Bajo la lluvia
He regresado de un largo paseo por calles con caras que van y vienen, con prisas, siempre con prisas, bajo sus paraguas que se esquivan otros a otros para no chocarse, que a veces ni esquivan, simplemente arrementen sin importarles si la barilla te ha sacado un ojo. He salido sola, una vez más. No quiero ver a nadie. No he quedado con nadie. He vagado bajo la lluvia, sin paraguas, algunos me miraban, pensando seguramente que dónde iría esa loca con la que estaba cayendo.
Loca sí, loca. Como Juana la Loca.
Ayer me llamó P, ¿te acuerdas de P, Manuel? sí, esa que decía que eras su fantasía erótica, esa que te devoraba con la mirada, esa que habría querido devorarte de otra manera, esa que me hacía sacar mis uñas de gata celosa... qué tontas somos las mujeres, qué poco dignas cuando perdemos el culo por un tío... No deja de llamarme...Viki, ¿cómo estás?. Tomamos un café, mi niña, y salimos por ahí al cine o donde tú quieras. Invento excusas, absurdas, increíbles, que se nota que son excusas.
Hace meses que no voy a casa de mis padres, hace meses que sé nada de nadie, ni quiero saber. Mi madre amenaza con venir a verme... Vamos, Victoria, (ya sabes, ella siempre me llama por entero), era un hombre al que sólo conocías desde hacía nada, hija, tienes que reaccionar, que la vida sigue y tienes veinticuatro años...
Un hombre al que sólo conocía desde hacía nada, un hombre al que no me quedó rincón por descubrir, por explorar, por lamer, por amar... un cuerpo que deseé como no había deseado nunca a nadie, una mente maravillosa, unos ojos que me tragaban, unas manos que se hundían y buceaban por mis entrañas, un cuerpo que buceó veces y veces por mi vientre, abriéndose paso entre mis piernas, al que me abría y dejaba entrar en mí una y otra vez, gimiendo, sudando, a veces suave, despacio, a veces como caballos desbocados, como si el tiempo se acabara en ese preciso instante, como si nada ni nadie existiera fuera de esa cama, de esa ducha, de ese coche, de esa mesa de salón, de esa escalera de caracol... aún tengo una marca de un rasguño en la espalda, que no dejó de besar durante largo tiempo, pidiendo perdón... Perdón por haberme follado con tanta fuerza, de una manera tan brutal que no se dió cuenta de que estaba herida hasta que nos desbordamos los dos, como locos, como animales... Me siguen ardiendo las entrañas... sigo maldiciendo aquel día, sigo deseando irme contigo, pero me falta valor, Manuel, me falta valor.
Aquí estoy, empapada de agua de lluvia, tiritando de frío, queriendo morirme contigo. Dime cómo lo hago... ¡dime! Maldita sea, di.
Loca sí, loca. Como Juana la Loca.
Ayer me llamó P, ¿te acuerdas de P, Manuel? sí, esa que decía que eras su fantasía erótica, esa que te devoraba con la mirada, esa que habría querido devorarte de otra manera, esa que me hacía sacar mis uñas de gata celosa... qué tontas somos las mujeres, qué poco dignas cuando perdemos el culo por un tío... No deja de llamarme...Viki, ¿cómo estás?. Tomamos un café, mi niña, y salimos por ahí al cine o donde tú quieras. Invento excusas, absurdas, increíbles, que se nota que son excusas.
Hace meses que no voy a casa de mis padres, hace meses que sé nada de nadie, ni quiero saber. Mi madre amenaza con venir a verme... Vamos, Victoria, (ya sabes, ella siempre me llama por entero), era un hombre al que sólo conocías desde hacía nada, hija, tienes que reaccionar, que la vida sigue y tienes veinticuatro años...
Un hombre al que sólo conocía desde hacía nada, un hombre al que no me quedó rincón por descubrir, por explorar, por lamer, por amar... un cuerpo que deseé como no había deseado nunca a nadie, una mente maravillosa, unos ojos que me tragaban, unas manos que se hundían y buceaban por mis entrañas, un cuerpo que buceó veces y veces por mi vientre, abriéndose paso entre mis piernas, al que me abría y dejaba entrar en mí una y otra vez, gimiendo, sudando, a veces suave, despacio, a veces como caballos desbocados, como si el tiempo se acabara en ese preciso instante, como si nada ni nadie existiera fuera de esa cama, de esa ducha, de ese coche, de esa mesa de salón, de esa escalera de caracol... aún tengo una marca de un rasguño en la espalda, que no dejó de besar durante largo tiempo, pidiendo perdón... Perdón por haberme follado con tanta fuerza, de una manera tan brutal que no se dió cuenta de que estaba herida hasta que nos desbordamos los dos, como locos, como animales... Me siguen ardiendo las entrañas... sigo maldiciendo aquel día, sigo deseando irme contigo, pero me falta valor, Manuel, me falta valor.
Aquí estoy, empapada de agua de lluvia, tiritando de frío, queriendo morirme contigo. Dime cómo lo hago... ¡dime! Maldita sea, di.
Comentario:
Sigue escribiendo,por favor..
Comentario:
Sería estupendo volver a leerte, ojalá vuelvas y estés mejor.
Un beso
Un beso
Comentario:
Estoy esperando... please!!
Comentario:
....un abrazo
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¡Mierda!
Date tiempo...tiempo, necesitas tiempo.
No sé qué más decir. No dejes de escribir.
Sigue...
Date tiempo...tiempo, necesitas tiempo.
No sé qué más decir. No dejes de escribir.
Sigue...