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¿Diario?, no creo
Un montón de paranoias y, en general, mi vida (Javy)
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Yo soy... ¿yo? No sé, supongo que no voy a gustarle a nadie por mi aspecto, ni busco eso... estoy aquí para desahogarme... y vosotros para... ¿leer? Tampoco lo sé. Me gusta cantar (y escuchar música, se presupone), escribir (venga... y leer también ¬¬), ver películas (y me gusta pensar que algún día llegaré a hacerlas)...
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1. Sobre la enfermedad de mi abuela y un extraño despertar
Domingo, 04 de junio de 2006; 18:23h (Escuchando: In My Place, de Coldplay)
Esta mañana, a las 11:10h, un terrible zumbido ha entrado en mis sueños repletos de cosas muy raras que nunca me pasarán en un estado que no sea el característico de una persona durmiente. El terrible zumbido provenía del exterior: como una mosca cojonera en pleno verano, el insoportable ruido llenaba la habitación y su atmósfera propia del dormitorio de un adolescente (también bien definida por la expresión humanidad). Un zzzzzzz (de ahí la palabra Zumbido, con la que el Zorro no tiene nada que ver, no confundamos) constante. Mis párpados se han resguardado para dejar paso a la luz, que ha empequeñecido las pupilas, todo eso mientras mi mente buscaba la razón a tal castigo inimaginable. Al momento, yo, como cualquiera que viva en el siglo XXI y en el primer mundo, claro, he descubierto qué estaba causando el ruidito insoportable: mi móvil, que estaba recibiendo una llamada.
Lo cojo y miro a la pantalla, para ver quién osaba molestarme a tales horas. “Llamando: Antonia Yaya”. Y pienso «¿qué querrá esta mujer?». Al momento llega el oxígeno a mi cerebro y lo llena de memoria y conciencia: es el esperado día en el que mi primo Jesús toma la comunión.
Prefiero no hablar de la “común unión”, lo dejaré para otro momento en el que quiera insultar a alguien. Mejor me centraré en lo sucedido.
Tal y como la conciencia me ha invadido, también lo ha hecho mi pereza y mi egoísmo: no he respondido. No tenía ganas de levantarme, por muchas razones, que quizá enumere luego (la pereza no me abandona en todo el día). Pero mi madre, la que llamaba desde el móvil de la suya propia, es demasiado inteligente: ha llamado al fijo de su ex suegra, para que ésta, con su increíble don para el arte de molestar, me dijera que me levantase y me fuera para la iglesia.
Y Mariana, la susodicha abuela del ya mencionado don, ha subido y ha abierto la puerta, para encontrarse con un nieto que fingía dormir. «Javiel, Javiel» … «Javiel, que ha llamado tu madre» … «¡Javiel!» «¿Qué quieres, yaya?» «Venga, que ha llamado tu madre…» «¿Qué quiere mi madre?» «(Acercándose a la ventana para subir la persiana, porque al parecer ha visto mis pupilas demasiado dilatadas) Venga, que te levantes…» «¡Yaya, que qué quiere!»
Pues sí, las conversaciones con mi abuela pueden convertirse en un martirio, y de hecho la mayoría lo son. Es una mujer que cree decirlo todo con su venga. Si por ella fuera, todos sabríamos lo que piensa al sonido de un chasquido de dedos.
Finalmente, me ha dicho que había llamado mi querida madre y que me fuera a la comunión de mi primo, «venga».
Hay que comentar, ya que viene al cuento, que mi abuela tiene una horrible enfermedad cuyas características son:
• Extremada preocupación por las apariencias.
• Tención a la preocupación universal.
• Silenciosa maquinación de maquiavélicos planes que llevará a cabo contra viento y marea.
• Poder sobre todas las cosas.
• “Poco ruido, y muchas nueces.”
Así, llevando a cabo muchas de las características al unísono, me ha traído ropa que ella quería que me pusiera, porque «mira, qué bonica, venga». Mi respuesta: tras ducharme, he subido de nuevo y he cogido la ropa que yo quería ponerme. En vez de los zapatos que ella quería que yo me pusiera, me he puesto mis zapatillas. ¡Hombre, ya!
Quizás lo que hace que nos llevemos cada día peor es que está viendo que me escapo de sus manos:
• Paso de las apariencias, aunque no del todo, bastante más que ella.
• Tiendo más bien a preocuparme realmente de muy pocas cosas.
• No suelo dejar que lleve a cabo muchos de sus maquiavélicos planes.
• No tiene poder sobre mí.
• Yo soy más bien ruido, por muy pocas nueces que haya.
Finalmente, tras discutir con ella, como siempre, sobre qué me había puesto («¿Qué te has puesto, nene? Pero si lo que yo te he dejado era muy bonico. Sube otra vez, venga.»), me he ido dejándola sufriendo por si me veía alguna vecina.
No vayan a darse cuenta de que su nieto tiene personalidad, por Dios.
Lunes, 05 de junio de 2006; 01:16h (Escuchando: High Speed, Coldplay)
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