Espérame en el cielo
Lo sé, sé que hay que seguir viviendo. La vida sigue, pero yo ahora no la vivo, me arrastro por ella, como un reptil.
¿Cuántas semanas hace que te fuiste? ¿Tres? ¿Cuatro? ni lo sé, sé que hace siglos, una eternidad. Puta carretera, puta distracción, o qué fue Manuel. No volviste a hablar para contármelo, ni tan si quiera sé si me oías cuando te hablaba en aquélla diáfana sala de la UCI, donde sólo se oía el respirador y el lento pitido de un aparato que controlaba tus latidos, ese latido que sólo a mí me pertenecía. Profanado por tubos y máquinas. Destrozado por dentro, intacto por fuera. No me dejaban ni poner la mano encima de tu pecho, ese que subía y bajaba a ritmo de un respirador artificial. Parecias dormir... dormir. Mi rey en jaque mate, tu reina en jaque mate.
El rey ha muerto,
¡Dios salve a la reina!
Pero la reina no quiere vivir
la reina languidece
cae desde su torre de marfíl
la reina se ahoga en el recuerdo
la reina no desea ocupar el trono vacío
la reina deja que el peón gane la partida
ese disfrazado de negro
que portaba una guadaña
al rey puso en jaque mate
y la reina se descubre ante él
bajando sus armas
se da por vencida
No quiere reino sin rey.
El rey ha muerto,
que nadie ose decir
Dios salve a la reina.
Me oirías, ¿verdad? >te quiero... te necesito... no me dejes ahora... no me dejes sola. Sola. Sola. Sola.
Nunca llegaste a la cita, me quedé esperándote hasta que sonó el teléfono y desde entonces me quedé esperándote.
Hace una eternidad y no hay noche que no sienta tus dedos recorrer mi cuerpo, que no sienta el calor de tu aliento sobre mi nuca, que no te huela entre las sábanas, que no sienta tus brazos rodeándome mientras duermo, mientras duermes. No hay momento del día que no sienta tu ausencia.
No hay noche que no te sienta dentro, que no sienta un calor en las entrañas que ahora me obliga a levantarme y vomitar porque no te tengo, porque no te oigo gemir mientras te lamo, mientras te trago a besos, porque no te oigo decir yo también te quiero, te deseo y mi pierdes con tu endiablado cuerpo...
Maldita sea, una y mil veces maldita sea.
Espérame en el cielo, Manuel, espérame en el cielo. Allí seguiremos, te lo prometo.
¿Cuántas semanas hace que te fuiste? ¿Tres? ¿Cuatro? ni lo sé, sé que hace siglos, una eternidad. Puta carretera, puta distracción, o qué fue Manuel. No volviste a hablar para contármelo, ni tan si quiera sé si me oías cuando te hablaba en aquélla diáfana sala de la UCI, donde sólo se oía el respirador y el lento pitido de un aparato que controlaba tus latidos, ese latido que sólo a mí me pertenecía. Profanado por tubos y máquinas. Destrozado por dentro, intacto por fuera. No me dejaban ni poner la mano encima de tu pecho, ese que subía y bajaba a ritmo de un respirador artificial. Parecias dormir... dormir. Mi rey en jaque mate, tu reina en jaque mate.
El rey ha muerto,
¡Dios salve a la reina!
Pero la reina no quiere vivir
la reina languidece
cae desde su torre de marfíl
la reina se ahoga en el recuerdo
la reina no desea ocupar el trono vacío
la reina deja que el peón gane la partida
ese disfrazado de negro
que portaba una guadaña
al rey puso en jaque mate
y la reina se descubre ante él
bajando sus armas
se da por vencida
No quiere reino sin rey.
El rey ha muerto,
que nadie ose decir
Dios salve a la reina.
Me oirías, ¿verdad? >
Nunca llegaste a la cita, me quedé esperándote hasta que sonó el teléfono y desde entonces me quedé esperándote.
Hace una eternidad y no hay noche que no sienta tus dedos recorrer mi cuerpo, que no sienta el calor de tu aliento sobre mi nuca, que no te huela entre las sábanas, que no sienta tus brazos rodeándome mientras duermo, mientras duermes. No hay momento del día que no sienta tu ausencia.
No hay noche que no te sienta dentro, que no sienta un calor en las entrañas que ahora me obliga a levantarme y vomitar porque no te tengo, porque no te oigo gemir mientras te lamo, mientras te trago a besos, porque no te oigo decir yo también te quiero, te deseo y mi pierdes con tu endiablado cuerpo...
Maldita sea, una y mil veces maldita sea.
Espérame en el cielo, Manuel, espérame en el cielo. Allí seguiremos, te lo prometo.
Comentario:
Qué decir...
Nada...
Un ánimo y demás cosas manidas.
No sé...
Joder, qué mierda...
Puedes. Podrás.
Nada...
Un ánimo y demás cosas manidas.
No sé...
Joder, qué mierda...
Puedes. Podrás.
Comentario:
Hace muchos años, en no importa qué reino, murió un rey nada más ocupar su trono, a los veinticinco años. La reina quedó destrozada, su séquito quedó destrozado, su trono abandonado por siempre jamás. La reina deseaba morir pero no pudo... llevaba vida en sus entrañas. No le quedó más remedio que siguir viviendo.
Hoy el trono sigue vacio, la reina sigue viva, el hijo es la viva imagen del rey, y aquel reino mantiene vivo el recuerdo de su rey y sigue viviendo. Se lo debían, por haber sido un buen rey, el mejor rey. No dejaron que nada se extinguiera con él, porque sabían que él amaba profundamente a su reino.
Mi querida amiga, hay momentos dificilísimos en la vida, tú estás pasando por uno de ellos. No te dejes vencer, tu rey no te lo perdonaría nunca.
Un cálido abrazo. Te dejo mi correo.
Hoy el trono sigue vacio, la reina sigue viva, el hijo es la viva imagen del rey, y aquel reino mantiene vivo el recuerdo de su rey y sigue viviendo. Se lo debían, por haber sido un buen rey, el mejor rey. No dejaron que nada se extinguiera con él, porque sabían que él amaba profundamente a su reino.
Mi querida amiga, hay momentos dificilísimos en la vida, tú estás pasando por uno de ellos. No te dejes vencer, tu rey no te lo perdonaría nunca.
Un cálido abrazo. Te dejo mi correo.





