<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><rdf:RDF xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/" xmlns:ti="http://purl.org/rss/1.0/modules/textinput/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:co="http://purl.org/rss/1.0/modules/company/" xmlns:rdf="http://www.w3.org/1999/02/22-rdf-syntax-ns#" xmlns="http://purl.org/rss/1.0/"><channel rdf:about="http://blogs.ya.com/javipermar/rss20.xml"><title><![CDATA[¿Diario?, no creo]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/javipermar/rss20.xml]]></link><description><![CDATA[Un montón de paranoias y, en general, mi vida (Javy)]]></description><dc:publisher><![CDATA[Publisher]]></dc:publisher><dc:creator><![CDATA[creator]]></dc:creator><dc:rights><![CDATA[rights]]></dc:rights><dc:date><![CDATA[12/12/2004]]></dc:date><sy:updatePeriod><![CDATA[hour]]></sy:updatePeriod><sy:updateFrequency><![CDATA[123]]></sy:updateFrequency><sy:updateBase><![CDATA[BASE]]></sy:updateBase><items><rdf:Seq><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/javipermar/c_15.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/javipermar/c_14.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/javipermar/c_13.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/javipermar/c_12.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/javipermar/c_11.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/javipermar/c_10.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/javipermar/c_9.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/javipermar/c_8.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/javipermar/c_7.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/javipermar/c_6.htm"/></rdf:Seq></items></channel><item rdf:about="http://blogs.ya.com/javipermar/c_15.htm"><title><![CDATA[9 días]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/javipermar/c_15.htm]]></link><description><![CDATA[Es el título de una peli, verdad? Sí, creo que sí, pero no me refiero a eso. No he visto la susodicha peli ni creo que la vea nunca, porque tampoco me interesa. Lo que sí he visto últimamente es producción argentina. <i>Vientos de agua</i>, por favor, una obra de arte de 15 horas. No sé si he hablado de esta joya cinematográfica fracasada en estos lares del planeta (por culpa de Tele5, por supuesto) alguna vez, pero si lo he hecho, me la suda: TODO EL QUE AME EL BUEN CINE, Y EL QUE AME LA REALIDAD CON SUS MALES Y SUS BIENES ESCASOS PERO HERMOSOS DEBE VER <i>Vientos de agua</i>, una miniserie de trece capítulos que habla sobre la inmigración, pero también sobre el racismo, sobre el amor (por encima de todas las cosas), sobre la distancia, sobre el ser humano, y un largo etcétera. En general, habla sobre la vida, con un contexto histórico muy logrado (el mundo abatido por el nazismo, la Argentina de Perón, los españoles que emigraron antes, durante y tras la guerra civil, el Corralito...) y con unos personajes que, a base de un perfecto guión, se convierten en gente que conoces y que quieres, y gente con la que sufres y disfrutas durante trece capítulos de hora y cuarto aproximadamente cada uno. La producción es de Juan José Campanella, creador también de <i>El hijo de la novia</i> (una preciosidad de película que habla también del ser humano y que trata el tema del Alzheimer, una enfermedad que me apasiona, como todo lo que respecta a la vejez y a la senilidad en general).<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/javipermar/files/vientosagua.jpg" alt="" border="0" width="250" height="129"/> <br/><br/> <br/>También he seguido viendo <i>Mujeres desesperadas</i>, ya queda poco para el fin de la segunda temporada, que no podría estar más interesante. Por supuesto, sigo con <i>Perdidos</i> en la Fox, acompañando a Ana Isabel cada lunes y luchando por no contarle lo que va a pasar en cada momento (recuerdo que yo ya he visto la segunda temporada completa en VOS), sesiones a las que ahora se une Flavia, que por fin nos ha alcanzado.<br/> <br/>Y dejando mi frikismo, vuelvo a decir que el título del post no tiene nada que ver con la película aquélla. Más bien tiene que ver con el tiempo que falta para que vuelva a nuestro país una personilla sin la cuál estoy empezando a estar perdido... Pero ya queda poco. O mucho, quizá demasiado. Date prisa, cariño!!!!<br/> <br/> <br/>Te quiero.]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/javipermar/c_14.htm"><title><![CDATA[Perdido en el universo de Lost, y hola de nuevo]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/javipermar/c_14.htm]]></link><description><![CDATA[Hoy acaba el curso, como quien dice. Yo, en realidad llevo una semana emergiendo de entre las sábanas a las once de la mañana o incluso a la una... menuda vida, espero que no sea todo el verano así. Es más, estoy haciendo esfuerzos para que no sea así: mañana tengo una entrevista de trabajo en los Seguros Santa Lucía como teleoperador... y yo que me veía de albañil o camarero este verano... Deseadme suerte.<br/> <br/>Por otra parte, además de las entregas de <i>...PENSANDO</i> no he escrito mucho estos últimos meses en mi querido blog, ¿verdad? Supongo que muchos sabeis dónde me he metido... sí, exacto. He estado Perdido. Quiero decir, para los que no leen mi mensaje personal mucho en mi msn: viendo <i>Perdidos</i>. Esa serie, <i>Lost</i> para los más frikis, como yo, es una serie ya de culto pero a la vez (voilà, se puede complementar) de calidad. Buen guión, buena interpretación (interpretaciones, pues es una trama coral, de muchos personajes principales, vaya), buena música, buena trama, buena forma de llevarla, buenos ataques de epilepsia que he tenido viéndola (es broma, que ya me han dicho algunos que no estaban al tanto de mi enfermedad ¬¬), además de los constantes erizamientos de vello y alguna que otra lágrima.<br/>Para los que no han visto la serie... tranquilos, yo os puedo dar la dirección de alguna tienda de artilugios para el suicidio.<br/> <br/>Paralelamente a esto, nos encontramos con el siguiente hecho: sin exagerar, somos la generación YouTube. Poco falta para que esta afirmación sea realidad. ¿Qué tiene que ver esto con <i>Lost</i>? Porque tengo que seguir una linea expositiva coherente... aunque muchas veces me pase la linea por el forro de los santos susodichos. Pues tiene que ver porque en YouTube hay, como de cualquier cosa, miles de videos de Lost. Y entre todos esos videos me he encontrado con esta delicia que es la promo de la primera temporada en el Reino Unido (reino que acogerá a mi novia hoy mismo, cabrones estos guiris). No sé a quién se le ocurriría la idea, pero... <i>Lost</i> + estilo gótico = ¡¡OBRA DE ARTE!!<br/>Para los que no aman el universo <i>Lost</i> con sus flashbacks y sus susurros y sus impresionantes secretos, este anuncio os parecerá una simple ida de cabeza... para los que estamos inmersos y perdidos, nunca mejor dicho, en él... este video es un regalo de los mismísimos dioses, o un regalo de la Isla. Y la Isla sí es todopoderosa. jejeje.<br/> <br/><object width="425" height="350"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/iL-jbe3ZoW8"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/iL-jbe3ZoW8" type="application/x-shockwave-flash" width="425" height="350"></embed></object><br/><br/>Besos.<br/>PD: Si os gusta la canción, el título es <i>Numb</i>, y es de Portishead. ;)]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/javipermar/c_13.htm"><title><![CDATA[3. Sobre los caminos del Señor, tan difíciles de escrutar]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/javipermar/c_13.htm]]></link><description><![CDATA[Domingo, 18 de junio de 2006; 10:39h (Escuchando: <i>Los Aviones No Pueden Volar</i>, Amaral)<br/>Hoy quiero remontarme a los años de mi prehistoria, en los que yo era un niño albaceteño sin amigos y sin vida propia más allá de <i>Harry Potter</i>. Entonces yo estaba en 1º de ESO. Aquel año fue, al menos, deprimente. Por aquel entonces, mi mejor amigo se llamaba Pepe, y mi clase era una experiencia surrealista puesta allí por los mejores científicos del mundo para estudiar la mente de los niños. Desde dos ignorantes que decían ser nazis y sentirse orgullosos de dibujar la cruz gamada en su libreta hasta un tipo muy raro con herpes eternos en la boca.<br/>Mi grupito (todo el mundo sabe lo que es un grupito, como bien dice Leslie Anzt en el capítulo 1x24, <i>Éxodo Parte 2</i>, de <i>Perdidos</i>) éramos cuatro chicos que nadie habría dicho que acabarían juntos durante un curso.<br/>Iván, el friki. El solo acto de abrir su boca conllevaba varias carcajadas nuestras. Tenía el don de la gracia. Te soltaba un monólogo sobre los dibujos de “antes” y los de “ahora” (las comillas vienen a expresar el tiempo que ha pasado, que no es ni mucho ni poco) y te tirabas por los suelos, y él tan pancho. Por otra parte, estaba el autista… es triste que no recuerde su nombre. Se le iba la cabeza y te quedabas muerto de miedo, pero generalmente no hablaba mucho.<br/>Estos dos han acabado (creo, por lo que he visto yendo a la feria anualmente) separados. Iván… creo que viste ropa de <i>El niño</i>, etc. No sé si escuchará música de ese tipo. El otro, el autista… lo vi en Mercadona un día, comprando para casa de mi padre. Seguía igual de autista, pero con una ceja aún más unida sobre la nariz. Parecía una visera.<br/>Por otra parte, estábamos Pepe y yo. Pepe, medio metro él, es (o era) una persona que se gana tu cariño a base de sacarte de quicio. De repente, te da un golpe con los dedos en la oreja, y te la deja completamente roja. Y se ríe, y se ríe, y se ríe… y tú no sabes si reírte, llorar, o pegarle un puñetazo. Pero acabas riéndote porque te hacen gracia sus carcajadas. Y entonces vas a golpes en la oreja por minuto. Al final te cansas. No haberte reído.<br/>Pepe ha acabado siendo un mafias. Quizá ahora golpee sin reírse después.<br/>Yo… ya sabéis cómo soy, y ya sabéis cómo he acabado.<br/>Domingo, 18 de junio de 2006; 11:24h (Escuchando: <i>Billy</i>, James Blunt)]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/javipermar/c_12.htm"><title><![CDATA[2. Sobre lo que un adolescente puede decir de su vida o cómo contar algo que no viene a cuento (y sin despeinarme, oye)]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/javipermar/c_12.htm]]></link><description><![CDATA[Sábado, 10 de junio de 2006; 16:19h (Escuchando: <i>Devil Came To Me</i>, Dover)<br/>Y es que, con 17 años, uno no tiene una biografía muy desarrollada. Hombre, si estoy obligado a ello, puedo empezar con algo así como esto:<br/>“Corría un lluvioso día de marzo del año 1989 cuando decidí que los límites de la placenta eran demasiado… ¿limitados? Con mis poderes fetales, hice caer un torrente por la entrepierna de mi madre y ésta le dijo a mi progenitor <i>He roto aguas, Cole</i>. Entonces, mi padre se puso a fregar los platos…”.<br/>Claro: estaría mintiendo. Para empezar, no tengo la menor idea de las circunstancias meteorológicas. Seguramente, y con mi suerte, rompí la placenta sin querer, y no por mi deseo de escapar de la comodidad estomacal-maternal. No creo que ella le dijera eso a mi proveedor de vida; lo de los platos es verdad. Como siempre: la realidad supera a la ficción.<br/>Pues eso, mi vida no es algo que pueda dar para un best seller. Además, para eso está Dan Brown. Sí, sí, ese hombrecillo capaz de hacerle publicidad a algo mientras hace como que lo critica.<br/>Pero todo el mundo tiene cosas que contar. Como aquella vez, en Aquapark. Mi hermana (ese ser llamado Norma que se merece más de un capítulo bien largo) y yo, con unos ocho y siete años respectivamente más o menos, pensamos que estaría bien salir de la piscinita llena de champiñones gigantes repletos de niños (champiñones, quién me lo iba a decir) para irnos a aquella trenza lejana a la que iban los adultos y desde la cuál llegaban sorprendentes carcajadas.<br/>En realidad fui coaccionado por ella, que yo no quería. Con lo feliz que estaba yo allí con los champiñones… (No he cambiado nada) Pero bueno, finalmente me convenció. Creo que tuvo que insistir por lo menos más de una vez.<br/>Así, como dos hormigas en bañador, fuimos (quizá cogidos de la mano) atravesando el Aquapark ése hacia los dos tubos entrelazados que escupían personas a una piscina de tamaño medio.<br/>El problema es que la piscina, para las dos hormigas, no era de tamaño medio… parecía más bien el océano Pacífico (o el Atlántico, que me da igual).<br/>Ahora comprendo por qué había dos guiris (con sus chanclas, sus calcetines, sus gafas de sol, sus dientes blancos y su piel roja) en la otra cola, señalándonos y riéndose. Ahora comprendo que el encargado de <i>la Trenza</i> (así se llamaba ciertamente, por su forma) no quisiera dejar que nos tirásemos.<br/>-El chico no es lo suficientemente alto.<br/>Vaya, ya estamos con mi altura. Pues sí, el tipo aquél del Aquapark sólo quería ser cuidadoso… pero no lo fue del todo. Chico listo, dijo lo que tuvo que decir, y pasó del tema. Seguramente cobró lo mismo.<br/>El caso es que acabé saliéndome con la mía, que, como suele pasar, no era lo que más me convenía. Me metí en el tubo, con mi hermana a mi espalda (aunque se suponía que teníamos que ir cada uno en una parte de la trenza) y nos lanzamos a la aventura, dejando atrás a los guiris, al encargado responsable, el metro con la línea roja a la cuál mi cabeza no alcanzaba… Conforme bajábamos, la velocidad crecía y nuestras risas también. La luz entraba por las rendijas que había entre las partes de los tubos. Sin embargo, como si de un túnel oscuro se tratase, como el «dirígete a la luz» de <i>Poltergeist</i>, fuimos llegando al final, a los reflejos acuáticos.<br/>Un gran chapoteo, y ya no veo nada. La razón: estoy en el agua (nunca he podido abrir los ojos cuando estoy sumergido, no sé por qué). La consecuencia: pánico. Mucho pánico, porque de repente me encuentro bajo mi hermana en una piscina atlántica (o pacífica, que me da igual), y de repente sale nuestro egoísmo (quizás genético), y de repente nos olvidamos de que nos queremos (o se supone). Su pie en mi boca («quiero respirar, simplemente eso»), mis uñas en sus muslos («¿dónde estoy, dónde estoy?»); mis dientes en su pie («ay, coño»), sus pies en mi cara («me apetecen patatas fritas»)… Finalmente, la heroína Norma sale a la superficie y le entra el puntazo: tiene que salvar a su hermano, por Dios.<br/>Baja y me intenta empujar hacia arriba, mientras yo me cojo a ella y la arrastro para abajo. ¡No me voy a ir yo solo al Más Allá, hombre!<br/>Menos mal que en el Aquapark ése había socorristas, porque si no, no estaría aquí contándolo. Eso sí, yo estaba en pleno estado venid-todos-conmigo, y no se lo puse muy fácil al tipo aquél: mientras enganchaba a mi hermana con una mano, hacía fuerza para abajo (no sé por qué, en serio) y el pobre hombre no podía sacarme. Ni David Hasselhoff tuvo una misión tan difícil, oye.<br/>Pues nada, al final pude salir del agua vivo, menos mal.<br/>…<br/>Os recuerdo que sigo siendo la víctima de la historia. Y a callar.<br/>Sábado, 10 de junio de 2006; 20:02h (Escuchando: <i>Abrázame</i>, Iván Ferreiro; <i>High</i>, James Blunt)]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/javipermar/c_11.htm"><title><![CDATA[1. Sobre la enfermedad de mi abuela y un extraño despertar]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/javipermar/c_11.htm]]></link><description><![CDATA[Domingo, 04 de junio de 2006; 18:23h (Escuchando: <i>In My Place</i>, de Coldplay)<br/>Esta mañana, a las 11:10h, un terrible zumbido ha entrado en mis sueños repletos de cosas muy raras que nunca me pasarán en un estado que no sea el característico de una persona durmiente. El terrible zumbido provenía del exterior: como una mosca cojonera en pleno verano, el insoportable ruido llenaba la habitación y su atmósfera propia del dormitorio de un adolescente (también bien definida por la expresión humanidad). Un zzzzzzz (de ahí la palabra Zumbido, con la que el Zorro no tiene nada que ver, no confundamos) constante. Mis párpados se han resguardado para dejar paso a la luz, que ha empequeñecido las pupilas, todo eso mientras mi mente buscaba la razón a tal castigo inimaginable. Al momento, yo, como cualquiera que viva en el siglo XXI y en el primer mundo, claro, he descubierto qué estaba causando el ruidito insoportable: mi móvil, que estaba recibiendo una llamada.<br/>Lo cojo y miro a la pantalla, para ver quién osaba molestarme a tales horas. “Llamando: Antonia Yaya”. Y pienso «¿qué querrá esta mujer?». Al momento llega el oxígeno a mi cerebro y lo llena de memoria y conciencia: es el esperado día en el que mi primo Jesús toma la comunión.<br/>Prefiero no hablar de la “común unión”, lo dejaré para otro momento en el que quiera insultar a alguien. Mejor me centraré en lo sucedido.<br/>Tal y como la conciencia me ha invadido, también lo ha hecho mi pereza y mi egoísmo: no he respondido. No tenía ganas de levantarme, por muchas razones, que quizá enumere luego (la pereza no me abandona en todo el día). Pero mi madre, la que llamaba desde el móvil de la suya propia, es demasiado inteligente: ha llamado al fijo de su ex suegra, para que ésta, con su increíble don para el arte de molestar, me dijera que me levantase y me fuera para la iglesia.<br/>Y Mariana, la susodicha abuela del ya mencionado don, ha subido y ha abierto la puerta, para encontrarse con un nieto que fingía dormir. «<i>Javiel</i>, <i>Javiel</i>» … «<i>Javiel</i>, que ha llamado tu madre» … «¡<i>Javiel</i>!» «¿Qué quieres, yaya?» «Venga, que ha llamado tu madre…» «¿Qué quiere mi madre?» «(Acercándose a la ventana para subir la persiana, porque al parecer ha visto mis pupilas demasiado dilatadas) Venga, que te levantes…» «¡Yaya, que qué quiere!»<br/>Pues sí, las conversaciones con mi abuela pueden convertirse en un martirio, y de hecho la mayoría lo son. Es una mujer que cree decirlo todo con su venga. Si por ella fuera, todos sabríamos lo que piensa al sonido de un chasquido de dedos.<br/>Finalmente, me ha dicho que había llamado mi querida madre y que me fuera a la comunión de mi primo, «venga».<br/>Hay que comentar, ya que viene al cuento, que mi abuela tiene una horrible enfermedad cuyas características son:<br/>•&#9;Extremada preocupación por las apariencias.<br/>•&#9;Tención a la preocupación universal.<br/>•&#9;Silenciosa maquinación de maquiavélicos planes que llevará a cabo contra viento y marea.<br/>•&#9;Poder sobre todas las cosas.<br/>•&#9;“Poco ruido, y muchas nueces.”<br/>Así, llevando a cabo muchas de las características al unísono, me ha traído ropa que ella quería que me pusiera, porque «mira, qué bonica, venga». Mi respuesta: tras ducharme, he subido de nuevo y he cogido la ropa que yo quería ponerme. En vez de los zapatos que ella quería que yo me pusiera, me he puesto mis zapatillas. ¡Hombre, ya!<br/>Quizás lo que hace que nos llevemos cada día peor es que está viendo que me escapo de sus manos:<br/>•&#9;Paso de las apariencias, aunque no del todo, bastante más que ella.<br/>•&#9;Tiendo más bien a preocuparme realmente de muy pocas cosas.<br/>•&#9;No suelo dejar que lleve a cabo muchos de sus maquiavélicos planes.<br/>•&#9;No tiene poder sobre mí.<br/>•&#9;Yo soy más bien ruido, por muy pocas nueces que haya.<br/>Finalmente, tras discutir con ella, como siempre, sobre qué me había puesto («¿Qué te has puesto, nene? Pero si lo que yo te he dejado era muy bonico. Sube otra vez, venga.»), me he ido dejándola sufriendo por si me veía alguna vecina.<br/>No vayan a darse cuenta de que su nieto tiene personalidad, por Dios.<br/>Lunes, 05 de junio de 2006; 01:16h (Escuchando: <i>High Speed</i>, Coldplay)]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/javipermar/c_10.htm"><title><![CDATA[Introducción. Adaptémonos pues]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/javipermar/c_10.htm]]></link><description><![CDATA[Miércoles, 31 de mayo de 2006; 11:35h<br/>Tengo sólo 17 años, no he vivido nada; ya lo sé. Cualquiera diría que quiero ir de listo, de sabelotodo, quizás me digan que de qué voy. Y sin embargo hay una cualidad del ser humano que lo diferencia de todo ser vivo. Ya que es del ser humano en general (aunque cada vez estoy más seguro de que hay excepciones), se puede decir que nadie se libra de llevarla a cabo; es más, diría que es imprescindible para nuestra vida. La susodicha cualidad no nos acompaña desde el principio de nuestra existencia. Se forjó conforme descubríamos el fuego, el sedentarismo, el cultivo…<br/>Hay, por otro lado, un proceso que ni la ciencia ni la historia, ni siquiera la filogenia ni la antropología, han sabido plasmar. Quizá no lo hayan percibido. Lo dudo: si lo he visto yo…<br/>Es un proceso que va más allá de lo físico, quizá lejano a la psique incluso. Mira tú que, conforme íbamos conociendo el mundo, íbamos adquiriendo la ya nombrada cualidad, y tras pasar esto, nos hacíamos a nosotros mismos. Ahora viene un científico o un filósofo o psicólogo y dice:<br/>-Claro, niñito, eso se llama adaptación. Es propia del hombre.<br/>Triste, triste, científico y/o filósofo y/o psicólogo. Claro que el hombre se adapta al medio, por supuesto… pero no me refiero a eso. Me refiero a otro tipo de adaptación: aquélla por la cuál el hombre se adapta a sí mismo.<br/>Por este proceso, todo ser humano descubre, junto al cultivo, el silencio; junto al sedentarismo, la paciencia; junto al viento, descubre la verdad al igual que descubre el amor cuando conoce el fuego.<br/>El hombre se adapta al medio justo después de adaptarse a sí mismo. Por eso somos capaces de sobrevivir.<br/>Pero todo esto no sería posible sin la cualidad con la que he defendido mi derecho a escribir esto: el pensamiento. Más allá de la inteligencia, muchísimo más allá de la simple conciencia: pensar. Simplemente pensar, hacerse preguntas, encontrar respuestas.<br/>Yo, como ser humano que soy (teoría aún por contrastar), pienso. Y como ser pensante que soy, he decidido (pensado) que debo plasmar mis pensamientos. Si no, puede que se pierdan para siempre… Sería una pena. O no.<br/>Miércoles, 31 de mayo de 2006; 12:48h]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/javipermar/c_9.htm"><title><![CDATA[Basura]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/javipermar/c_9.htm]]></link><description><![CDATA[Justo cuando el primer rayo de sol barrió el pueblo, una puerta se abrió para dejar salir un esplendoroso suspiro. Con lágrimas en los ojos, Mariana salía a la calle al igual que lo hizo el miedo y el dolor.<br/>Sintiendo ganas de gritar, arrastró las bolsas de la basura como arrastraba desde hacía años su vida y su dignidad. Cuatro grandes bolsas negras, dos en cada mano, que simbolizaban lo que era la basura, los deshechos de su pasado.<br/>Recordaba perfectamente aquel bello día en que, con un vestido blanco, entre llantos y sonrisas, se adentraba en el infierno. Con un demonio engañadizo a su lado, se había metido en el coche y se había lanzado hacia su desastroso futuro, lleno de decepciones y mentiras.<br/>Recordaba también aquel día, primer fatal momento, cuando el demonio se quitó por primera vez su máscara. En realidad ella no se dio cuenta, fue algo tan simple que casi ni tuvo transcendencia. Pero fue el principio.<br/><i>Nena, tráeme una cerveza</i>. ¡Qué frase tan inocente comparada con lo que iría pasando a partir de aquella vez! ¡Qué simple! Fue aquel día cuando el demonio dejó entrever lo que en realidad era, y abrió a los pies de Mariana una puerta hacia el fuego.<br/>¡Y vaya si se quemaría! ¡Cuántas sonrisas repletas de dolor! ¡Cuántas lágrimas que se fueron tirando de las cisterna! Cuántos momentos que fueron mentira.<br/>Como aquel día, hacía tres años, celebrando su primer aniversario, con la familia y los amigos.<br/><i>Nena, ¿puedes venir un momento?</i> Mariana y su demonio entraron al aseo, y allí las manos de él se buscaron alrededor del cuello de ella. Casi la estrangula. Pero él no quería eso: sólo quería dejarle bien claro que podía hacerlo, que ella era suya y que él era superior. Ella, llorando en el suelo del estrecho lavabo, vio cómo él se lavaba las manos. <i>No vuelvas a mirar a nadie, puta</i>.<br/>Ella salió diez minutos después, sin rastro de dolor, con una sonrisa en la cara. Asimilando por dentro que no era nada sin él, que lo necesitaba para existir. E intentándose convencer de que él la quería en realidad.<br/>Oh, Mariana, con sus bolsas de basura, buscando un contenedor, sonriendo una vez más.<br/>-¡Mariana!<br/>El frágil cuerpo prematuramente envejecido se paró en medio de la calle, con los hombros caídos, la espalda curvada, esperando a la mujer que la había llamado.<br/>-¡Mariana! ¿Qué haces por aquí a estas horas? -dijo la Lola cuando llegó a su lado.<br/>-Pues nada, Lola, tirar la basura.<br/>La amoratada cara miró sonriente a la Lola. Ésta estaba acostumbrada, como todo el pueblo, a que Mariana tuviera el rostro de un color negruzco. Sin embargo, si conseguían fijar su mirada en los pequeños ojos de la Mariana, veían que nada, ni el color de su maltratada cara, podía superar la inmensa tristeza de sus negras pupilas.<br/>-¿Tirando la basura a estas horas? ¿Y por aquí?<br/>-No está el contenedor de al lado de mi casa. Y he estado toda la noche limpiando.<br/>-Vaya, a ver si te vas a volver como la Catalina cuando se murió su marido, que limpiaba por la noche, dormía por la mañana y las tardes las pasaba llorando. Bueno, a ti no se te ha muerto el Paco.<br/>Mariana bajó su mirada a las bolsas de basura. Una lágrima rodó por su mejilla izquierda.<br/>-No, al Paco aún le quedan muchas fuerzas.<br/>-Demasiadas, diría yo -replicó entre dientes la Lola.<br/>Mariana frunció el ceño. Pero no quiso empezar a discutir de nuevo. Sabía que todo el pueblo lo sabía. Se despidió de la Lola y siguió andando.<br/>Estaba a punto de llegar cuando se tropezó y cayó de bruces al suelo, rodando las bolsas unos metros calle abajo. Mariana se levantó deprisa, pero no lo suficiente. Allí estaba Manuel, el jefe de policía.<br/>Con su habitual raya a la izquierda, vestido de ciudadano, aunque todos supieran que trabajaba las veinticuatro horas del día, siempre alerta. Y, en realidad, nunca pasaba nada.<br/>-Hola, Mariana. ¿Te ayudo?<br/>Pero Mariana, reacia, recogió las bolsas aprisa, e intentó deshacerse del hombre como pudo.<br/>-Manuel, gracias y buenos días. Llevo un poco de prisa.<br/>-De acuerdo.<br/>Pero en un grave descuido, Mariana dejó escapar una de las bolsas, que sufrió un pequeño corte, dejando entrever un desperdicio.<br/>Repugnante, vomitivo, odioso. Pesadillas. Era como una pequeña salchicha. Una salchicha con una uña.<br/>Al ver esto, Manuel abrió los ojos más que nunca. Miró a Mariana y vio en su rostro la verdad. Se agachó, metió la salchicha y le dio la bolsa lentamente a la paralizada mujer.<br/>-Tirando la basura a estas horas, ¿eh? Bueno... cualquier momento es bueno para librarse de los desperdicios. ¿Quieres que te ayude?<br/>Mariana, con una nueva lágrima recorriendo su cara, negó con la cabeza.<br/>-Estas cosas prefiero hacerlas sola.<br/>Y siguió con su camino. Llegó finalmente a una explanada, donde había un solitario contenedor. Lentamente abrió la tapa, dejándola caer al otro lado y chocar con las paredes del recipiente.<br/>Mariana, llorando, recordó la primera vez que Paco le había dicho que la quería. Echó una a una, no sin esfuerzo, las bolsas negras dentro del verde contenedor. El sol ya se alzaba en el horizonte.<br/>Y Mariana volvió a su casa. Dejando el pasado atrás, pero volviendo a ser la misma, y sonriendo. Pasó por la panadería. Pero no iba a pararse a hablar con el Julio. Le pediría dos barras... no, una, y se iría aprisa a casa. Tenía muchas cosas que hacer.]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/javipermar/c_8.htm"><title><![CDATA[Gordo]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/javipermar/c_8.htm]]></link><description><![CDATA[La furia dentro de mí. Nace en el corazón, y con cada latido sale disparada al extremo más lejano de mi cuerpo, pasando por todas y cada una de mis partes. Es la furia que me veo en los ojos, la que siento que me mata, la que me haría matar.<br/><br/>El asco, que me hace llorar. Asco por esa horrible ondulación, por no hablar de todas las demás, asco por esa imagen, en el espejo, asco por el botijo de mi reflejo.<br/><br/>Llorar es lo único que me apetece. Porque me siento lejos de los demás, asqueado y deprimido, sumido en el más profundo agujero que me impide subir donde están ellos, por mucho que algunos me tiendan la mano.<br/><br/>Es una locura, sentir que estoy encerrado en una jaula antisocial, una maldición. Maldito el molde, maldito el relleno.<br/><br/>Soy un monstruo, alejado de cualquier canon dictado por ellos. Un ente material deforme, algo insoportable a la vista.<br/><br/>Arcadas, eso es lo que provoco. Arcadas y pena. Aunque otros lo que sienten es diversión. <i>Gordo, ¿qué estás mirando?</i> Por la calle no puedo ni girar la cabeza. Soy inferior, infrahumano.<br/><br/>Me levanto, me miro al espejo y siento ganas de romperlo, ¡de romperme a mí mismo! ¿No pueden comprarse otro mejor? Yo soy un producto defectuoso.<br/><br/>Y probarme cinco sudaderas y dar vueltas frente al espejo, llorar, tirarlo todo por el suelo. Pereza, odio, envidia, desesperación, auto-convicción, frustración. Tanto que siento de una que necesito tumbarme de nuevo y escribir esto. A la mierda la responsabilidad. Que se jodan las obligaciones.<br/><br/>Lo peor de todo es cuando me asomo a un escaparate y pienso <i>yo quiero esos pantalones</i>, <i>me gustaría esa camiseta</i>… Luego mi mente lleva a cabo el proceso de la imaginación. Y pienso <i>qué asco</i>. La ropa perfecta, en mí, se convierte en un intento de agradar y agradarme, un intento frustrado por mi cuerpo. La ropa perfecta es en mí un disfraz de bufón.<br/><br/>No, lo peor de todo no es eso. Lo más patético es escribir esto cuando la mitad del día estoy pensando en mi salida, en la solución. Reinventándome, ja ja ja. Me siento más gordo y patético que nunca.]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/javipermar/c_7.htm"><title><![CDATA[Año sabático]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/javipermar/c_7.htm]]></link><description><![CDATA[Los británicos, antes de ir a la universidad, se toman un año de descanso. Qué listos. Los españoles, en contraste a eso, nos ponemos como una cuba. Bueno, algunos. Otros se ponen a estudiar como locos... vamos, que no cambian con respecto a lo que han hecho sus últimos años. Yo no creo que haga ninguna de esas tres cosas cuando llegue el momento.<br/>El caso es que hasta ayer seguramente me quedaba un año y cuatro meses o cinco para llegar al momento de la elección entre el descanso, el estudio exahustivo y el pedo memorable. Ahora me queda más tiempo.<br/>Y diréis <i>al tipo éste le han dado las notas y está viendo que se queda en primero de bachillerato</i>. Y yo contesto <i>pues no</i>. Aunque también podría ser eso (no sé las notas de este trimestre), pero no.<br/>La causa está en una noche fatídica de primavera, en la que miles (hala, <i>exagerao</i>!!) de personas se reunieron en un salón de bodas al cuál asistían para presenciar un Festival de Primavera. Además, otras miles (idem) de personas lo vieron <b>en directo</b> desde sus casas (TVAlmansa, señores, qué calidad).<br/>Bailes, desfiles, publicidad muy original... y un coro. Mierda. Ahí se jode la cosa.<br/>Ahora bien, puedo asegurar y aseguro que el mencionado coro tenía buenas intenciones. Ellos querían, simplemente, triunfar. <i>¿Qué tiene eso de malo?</i>, diréis. Pues sí, tiene algo muy malo: querer triunfar y no poder. Ea, mira, sí que lo siento.<br/>Seis buenas canciones (y no nueve, como estaba previsto) iban a interpretar. Ellos llegaron sonrientes (algunos bebiendo Codorniú, que <i>es bueno para la voz</i>, sí, sí, pero luego ni voz ni mierdas. ¡Para qué me bebo esa inbebible bebida, si luego voy a hacer tal ridículo!).<br/>Pero una sonrisa no es la solución. Van saliendo al escenario, uno a uno, desfiles y bailes, interrumpidos por las presentaciones de los cutres presentadores (por lo menos ejercían lo que su nombre les pedía).<br/>De repente llega la actuación número 6. De ahora en adelante pasará a llamarse el <b>Preludio de la Tragedia</b>. Pues eso, que salen los coristas (o cantantes, para poder hacer el juego de palabras que procede). Allí se enfilan ellos, sonrientes, temblando. Miles (que sí) de personas les miran escépticos mientras el cutre presentador nos presenta con un <i>no se asusten</i>. Va y dice que <i>interpretarán canciones totalmente contemporáneas</i>. O no. Bueno, ya he dicho que los presentadores presentaban... los cantantes... ¿de verdad cantaban?<br/>El público comienza a removerse en sus asientos con un <i>Anda Jaleo</i> pasable. Las palmaditas son resultonas. Después viene la excepción: un <i>Tómame O Déjame</i> interpretado por un dúo precioso (afinado, por suerte). Las flautas también quedan muy bien. El coro... bueno, esta vez también resulta pasable (sólo teníamos que decir <i>tómame o déjame</i> todo el rato).<br/>Y de repente se nota que va a tener lugar una tragedia. Una verdadera tragedia. Su Preludio es notable cuando un <i>tú no dejes de jugar</i> se convierte en un auténtico caos. Un error. Improvisación y listo. O no, vuelvo a repetir.<br/>El coro baja del escenario sonriente, pensando (un pensamiento colectivo) <i>mierda</i>. Si alguien hubiera sabido leer las mentes, abría oído una sincronización perfectamente coral. Un <i>mierda</i> melódico.<br/>Y vuelve a pasar el tiempo. Felicidades, Flavia, felicidades, Alba. De momento no parece muy malo. Pero algunos ya lo sentíamos en nuestra mente: la Tragedia se mascaba en el aire. Una solista gastando poco a poco su voz en un fragmento que, en un principio, podía hacer. Una corista se quedaba sin aire, otra sin memoria. Otro se quedaba embobado en los pocos modelos que había (abdominales, pectorales, <b>culos</b>...). Yo, mientras tanto, creía que todo podía salir bien. <i><b>Ingénuo</b></i>.<br/>Llega el turno del coro, de nuevo. La actuación número quince pasará a denominarse <b>Gran Tragedia</b>.<br/>Primera canción: la solista que tanto ha ensayado se ha quedado sin voz. Pobre Álex, su compañero. Bueno, por lo menos ella no desafina. Además, el estribillo (todo el coro) suena demasiado fuerte. Los micrófonos gruñen.<br/>Segunda canción: el coro se convierte en un gato gigante, además de una introducción interpretada por un tipo sin voz a esas horas, además de llevar los oídos entaponados (yo).<br/>Tercera canción: el tipo sin voz y sin oídos se adelanta y hace su gran actuación de tonos fuera de lugar e íes griegas no pronunciadas (léase <i>Oh happy deeeeeee</i>).<br/>El coro baja del escenario. La Gran Tragedia ha acabado.<br/>Por eso he decidido hacer un año sabático en mi propia habitación. Espero que nadie me vea por la ventana.<br/>Os juro que no voy a atravesar esa puerta por nada del mundo. No quiero existir.<br/>Me voy a dar una vuelta.<br/>(Otra vez será.)]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/javipermar/c_6.htm"><title><![CDATA[La sirena]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/javipermar/c_6.htm]]></link><description><![CDATA[Mirando al sol, se metió en el agua. Estaba fresca… como el pescado, como el hielo, como Plutón… o quizá más. Estaba bastante fresca... como los suspiros de una persona que necesita amor, como el aire pegándote manotazos en la cara cuando corres porque llegas tarde a algún sitio. Estaba fresca… o, bueno, quizá no fresca, sino fría. No es lo mismo, claro.<br/>Su padre estaba a unos metros, tumbado en la toalla. Se estaba echando crema. Aunque daba igual: siempre terminaba quemándose. Rojo como un cangrejo que se ha hinchado a tomates… si eso tiene sentido. Y, entonces, ¿por qué le gustaba tanto la playa? Ella solía preguntárselo.<br/>-No sé… supongo que soy masoquista... –respondía él.<br/>Y ella se ponía a pensar en el masoquismo… nunca lo comprendió.<br/>En aquel momento, su padre y ella solos en la playa, mientras las olas suspiraban… la llamaban… se sentaban en la orilla, y escuchaban su canto. El dulce canto de la bella niña rubita que se adentraba en sus almas… Las olas disfrutaban con ella, como ella disfrutaba con las olas. En algún momento perdió todo su sentido espaciotemporal y dejó que su bienestar fluyera por todo su ser… por cada gota de sudor, por cada destello de sus ojos, por todos sus pelos (desde la raíz hasta la punta), por todos y cada uno de los poros de su piel… toda ella se convirtió en olas.<br/>Y nadó por el océano Pacífico, por el mar Mediterráneo (se paró durante unos segundos en las bellas costas de Grecia), atravesó todo el planeta, moviendo sus extremidades inexistentes rápidamente… pero una bocanada de aire le movió el flequillo, y se lo tuvo que recolocar en la frente.<br/>Para cuando quiso darse cuenta, volvía a estar allí, a unos metros de su padre.<br/>-¡Susana! –la llamó él-, vamos a comer.<br/>-Sí, papá, ahora mismo voy.<br/>Pero no tenía la menor intención en salir de esa delgada línea que no estaba en ningún sitio, la franja entre la tierra seca y el agua limpia. Ahí estaba bien, como pez en el agua, como humano en la tierra, como sirena.<br/>Porque así se sentía: una sirena. Pero no esas sirenas que tienen cola y escamas, y un largo cabello rubio… Sí, ella era rubia, pero el pelo le llegaba como mucho a los hombros. Y no tenía cola ni escamas (bueno, un poco de acné, pues ya empezaba a entrar en la pubertad). Era una sirena que vivía en la tierra, pero sentía el mar como un hogar.<br/>Volvió a sentir una bocanada de aire… como cuando vas por la calle, y de repente sientes que una ráfaga te llevará volando a la luna, o, incluso, al sol. Pero ella no voló: dio un paso más hacia delante.<br/>Y se sintió extraña: estaba triste, porque ya había dejado esa delgada línea que no existía; pero estaba feliz, porque se aproximaba a su hogar.<br/>-¡Susanita! –dijo su padre con un retintín en la voz.<br/>Pero esta vez Susana no le respondió, quería ser libre… y olvidarse de historias y frases…<br/>Como cuando llegó su madre, se sentó a su lado y, sin previo aviso, le dijo que ahora iba a tener dos casas. Como cuando su padre le compró una buena bicicleta, una bici preciosa… que siempre le recordaría que era la culpable de que sus padres no se quisieran. Sí, de eso estaba segura.<br/>Pero eso lo quería olvidar. ¡Estaba de nuevo en su verdadero hogar! El mar… de repente ella sintió envidia de todos esos marcianos que se asomaban a las ventanas de sus naves espaciales y veían el Planeta Azul, y decían “buenos días, Planeta Azul”, y salían de su camarote plateado y saludaban a sus verdes vecinos y camaradas. Porque ella también desearía despertarse y ver su hogar en su inmensa totalidad. Una bola de agua, que le sonriera todas las mañanas…<br/>Pero, por otra parte, ella no quería ser verde. Le gustaba su color pálido. Como el puré de patatas de sobre, que no tenían ni patatas ni puré, sólo un sobre con polvitos. Ese puré que tanto le gustaba, a pesar de la ausencia de las patatas. Ese puré que era lo único que sabía cocinar… tal vez por eso le gustaba tanto. Dio otro paso.<br/>De repente se acordó de las compañeras de clase. Ellas solían decir que Susana estaba loca. Sólo desde hacía unos meses. Porque, antes, ella era lo más, era chachi, era piruli. Era, para qué engañarnos, la hostia. Porque los niños de ahora, bien lo sabía Susana, no dicen ni “lo más”, ni “chachi piruli”. Dicen lo que oyen en la tele. Y otro paso más.<br/>Pero las niñas, las niñitas de su clase, no sabían nada. A Susana le gustaba su inocencia, la de ellas: esa niña que quiere maquillarse para ir a clase; la que mira a los chicos con cara de santita; la que mira a los chicos con cara de tontita; la tontita; la santita… Bueno, todas eran santitas, quisieran o no. Dio otro paso más.<br/>Todas esas santitas tontitas (que acabarían siendo putitas) no tenían ni idea de lo que Susana estaba pasando. Las olas le cubrían las rodillas. Y ella daba gracias al mar.<br/>-¡Susana, venga! –gritó su padre. Se estaba poniendo nervioso.<br/>Había llegado la hora de responderle, o se acabaría preocupando:<br/>-Come tú, papá, que voy a mojarme un rato.<br/>Miró hacia atrás y vio que él se empezaba a comer su bocadillo. No se preocuparía si se sumergía un momento, ¿no? Ella tenía muchísimas ganas de entrar a su casa… aunque fuera por un rato. Sería feliz. Otro paso.<br/>Sentía las conchas en las plantas de sus pies, sentía la corriente del mar rozándole… besándole las piernas. De pronto descubrió que lo que era frío, se convirtió en fresco. El sol no quemaba bajo la superficie. De repente se dio cuenta de que lo único que sentía a gusto en su cuerpo eran las piernas, sumergidas en el mar.<br/>Otro paso.<br/>Y otro.<br/>Otro.<br/>Y un pasito más, y sintió el agua en su cadera. Ay, gracias. Se sentía viva, se sentía libre.<br/>¿Qué tal otro paseo, bella niña?, decía el mar. ¿Por qué no?, contestaba ella.<br/>Y volvía a nadar, esta vez sin esfuerzo alguno para entrar en su trance… el amado trance. Volvía a mover sus piernas y sus brazos, que no estaban en realidad con ella. Y llegaba al polo norte, y disfrutaba del frío, y se iba hacia al sur, y disfrutaba del calor. El mar era feliz, porque había encontrado una sirena; la niña era feliz, porque se sentía sirena. En algún momento recordó el aire, que no pasaba por sus pulmones… y le preguntó a los pulmones, y vio que ellos estaban bien. No lo necesitamos, dijeron. Bueno, si ellos decían eso, ¿quién era la sirena para contradecir a sus pulmones?<br/>De repente, oyó un nombre. Susana. ¿Quién era Susana? Le sonaba de algo… quizá… Al oír el nombre le venía a la mente la imagen de una niña rubia en la playa, con el pelo por los hombros, con pantalones cortos rosas, y una camiseta de manga corta de propaganda. Una niña con una sonrisa en la cara, con los ojos cerrados, que miraban al mar… donde ella estaba. Esa niña… esa niña…<br/>…era ella.<br/>Claro, tenía que volver, para decirle, para contarle a la niña lo feliz que era allí dentro, para darse cuenta de que sólo era feliz acompañando a los peces, a las algas, viajando por el mundo entero, sin tener que coger aviones ni barcos: simplemente atravesando el medio que a todos los sitios del mundo llegaba. El mar.<br/>Volvió, y se sintió presa en la tierra. Casi no podía ni respirar. Qué extraño, pensó, ¿qué me está pasando? Es como si hubiera probado una droga, y estuviera enganchada. Lo peor de todo es que no conocía ningún centro de desintoxicación para talasómanos. ¿Adicción al mar? Vaya estupidez. Bueno, y en el caso de que hubiera dichos centros, ¿tendría dinero para pagarlos?<br/>Dio otro paso, y otro paso, y otro, y otro, y otro. Pasos lentos, cortos, pasos pensados, dudados. Pero ¿de qué tenía miedo? De… ¿ahogarse? ¿Ella? Eres una sirena, le susurraban las olas.<br/>-Susana, lleva cuidado –le gritaba su padre.<br/>Pero… ¿qué podía pasar? Sólo quería disfrutar de la ingravidez marítima, de las burbujas, de la corriente, de los rayos confusos de sol, de los bellos reflejos lunares. ¡Quería amar y ser amada allí dentro! ¡¡Porque era una sirena!!<br/>Y otro paso, y otro, y otro, y sentía ya el frío (el fresco) en el cuello.<br/>-¡Susana –alzó la voz su padre-, ¿qué haces?!<br/>Pero ella no podía responder. Estaba a punto de sentirse como nunca se había sentido: libre, viva, feliz al mismo tiempo.<br/>Su padre gritó de nuevo. ¡Susana! ¡Susana! Pero Susana ya había tomado una decisión. Quería ser sirena, tal y como le había pedido su hogar. Ella había nacido para eso. Las olas la llevarían lejos, y ella sonreiría y saludaría a los tiburones, a las ballenas. Y ellos serían la orquesta acuática de colores que le acompañarían en su vida, siempre, hasta el final, hasta que muriera de vieja… o de joven, que tampoco está tan mal.<br/>Morir de joven, eso quería ella, morir de joven, y recostar su cuerpo agonizante sobre las algas, y ser un cadáver que, con el tiempo, se convirtiera en roca.<br/>Pero, antes, quería ser sirena. Sirena durante unos años. Sirena que ríe, sirena que vive, siente, lucha.<br/>Sirena que nada. Sirena que todo.<br/>¡Ella quería sumergirse y subir a la superficie y volver a bajar!<br/>Y, de repente, de nuevo ese miedo. Pero ¿miedo a ¡qué!? Miedo ¿a la vida? No… Y ¿si…?<br/>Y ¿si perdieras el poco tiempo que tienes haciéndote inútiles preguntas que empiezan por “Y ¿si…?”?, preguntaba el mar. Las olas asentían con énfasis, le daban la razón. Es cierto, respondía Susana.<br/>-¡Susana!<br/>Su padre sonaba más cerca. Mi sirena, corre, susurraba el agua, que viene tu padre. Y Susana, la sirena, se apresuró. Metió la cabeza en el agua, y nadó. Quería irse lejos, y olvidar la tierra,  y ser perdonada. Y comer algas, pensó. Una curiosidad.<br/>Mientras el mar dividía su corriente en dos (una que empujara al confuso padre a la orilla; otra que arrastrara a Susana a sus entrañas), la sirena empezó a perder aire. Poco a poco se fue dando cuenta de que pronto no podría respirar. Cada vez que abría la boca, perdía unas cuantas burbujas… burbujas de vida.<br/>Cuanto más abajo estaba, más desesperada. Había una extraña presión que no le dejaba pensar, y estaba a punto de perder el poco oxígeno del cuerpo. El agua pasaría por su boca, la invadiría… la mataría. Claro: ¿miedo a la vida?, le había preguntado el mar; ¡miedo a la muerte!, respondió ahora ella.<br/>Y ¿si era todo un engaño? De repente echó de menos a su padre, a su madre. De repente echó de menos la tierra.<br/><br/>Su padre, mientras tanto, no sabía qué hacer. No comprendía qué estaba pasando. Sólo pensaba en subir a la superficie para respirar, y volver a bajar para buscar a su hija. Subir de nuevo, bajar otra vez; subir otra vez, bajar de nuevo; vida para él, vida para la niña. Vida para Susana. Ay, por favor, lloraba él por dentro, aguanta, Susanita.<br/>Pero la corriente era más fuerte que él, bastante más. Y nunca pudo avanzar demasiado, por más que lo intentó. Frustrado, llegó a la orilla, tosiendo, llorando… volvió a entrar al agua… y después otra vez, y otra, y otra, y otra…<br/>Pero lo hacía sabiendo que no lograría recuperarla. Sabía que Susana estaba muerta. Por su culpa, de eso estaba seguro.<br/><br/>Pero Susana no estaba muerta. Ni mucho menos: había dejado entrar al mar en su cuerpo, le había dejado penetrarla y había descubierto que no era malo: era vida. Susana nadó, como había andado toda su vida, hacia el fondo del mar, libre, viva, feliz. Pero ya no era Susana. Era la sirena. Y estaba en casa.]]></description></item></rdf:RDF>
