LITERATURA Y RELIGIÓN
Literatura y religión, ciencia y religión, arte y religión, historia y religión. ¡qué unidas han ido a lo largo de la historia la religión y todo lo que tiene que ver con el hombre, el arte, la belleza, la expresión de lo mejor de sí mismo, de su mundo interior, de sus fantasías y deseos más íntimos, aunque, como veremos en esta breve exposición, también en ocasiones haya sido para confrontar, cuando no abiertamente para negar o atacar.
Pero tenemos que reconocer que también eso (el ataque, la confrontación, la sombra) es humano y, en ocasiones, esas manifestaciones que nos desconciertan no son sino la expresión de la misma energía interior que unas veces se focaliza hacia el bien y otras hacia lo destructivo.
Pretendo demostrar la importante presencia que la religión ha tenido en la Historia de la Literatura y, de ella, deducir posteriormente la necesidad de una básica cultura religiosa para poder comprender las claves de esta hermosa ciencia.
Quiero plantear mi reflexión en torno a cómo se ha hecho presente, a cómo se ha vinculado religión y literatura a lo largo de la historia y, voy a recorrer estos tres escenarios:
La presencia de lo religioso en la literatura
La Literatura antirreligiosa o anticlerical
La Literatura religiosa
Realmente la tesis que defiendo es muy sencilla de demostrar y no son necesarias grandes elaboraciones mentales. Nadie, salvo que se parta de presupuestos muy ideologizados o irracionales, puede negar la importancia del cristianismo en la configuración de nuestra cultura europea y, por ende, del papel que ha desempeñado en cada una de sus manifestaciones concretas, llámese un cuadro de Murillo o el Lazarillo de Tormes.
Pero además y planteando una perspectiva más sustancial y de fondo, la experiencia literaria y más concretamente la poética tiene mucho que ver con la experiencia religiosa. Utilicemos un argumento de autoridad. En 1917, decía Rudolf Otto en The Idea of the Holy, -que serviría de base para trabajos posteriores como los de Mircea Eliade- que “la caracterización del sentimiento de lo sagrado se presenta como algo insondable e incomprensible que abruma el intelecto e inspira miedo o respeto, incluso terror; también produce sensación de majestad; sensación de que no hay nada igual; sensación de dependencia ontológica y de indignidad". No es exagerado afirmar que la experiencia poética vivida con plena intensidad participa de algunas, si no todas estas condiciones.
Comencemos por el primero de los escenarios:
La presencia de lo religioso en la literatura
Sólo una obligada referencia, para dejar recogida la inmensa presencia de lo religioso en la literatura en general y en la castellana en particular, así como en el habla popular y en el refranero. Empezaremos por este último apartado.
Dolores Soler-Espiauba en el Congreso de la Sociedad Española de Lingüística. XX Aniversario, 2 vols. Madrid, Gredos, 1990, pp. 769-786.y posteriormente en su intervención en 2001 ante el Consejo de Ministros de la Unión Europea, Bruselas anotaba referencias como las que siguen a continuación.
Expresiones procedentes del ámbito religioso musulmán
El conocido Ojalá, cuyo origen es wa sa llah (y quiera Dios...), Ya que la montaña no va a Mahoma, irá Mahoma a la montaña, Andar de la Ceca a la Meca, que sirve para enfatizar las caminatas inútiles, y también el Hay moros en la costa “que amargó nuestra infancia siempre que queríamos sorprender conversaciones entre adultos”. Si se dice hablar en cristiano “es por oposición a lo que el cristiano oía como jerga innoble en bocas arábigas.”
A continuación recogeremos expresiones procedentes del Antiguo Testamento:
Rasgarse las vestiduras, Ser o no ser Profeta en su tierar, Tener más años que Matusalén… “Aunque tampoco faltan las expresiones antisemitas como hacer una judiada.”
Expresiones que proceden del Nuevo Testamento:
En menos que canta un gallo, Ir hecho un Cristo, Para más Inri
Hay también otras expresiones que se han lexicalizado e incorporado al lenguaje popular y cuyo origen se encuentra en el ámbito de lo relgioso:
Colgar a alguien el sambenito, Armarse la de Dios es Cristo, Acabar como el rosario de la Aurora y tantas otras.
Conozco experiencias de profesores, concretamente de alguna profesora de religión que han trabajado con este tipo de materiales, obteniendo unos más que aceptables resultados.
No me interesa en este momento de mi intervención más que destacar esa presencia, en forma de diversas referencias cultas en obras tan notables como el Lazarillo o El Quijote. Me parece innecesario citar frases como el paulino “arrimase a los buenos” traído por el de Tormes o la aparición del buldero y tantos otros momentos que sería prolijo traer aquí.
La literatura anticlerical y antirreligiosa
Ya he dicho al principio que la luz y la sombra caminan unidas y era esperable que, junto a la aparición de una literatura con fuerte presencia de lo religioso, en la Edad Media, aparecieran también manifestaciones de signo contrario. Así nos encontramos la actividad de los goliardos, los clérigos tabernarios que de todo hacían burla y risa o el Cancionero de obras de burlas provocantes a risa. Son muchos los ejemplos de literatura anticlerical. Hay quien los encuentra en La Celestina o en el ya citado Lazarillo de Tormes, a través de la presencia de ese clérigo que hace pasar hambre al pobre niño y le esconde las cebollas bajo llave o de la figura del buldero.
Pero me parece más rico detenernos en la literatura religiosa, si bien quiero hacer notar que para entender la literatura anticlerical del siglo XIX o la figura del intrigante don Fermín de Pas en La Regenta, tampoco vendría mal a nuestros alumnos conocer la historia de la Iglesia, incluida, por qué no, su parte oscura.
La literatura religiosa
Como comprobarán, este apartado va a constituir la médula de mi exposición.
En el momento en que la presencia de lo religioso en la vida cotidiana era un hecho natural y la fe servía para la explicación del hombre mismo, cuando no de los fenómenos de la naturaleza y de la física, la aparición y fructificación de una literatura religiosa (de diversa calidad, claro está) era un resultado esperable. Así la proximidad entre literatura y religión en la Edad Media es tan fuerte que, en muchas ocasiones no se puede separar la una de la otra y, en todo caso, la segunda envuelve a la primera como en una nube que alcanza todos sus entresijos
Comencemos con una muestra de Alfonso X, el rey sabio:
Ay, Santa Maria,
quem 'se per vos guya
quit' é de folia
e senpre faz ben.
Porend' un miragre vos direi fremoso
que fezo a Madre do Rey grorioso,
e de o oyr seer-vos-á saboroso,
e prazer-mi-á en.
Ay, Santa Maria...
Y continuemos con los inolvidables momentos del Mester de Clerecía en general y Gonzalo de Berceo en particular, con sus ingenuos Milagros de Nuestra Señora con los que, de sobra es conocido, hacía su catequesis, al atardecer, en la puerta del monasterio, al pie del camino.
¿Cómo renunciar a mostrar a nuestras generaciones jóvenes el enraizamiento de esta poesía con la fe? ¿Cómo, si no es con la ayuda de un fundamentado conocimiento de nuestras raíces cristianas van a entender primero y disfrutar después de esa sencillez poética que se ancla en la confianza ciega en el más allá, en que nos encontramos de paso, en este lachrymarum valle, de camino hacia un verdadero paraíso capaz de colmar todos nuestros anhelos?
[Por cierto que tampoco podrán comprender autores contemporáneos como Domingo F. Faílde -Linares, 1948- que reeditan ese tópico del lachrymarum valle, en su poema que encabeza precisamente con ese título:
LACHRYMARUM VALLE
Este que llaman
valle de lágrimas
es el único paraíso posible:
otro no encontraréis, aunque la sangre
ondee en sus confines, como grímpola inmunda,
y ejércitos siniestros
recorran el paisaje, asolándolo todo.
No os confunda el dolor, es sólo un muro
que encierra las simientes del placer,
la agria luz del conocimiento,
la certeza de ser dioses en este mundo
que nos fuera legado como reino.
Cuando la barca inicie su viaje fatal
será a ninguna parte: ni siquiera los sueños
tienen otro lugar asignado.
O acaso la muerte.
Bien es verdad, que el tono y sentido, amargo y desesperanzado de este último poco tiene que ver con el tópico medieval.
Y ¿cómo entenderán las alusiones a la vida como camino, que unos siglos después, en el XV, hará el cortesano Jorge Manrique?:
Este mundo es el camino
para el otro, que es morada
sin pesar;
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar.
Partimos cuando nacemos,
andamos mientras vivimos,
y llegamos
al tiempo que fenecemos;
así que cuando morimos
descansamos.
Y ¿cómo comprender el nacimiento del teatro, sino es asomándonos al incompleto Auto de los Reyes Magos, primer ejemplo de teatro castellano, procedente de la Catedral de Toledo. Compuesto en la segunda mitad del siglo XII y copiado en las páginas sobrantes de un códice?
¿Cómo, sin imaginar los primeros autos sacramentales unidos a los grandes momentos de la liturgia cristiana, celebrados en los atrios de las iglesias y en los que el pueblo recreaba esos grandes misterios de forma teatralizada? (residuo de lo cual quedan todavía, las pasiones de Cervera y Esparraguera, o los belenes vivientes de Santa Cruz de la Zarza en Toledo, por citar algunos ejemplos.
Pero los tiempos avanzaban y con la llegada del Renacimiento, asistimos al primer acto histórico de soberbia del hombre en que afirma su independencia frente a Dios, la autonomía de lo temporal frente a lo espiritual.
Y esto, que no considero negativo en sí mismo, (y tampoco es éste momento de un análisis más profundo), no cabe duda que sitúa a la religión de una manera distinta de lo que habíamos encontrado en la época medieval.
Y sin embargo, va a ser en esta época, precisamente en esta época en la que además de lo dicho van a confluir conflictos religiosos, movimientos de ruptura, quiebras en el seno de la Iglesia, va a ser en esta época, digo, cuando nos encontramos ante el mayor esplendor de la literatura propiamente religiosa, ante el mayor monumento a la palabra que se dirige hacia lo alto, en sus dos vertientes de la ascética y la mística.
Y ¡quién hará entender a inteligencias vacías de todo referente religioso, que la estrecha senda de Fray Luis tiene que ver precisamente con la ascética, con el camino de preparación, con el sacrificio que uno se autoimpone cuando quiere lograr un bien superior, en este caso, alcanzar la vida de beatitud? Y cómo disfrutar de la doble lectura de cualquiera de los delicados poemillas de san Juan de la Cruz, superando, trascendiendo la inmediatez de la primera lectura en clave amorosa, y remitiendo al ansia que, de fondo el alma siente de fundirse con el absoluto?
El salmo 42 “Como anhela el ciervo las corrientes de aguas, / así te anhela, oh Dios, el alma mía. / Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; / ¿cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?”, es recreado por san Juan de la Cruz:
¿Adónde te escondiste,
Amado, y me dexaste con gemido?
Como el ciervo huyste
haviéndome herido;
salí tras ti clamando, y eras ydo.
Hay tres piezas en la literatura espiritual del XVI-XVII de las que en una síntesis, aunque apretada como ésta, es obligado dar cuenta. Tres piezas no por menos conocidas, menos valoradas, recordadas e importantes.
La primera se debe a Santa Teresa de Jesús y nos marca un horizonte de sentido, también para nuestros adolescentes alumnos:
Nada te turbe, nada te espante.
Todo se pasa. Dios no se muda.
La paciencia todo lo alcanza.
Quien a Dios tiene, nada le falta.
Sólo Dios basta."
La segunda de atribución anónima (¿Santa Teresa, San Francisco Javier, San Ignacio...?). En ella encontramos en prodigiosa síntesis cinco temas plenamente religiosos, plenamente barrocos cuya comprensión requiere nuevamente más que un barniz de cultura religiosa:
1) Amor perfecto o gratuito.
2) Quietismo o semi-quietismo.
3) El concepto espiritual barroco.
4) Meditación-contemplación de los ejercicios ignacianos.
5) Oración al crucifijo
No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.
El tercero y último pertenece a Lope de Vega. Poema de aparente sencillez que se ha utilizado como oración popular. Tomo las palabras de un estudioso, Fr. Ángel Martín, que expresan perfectamente las idas y venidas espirituales –mejor aún, entre espirituales y carnales- de Lope.
“El tema, mil veces vivido por el poeta, tan proclive al desvío como al arrepentimiento, expone una de tantas situaciones de incomodidad interior, ante la sucesión de sus vivencias de hombre pecador que se sabe llamado por Dios, una y otra vez, a la conversión inaplazable. El enfoque compositivo destaca la amorosa y paciente espera silenciosa de Cristo, sujeto a todos los agravios que infiere la infidelidad, con tal de alcanzar al fin una atenta respuesta. En su espiritual desconsuelo, el poeta imagina la dureza de su indiferencia como la actitud de quien sabe a Jesús desamparado a la intemperie fría de la noche, sufriendo el relente tras la puerta, mientras se excusa una y otra vez, sin lograr desalentar por eso las esperanzas de Cristo” (Fr. Ángel Martín, o.f.m.)
Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras?
¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!
¡Cuántas veces el ángel me decía:
«Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía»!
¡Y cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!
Lope de Vega (1562-1635
Y nuevamente la pregunta, ¿pero es posible entender, aproximarse a la hermosura de estos versos, a esa aparente sencillez de la que he hablado, a su complejísima trabazón de fondo, sin conocer la figura de Jesús, como amigo a quien como tal se puede traicionar y eso nos despierta sentimientos, y eso hace nacer promesas y eso...
Pero estas palabras no pueden tener pretensión de exhaustividad. Por ello paso por encima de momentos, autores, movimientos de los que no es posible dar cuenta aquí. Y me van a permitir este gran salto hasta el XX.
Siglo de zozobras y de luchas fratricidas, en el que no es fácil encontrar un resquicio para la esperanza. Sin embargo estará bien hacer caer en la cuenta a nuestros alumnos de la postura de los hombres del XX respecto a la religión, postura en algunos casos de fe declarada, Luis Rosales nos vale como ejemplo:
CANCIÓN DE LA NIEVE QUE UNIFICA AL MUNDO
Somos hombres, Señor, y lo viviente
ya no puede servirnos de semilla;
entre un mar y otro mar no existe orilla;
la misma voz con que te canto miente.
La culpa es culpa y oscurece el bien;
sólo queda la nieve blanca y fría,
y andar, andar, andar hasta que un día
lleguemos, sin saberlo, hasta Belén.
La nieve borra los caminos; ella
nos llevará hacia Ti que nunca duermes;
su luz alumbrará los pies inermes,
su resplandor nos servirá de estrella.
Llegaremos de noche, y el helor
de nuestra propia sangre Te daremos.
Éste es nuestro regalo: no tenemos
más que dolor, dolor, dolor, dolor.
En otros muchos casos, el hombre se enfrenta a Dios en una búsqueda en general honesta aunque no encuentre respuestas, o las encuentre fuera de la fe cristiana. Quiero quedarme con dos ejemplos: Camus y Blas de Otero:
Camus no acepta a Dios y, sin embargo, confiesa: "J'ai le sens du sacré"; "Je n'ai que respect et vénération devant la personne du Christ et devant son histoire". El sentido de la solidaridad, ante el mal colectivo y el sufrimiento de los débiles lleva a Camus al sentimiento de culpabilidad (magnífica la Peste).
De Blas de Otero, señalaré su poema:
HOMBRE”
Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,
al borde del abismo, estoy clamando
a Dios. Y su silencio, retumbando,
ahoga mi voz en el vacío inerte.
Oh, Dios. Si he de morir, quiero tenerte
despierto. Y, noche a noche, no sé cuando
oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando
solo. Arañando sombras para verte.
Alzo la mano, y tú me la cercenas.
Abro los ojos: me los sajas vivos.
Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.
Esto es ser hombre: horror a manos llenas.
Ser---y no ser---eternos, fugitivos.
¡Ángel con grandes alas de cadenas!
Nada que ver, como pueden ustedes comprobar con la imagen de nihilismo que del siglo XX se nos transmite en muchas ocasiones, ni con el sentido posmoderno que en otras tantas viven nuestros alumnos, y en el que no se niega a Dios, sencillamente se le ignora. No queda tiempo, entre videoconsolas e internet, entre videojuegos y móviles, para enfrentarse a las honduras de uno mismo, para afrontar el problema del mal en el mundo, para confrontar las manipulaciones con las que tantos medios interesados someten a nuestros jóvenes, para alienar, domesticar, seducir y domar, su instinto de rebeldía, sus ocultas capacidades de transformación. Y si no queda tiempo para el mundo espiritual, interior, también para el religioso, la vida será más gris, más monótona, más aburrida pero seguramente también será más sinsentido, más opresora y más injusta.
Javier Orduña Bolea
Pero tenemos que reconocer que también eso (el ataque, la confrontación, la sombra) es humano y, en ocasiones, esas manifestaciones que nos desconciertan no son sino la expresión de la misma energía interior que unas veces se focaliza hacia el bien y otras hacia lo destructivo.
Pretendo demostrar la importante presencia que la religión ha tenido en la Historia de la Literatura y, de ella, deducir posteriormente la necesidad de una básica cultura religiosa para poder comprender las claves de esta hermosa ciencia.
Quiero plantear mi reflexión en torno a cómo se ha hecho presente, a cómo se ha vinculado religión y literatura a lo largo de la historia y, voy a recorrer estos tres escenarios:
La presencia de lo religioso en la literatura
La Literatura antirreligiosa o anticlerical
La Literatura religiosa
Realmente la tesis que defiendo es muy sencilla de demostrar y no son necesarias grandes elaboraciones mentales. Nadie, salvo que se parta de presupuestos muy ideologizados o irracionales, puede negar la importancia del cristianismo en la configuración de nuestra cultura europea y, por ende, del papel que ha desempeñado en cada una de sus manifestaciones concretas, llámese un cuadro de Murillo o el Lazarillo de Tormes.
Pero además y planteando una perspectiva más sustancial y de fondo, la experiencia literaria y más concretamente la poética tiene mucho que ver con la experiencia religiosa. Utilicemos un argumento de autoridad. En 1917, decía Rudolf Otto en The Idea of the Holy, -que serviría de base para trabajos posteriores como los de Mircea Eliade- que “la caracterización del sentimiento de lo sagrado se presenta como algo insondable e incomprensible que abruma el intelecto e inspira miedo o respeto, incluso terror; también produce sensación de majestad; sensación de que no hay nada igual; sensación de dependencia ontológica y de indignidad". No es exagerado afirmar que la experiencia poética vivida con plena intensidad participa de algunas, si no todas estas condiciones.
Comencemos por el primero de los escenarios:
La presencia de lo religioso en la literatura
Sólo una obligada referencia, para dejar recogida la inmensa presencia de lo religioso en la literatura en general y en la castellana en particular, así como en el habla popular y en el refranero. Empezaremos por este último apartado.
Dolores Soler-Espiauba en el Congreso de la Sociedad Española de Lingüística. XX Aniversario, 2 vols. Madrid, Gredos, 1990, pp. 769-786.y posteriormente en su intervención en 2001 ante el Consejo de Ministros de la Unión Europea, Bruselas anotaba referencias como las que siguen a continuación.
Expresiones procedentes del ámbito religioso musulmán
El conocido Ojalá, cuyo origen es wa sa llah (y quiera Dios...), Ya que la montaña no va a Mahoma, irá Mahoma a la montaña, Andar de la Ceca a la Meca, que sirve para enfatizar las caminatas inútiles, y también el Hay moros en la costa “que amargó nuestra infancia siempre que queríamos sorprender conversaciones entre adultos”. Si se dice hablar en cristiano “es por oposición a lo que el cristiano oía como jerga innoble en bocas arábigas.”
A continuación recogeremos expresiones procedentes del Antiguo Testamento:
Rasgarse las vestiduras, Ser o no ser Profeta en su tierar, Tener más años que Matusalén… “Aunque tampoco faltan las expresiones antisemitas como hacer una judiada.”
Expresiones que proceden del Nuevo Testamento:
En menos que canta un gallo, Ir hecho un Cristo, Para más Inri
Hay también otras expresiones que se han lexicalizado e incorporado al lenguaje popular y cuyo origen se encuentra en el ámbito de lo relgioso:
Colgar a alguien el sambenito, Armarse la de Dios es Cristo, Acabar como el rosario de la Aurora y tantas otras.
Conozco experiencias de profesores, concretamente de alguna profesora de religión que han trabajado con este tipo de materiales, obteniendo unos más que aceptables resultados.
No me interesa en este momento de mi intervención más que destacar esa presencia, en forma de diversas referencias cultas en obras tan notables como el Lazarillo o El Quijote. Me parece innecesario citar frases como el paulino “arrimase a los buenos” traído por el de Tormes o la aparición del buldero y tantos otros momentos que sería prolijo traer aquí.
La literatura anticlerical y antirreligiosa
Ya he dicho al principio que la luz y la sombra caminan unidas y era esperable que, junto a la aparición de una literatura con fuerte presencia de lo religioso, en la Edad Media, aparecieran también manifestaciones de signo contrario. Así nos encontramos la actividad de los goliardos, los clérigos tabernarios que de todo hacían burla y risa o el Cancionero de obras de burlas provocantes a risa. Son muchos los ejemplos de literatura anticlerical. Hay quien los encuentra en La Celestina o en el ya citado Lazarillo de Tormes, a través de la presencia de ese clérigo que hace pasar hambre al pobre niño y le esconde las cebollas bajo llave o de la figura del buldero.
Pero me parece más rico detenernos en la literatura religiosa, si bien quiero hacer notar que para entender la literatura anticlerical del siglo XIX o la figura del intrigante don Fermín de Pas en La Regenta, tampoco vendría mal a nuestros alumnos conocer la historia de la Iglesia, incluida, por qué no, su parte oscura.
La literatura religiosa
Como comprobarán, este apartado va a constituir la médula de mi exposición.
En el momento en que la presencia de lo religioso en la vida cotidiana era un hecho natural y la fe servía para la explicación del hombre mismo, cuando no de los fenómenos de la naturaleza y de la física, la aparición y fructificación de una literatura religiosa (de diversa calidad, claro está) era un resultado esperable. Así la proximidad entre literatura y religión en la Edad Media es tan fuerte que, en muchas ocasiones no se puede separar la una de la otra y, en todo caso, la segunda envuelve a la primera como en una nube que alcanza todos sus entresijos
Comencemos con una muestra de Alfonso X, el rey sabio:
Ay, Santa Maria,
quem 'se per vos guya
quit' é de folia
e senpre faz ben.
Porend' un miragre vos direi fremoso
que fezo a Madre do Rey grorioso,
e de o oyr seer-vos-á saboroso,
e prazer-mi-á en.
Ay, Santa Maria...
Y continuemos con los inolvidables momentos del Mester de Clerecía en general y Gonzalo de Berceo en particular, con sus ingenuos Milagros de Nuestra Señora con los que, de sobra es conocido, hacía su catequesis, al atardecer, en la puerta del monasterio, al pie del camino.
¿Cómo renunciar a mostrar a nuestras generaciones jóvenes el enraizamiento de esta poesía con la fe? ¿Cómo, si no es con la ayuda de un fundamentado conocimiento de nuestras raíces cristianas van a entender primero y disfrutar después de esa sencillez poética que se ancla en la confianza ciega en el más allá, en que nos encontramos de paso, en este lachrymarum valle, de camino hacia un verdadero paraíso capaz de colmar todos nuestros anhelos?
[Por cierto que tampoco podrán comprender autores contemporáneos como Domingo F. Faílde -Linares, 1948- que reeditan ese tópico del lachrymarum valle, en su poema que encabeza precisamente con ese título:
LACHRYMARUM VALLE
Este que llaman
valle de lágrimas
es el único paraíso posible:
otro no encontraréis, aunque la sangre
ondee en sus confines, como grímpola inmunda,
y ejércitos siniestros
recorran el paisaje, asolándolo todo.
No os confunda el dolor, es sólo un muro
que encierra las simientes del placer,
la agria luz del conocimiento,
la certeza de ser dioses en este mundo
que nos fuera legado como reino.
Cuando la barca inicie su viaje fatal
será a ninguna parte: ni siquiera los sueños
tienen otro lugar asignado.
O acaso la muerte.
Bien es verdad, que el tono y sentido, amargo y desesperanzado de este último poco tiene que ver con el tópico medieval.
Y ¿cómo entenderán las alusiones a la vida como camino, que unos siglos después, en el XV, hará el cortesano Jorge Manrique?:
Este mundo es el camino
para el otro, que es morada
sin pesar;
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar.
Partimos cuando nacemos,
andamos mientras vivimos,
y llegamos
al tiempo que fenecemos;
así que cuando morimos
descansamos.
Y ¿cómo comprender el nacimiento del teatro, sino es asomándonos al incompleto Auto de los Reyes Magos, primer ejemplo de teatro castellano, procedente de la Catedral de Toledo. Compuesto en la segunda mitad del siglo XII y copiado en las páginas sobrantes de un códice?
¿Cómo, sin imaginar los primeros autos sacramentales unidos a los grandes momentos de la liturgia cristiana, celebrados en los atrios de las iglesias y en los que el pueblo recreaba esos grandes misterios de forma teatralizada? (residuo de lo cual quedan todavía, las pasiones de Cervera y Esparraguera, o los belenes vivientes de Santa Cruz de la Zarza en Toledo, por citar algunos ejemplos.
Pero los tiempos avanzaban y con la llegada del Renacimiento, asistimos al primer acto histórico de soberbia del hombre en que afirma su independencia frente a Dios, la autonomía de lo temporal frente a lo espiritual.
Y esto, que no considero negativo en sí mismo, (y tampoco es éste momento de un análisis más profundo), no cabe duda que sitúa a la religión de una manera distinta de lo que habíamos encontrado en la época medieval.
Y sin embargo, va a ser en esta época, precisamente en esta época en la que además de lo dicho van a confluir conflictos religiosos, movimientos de ruptura, quiebras en el seno de la Iglesia, va a ser en esta época, digo, cuando nos encontramos ante el mayor esplendor de la literatura propiamente religiosa, ante el mayor monumento a la palabra que se dirige hacia lo alto, en sus dos vertientes de la ascética y la mística.
Y ¡quién hará entender a inteligencias vacías de todo referente religioso, que la estrecha senda de Fray Luis tiene que ver precisamente con la ascética, con el camino de preparación, con el sacrificio que uno se autoimpone cuando quiere lograr un bien superior, en este caso, alcanzar la vida de beatitud? Y cómo disfrutar de la doble lectura de cualquiera de los delicados poemillas de san Juan de la Cruz, superando, trascendiendo la inmediatez de la primera lectura en clave amorosa, y remitiendo al ansia que, de fondo el alma siente de fundirse con el absoluto?
El salmo 42 “Como anhela el ciervo las corrientes de aguas, / así te anhela, oh Dios, el alma mía. / Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; / ¿cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?”, es recreado por san Juan de la Cruz:
¿Adónde te escondiste,
Amado, y me dexaste con gemido?
Como el ciervo huyste
haviéndome herido;
salí tras ti clamando, y eras ydo.
Hay tres piezas en la literatura espiritual del XVI-XVII de las que en una síntesis, aunque apretada como ésta, es obligado dar cuenta. Tres piezas no por menos conocidas, menos valoradas, recordadas e importantes.
La primera se debe a Santa Teresa de Jesús y nos marca un horizonte de sentido, también para nuestros adolescentes alumnos:
Nada te turbe, nada te espante.
Todo se pasa. Dios no se muda.
La paciencia todo lo alcanza.
Quien a Dios tiene, nada le falta.
Sólo Dios basta."
La segunda de atribución anónima (¿Santa Teresa, San Francisco Javier, San Ignacio...?). En ella encontramos en prodigiosa síntesis cinco temas plenamente religiosos, plenamente barrocos cuya comprensión requiere nuevamente más que un barniz de cultura religiosa:
1) Amor perfecto o gratuito.
2) Quietismo o semi-quietismo.
3) El concepto espiritual barroco.
4) Meditación-contemplación de los ejercicios ignacianos.
5) Oración al crucifijo
No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.
El tercero y último pertenece a Lope de Vega. Poema de aparente sencillez que se ha utilizado como oración popular. Tomo las palabras de un estudioso, Fr. Ángel Martín, que expresan perfectamente las idas y venidas espirituales –mejor aún, entre espirituales y carnales- de Lope.
“El tema, mil veces vivido por el poeta, tan proclive al desvío como al arrepentimiento, expone una de tantas situaciones de incomodidad interior, ante la sucesión de sus vivencias de hombre pecador que se sabe llamado por Dios, una y otra vez, a la conversión inaplazable. El enfoque compositivo destaca la amorosa y paciente espera silenciosa de Cristo, sujeto a todos los agravios que infiere la infidelidad, con tal de alcanzar al fin una atenta respuesta. En su espiritual desconsuelo, el poeta imagina la dureza de su indiferencia como la actitud de quien sabe a Jesús desamparado a la intemperie fría de la noche, sufriendo el relente tras la puerta, mientras se excusa una y otra vez, sin lograr desalentar por eso las esperanzas de Cristo” (Fr. Ángel Martín, o.f.m.)
Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras?
¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!
¡Cuántas veces el ángel me decía:
«Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía»!
¡Y cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!
Lope de Vega (1562-1635
Y nuevamente la pregunta, ¿pero es posible entender, aproximarse a la hermosura de estos versos, a esa aparente sencillez de la que he hablado, a su complejísima trabazón de fondo, sin conocer la figura de Jesús, como amigo a quien como tal se puede traicionar y eso nos despierta sentimientos, y eso hace nacer promesas y eso...
Pero estas palabras no pueden tener pretensión de exhaustividad. Por ello paso por encima de momentos, autores, movimientos de los que no es posible dar cuenta aquí. Y me van a permitir este gran salto hasta el XX.
Siglo de zozobras y de luchas fratricidas, en el que no es fácil encontrar un resquicio para la esperanza. Sin embargo estará bien hacer caer en la cuenta a nuestros alumnos de la postura de los hombres del XX respecto a la religión, postura en algunos casos de fe declarada, Luis Rosales nos vale como ejemplo:
CANCIÓN DE LA NIEVE QUE UNIFICA AL MUNDO
Somos hombres, Señor, y lo viviente
ya no puede servirnos de semilla;
entre un mar y otro mar no existe orilla;
la misma voz con que te canto miente.
La culpa es culpa y oscurece el bien;
sólo queda la nieve blanca y fría,
y andar, andar, andar hasta que un día
lleguemos, sin saberlo, hasta Belén.
La nieve borra los caminos; ella
nos llevará hacia Ti que nunca duermes;
su luz alumbrará los pies inermes,
su resplandor nos servirá de estrella.
Llegaremos de noche, y el helor
de nuestra propia sangre Te daremos.
Éste es nuestro regalo: no tenemos
más que dolor, dolor, dolor, dolor.
En otros muchos casos, el hombre se enfrenta a Dios en una búsqueda en general honesta aunque no encuentre respuestas, o las encuentre fuera de la fe cristiana. Quiero quedarme con dos ejemplos: Camus y Blas de Otero:
Camus no acepta a Dios y, sin embargo, confiesa: "J'ai le sens du sacré"; "Je n'ai que respect et vénération devant la personne du Christ et devant son histoire". El sentido de la solidaridad, ante el mal colectivo y el sufrimiento de los débiles lleva a Camus al sentimiento de culpabilidad (magnífica la Peste).
De Blas de Otero, señalaré su poema:
HOMBRE”
Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,
al borde del abismo, estoy clamando
a Dios. Y su silencio, retumbando,
ahoga mi voz en el vacío inerte.
Oh, Dios. Si he de morir, quiero tenerte
despierto. Y, noche a noche, no sé cuando
oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando
solo. Arañando sombras para verte.
Alzo la mano, y tú me la cercenas.
Abro los ojos: me los sajas vivos.
Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.
Esto es ser hombre: horror a manos llenas.
Ser---y no ser---eternos, fugitivos.
¡Ángel con grandes alas de cadenas!
Nada que ver, como pueden ustedes comprobar con la imagen de nihilismo que del siglo XX se nos transmite en muchas ocasiones, ni con el sentido posmoderno que en otras tantas viven nuestros alumnos, y en el que no se niega a Dios, sencillamente se le ignora. No queda tiempo, entre videoconsolas e internet, entre videojuegos y móviles, para enfrentarse a las honduras de uno mismo, para afrontar el problema del mal en el mundo, para confrontar las manipulaciones con las que tantos medios interesados someten a nuestros jóvenes, para alienar, domesticar, seducir y domar, su instinto de rebeldía, sus ocultas capacidades de transformación. Y si no queda tiempo para el mundo espiritual, interior, también para el religioso, la vida será más gris, más monótona, más aburrida pero seguramente también será más sinsentido, más opresora y más injusta.
Javier Orduña Bolea
LA EDUCACIÓN EN VALORES
Los próximos 24, 25 y 26 de mayo se celebra el PRIMER CONGRESO VIRTUAL DE EDUCACIÓN EN VALORES.
Como virtual que es tiene lugar enteramente en la red.
Os invito a visitar el sitio y seguir de cerca el acontecimiento en:
http://www.unizar.es/cviev/
Tenemos bastantes cosas que decir en este campo, algunas experiencias de interés y varios años de trabajo en este terreno que nos acreditan para poder realizar algunas afirmaciones sin triunfalismos pero sin pudor. Por encima de todo queremos afirmar nuestra fe en el hombre, en la persona, en que otro mundo es posible y para ello es imprescindible el cambio personal.
Visitadnos también en www.sunwaves.net
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