...más cosas que pasan
Un mensajero me acaba de traer un regalo, es rectangular (no me refiero al motorista, si no al regalo), envuelto en papel rojo brillante con bolitas de navidad. Lo he dejado sobre la mesa, lo miro desde varias perspectivas, analizo quien puede ser el regalador pero acabo descartando cualquier posibilidad. Pongo las palmas de las manos sobre él, como si tuviera poderes adivinatorios con simplemente tocar un objeto, pero nunca los he tenido por lo que rápidamente quito las manos. Me siento frente a él y lo observo sin pestañear preguntándome insistentemente que será y de quien será, se me ocurre la hipótesis de que es un error, mi nombre y apellidos son muy comunes es muy fácil que alguien se equivoque. Me levanto intranquilo, camino de izquierda a derecha con pasos anchos, de tanto en tanto ojeo el regalo, me acerco a él, me alejo, lo vigilo en secreto, lo desafío descaradamente, a veces tengo la sensación de que se ha movido, incluso de que una sonrisa cínica sale desde una de las bolitas más grandes. Empiezo a dar vueltas sobre la mesa, sin parar, cada vez más rápido. Me pica todo, tropiezo varias veces con las patas de las sillas, una de las veces caigo sobre la alfombra. Cuando me levanto el regalo no está, lo busco como loco, hasta que descubro que la ventana está abierta y que en la repisa de ésta el regalo está tomando el sol o que quizá está respirando algo de aire puro. ¿Cómo es posible que un regalo se traslade de un lugar a otro?. ¿Será que me estoy volviendo loco?¿Debo llamar a la policía...o mejor a un exorcista?.
El otro día en la tele vi una peli de exocirtas. La víctima sacaba espuma por boca y la cabeza le daba vueltas como la bola esa típica de las discotecas de los tiempos de travolta. Ahora que me fijo, voy acercarme un poco más para confirmarlo, un poco más, un poco más, si, al regalo también le sale espuma por la parte superior, justo donde se cierra el nudo del lazo. Esto es increible, me estiro de los pelos, me restrego los ojos varias veces hasta irritármelos.
He tomado una decisión, voy a llamar a mi madre. Hola mama, si soy yo, escucha una cosa, ¿qué?, siiii ya como, que no estoy delgado, oye mamá que tengo que decirte una cosa muy importante, no mamá no, ¡Qué no tengo novia!. Mamá escucha un momento, ¿Qué dices de papá? ¿Qué me ha enviado un regalo?. ¿Un qué dices?. ¡Un helicóptero!. Ah, y lo han dejado encendido dentro de la caja con las pilas bien nuevecitas.
Ah, y que justo se lo estaba dando al mensajero le ha dado otro ataque y lo ha dejado lleno de espuma. ¿Y qué el mensajero os ha dicho qué?. Que no os preocupéis que el se encargaba de limpiar el regalo. Está limpísimo, no mamá no he dicho nadaaaa, qué no murmuraba. Mamá una cosa, como es que papá me ha regalado un helicóptero, que ya tengo cincuenta tacos, además vosotros, vosot......qué no mamá, qué ya sé qué me queréis mucho, siii yo también. Digo que vosotros estáis muertos. Ah, que es igual, si mamá, ¡Claro que los muertos tenéis todo el derecho del mundo de hacer regalos!.
Te acuerdas mamá de la abuela cuando nos envío aquel jamón desde el infierno, aún se me hace la boca agua. ¡¡¡¡Oh siiiii!!!, ya me acuerdo ya, pero yo era muy pequeñín, menudo lo que nos regaló el tío Juan, fue fantástico. Bueno mamá os dejo que tengo cosas qué hacer. ¿Qué?, para qué quieres que me pase por casa, valeee mamá ahora me paso por casa a ver a papá, si ya sé que está un poco malucho, ¡mamá no seas pesada, ya te he dicho que ahora vengo, siii cuelgo y salgo para allá!.
-¡Doctor no reacciona, se nos va!- Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
-Se nos fue, bien hora de la muerte 17.50, edad cincuenta años. Y limpiarle la espuma de la boca que cuando lo vea su madre al menos esté presentable. ¿Cómo está el padre?
-Bien doctor le dio un pequeño ataque en la sala de espera pero ya está recuperado. Por cierto esto es del difunto, se lo dejaron en el helicóptero que lo trajo.
-Dáselo a sus padres.
El otro día en la tele vi una peli de exocirtas. La víctima sacaba espuma por boca y la cabeza le daba vueltas como la bola esa típica de las discotecas de los tiempos de travolta. Ahora que me fijo, voy acercarme un poco más para confirmarlo, un poco más, un poco más, si, al regalo también le sale espuma por la parte superior, justo donde se cierra el nudo del lazo. Esto es increible, me estiro de los pelos, me restrego los ojos varias veces hasta irritármelos.
He tomado una decisión, voy a llamar a mi madre. Hola mama, si soy yo, escucha una cosa, ¿qué?, siiii ya como, que no estoy delgado, oye mamá que tengo que decirte una cosa muy importante, no mamá no, ¡Qué no tengo novia!. Mamá escucha un momento, ¿Qué dices de papá? ¿Qué me ha enviado un regalo?. ¿Un qué dices?. ¡Un helicóptero!. Ah, y lo han dejado encendido dentro de la caja con las pilas bien nuevecitas.
Ah, y que justo se lo estaba dando al mensajero le ha dado otro ataque y lo ha dejado lleno de espuma. ¿Y qué el mensajero os ha dicho qué?. Que no os preocupéis que el se encargaba de limpiar el regalo. Está limpísimo, no mamá no he dicho nadaaaa, qué no murmuraba. Mamá una cosa, como es que papá me ha regalado un helicóptero, que ya tengo cincuenta tacos, además vosotros, vosot......qué no mamá, qué ya sé qué me queréis mucho, siii yo también. Digo que vosotros estáis muertos. Ah, que es igual, si mamá, ¡Claro que los muertos tenéis todo el derecho del mundo de hacer regalos!.
Te acuerdas mamá de la abuela cuando nos envío aquel jamón desde el infierno, aún se me hace la boca agua. ¡¡¡¡Oh siiiii!!!, ya me acuerdo ya, pero yo era muy pequeñín, menudo lo que nos regaló el tío Juan, fue fantástico. Bueno mamá os dejo que tengo cosas qué hacer. ¿Qué?, para qué quieres que me pase por casa, valeee mamá ahora me paso por casa a ver a papá, si ya sé que está un poco malucho, ¡mamá no seas pesada, ya te he dicho que ahora vengo, siii cuelgo y salgo para allá!.
-¡Doctor no reacciona, se nos va!- Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
-Se nos fue, bien hora de la muerte 17.50, edad cincuenta años. Y limpiarle la espuma de la boca que cuando lo vea su madre al menos esté presentable. ¿Cómo está el padre?
-Bien doctor le dio un pequeño ataque en la sala de espera pero ya está recuperado. Por cierto esto es del difunto, se lo dejaron en el helicóptero que lo trajo.
-Dáselo a sus padres.
cosas que pasan
Ayer me dijo que me dejaba, qué sus amantes le exigen más que yo, y que esa exigencia se transforma en sufrimiento, es decir en amor. Por dentro salté de alegría, pero por fuera me hice la víctima.
No sé por qué nos pasamos la vida fingiendo lo que no sentimos, seguro que cuando esté en mi lecho de muerte fingiré no morirme.
En mi puesta en escena intente hacerle ver que sus amantes solo la querían por su cuerpo, por su sexo, qué les importaba un comino su inteligencia, su sensibilidad, su mirada peculiar. Ella me miró, me acarició el moflete mojado con lágrimas ficticias y me dijo que yo no lo podía entender, qué ella sabía que solo la querían para tirársela casi todas las noches y que no quería seguir haciéndome daño, qué no podía seguir con esta dualidad. Me dijo qué me adoraba, qué me amaba por encima de cualquier cosa, y que por eso me dejaba para no hacerme sufrir, lloré sobre su hombro (mentida podrida, mientras apoyaba su cabeza en su hombro me estaba acordando de que me había olvidado los huevos en el super). Le supliqué que se quedara, qué tanto me daba el número de amantes que tuviera. Ella sonrío y me dijo qué era una persona buena. Cogió sus cosas y se marchó.
El responsable de casting se acercó a mi, bien,me dijo, ya te diremos alguna cosa el viernes, has estado bien.
No sé por qué nos pasamos la vida fingiendo lo que no sentimos, seguro que cuando esté en mi lecho de muerte fingiré no morirme.
En mi puesta en escena intente hacerle ver que sus amantes solo la querían por su cuerpo, por su sexo, qué les importaba un comino su inteligencia, su sensibilidad, su mirada peculiar. Ella me miró, me acarició el moflete mojado con lágrimas ficticias y me dijo que yo no lo podía entender, qué ella sabía que solo la querían para tirársela casi todas las noches y que no quería seguir haciéndome daño, qué no podía seguir con esta dualidad. Me dijo qué me adoraba, qué me amaba por encima de cualquier cosa, y que por eso me dejaba para no hacerme sufrir, lloré sobre su hombro (mentida podrida, mientras apoyaba su cabeza en su hombro me estaba acordando de que me había olvidado los huevos en el super). Le supliqué que se quedara, qué tanto me daba el número de amantes que tuviera. Ella sonrío y me dijo qué era una persona buena. Cogió sus cosas y se marchó.
El responsable de casting se acercó a mi, bien,me dijo, ya te diremos alguna cosa el viernes, has estado bien.
Cosas que pasan
Sabía que este día llegaría, la he visto andar hasta la puerta, asomarse a mis ojos un instante, abrir la puerta y desaparecer entre la sombra de una lágrima.
Y tan solo ha pasado un segundo y la quiero ir a buscar, y decirle que vuelva, que ponga un oído en mi pecho y que escuche sus caricias. Y entre el deseo de ir a por ella y quedarme solo me tiro al suelo besando sus huellas hasta helarme la garganta, gritando silencio con un gesto suyo.
No sé como voy a respirar si ella es el aire que una mañana de domingo me derramó el café en sus manos, y que muerto de vergüenza le pedí que se casara conmigo en una de las mesas redondas. Y qué casados, nuestras manos se aproximaron hasta tocarse con las yemas, con los dedos, con las palmas, con los besos, con los sexos.
Sabía que este día llegaría, y que queriéndola como la quiero no la quiero. Tengo un contrato indefinido con el desamor, es mi estado natural, los contratos temporales con el amor son escasos.
Me asomo a la ventana, la veo subirse al coche, intento abrir la ventana para decirle que no se vaya, que nos tapemos en las sábanas para que me siga contando los ecos de nuestros suspiros, pero me invento que la ventana está atascada. Cuando ya se ha ido abro la ventana y asomo su perfume que inunda las paredes. Necesito consuelo, por eso me llamo a mi mismo por teléfono y me digo que tranquilo que si quiero hablar que venga a verme, y eso hago, voy a verme y me emborracho en el espejo, enajenado pido al dolor que me achicharre las entrañas, que me empapele en un estiercolero para que me reciclen y me conviertan en bolsas para comida de perro.
Sé que debo seguir viviendo, sé que debo seguir buscando la felicidad, esa expectativa autoriza a la felicidad a posarse en mi hombro. Como un encuentro amoroso, donde excita mucho más la idea del encuentro que el acto en si mismo. Alguien dijo y sigue diciendo “que la mejor manera de ser infeliz es buscando la felicidad”.
Y tan solo ha pasado un segundo y la quiero ir a buscar, y decirle que vuelva, que ponga un oído en mi pecho y que escuche sus caricias. Y entre el deseo de ir a por ella y quedarme solo me tiro al suelo besando sus huellas hasta helarme la garganta, gritando silencio con un gesto suyo.
No sé como voy a respirar si ella es el aire que una mañana de domingo me derramó el café en sus manos, y que muerto de vergüenza le pedí que se casara conmigo en una de las mesas redondas. Y qué casados, nuestras manos se aproximaron hasta tocarse con las yemas, con los dedos, con las palmas, con los besos, con los sexos.
Sabía que este día llegaría, y que queriéndola como la quiero no la quiero. Tengo un contrato indefinido con el desamor, es mi estado natural, los contratos temporales con el amor son escasos.
Me asomo a la ventana, la veo subirse al coche, intento abrir la ventana para decirle que no se vaya, que nos tapemos en las sábanas para que me siga contando los ecos de nuestros suspiros, pero me invento que la ventana está atascada. Cuando ya se ha ido abro la ventana y asomo su perfume que inunda las paredes. Necesito consuelo, por eso me llamo a mi mismo por teléfono y me digo que tranquilo que si quiero hablar que venga a verme, y eso hago, voy a verme y me emborracho en el espejo, enajenado pido al dolor que me achicharre las entrañas, que me empapele en un estiercolero para que me reciclen y me conviertan en bolsas para comida de perro.
Sé que debo seguir viviendo, sé que debo seguir buscando la felicidad, esa expectativa autoriza a la felicidad a posarse en mi hombro. Como un encuentro amoroso, donde excita mucho más la idea del encuentro que el acto en si mismo. Alguien dijo y sigue diciendo “que la mejor manera de ser infeliz es buscando la felicidad”.





