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Jaime no sabe de qué hablar
Cachitos de vida de un chico de 13 años. Se lee al revés. empezó el 27-1-05
Acerca de
Hola a todos. Jaime no es mi nombre, pero como si lo fuera. Escríbeme si ves que te pasan cosas parecidas a las mías.
Sindicación
 
La carta a Lola
(he estado castigado sin internet por las notas, pero esta mañana, tempranito he podido levantarme para poner esto. Gracias a todos los que habéis venido, joé qué pasada...)


Mira Lola:

Tú no sabes nada y yo quiero que lo sepas todo.
No sabes quién soy.
No sabes porqué te escribo.
No sabes porqué me gustas tanto.

He hecho cosas por ti que ni siquiera imaginas.
Soy yo el que deja, a veces, kit-kats en tu pupitre; el que escribe las frases-misterio en la pizarra (“And the winner is…Lola”, “Dale una sonrisa a este día de lluvia, Lola” y esas cosas tan raras; el que te mira y no se cansa.

Yo soy el que te dejó este poema en el bolsillo del abrigo:

Calles.
Grises, sórdidas, tristes calles.
Calles a las que el sol no llega.
Calles en cuesta, llenas de sombras.
Calles que no pisa Lola.

Calles.
Luminosas, alegres, radiantes las calles.
Calles de ritmo y de música, dulces calles.
Calles llanas que huelen a gloria.
Las calles que pisas, Lola.

Eso te lo escribí yo, Lola, no el ceporro de Adrián, que hubiera escrito Cayes

Yo estoy loco por ti, Lola y quiero que sepas quién soy.

Tengo un buzón secreto. En el Parque de la Sierra, junto a la fuente, hay una encina viejísima. No se parece en nada a las otras, por lo gordo que es su tronco. Tiene, además, el tronco lleno de una hiedra verde como terciopelo. Donde el tronco empieza a dividirse, hay un agujerito y dentro de él, encontrarás una cajita de plástico, para proteger las cartas de la lluvia.

Déjame ahí tu carta y te diré quién soy.

Te quiero, Lola.


 
Carta número 1 a Lola
Querida Lola... esto queda fatal, como antiguo
Amiga Lola... esto es peor
Amada Lola... juas, juas, ¿te imaginas? Mi amada..

¡Hola Lola! Así es como empieza todo el mundo, tampoco

Mi querida muslosbonitos, esto tiene dos cosas; la primera, que es verdad y la segunda que no me atrevo ni de coña a ponerlo. En plan, muslosbonitos, o tetitasredondas... Lola de mis noches húmedas... nada, nada, otra cosa

Hola, tía... y ella me contesta, hola sobrinito... ni de coña.

Lola... no sé algo así... esto me gusta, va:

Lola:
Voy a escribirte una carta...

Esto sí que es una idiotez, hombre, si está leyendo la carta es que ya la he escrito, no puedo empezar una carta que ella ya está leyendo diciendo que voy a escribir lo que ella tiene en las manos.


Lola, guapa ... uf... esto queda de culo. Mejor, como antes. Empezamos

Lola:
Esta es la primera de una serie cartas que pienso escribirte...

Vamos a ver: ¿y a ella qué le importa si es la primera o la última? A lo mejor, el hecho de leer que es la primera, lo que hace es asustarla y no la lee. Claro es la cosa esa de decir, ¿qué es esto?, una carta..., bueno, voy a leerla, tampoco puede pasarme nada... pero claro, si lo que lee es que no es sólo una carta, sino una serie... igual le da un ataque de pereza tremendo... como me pasa a mí para recoger la ropa de mi cuarto: si hubiera un pantalón, dos jerseys y 5 camisetas... igual las recogía (lee esto mi padre y se parte, fijo), pero claro, esa montaña... pereza total, pereza-mix 2005 total y todo eso.

Lola:
A lo mejor te sorprende recibir esta carta, ...

Y a lo mejor vomita si le mando esta basura...

Lo mejor va a ser no pensar demasiado lo que le voy a contar y escribirlo, pero cuando me dé un poco menos de pereza, porque ahora... sólo de pensar en seguir escribiendo me dan arcadas. Están poniendo los Simpson y me gusta verlos con mi padre, es una de las pocas cosas para las que no es raro: se parte de risa con Homer.

Y yo, no te digo.
Mañana escribo a Lola. Fijo.

 
Volveré...
¡Eh!
que pronto voy a escribir, lo que pasa es que es muy difícil
Los exámenes...

Volveré, volveré.

 
La Peral, AL-Andalus y la vergüenza
Pero hoy no tengo un buen día. Es que, en el cole, me ha sacado la Peral a la pizarra. La Peral es mi profe de Historia. Se llama Nieves y no es, ni mucho menos, tan guapa como Lola, pero con eso de ser mayor y ser profe, nos tiene a todos locos. Tiene unas piernas muy bonitas y tendrías que vernos a todos lo torpes que nos volvemos en sus clases, sobre todo cuando viene con falda, que no hacen más que caerse los bolis y lo poco que tardamos en agacharnos a recogerlos y lo mucho que nos cuesta levantarnos, como si tuviésemos todos reúma, como dice el abuelo de Miki. Y todo, fíjate tú qué tontería, por ver si le vemos las bragas. Bueno, pues me ha sacado la Peral y me ha puesto nerviosísimo. No es que no me supiera lo que me preguntaba, que no me lo sabía, como es normal, sino que me pone muy nervioso la forma que tiene de jugar con nosotros. A ver si me explico. Yo soy de esos zotes que no se callan ni debajo del agua. Bueno, sí, me callo delante de Lola, pero nada más. Cuando me sacan a la pizarra, da igual de lo que me pregunten, si he estudiado o no, o si tengo algo que decir acerca del tema: yo hablo. Exactamente igual que si no tengo nada que decir acerca del tema. Hablo. A veces da resultado y acierto con lo que hay que decir. Generalmente, no, esa es la verdad. Bueno, pues la Peral me ha preguntado sobre Al-Andalus. No es un tema que me apasione, precisamente, si me hubiese preguntado sobre algo que salga en las películas, bueno, tendría de qué hablar. La segunda guerra mundial, por ejemplo. Te puedo hablar horas. Pero el tema era Al Andalus. Pocos temas hay tan desdichados como ese, estarás de acuerdo conmigo. El caso es que yo he empezado con mis cosas.
- Sí, Al-Andalus… esto… sí, es lo de los árabes, sí, espere, que lo tengo en la punta de la lengua… Bueno, todos sabemos que los árabes hacían unos jardines preciosos, ¿no?, porque, en fin, es muy árabe lo de la naturaleza y todo eso…, no como los romanos, que eran más tipo militar, o los griegos, todo el rato filosofando, o los japonesess, con sus ordenadores en miniatura… ya se sabe, los árabes, más en plan naturaleza y que el agua corra por todas partes y haga ruido… esto…
Imagínatelo. Yo soltando mi rollo patatero y la Peral mirándome con esos ojos grandes, como de vaca tristona, con cara de que le parecía interesantísimo todo lo que yo decía. Pero lo peor, fue que se puso así, sentadita, mirándome fijamente, como muy interesada y ¡zas!, cruza las piernas y empieza a tocarse el escote, jugueteando con el botón crítico, el tercero de la camisa, el botón fatal, el botón misterioso, el botón-botón. Qué mala persona, la Peral, qué nerviso me estaba poniendo. Ella abrochando y desabrochando el botón y yo en plan, pero bueno, no es que los árabes se dedicaran solo a hacer jardines y canalillos, ¿canalillos, Jaime? Sí, canalillos de agua, claro y yo me imaginaba su canalillo con un chorrito de agua y me volvía loco, ¿algo más, Jaime?, sí bueno, eran unos guerreros muy temidos y también hacían mezquitas, que es como las iglesias, pero que tienen una zona para limpiarse los pies, qué curioso, ¿verdad?, limpiarse los pies, estos tíos… pero, ejem, bueno, en fin… creo que eran más importantes sus espadas que eran así, como en curva y que tienen un nombre que no me acuerdo, y lo que son los trapos esos de la cabeza, turbantes, creo, que podían ser blancos o de algún color…
- Todo eso suena muy interesante, Jaime, de verdad, pero ¿tienes algo que decirnos sobre la organización de las ciudades en Al-Andalus…? – se estaba riendo de mí, la Peral, pero yo me sentía raro, muy raro
- Pues, el caso es que me estoy encontrando fatal, señorita Nieves, si no le importa… - dije yo señalando a la zona de pupitres- casi me voy a sentar, estoy como un poco mareado
Pocas veces he pasado más vergüenza, de verdad. Me senté abochornado mientras la Peral pedía a Clara, que es listísima y siempre se lo sabe todo, que saliera ella y que nos hablara de Al-Andalus, y añadió, entre risas exageradas de toda la clase, que "omitiera las referencias a los jardines y los turbantes, que eso ya lo había explicado yo muy bien".

Ja, ja, ja, maldita Peral, tienes la gracia en el culo, perdona que te diga y todos los que os reís, apestosos cobardes, os veréis las caras conmigo en EL Gran Combate Final, donde os estaré esperando con mi espada en curva y mi turbante anudado al antebrazo, orgulloso y bello, con el mentón alto y mis músculos brillantes por el sudor, porque es verano y hace mogollón de calor, y no os perdonaré a ninguno, excepto a Miki y a Lola, que son aparte, y tú, Peral de las narices, sin botoncitos con los que ponerme nervioso, porque serás vieja y arrugada y tus tetas serán como dos trapos, me implorarás, me suplicarás clemencia y yo, que en fondo soy un buen tipo, te perdonaré pero seguro que se me ocurre algo gracioso (eso espero, joé) que decir con mi voz atronadora que haga que todo el mundo se ría de ti como hoy se han reído de mí, que ninguna falta hacía que se rieran así, porque lo que has dicho no eran tan, tan, tan gracioso, listilla de las narices.

¿Se habrá reído Lola también?


 
Una bonita herida en la `pierna.
En casa no hay mercromina de la buena, de la roja. Hay una cosa que se llama cristalmina, que se supone que es igual, solo que transparente, pero yo no me lo creo, y otra cosa que le encanta a mi padre y que se llama betadine. Si te das cristalmina en una herida, nadie lo ve, con lo que no sirve de nada haberse herido; y si te das betadine, salvo que seas médico o raro, como mi padre, lo que parece es que te ha cagado un perro en la herida. Así que nada, ni cristalmina, ni betadine. Mariconadas, las justas, como dice mi tío Juan.
Curar heridas es la típica cosa que a las chicas se les da bien. Es curioso, ¿eh? Luego hay cosas que se les da fatal, como armar bronca en clase o, como dice Miki, con mogollón de gracia: si quieres que una tía deje de gustarte, dale una piedra y dile que la tire con todas sus fuerzas. Es verdad. Si ves a la chica más guapa, elegante y graciosa tirar una piedra, te deprimes. Qué falta de coordinación. Qué mal aprovechamiento de los movimientos. Qué desconocimiento innato de las más elementales leyes de la dinámica. Qué pobreza de gesto técnico… La bailarina más grácil que te eches a la cara, es un pato mareado tirando una piedra. Prefiero no imaginarme a Lola tirando piedras, por su bien, fíjate lo que te digo.
Prefiero imaginarla curándome esta preciosa herida de mi espinilla. Es curioso, con lo tiquismiquis que son las chicas para cosas como las cucarachas o las lagartijas o los pájaros muertos, luego no les da nada de asco hurgar en la herida de otro. Yo, vale, a veces me arranco las costras y las muerdo, de acuerdo, pero, hombre, ¡son mías! Si, pongamos un ejemplo, Miki, mi muy mejor amigo, como decía Forrest Gump, se hace una herida y me viene para que le cure, ten por seguro que haré lo posible por pasarle la patata caliente a otro. Y si, aún así, no hay otro a quien pasarle la patata, seguro que le vomito encima. ¿Te imaginas? Sí, sí, ven, no te preocupes, amigo, que yo te curo, bufff…., plas!, pota en la herida, con restos visibles de macarrones, por ejemplo. ¡Qué asco!
Esta es otra de esas cosas de las que no podría hablar con Lola. Tienen un poco de morro las chicas. Sé, por mi hermana y por las hermanas de algunos de mis amigos, que cuando están ellas solas son, perdón por la expresión, guarrillas. Algunas tiran pedos, o escupen o cosas así, pero si hay chicos delante, son como monjitas. En fin, por cosas como esta es por lo que yo nunca sé qué decir delante de Lola. Ni delante de ninguna tía que no sea mi hermana Montse o Sonia, que es amiga, pero como si fuese amigo.