, si es que puedes, salá!!!!!

No quería trabajar, no. Pues no he trabajado, pero no se que es peor

Y lo peor, aún no ha terminado el día. Y me lo quería perder...

Definitivamente el mundo se ha unido en contra mia!!!! (Que egocéntrica que soy, pero es que llevo unos días…)

Bueno, parece ser que la tarde ha sido más tranquila.

Sigo con el examen perdido y con mis historias, pero parece que he sobrevivido a este “gran día”.

Pero le he encontrado el lado positivo a lo que me ha ido ocurriendo durante estos días o semanas, (mi casa se llena de ocupas, gato incluido; mi chica se da un golpetazo, pero ya está bien; rollos con los amigos; me pierden un examen, suspenso, pero me lo han perdido…) ya no me puede pasar nada peor (aunque lo diré bajito por si acaso)


“Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes”.

Khalil Gibran (1883-1931) Ensayista, novelista y poeta libanés.


Necesito unas vacaciones!!!!

 
Y una porra!!!!

Hubo un momento en el que creías que la tristeza sería eterna;
pero volviste a sorprenderte a ti mismo riendo sin parar.

Hubo un momento en el que dejaste de creer en el amor;
Y luego apareció esa persona y no pudiste dejar de amarla cada día más.

Hubo un momento en el que la amistad parecía no existir;
y conociste a ese amigo que te hizo reír y llorar, en los mejores y en los peores momentos.

Hubo un momento en el que estabas seguro que la comunicación con alguien se había perdido;
y fue luego cuando el cartero visitó el buzón de tu casa.

Hubo un momento en el que una pelea prometía ser eterna;
y sin dejarte ni siquiera entristecerte terminó en un abrazo.

Hubo un momento en que un examen parecía imposible de pasar;
y hoy es un examen más que aprobaste en tu carrera.

Hubo un momento en el que dudaste de encontrar un buen trabajo;
y hoy puedes darte el lujo de ahorrar para el futuro.

Hubo un momento en el que sentiste que no podrías hacer Algo;
y hoy te sorprendes a ti mismo haciéndolo.

Hubo un momento en el que creíste que nadie podía comprenderte;
y te quedaste boquiabierto mientras alguien parecía leer tu corazón.

Así como hubo momentos en que la vida cambió en un instante, nunca olvides que aún habrá momentos en que lo imposible se tornará un sueño hecho realidad.

Nunca dejes de soñar, porque soñar es el principio de un sueño hecho realidad.

Autor Desconocido


Hubo un momento en que un examen parecía imposible de pasar;
y hoy es un examen más que aprobaste en tu carrera???



Y una porra!!!! Me han perdido el examen!!!!!!


 
El bigote del tigre (Leyenda tradicional coreana)

Una mujer coreana fue un día a ver al gran sabio de su aldea, un ermitaño que tiempo atrás se había retirado a vivir a una montaña donde vivía con lo mínimo y en armonía con la naturaleza. Esa misma naturaleza era la que proveía para el anciano, y de la que obtenía también los elementos que componían las pociones que fabricaba. Era un hombre sumamente respetado.

La mujer entró en la cueva donde vivía el ermitaño, que le preguntó el motivo de su visita.

- Estoy desesperada, gran sabio. Sin duda necesito una de vuestras pociones.

- Pociones, pociones... -murmuró el anciano-, todos necesitan pociones... ¿Podremos curar un mundo enfermo a base de pociones?

La mujer empezó a contarle al anciano su problema. Su marido, tras volver de la guerra, había cambiado totalmente. Pasó de ser un hombre cariñoso a alguien frío y distante. Ya no hablaba, y las pocas veces que lo hacían, su voz sonaba helada, dura, áspera. Apenas comía, y muchas veces se encerraba en su cuarto tras dar un manotazo y se negaba a ver a nadie. Había abandonado sus ocupaciones y solía pasar el tiempo sentado en la cima de una montaña, con la mirada perdida en el mar, negándose a pronunciar palabra. Sus ojos, antes vivos y cómplices, eran ahora hielo o fuego rabioso. Ya no era el hombre con quien se casó.


- La guerra... la guerra transforma a tantos... -musitó el anciano.

- Creo que una de vuestras pociones le haría volver a ser el hombre cariñoso que un día fue.

- Una poción... tan simple como una poción... En fin, te diré que no será fácil, y además para hacerla necesitaría el bigote de un tigre vivo. Es su ingrediente principal. Sin bigote no hay poción.


La mujer se fue apenada porque no sabía cómo podría conseguir el bigote, pero era muy grande el amor que le profesaba a su marido, por lo que una noche se decidió a buscar ese tigre. Con un bol de arroz y salsa de carne se encaminó hacia la cueva de una montaña donde se decía que habitaba un tigre. A cierta distancia de la cueva depositó el bol con comida y llamó al tigre para que viniera, pero él tigre no vino. Así pasaron días en los que la mujer cada vez se acercaba unos pasos más a la cueva, llamando al tigre, que empezaba a acostumbrarse a su presencia. Una de esas noches, el tigre se acercó algo a la mujer, que tuvo que esforzarse para no salir corriendo. Ambos quedaron a escasa distancia, mirándose, escena que se repitió varias noches. Días después, la mujer empezó a hablar al tigre con una voz suave, y poco tiempo después, el tigre empezó a comer cada noche el bol de comida que ella le llevaba. Así pasaron hasta seis meses, llegando a haber cierto vínculo entre ellos (ya la mujer hasta le acariciaba la cabeza cuando el tigre comía). Y llegó la noche en la que la mujer le suplicó al tigre que no se enojara, pero que necesitaba uno de sus bigotes para poder sentir cerca a su marido. Y se lo arrancó, y para su sorpresa, no, el tigre no se enfureció.

La mujer fue nada más amanecer a la cueva del ermitaño, a quien le enseñó el bigote del tigre que había conseguido, feliz porque ya obtendría su poción. El ermitaño tomó el bigote satisfecho y lo arrojó al fuego. La mujer chilló sin entender nada, y el anciano la calmó y le preguntó cómo había conseguido el bigote.

- Yo... fui cada noche a la cueva del tigre, llevándole comida, hasta que me perdió el miedo y se acercó a mí. Fui muy paciente, seguí llevando comida aunque el tigre no la probaba, seguí acercándome cada noche aunque a veces el tigre ni siquiera salía. A partir de una noche, el tigre empezó a salir a recibirme y más tarde comía cuanto le llevaba. Entonces empecé a hablarle, dejando que me conociera, y aprendí a disfrutar también de esos momentos en los que estábamos juntos. Y más tarde, le pedí el bigote. Pero ahora que lo has tirado... ahora no habrá poción y mi marido seguirá ajeno a mí, como si no existiera!

- No te preocupes, mujer -susurró el anciano-. Y escúchate. Lograste la confianza del tigre simplemente estando ahí, ofreciéndote, esperando, dejando que te conociera, hablándole y dándole el tiempo que necesitaba. Y además aprendiste a disfrutar de vuestros encuentros. ¿No crees que un hombre reaccionará de igual modo ante el cariño, la comprensión, el interés, la compañía? Si pudiste ganar con cariño y paciencia la comprensión y el amor de un animal salvaje... sin duda puedes hacer lo mismo con tu marido...


La mujer comprendió entonces. Amar, confiar, tener paciencia, mostrarse, dar tiempo... había aprendido una valiosa lección gracias al ermitaño. Y no necesitaría de más bigotes de tigre para sentirse cerca de aquel a quien amaba.

“El amor que no se renueva todos los días se convierte en hábito y, por tanto, en esclavitud” – Khalil Gibran


 
Leyenda India

Cuenta una vieja leyenda de los indios sioux que, una vez, hasta la tienda del viejo brujo de la tribu llegaron, tomados de la mano, Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Alta, la hija del cacique y una de las más hermosas mujeres de la tribu.

- Nos amamos -empezó el joven.
- Y nos vamos a casar -dijo ella.
- Y nos queremos tanto que tenemos miedo.
- Queremos un hechizo, un conjuro, un talismán.
- Algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos.
- Que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar a Manitú el día de la muerte.
- Por favor -repitieron-, ¿hay algo que podamos hacer?
El viejo los miró y se emocionó de verlos tan jóvenes, tan enamorados, tan anhelantes esperando su palabra.
- Hay algo... -dijo el viejo después de una larga pausa-. Pero no sé... es una tarea muy difícil y sacrificada.
- No importa -dijeron los dos.
- Lo que sea -ratificó Toro Bravo.
- Bien -dijo el brujo-, Nube Alta, ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? deberás escalarlo sola y sin más armas que una red y tus manos, y deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Si lo atrapas, deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de la luna llena. ¿Comprendiste?
La joven asintió en silencio.

- Y tú, Toro Bravo -siguió el brujo-, deberás escalar la montaña del trueno y cuando llegues a la cima, encontrar la más brava de todas las águilas y solamente con tus manos y una red deberás atraparla sin heridas y traerla ante mí, viva, el mismo día en que vendrá Nube Alta... salgan ahora.

Los jóvenes se miraron con ternura y después de una fugaz sonrisa salieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte, él hacia el sur... El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con sendas bolsas de tela que contenían las aves solicitadas.

El viejo les pidió que con mucho cuidado las sacaran de las bolsas. Los jóvenes lo hicieron y expusieron ante la aprobación del viejo los pájaros cazados. Eran verdaderamente hermosos ejemplares, sin duda lo mejor de su estirpe.

- Volaban alto? -preguntó el brujo.
- Sí, sin dudas. Como lo pediste... ¿y ahora? -preguntó el joven- ¿lo mataremos y beberemos el honor de su sangre?
- No -dijo el viejo.
- Los cocinaremos y comeremos el valor en su carne -propuso la joven.
- No -repitió el viejo-. Hagan lo que les digo. Tomen las aves y atenlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero... Cuando las hayan anudado, suéltenlas y que vuelen libres.

El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros.

El águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero sólo consiguieron revolcarse en el piso. Unos minutos después, irritadas por la incapacidad, las aves arremetieron a picotazos entre sí hasta lastimarse.

- Este es el conjuro. Jamás olviden lo que han visto. Son ustedes como un águila y un halcón; si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que además, tarde o temprano, empezarán a lastimarse uno al otro. Si quieren que el amor entre ustedes perdure, "vuelen juntos pero jamás atados".