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Actosdeamoryotros
La mejor mirada es aquella que no vemos, el mejor amor es aquel que no tenemos.
Acerca de
Estoy atrapado entre varios bombones y no hay remedio. Los médicos son claros: "lo tuyo es un atragamiento celular con restos de meteorito de algún antepasado". Sigo a la espera del tratamiento oportuno.
Sindicación
 
más cosas que siguen pasando...
Se despierta en mi casa. No me arrepiento de haber pasado la noche con ella, lo hemos pasado muy bien, hemos jugado, nos hemos hinchado de comer y beber, y al final, hemos follado como locos.
Ella ahora duerme plácidamente, claro, ella no tiene que madrugar para trabajar, se levanta a la hora que le da la gana, vive como una reína. Me visto corriendo, antes de irme me gustaría poder explicarle todo lo que he sentido esta noche con ella, pero da lo mismo, tampoco iba a comprender nada. Ya me la imagino mirándome mientras le cuento lo bien que me siento con ella. Me preparo un desayuno ligero sin demasiadas pretensiones. Mientras voy mojando la madalena en el café oígo como se arrasca la cabeza, como esa es la señal de que se está despertando le pongo un poco de música, ella nunca pone la radio para escuchar música, sin embargo, sé que le gusta. Le praparo su desayuno favorito que devorará sin decir ni pio. Antes de marcharme paso por el cuarto para despedirme, le doy un beso y le digo que sé que no soy el único en su vida, que ya sé que los vecinos vendrán a verla y a suspirar su sexo pero no me importa, hay que saber compartir. Además las noches con ella son mías y eso es todo lo que necesito. Salgo de la habitación, cojo las llaves, la cartera, me miro por última vez en el espejo y le digo adiós en voz alta, ella me contesta suavemente. Cuando estoy apunto de desaparecer por la puerta ella se acerca moviendo la cola no sé si contenta por el desayuno que le preparé o por los vecinos que ya la huelen.
 
más cosas que pasan
La vi pasar por mi cama, la cruzó con el semáforo en rojo y con un tráfico horrible. Le dije que no me interesaba, que se fuera, pero acabé cediendo, le puse una multa por exceso de líbido pero poco más. A ella bien poco le importaba que la cama estuviera aún caliente de otras, me decía que la vida era muy corta, tanto como el automóvil de su marido y que cuando montaba sobre él la verdad, poco o nada placer sentía. Yo pensé que debía ser un coche viejo, de esos que hacen mucho ruido cuando se ponen en marcha en una fría mañana de enero, tampoco le di demasiadas vueltas.
Ella montó en mi automóvil, la llevaba arriba y abajo por una autovía amplia y segura, de vez en cuando parábamos a echar gasolina, lo justo para no perder mucho tiempo, lo justo para mear y picar algo dulce como su boca, como sus senos considerados de categoría especial en el último tour de francia.
Me pidió que la llevara a un sitio nuevo y eso hice, la llevé a un faro, perdido en la soledad de una pequeña montaña de hierba verde y de alcantilados rocosos y frenéticos, y abajo, la olas del mar que también la querían a ella intentaban subir por las peñas rocosas. Pero yo me sabía injusto vencedor y miraba el mar y la miraba a ella.
El faro se encendió en sus ojos e iluminó un barco a la deriva, lo guió hasta sus ojos que eran un puerto seguro. Fue la última vez que atraqué en puertos desconocidos, en puertos de un solo día, de una sola noche.
Después de dormir un rato me dijo si la podía llevar a casa y la llevé a mi casa montada en mi automóvil.