te dije que iría
Dime Manuel, ¿qué te pareció?. Sé que aunque no dejas comentario me lees, claro que me lees. Como me leiste hace unas horas. No dejaste de devorar ni un solo centímetro de piel. Me gusta verte perdiendo los papeles, saliéndote de tus casillas, volviéndote animal...sí, animal.
Si supieran muchas de tu oficina lo que escondes, ¿o tal vez lo saben?. Me gusta cuando te tengo entre las piernas y no dejas de repetir que te vuelvo loco..." tu cuerpo me vuelve loco, tu cuerpazo, no dejaría de follarte una y otra vez ".
Me gusta, me erotiza, me hace sentirme como un volcán. Hoy no dejo de recrear la escena en mi memoria: tú, sentado en los asientos de atrás, con los pantalones en los tobillos y yo, sentada entre tus piernas, con la falda subida hasta la cintura, buscándo como ramera tu polla erecta, ardiente...mientras te como la boca una y otra vez, te bebo, te sorbo...Mis manos, a tientas, desnudan tu pecho, desabrochando, uno a uno, los botones de tu camisa, descubriendo la mesata que voy a recorrer con mi lengua hasta bajar a tus entrañas, para comertelas vivas, para oirte supirar y pedirme más, más...y me lo pides, claro que me lo pides y yo no me canso de lamer y de cabalgar.
¡Cómo aguantas, cabrón, cómo aguantas!. Tú sí que lo sabes hacer, esperarte, disfrutarme y enloquecerme hasta estallar de placer...¡mierda de coche y su estrechez!, prefiero mi cama o la tuya o la mesa de tu salón, pero hoy no pudo ser. Es la tercera vez en el coche y una de tantas en las que nos dejamos caer, arder en el fuego del deseo, esperando ver amanecer.
Así te recuerdo y lo escribo, como ves, en la hora del café. Me estoy derritiendo por dentro.
Adoro tu cuerpo, Manuel, adoro tu cuerpo y todo lo que se esconde en él.
Si supieran muchas de tu oficina lo que escondes, ¿o tal vez lo saben?. Me gusta cuando te tengo entre las piernas y no dejas de repetir que te vuelvo loco..." tu cuerpo me vuelve loco, tu cuerpazo, no dejaría de follarte una y otra vez ".
Me gusta, me erotiza, me hace sentirme como un volcán. Hoy no dejo de recrear la escena en mi memoria: tú, sentado en los asientos de atrás, con los pantalones en los tobillos y yo, sentada entre tus piernas, con la falda subida hasta la cintura, buscándo como ramera tu polla erecta, ardiente...mientras te como la boca una y otra vez, te bebo, te sorbo...Mis manos, a tientas, desnudan tu pecho, desabrochando, uno a uno, los botones de tu camisa, descubriendo la mesata que voy a recorrer con mi lengua hasta bajar a tus entrañas, para comertelas vivas, para oirte supirar y pedirme más, más...y me lo pides, claro que me lo pides y yo no me canso de lamer y de cabalgar.
¡Cómo aguantas, cabrón, cómo aguantas!. Tú sí que lo sabes hacer, esperarte, disfrutarme y enloquecerme hasta estallar de placer...¡mierda de coche y su estrechez!, prefiero mi cama o la tuya o la mesa de tu salón, pero hoy no pudo ser. Es la tercera vez en el coche y una de tantas en las que nos dejamos caer, arder en el fuego del deseo, esperando ver amanecer.
Así te recuerdo y lo escribo, como ves, en la hora del café. Me estoy derritiendo por dentro.
Adoro tu cuerpo, Manuel, adoro tu cuerpo y todo lo que se esconde en él.
Deseo
Anoche soñé que estábamos en una pista de baile, con mucha gente a nuestro alrededor que ignoraba nuestra presencia. Yo llevaba ese vestido vaquero que te gusta, ese que te da tanto morbo y te excita. Me lo dices cada vez que me lo pongo, porque esa cremallera que empieza entre mis pechos y termina entre mis nalgas, dices que va pidiendo a gritos el ser desabrochada.
Estamos frente a frente, mis ojos te desnudan y tus ojos me desnudan. Mi boca se humedece y busca tus labios, ¡esos labios!, a los que rozo y lugo muerdo y me muerdes, y me tragas y siento tu lengua, ávida por mi cuello...La gente parece no vernos. Me coges del brazo y casi me arrastras y no sé ni cómo, caemos en una cama inmensa, blanca, que parece que flota en el aire.
Empiezo a desnudarte con prisa, deseo ver tu polla erecta, dura, firme. Y tu cuerpo, ese cuerpo que me enloquece, que me lo sabe hacer.
No quiero que me hagas el amor, quiero que me folles con fuerza, sentir que me partes en dos. Te recorro con la mano, con la boca, para que goces, para que te mueras de placer, para que revientes dentro de mi con fuerza, una y otra vez.
Y así lo haces, desabrochando esa cremallera y hundiendo tus manos en mis entrañas, recorriendo con tu lengua mis pechos, mi ombligo, mi vientre, mi sexo que quema como lava de volcán y se retuerce contigo dentro, al compas acelerado de tus nalgas sobre las mias, ahora por detrás, con fuerza, con rabia...¡asi se folla, cabrón!, así, hasta que me dejes exhausta, hasta que te quedes sin aliento.
Empapados en fluidos de gelatina y de sudor, caemos rendidos, juntos y abrazados.
Ha sonado el despertador y en mi movil encuentro un mensaje tuyo, a las 3 de la madrugada...¿qué hacías despierto a esas horas?. ¿No habrás soñado lo mismo que yo?. El mensaje dice que me quieres ver...Eso no lo dudes, Manuel, no lo dudes. Esta noche nos veremos.
Estamos frente a frente, mis ojos te desnudan y tus ojos me desnudan. Mi boca se humedece y busca tus labios, ¡esos labios!, a los que rozo y lugo muerdo y me muerdes, y me tragas y siento tu lengua, ávida por mi cuello...La gente parece no vernos. Me coges del brazo y casi me arrastras y no sé ni cómo, caemos en una cama inmensa, blanca, que parece que flota en el aire.
Empiezo a desnudarte con prisa, deseo ver tu polla erecta, dura, firme. Y tu cuerpo, ese cuerpo que me enloquece, que me lo sabe hacer.
No quiero que me hagas el amor, quiero que me folles con fuerza, sentir que me partes en dos. Te recorro con la mano, con la boca, para que goces, para que te mueras de placer, para que revientes dentro de mi con fuerza, una y otra vez.
Y así lo haces, desabrochando esa cremallera y hundiendo tus manos en mis entrañas, recorriendo con tu lengua mis pechos, mi ombligo, mi vientre, mi sexo que quema como lava de volcán y se retuerce contigo dentro, al compas acelerado de tus nalgas sobre las mias, ahora por detrás, con fuerza, con rabia...¡asi se folla, cabrón!, así, hasta que me dejes exhausta, hasta que te quedes sin aliento.
Empapados en fluidos de gelatina y de sudor, caemos rendidos, juntos y abrazados.
Ha sonado el despertador y en mi movil encuentro un mensaje tuyo, a las 3 de la madrugada...¿qué hacías despierto a esas horas?. ¿No habrás soñado lo mismo que yo?. El mensaje dice que me quieres ver...Eso no lo dudes, Manuel, no lo dudes. Esta noche nos veremos.





