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Actosdeamoryotros
La mejor mirada es aquella que no vemos, el mejor amor es aquel que no tenemos.
Acerca de
Estoy atrapado entre varios bombones y no hay remedio. Los médicos son claros: "lo tuyo es un atragamiento celular con restos de meteorito de algún antepasado". Sigo a la espera del tratamiento oportuno.
Sindicación
 
Sin túneles
Una vez me comí una tortilla en mal estado. Sin demasiadas concesiones me fui al otro mundo. La verdad es que no vi el túnel del que tanto se habla, ni a los angelitos dándome palmaditas en la espalda. Lo primero que vi, mejor dicho, al primero que vi fue a un tipo elegantísimo que me dio la bienvenida, bienvenido dijo, soy el responsable de personal. Y yo qué pensaba que era Dios, vaya frustre. Me dijo que siguiera las flechas azules, que sobre todo no tomara ningún otro camino. Asistí y sin más desapareció. Al instante apareció una flecha azul que me indicaba un giro a la derecha, al cabo de un rato apareció otra que me indicaba un giro a la izquierda, al cabo de otro rato apareció otra que me indicaba seguir recto, y así sucesivamente hasta que aparecieron dos flechas azules, una indicaba a la derecha y la otra a la izquierda. Pues que bien pensé, seguro que se trata de una prueba y que lo apropiado será escuchar mi corazón, que sea el quien elija, corazoncito dime que camino escojo. Enseguida una voz me contestó, a la izquierda Ernesto, a la izquierda. Y eso hice, ir a la izquierda. Pasó el tiempo y no volví a tropezarme con ninguna flecha más, me estaba inquietando, quizá me equivoqué en la elección. De golpe y porrazo apareció un pastor con un montón de ovejas. Oiga perdone, le dije, voy perdido, estoy siguiendo las flechas azules, sabe uste si voy por buen camino. El pastor me miró con vehemencia, con el cigarrillo consumido, dejó escapar un dialecto extraño, creo que hablaba con las ovejas. Una vez que dispuso a los animales en círculo, vino a mi, se quitó la boina, se arrascó el cogote, y me dijo, lo importante no es la meta, si no el camino, después de un ligero silencio concluyó, si sigue por aquí llegará hasta Soria, no sé nada de flechas azules.
Fantástico, estaba tan perdido como en vida lo estuve. Tomé una decisión, volver por el mismo camino que por donde vine. Y eso hice, pero creo que me volví a perder por qué acabé delante de un cartel que ponía "Buenos Aires". Justo pasar el cartel una ligera brisa me enjuagó las inquietudes, sin duda era un aire buenísimo, me hizo sentir genial. Toda la inspiración que me faltó en vida me llegó ahora. Sin saber muy bien como en mi mano derecha había un boli de punta fina, y enfrente apareció un escritorio de esos antiguos que van tan buscados, apareció una silla y papel blanco, me senté y me puse a escribir como nunca lo había hecho en vida, al cabo de un par horas tenía un cuento en mis manos llamado " Hazte pipí y no mires con quién". Era lo mejor que había escrito en mi vida, bueno, se supone que estaba muerto, no creo que fuera la afirmación más apropiada, era sólo una manera de hablar. Sin saber muy bien por qué, empecé a correr como un desesperado y no me cansaba, corría y corría, atravesando valles, desiertos, planetas con señores extraños, hasta que tropecé con el tipo elegantísimo del principio, te dije que siguieras las flechas azules, me dijo, lo siento es que me perdí, le contesté, anda vuelve a casa y no vengas por aquí hasta que lo tengas claro, tengo demasiado trabajo como para perderlo con gente que no saben ni lo que buscan ni lo que quieren, concluyó.
Me desperté entre máquinas. Buenos días, me dijo una enfermera guapísima, anda deme esos papeles que tiene, no se preocupe que se los guardo bien, ahora está en un hospital y lo importante es ponerse bien. Intenté decirle que llamara a mi editor pero apenas podía articular palabra, cogió los papeles, los repasó levemente, me miró sonriente y me dijo, vaya, el título promete, se quitó la bata, se subió la faldilla, se quitó el tanga, se puso encima mío y se meó.
 
Frío

Suelo ir a dormir a una pequeña plaza del centro donde los inviernos no son tan severos. Mi banco está justo delante de Mapfre, no hay nada como descansar seguro. Pero aquella noche estaba ocupado, era extraño, pues los vecinos sabían que ese era mi "apartamento", intocable, inviolable. Me acerqué al sujeto, la manta lo cubría de arriba a abajo y le pegué varios meneos para despertarlo, oye, le decía, este banco es mío, !largo de aquí¡. Al principio no hizo demasiado caso, pero dada mi insistencia pegó un grito de mil diablos, se incorporó.
Me sorprendí, era una mujer, más o menos joven, puede que de mi edad, no la había visto nunca por la zona. La melena le cubría los pechos de la borrachera, olía a vodka, vomitó, gracias a Dios puede esquivar la fatalidad del atún en estado de descomposición.
Este banco es mío, debes buscarte otro, le dije. Se limpió la boca con la manga, es un banco público, acaso me vas a denunciar por allanamiento de morada, respondió, y se puso a reir.
Intenté ser amable, pero como soy poco paciente la cogí en brazos, como los novios hacen en las pelis americanas, y la tiré sobre la hierba.
Había sido un día duro, aún estaba bajo los efectos de la ayahuasca, las alucinaciones atravesaban mi mente como quien cruza una avenida con mucho tráfico. Decidí ponerme a dormir, ordené los cartones sobre el banco, me tapé y por último apagué la luz.
Ella no se había movido de la hierba, encogida como un embrión en estado avanzado, ni siquiera se tapó, estaba tiritando de frío, con la hierba húmeda en contacto con su ropa no llegaría a mañana.
Fui a buscarla, oye, ven conmigo al banco, cabemos los dos, y así te daré calor, anda no vayas a atrapar una pulmonía, mientras le hacía la propuesta intentaba darle un poco de calor con las manos, no, no te preocupes, lo mejor que me puede pasar es que mañana ya no me despierte, me contestó, no le hice ni puñetero caso, la ayudé a levantarse, la llevé al banco, otra vez, como en las pelis, y la acosté, primero la tapé con su manta y luego con la mía, y como última medida, la abracé todo lo que pude, al rato sus cuerpo entró en calor.
El sol no tardó en salir, apenas pude dormir tratando de que no perdiera la temperatura, cuando se despertó lo primero que hizo fue girarse hacia mí, me tocó los labios con las uñas negras, por qué no me dejaste en la hierba, me dijo, yo suspiré, si te hubiera dejado en la hierba ahora estarías congelada y me caerían varias años por homicidio involuntario, cada vez sus labios estaban más próximos a los míos, apestaba a drogas como yo. No lo creo, dijo, a lo sumo, continuó, me hubieran trasladado a la complutense, no sabes que hacen con nosotros cuando abandonamos este mundo, te lo diré, nos llevan a la universidad para que los estudiantes y los catedráticos nos abran y nos cierren las veces que les convenga.
Nos pusimos a reír como dos adolescentes. Nos besamos, cogió sus cosas, es decir, su manta y sus circunstancias, me dijo gracias por darme calor, y se alejó.
 
un viernes especial
Como de costumbre, salí de casa a primera hora de la mañana. Con las legañas aún jugando alrededor de mis pupilas, me detuve en el único semáforo peatonal del trayecto. Fue entonces cuando sentí unos golpecitos en la espalda, me giré, un chico joven, más o menos como yo, me miraba con una cara poco expresiva, le preguntó si quería alguna cosa, eres un cabrón, me dijo, me has destrozado la vida, concluyó. El semáforo se puso verde, él cruzó antes que yo. No lo había visto en mi vida, decidí seguirlo, y eso hice, durante diez minutos lo espié hasta que entró en un lujoso edificio de oficinas, que curioso pensé, yo trabajaba justo en el edificio de enfrente.
Llegué un cuarto de hora tarde al trabajo, mi jefe, como era de esperar se preocupó por mi salud, que sea la última vez que llegas tarde en un día tan importante me dijo, asistí y le dije que se fuera a la mierda, se lo dije en voz baja por supuesto.
El día de las presentaciones era normalmente el viernes, los publicistas nos reuníamos con los clientes para mostrarles los resultados de nuestras ideas. Cuando entré en la sala de reuniones, mis compañeros estaban exponiendo la memoria creativa del proyecto. Al acabar lo primero que hicieron fue preguntarme que me pasó, les expliqué lo sucedido, se lo tomaron a cachondeo, llegando a la conclusión de que se trataba de un perturbado, yo no lo tenía tan claro, aquel tipo bien vestido, elegante, no sé, no digo que un tío bien arreglado con pinta de ejecutivo no pueda ser un loco o un borracho, pero éste no lo era, estoy seguro de que me conocía, de que sabía a quien insultaba.
Eran casi las cinco cuando volví verlo, esta vez salía del despacho del jefe y se perdió tras el ascensor. La secretaria del jefe vino a verme para decirme que el jefe me esperaba en su despacho, ánimo, me dijo, está como una moto ten cuidado, le di las gracias, esta información me sirvió para prepararme mentalmente de la tormenta que me iba a caer encima.
Llamé a su puerta, puedo pasar, le pregunté, si pasa y toma asiento, respondió, sabes que te tengo aprecio, continuó, y que valoro tu trabajo como el mejor del grupo, pero lo que no puede ser es que llegues tarde el día más importante de la empresa, hubo un ligero silencio, estoy seguro de que ese no es el motivo, le dije seguro de mis sopechas, ¿ah no?, me preguntó irónicamente, pues acaba de salir de aquí el cliente, el que toma las decisiones, no han aceptado el proyecto, y no por que no sea bueno, si no por qué el responsable creativo ha llegado quince minutos tarde y eso no es serio.
Estuve apunto de explicarle lo sucedido en el semáforo, pero desistí, presenté mi dimisión y lo mandé a la mierda, esta vez en voz alta para que se enterara todo el mundo.
LLegué a casa atontado, excitado, deseando explicarle lo sucedido a mi pareja, y así lo hice, ella se quedó pensativa, me pidió una vez más que describiera al tipo que me insultó y que me hizo perder el trabajo. Cenamos si decir ni pio, que te pasa le pregunté, no te preocupes es sólo un trabajo, ya encontraré otra cosa, no, no es eso me respondió, es otra cosa. Me miró muy misteriosa, estaba nerviosa, se lavantaba y se sentaba continuamente. Que te pasa mujer, le pregunté, verás, me dijo, tengo algo que contarte y no me interrumpas ¿vale?. Estoy saliendo con pablo, que es como se llama el tipo que te insultó y que por su culpa perdiste tu trabajo, !no, no digas nada, déjame acabar¡. Inicié las dos relaciones casi a la vez, no lo pude evitar, os quiero a los dos y he sido incapaz de decir la verdad, tenía miedo de, de.....pero hace dos días pablo se enteró y discutimos.
No supe que decir, ella se puso a llorar, no estaba enfadado con ella, no podía estarlo por qué sabía que era una putada lo que le estaba sucediendo, querer a dos personas a la vez debe ser muy excitante, pero muy complicado en éste mundo lleno de normas morales que no hacen otra cosa que inhibirnos.
La miré, sonreí, la besé, nos abrazamos. Debes decidir, le dije, y cuando lo hayas hecho avísame, te estaré esperando.
No supe que más decirle.