¿Sería así el apocalipsis?
Hoy durante una conversación informal me he dado cuenta de la cantidad de ideas equivocadas que tenemos sobre los asteroides, tal vez debido a las imágenes algo frívolas que de ellos nos muestran en las películas de ciencia-ficción.
Es poquísimo lo que sabemos de ellos. La primera imagen que se logró obtener de uno de ellos fue el 29 de octubre de 1991, y fue la obtenida por la sonda Galileo del asteroide Gaspra a una distancia de 1600 km.
Ceres (457 km de radio), Pallas (261 km), Europa (156 km) y Eunomia (136 km) son algunos de los nombres de los mayores asteroides conocidos. Ahora hay unos 27000 identificados pero quedan muchos millones de ellos por identificar. Son objetos rocosos de pequeño tamaño si los comparamos con los planetas o satélites, y que orbitan en formación un tanto inprecisa, es decir dando tumbos por el espacio, formando un cinturón entre Marte y Júpiter. Tenemos la idea de que constituyen una abigarrada muralla sólo franqueable por el capitán Han Solo y su histriónico amigo Chewbacca a bordo del halcón milenario cuando en realidad entre un asteroide y su vecino más próximo hay más de un millón de kilómetros de separación.
No hay cuerpos celestes más inquietantes que los asteroides. Miles de ellos atraviesan imprevisiblemente la órbita de nuestro planeta cada año. Es como si por la autopista por la que circula nuestro planeta como único vehículo, unos peatones tan ignorantes de nosotros que ni miran a los lados se lanzaran a cruzarla a una velocidad de 100000 kilómetros por hora.
Se piensa que el impacto de un asteroide de mediano tamaño causó la famosa desaparición de los dinosaurios (?). Y somos tan creidos que pensamos que si un asteroide osara amenazarnos con dirigir su errático camino hacia nosotros lo destruiriamos con más facilidad que Bruce Willis en Armageddon. Pero de eso nada, las cosas serían de otro modo, muy estremecedoras: nos pillaría desprevenidos y seguramente nadie lo vería acercarse por la velocidad cósmica con que lo haría y porque por su tamaño reflejaría poca luz. No sería visible hasta que se calentase, es decir hasta que entrara en la atmósfera, y lo haría un segundo antes del impacto. A esa velocidad el aire de debajo del asteroide no podría quitarse de en medio y resultaría enormemente comprimido, como en un bombín de bicicleta. Eso supondría su calentamiento llegando a alcanzarse más de 60000 grados Kelvin y todo lo que se encontrara en su trayectoria se esfumaria. El meteorito se evaporaría pero la explosión producida provocaría una onda de choque inicial que se irradiaria concéntricamente y que se llevaría todo por delante a una velocidad casi la de la luz y en un diámetro que multiplicaría miles de veces el tamaño del asteroide. Inmediatamente después se produciría una cortina rodante de oscuridad que lo cubriría todo en muchos kilómetros a la redonda y que avanzaría hacia afuera en un silencio sobrecogedor ya que lo haría a velocidad muy superior a la del sonido pero llevando una carga de millones de proyectiles voladores que lo devastaría todo a su paso. Finalmente, el impacto desencadenaría múltiples terremotos devastadores y los volcanes comenzaría a entrar en erupción, los maremotos......
Uf, menos más que nuestra ignorancia se compensa con la grandiosidad del Universo.
Es poquísimo lo que sabemos de ellos. La primera imagen que se logró obtener de uno de ellos fue el 29 de octubre de 1991, y fue la obtenida por la sonda Galileo del asteroide Gaspra a una distancia de 1600 km.
Ceres (457 km de radio), Pallas (261 km), Europa (156 km) y Eunomia (136 km) son algunos de los nombres de los mayores asteroides conocidos. Ahora hay unos 27000 identificados pero quedan muchos millones de ellos por identificar. Son objetos rocosos de pequeño tamaño si los comparamos con los planetas o satélites, y que orbitan en formación un tanto inprecisa, es decir dando tumbos por el espacio, formando un cinturón entre Marte y Júpiter. Tenemos la idea de que constituyen una abigarrada muralla sólo franqueable por el capitán Han Solo y su histriónico amigo Chewbacca a bordo del halcón milenario cuando en realidad entre un asteroide y su vecino más próximo hay más de un millón de kilómetros de separación.

No hay cuerpos celestes más inquietantes que los asteroides. Miles de ellos atraviesan imprevisiblemente la órbita de nuestro planeta cada año. Es como si por la autopista por la que circula nuestro planeta como único vehículo, unos peatones tan ignorantes de nosotros que ni miran a los lados se lanzaran a cruzarla a una velocidad de 100000 kilómetros por hora.
Se piensa que el impacto de un asteroide de mediano tamaño causó la famosa desaparición de los dinosaurios (?). Y somos tan creidos que pensamos que si un asteroide osara amenazarnos con dirigir su errático camino hacia nosotros lo destruiriamos con más facilidad que Bruce Willis en Armageddon. Pero de eso nada, las cosas serían de otro modo, muy estremecedoras: nos pillaría desprevenidos y seguramente nadie lo vería acercarse por la velocidad cósmica con que lo haría y porque por su tamaño reflejaría poca luz. No sería visible hasta que se calentase, es decir hasta que entrara en la atmósfera, y lo haría un segundo antes del impacto. A esa velocidad el aire de debajo del asteroide no podría quitarse de en medio y resultaría enormemente comprimido, como en un bombín de bicicleta. Eso supondría su calentamiento llegando a alcanzarse más de 60000 grados Kelvin y todo lo que se encontrara en su trayectoria se esfumaria. El meteorito se evaporaría pero la explosión producida provocaría una onda de choque inicial que se irradiaria concéntricamente y que se llevaría todo por delante a una velocidad casi la de la luz y en un diámetro que multiplicaría miles de veces el tamaño del asteroide. Inmediatamente después se produciría una cortina rodante de oscuridad que lo cubriría todo en muchos kilómetros a la redonda y que avanzaría hacia afuera en un silencio sobrecogedor ya que lo haría a velocidad muy superior a la del sonido pero llevando una carga de millones de proyectiles voladores que lo devastaría todo a su paso. Finalmente, el impacto desencadenaría múltiples terremotos devastadores y los volcanes comenzaría a entrar en erupción, los maremotos......
Uf, menos más que nuestra ignorancia se compensa con la grandiosidad del Universo.
Comentario:
No todas las películas.
Pero otras sí. Algunas películas tienen una ideología implícita que pretende publicitar una realidad dulzona pero falsa. Son las pelis de los "regímenes". Y no digo más.
Por otro lado, según he podido averiguar sería imposible destruir un asteroide con los medios bélicos de que disponemos actualmente, aunque parezca mentira
Comentario:
Muy bueno, wave, ¿no crees que las pelis deforman interesadamente la realidad? ¿Quién no se cree que podríamos destruir el meteorito antes de que nos destruyera a nosotros?
Saludos
P.L.
Saludos
P.L.





