La felicidad: ¿meta o camino?
UNA FRASE:
Recapacita sobre tus metas antes de permitir que tu corazón "se aficione demasiado a algo". Examina la felicidad de que gozan los que ya tienen lo que tú deseas... "Ran Kar".
UNOS CHISTECILLOS:
Dos viejecitos se encuentran en el parque. Uno pregunta al otro:
-Oye, Anselmo, ¿tú cuando haces el amor usas preservativo?
-Sí, hombre, estoy yo como para ponerme peso encima...
Dos viejecitos están comiendo en la residencia, cuando uno le pregunta al otro:
-Oye, Anselmo, ¿tu te acuerdas de cómo se llamaba aquello que nos ponían en el pan cuando hicimos la mili para que el pito no se nos levantara?...
-Si, bromuro...
-¿Te quieres creer que después de tantos años me está empezando a hacer efecto ahora?...
Dos viejecitos están orinando en un water público. Uno de ellos, entre triste y resignado, comenta:
-Ahi va, Anselmo, me he meado otra vez en los zapatos...
El otro exclama:
-¡Pues estarás empalmado, porque yo me he meado en los huevos!...
UNA HISTORIA. (LA TRAVESURA DE LOS DEMONIOS):
En el principio de los tiempos se reunieron varios demonios para hacer una monumental travesura. Uno de ellos dijo:
-Deberíamos quitarles algo a los hombres, pero ¿qué les quitamos?
Después de mucho pensar, otro apuntó:
-¡Ya sé: vamos a quitarles la felicidad! El problema va a ser dónde esconderla para que no la puedan encontrar.
Aceptada de inmediato la sugerencia, propuso el primero:
-Vamos a esconderla en la cima del monte más alto del mundo...
...a lo que inmediatamente repuso otro:
-No: recuerda que tienen mucha tenacidad, por lo que alguna vez alguien puede subir y encontrarla, y si la encuentra uno, ya todos sabrán donde está.
A continuación propuso otro:
-Entonces vamos a esconderla en el fondo del mar...
...a lo que le contestaron:
-No, recuerda que son muy curiosos, por lo que alguna vez alguien construirá algún aparato para poder bajar a lo más profundo del océano y entonces dará con ella.
Un tercero propuso:
-Escondámosla entonces en un planeta lejano a la Tierra...
...a lo que de inmediato le respondieron:
-No: recuerda que son bastante inteligentes, por lo que un día seguro que alguien construye una nave en la que viajar al espacio exterior, la va a descubrir, y entonces todos tendrán felicidad.
Llegados a este punto (y cuando empezaban a desesperar por no encontrar la solución ideal que les permitiera materializar la mejor de las travesuras), el último de ellos, un demonio que había permanecido hasta ese instante en segundo plano y en silencio escuchando atentamente a sus compañeros, se levantó, y con voz cavernosa, exclamó:
-Creo saber dónde ponerla para que realmente nunca la encuentren...
Todos dirigieron de inmediato su vista hacia él, y entre asombrados y expectantes preguntaron al mismo tiempo:
-¿Dónde, donde?
El demonio respondió:
-La esconderemos dentro de ellos mismos. No hay un sitio mejor, ya que estarán tan ocupados buscándola fuera, que nunca darán con ella.
Todos estuvieron de acuerdo, y desde entonces así ha sido: el hombre deambula durante toda su vida tan ciego buscando la felicidad por todas partes, que es incapaz de caer en la cuenta de que ya la trae consigo...
UN COMENTARIO PERSONAL:
De jóvenes solemos vivir en la esperanza; de ancianos, en el recuerdo. Y mientras tanto, en el tránsito de un estado a otro, la vida transcurre muchas veces sin que sepamos aprovecharla en su justa medida, por un lado porque nadie sabe transmitirnos la magia de su esencia, y por otro porque los sueños que generamos en el interior de nuestro cerebro o nuestra mente, ya sean en forma de fantásticas ilusiones, de proyectos para los que no siempre estamos preparados, o sencillamente rememorando no tanto lo que hicimos como lo que pudimos haber hecho, ocupan una parte considerable de nuestra actividad más íntima y personal, algo que no sería demasiado grave si dicha actividad fuese acompañada en la debida proporción de actuaciones concretas que las compensasen, y no como eje fundamental en torno al cual giramos cual peonzas sin voluntad, mayormente porque pocas cosas hay tan cómodas, atractivas y agradables que vivir en ese onírico universo (sobre todo cuando somos nosotros mismos quienes lo moldeamos a nuestros gusto y capricho a cada instante), pero que se convierte en una de las más peligrosas de las prácticas cuando se hace sin tomar conciencia de que va acompañada del peor de los defectos: que no tiene defectos.
Por cierto, quizá haya alguno/a se pregunte cómo es que parece que tenga tan claro lo anterior... La respuesta es tan sencilla como en cierto modo “terrible”: porque de alguna manera (y con las lógicas matizaciones), lo anterior viene a ser aproximadamente “la historia de mi vida”...





