infección bacteriana
Si las bacterias son besos, estoy gravemente infectado, me las imagino armándose en mi lengua, impacientes por entrar en acción, al principio solo eran colecciones desordenadas que guardaba en algún apartado lugar de la garganta, pero ahora se han convertido en inmensas multinacionales inquietas, valientes, agresivas.
Puedo notar como me hacen cosquillas cada vez que un beso les abre camino, las imagino caminar en fila india, orgullosas, con sus armaduras plateadas, listas para cumplir las órdenes, la expectativa de una herida amorosa son su mayor felicidad. Cuando no hay besos aparecen ellas acariciando mi vulnerabilidad. Es extraño, cuando beso, se refuerzan pareciendo inocuas casi invisibles si no fuera por ese agradable cosquilleo que las delata, pero si los besos desaparecen atacan, te arrancan el corazón haciendo palanca con una cicatriz mal cerrada. Y encima se multiplican, son autosuficientes, me rodean, mis glóbulos se rinden, tiran las espadas y los escudos, y entonces, la fiebre me achicharra la piel obligándome a desaparecer bajo las contraindicaciones de un médico con acento de medio loco, que no hace más que recetarme pastillas con sabor a reestructuración química. Antes tomaba antibióticos pero mis bacterias, mis amadas bacterias se descojonaban con ellas.
No soy demasiado optimista, admito que he barajado la posibilidad de visitar una medium para que se ponga en contacto con mis bacterias pero creo que la idea es descabellada. El médico dice que la solución es clara, dar con un beso prolongado, como si fuera tan fácil, tan sencillo ir a cualquier local de deseos flotantes con una pizca de música brasileña presentarme a la primera morenaza y explicarle que necesito su beso prolongado para acabar con las bacterias, pero que sin embargo, al acabar con las bacterias estoy renovando a la vez los recursos de éstas con el nuevo beso. Menudo lío, qué pensaría la pobre chica de mi, que me he escapado de un siquiátrico en reformas, que los tíos ya no saben que coño hacer para ligar, o por qué no (tengo derecho a soñar), se moriría de risa y me contaría lo original que le parezco, tanto que me atraparía la cabeza entre sus manos y sus labios.
Otra posibilidad, consiste en plantearme alquilar los servicio de una enfermera de carretera, por que nos nos engañemos, yo lo que necesito es una enfermera no un idilio. Y eso hago, recorrer las carreteras donde las enfermeras se prestan a setenciar un tratamiento corto pero intenso, pero hay un problema, los precios son carísimos, por un beso largo te piden una hipoteca a cuarenta años, no estoy dispuesto a pasar por ahí, prefiero que las bacterias me conviertan en estiércol, aunque sé que no lo harán, por qué si no se les acabaría el chollo.
Desesperado vuelvo al médico, sabiendo que su discurso me sonará a una factura pintada de palabras renundantes. Y le insisto en que un beso prolongado debe darse por amor a mis bacterias y no como remedio a una infección casi incurable. Entonces el médico en un acto que no llego descifrar (nunca he sido bueno con los jeroglíficos) se sienta sobre mis piernas, me dice relájate, déjate llevar. Y me dejo llevar en un beso largo, profundo, sinónimo de una nueva experiencia, sé que enamorarme de un médico más loco que yo no es la mejor opción pero me lo han pedido mis dulces bacterias, y yo, con tal de hacerlas felices si tengo que besarte a ti también lo haré, no lo dudes.
Puedo notar como me hacen cosquillas cada vez que un beso les abre camino, las imagino caminar en fila india, orgullosas, con sus armaduras plateadas, listas para cumplir las órdenes, la expectativa de una herida amorosa son su mayor felicidad. Cuando no hay besos aparecen ellas acariciando mi vulnerabilidad. Es extraño, cuando beso, se refuerzan pareciendo inocuas casi invisibles si no fuera por ese agradable cosquilleo que las delata, pero si los besos desaparecen atacan, te arrancan el corazón haciendo palanca con una cicatriz mal cerrada. Y encima se multiplican, son autosuficientes, me rodean, mis glóbulos se rinden, tiran las espadas y los escudos, y entonces, la fiebre me achicharra la piel obligándome a desaparecer bajo las contraindicaciones de un médico con acento de medio loco, que no hace más que recetarme pastillas con sabor a reestructuración química. Antes tomaba antibióticos pero mis bacterias, mis amadas bacterias se descojonaban con ellas.
No soy demasiado optimista, admito que he barajado la posibilidad de visitar una medium para que se ponga en contacto con mis bacterias pero creo que la idea es descabellada. El médico dice que la solución es clara, dar con un beso prolongado, como si fuera tan fácil, tan sencillo ir a cualquier local de deseos flotantes con una pizca de música brasileña presentarme a la primera morenaza y explicarle que necesito su beso prolongado para acabar con las bacterias, pero que sin embargo, al acabar con las bacterias estoy renovando a la vez los recursos de éstas con el nuevo beso. Menudo lío, qué pensaría la pobre chica de mi, que me he escapado de un siquiátrico en reformas, que los tíos ya no saben que coño hacer para ligar, o por qué no (tengo derecho a soñar), se moriría de risa y me contaría lo original que le parezco, tanto que me atraparía la cabeza entre sus manos y sus labios.
Otra posibilidad, consiste en plantearme alquilar los servicio de una enfermera de carretera, por que nos nos engañemos, yo lo que necesito es una enfermera no un idilio. Y eso hago, recorrer las carreteras donde las enfermeras se prestan a setenciar un tratamiento corto pero intenso, pero hay un problema, los precios son carísimos, por un beso largo te piden una hipoteca a cuarenta años, no estoy dispuesto a pasar por ahí, prefiero que las bacterias me conviertan en estiércol, aunque sé que no lo harán, por qué si no se les acabaría el chollo.
Desesperado vuelvo al médico, sabiendo que su discurso me sonará a una factura pintada de palabras renundantes. Y le insisto en que un beso prolongado debe darse por amor a mis bacterias y no como remedio a una infección casi incurable. Entonces el médico en un acto que no llego descifrar (nunca he sido bueno con los jeroglíficos) se sienta sobre mis piernas, me dice relájate, déjate llevar. Y me dejo llevar en un beso largo, profundo, sinónimo de una nueva experiencia, sé que enamorarme de un médico más loco que yo no es la mejor opción pero me lo han pedido mis dulces bacterias, y yo, con tal de hacerlas felices si tengo que besarte a ti también lo haré, no lo dudes.
amores de leche
Me he enamorado de una vaca
Que me recuerda a mi ex
una vaca suiza con sabor a chocolate
que me dejó por un pastor nórdico
la conocí en una feria de ganado
ahora vivo en su casa
entre mantas de paja
entre vasos grandes de leche
entre sus amigas con las que comparte piso
sin ella todo el cielo me parece arrugado
es el agujero negro que me absorbe
sin prisas
sin pausa
me gusta ducharme con sus babas
Templadas
Pastosas
Melancólicas
Me gusta saborear sus insectos
Molestosos
Juguetones
atrevidos
Cuando se deja
Le meto la cabeza por el culo
Para contarle un hueco en el corazón
Cuando se deja
Le pongo las campanas de la catedral
Para no perderla de vista
Cuando se deja
La llevo a una corrida
Para que disfrute viendo como hieren al torero
Cuando se deja
La mezclo en una manifestación de cornudos
Para que vea que no es la única con cuernos
Me he enamorado de una vaca
Y yo por amor soy capaz de cualquier cosa.





