2. Sobre lo que un adolescente puede decir de su vida o cómo contar algo que no viene a cuento (y sin despeinarme, oye)
Sábado, 10 de junio de 2006; 16:19h (Escuchando: Devil Came To Me, Dover)
Y es que, con 17 años, uno no tiene una biografía muy desarrollada. Hombre, si estoy obligado a ello, puedo empezar con algo así como esto:
“Corría un lluvioso día de marzo del año 1989 cuando decidí que los límites de la placenta eran demasiado… ¿limitados? Con mis poderes fetales, hice caer un torrente por la entrepierna de mi madre y ésta le dijo a mi progenitor He roto aguas, Cole. Entonces, mi padre se puso a fregar los platos…”.
Claro: estaría mintiendo. Para empezar, no tengo la menor idea de las circunstancias meteorológicas. Seguramente, y con mi suerte, rompí la placenta sin querer, y no por mi deseo de escapar de la comodidad estomacal-maternal. No creo que ella le dijera eso a mi proveedor de vida; lo de los platos es verdad. Como siempre: la realidad supera a la ficción.
Pues eso, mi vida no es algo que pueda dar para un best seller. Además, para eso está Dan Brown. Sí, sí, ese hombrecillo capaz de hacerle publicidad a algo mientras hace como que lo critica.
Pero todo el mundo tiene cosas que contar. Como aquella vez, en Aquapark. Mi hermana (ese ser llamado Norma que se merece más de un capítulo bien largo) y yo, con unos ocho y siete años respectivamente más o menos, pensamos que estaría bien salir de la piscinita llena de champiñones gigantes repletos de niños (champiñones, quién me lo iba a decir) para irnos a aquella trenza lejana a la que iban los adultos y desde la cuál llegaban sorprendentes carcajadas.
En realidad fui coaccionado por ella, que yo no quería. Con lo feliz que estaba yo allí con los champiñones… (No he cambiado nada) Pero bueno, finalmente me convenció. Creo que tuvo que insistir por lo menos más de una vez.
Así, como dos hormigas en bañador, fuimos (quizá cogidos de la mano) atravesando el Aquapark ése hacia los dos tubos entrelazados que escupían personas a una piscina de tamaño medio.
El problema es que la piscina, para las dos hormigas, no era de tamaño medio… parecía más bien el océano Pacífico (o el Atlántico, que me da igual).
Ahora comprendo por qué había dos guiris (con sus chanclas, sus calcetines, sus gafas de sol, sus dientes blancos y su piel roja) en la otra cola, señalándonos y riéndose. Ahora comprendo que el encargado de la Trenza (así se llamaba ciertamente, por su forma) no quisiera dejar que nos tirásemos.
-El chico no es lo suficientemente alto.
Vaya, ya estamos con mi altura. Pues sí, el tipo aquél del Aquapark sólo quería ser cuidadoso… pero no lo fue del todo. Chico listo, dijo lo que tuvo que decir, y pasó del tema. Seguramente cobró lo mismo.
El caso es que acabé saliéndome con la mía, que, como suele pasar, no era lo que más me convenía. Me metí en el tubo, con mi hermana a mi espalda (aunque se suponía que teníamos que ir cada uno en una parte de la trenza) y nos lanzamos a la aventura, dejando atrás a los guiris, al encargado responsable, el metro con la línea roja a la cuál mi cabeza no alcanzaba… Conforme bajábamos, la velocidad crecía y nuestras risas también. La luz entraba por las rendijas que había entre las partes de los tubos. Sin embargo, como si de un túnel oscuro se tratase, como el «dirígete a la luz» de Poltergeist, fuimos llegando al final, a los reflejos acuáticos.
Un gran chapoteo, y ya no veo nada. La razón: estoy en el agua (nunca he podido abrir los ojos cuando estoy sumergido, no sé por qué). La consecuencia: pánico. Mucho pánico, porque de repente me encuentro bajo mi hermana en una piscina atlántica (o pacífica, que me da igual), y de repente sale nuestro egoísmo (quizás genético), y de repente nos olvidamos de que nos queremos (o se supone). Su pie en mi boca («quiero respirar, simplemente eso»), mis uñas en sus muslos («¿dónde estoy, dónde estoy?»); mis dientes en su pie («ay, coño»), sus pies en mi cara («me apetecen patatas fritas»)… Finalmente, la heroína Norma sale a la superficie y le entra el puntazo: tiene que salvar a su hermano, por Dios.
Baja y me intenta empujar hacia arriba, mientras yo me cojo a ella y la arrastro para abajo. ¡No me voy a ir yo solo al Más Allá, hombre!
Menos mal que en el Aquapark ése había socorristas, porque si no, no estaría aquí contándolo. Eso sí, yo estaba en pleno estado venid-todos-conmigo, y no se lo puse muy fácil al tipo aquél: mientras enganchaba a mi hermana con una mano, hacía fuerza para abajo (no sé por qué, en serio) y el pobre hombre no podía sacarme. Ni David Hasselhoff tuvo una misión tan difícil, oye.
Pues nada, al final pude salir del agua vivo, menos mal.
…
Os recuerdo que sigo siendo la víctima de la historia. Y a callar.
Sábado, 10 de junio de 2006; 20:02h (Escuchando: Abrázame, Iván Ferreiro; High, James Blunt)
Y es que, con 17 años, uno no tiene una biografía muy desarrollada. Hombre, si estoy obligado a ello, puedo empezar con algo así como esto:
“Corría un lluvioso día de marzo del año 1989 cuando decidí que los límites de la placenta eran demasiado… ¿limitados? Con mis poderes fetales, hice caer un torrente por la entrepierna de mi madre y ésta le dijo a mi progenitor He roto aguas, Cole. Entonces, mi padre se puso a fregar los platos…”.
Claro: estaría mintiendo. Para empezar, no tengo la menor idea de las circunstancias meteorológicas. Seguramente, y con mi suerte, rompí la placenta sin querer, y no por mi deseo de escapar de la comodidad estomacal-maternal. No creo que ella le dijera eso a mi proveedor de vida; lo de los platos es verdad. Como siempre: la realidad supera a la ficción.
Pues eso, mi vida no es algo que pueda dar para un best seller. Además, para eso está Dan Brown. Sí, sí, ese hombrecillo capaz de hacerle publicidad a algo mientras hace como que lo critica.
Pero todo el mundo tiene cosas que contar. Como aquella vez, en Aquapark. Mi hermana (ese ser llamado Norma que se merece más de un capítulo bien largo) y yo, con unos ocho y siete años respectivamente más o menos, pensamos que estaría bien salir de la piscinita llena de champiñones gigantes repletos de niños (champiñones, quién me lo iba a decir) para irnos a aquella trenza lejana a la que iban los adultos y desde la cuál llegaban sorprendentes carcajadas.
En realidad fui coaccionado por ella, que yo no quería. Con lo feliz que estaba yo allí con los champiñones… (No he cambiado nada) Pero bueno, finalmente me convenció. Creo que tuvo que insistir por lo menos más de una vez.
Así, como dos hormigas en bañador, fuimos (quizá cogidos de la mano) atravesando el Aquapark ése hacia los dos tubos entrelazados que escupían personas a una piscina de tamaño medio.
El problema es que la piscina, para las dos hormigas, no era de tamaño medio… parecía más bien el océano Pacífico (o el Atlántico, que me da igual).
Ahora comprendo por qué había dos guiris (con sus chanclas, sus calcetines, sus gafas de sol, sus dientes blancos y su piel roja) en la otra cola, señalándonos y riéndose. Ahora comprendo que el encargado de la Trenza (así se llamaba ciertamente, por su forma) no quisiera dejar que nos tirásemos.
-El chico no es lo suficientemente alto.
Vaya, ya estamos con mi altura. Pues sí, el tipo aquél del Aquapark sólo quería ser cuidadoso… pero no lo fue del todo. Chico listo, dijo lo que tuvo que decir, y pasó del tema. Seguramente cobró lo mismo.
El caso es que acabé saliéndome con la mía, que, como suele pasar, no era lo que más me convenía. Me metí en el tubo, con mi hermana a mi espalda (aunque se suponía que teníamos que ir cada uno en una parte de la trenza) y nos lanzamos a la aventura, dejando atrás a los guiris, al encargado responsable, el metro con la línea roja a la cuál mi cabeza no alcanzaba… Conforme bajábamos, la velocidad crecía y nuestras risas también. La luz entraba por las rendijas que había entre las partes de los tubos. Sin embargo, como si de un túnel oscuro se tratase, como el «dirígete a la luz» de Poltergeist, fuimos llegando al final, a los reflejos acuáticos.
Un gran chapoteo, y ya no veo nada. La razón: estoy en el agua (nunca he podido abrir los ojos cuando estoy sumergido, no sé por qué). La consecuencia: pánico. Mucho pánico, porque de repente me encuentro bajo mi hermana en una piscina atlántica (o pacífica, que me da igual), y de repente sale nuestro egoísmo (quizás genético), y de repente nos olvidamos de que nos queremos (o se supone). Su pie en mi boca («quiero respirar, simplemente eso»), mis uñas en sus muslos («¿dónde estoy, dónde estoy?»); mis dientes en su pie («ay, coño»), sus pies en mi cara («me apetecen patatas fritas»)… Finalmente, la heroína Norma sale a la superficie y le entra el puntazo: tiene que salvar a su hermano, por Dios.
Baja y me intenta empujar hacia arriba, mientras yo me cojo a ella y la arrastro para abajo. ¡No me voy a ir yo solo al Más Allá, hombre!
Menos mal que en el Aquapark ése había socorristas, porque si no, no estaría aquí contándolo. Eso sí, yo estaba en pleno estado venid-todos-conmigo, y no se lo puse muy fácil al tipo aquél: mientras enganchaba a mi hermana con una mano, hacía fuerza para abajo (no sé por qué, en serio) y el pobre hombre no podía sacarme. Ni David Hasselhoff tuvo una misión tan difícil, oye.
Pues nada, al final pude salir del agua vivo, menos mal.
…
Os recuerdo que sigo siendo la víctima de la historia. Y a callar.
Sábado, 10 de junio de 2006; 20:02h (Escuchando: Abrázame, Iván Ferreiro; High, James Blunt)
Comentario:
en fin javy..
tu ya sabes ke opino sobre tus relatos...ke me encntaria escribir komo tu. xq veras, intento dibujar, componer, escribir...y no me sale nada bien..tienes mucho don y mucha suerte...aprovexalos!!
un beso y un abrazo muy fuertes
ania
tu ya sabes ke opino sobre tus relatos...ke me encntaria escribir komo tu. xq veras, intento dibujar, componer, escribir...y no me sale nada bien..tienes mucho don y mucha suerte...aprovexalos!!
un beso y un abrazo muy fuertes
ania
Comentario:
Es mi primera visita a tu blog y la verdad es que me está gustando!! si si!! jeje.... me pasearé más a menudo por aqui! Puedo?? (Ika... vaya morro que tienes, te autoinvitas a volver a pasar y al final preguntas si puedes.... mu mal Ika mu mal!)
Por cierto.... te has vuelto a tirar por La Trenza?? jeje
Saludos!!
Por cierto.... te has vuelto a tirar por La Trenza?? jeje
Saludos!!
Comentario:
Bueno mi nene, veo que soy la 1º persona q te deja un recuerdo en este incipiente blog!
Sigue escribiendo así, haces interesante lo cotidiano....
Un beso!
Sigue escribiendo así, haces interesante lo cotidiano....
Un beso!





