Frío
Suelo ir a dormir a una pequeña plaza del centro donde los inviernos no son tan severos. Mi banco está justo delante de Mapfre, no hay nada como descansar seguro. Pero aquella noche estaba ocupado, era extraño, pues los vecinos sabían que ese era mi "apartamento", intocable, inviolable. Me acerqué al sujeto, la manta lo cubría de arriba a abajo y le pegué varios meneos para despertarlo, oye, le decía, este banco es mío, !largo de aquí¡. Al principio no hizo demasiado caso, pero dada mi insistencia pegó un grito de mil diablos, se incorporó.
Me sorprendí, era una mujer, más o menos joven, puede que de mi edad, no la había visto nunca por la zona. La melena le cubría los pechos de la borrachera, olía a vodka, vomitó, gracias a Dios puede esquivar la fatalidad del atún en estado de descomposición.
Este banco es mío, debes buscarte otro, le dije. Se limpió la boca con la manga, es un banco público, acaso me vas a denunciar por allanamiento de morada, respondió, y se puso a reir.
Intenté ser amable, pero como soy poco paciente la cogí en brazos, como los novios hacen en las pelis americanas, y la tiré sobre la hierba.
Había sido un día duro, aún estaba bajo los efectos de la ayahuasca, las alucinaciones atravesaban mi mente como quien cruza una avenida con mucho tráfico. Decidí ponerme a dormir, ordené los cartones sobre el banco, me tapé y por último apagué la luz.
Ella no se había movido de la hierba, encogida como un embrión en estado avanzado, ni siquiera se tapó, estaba tiritando de frío, con la hierba húmeda en contacto con su ropa no llegaría a mañana.
Fui a buscarla, oye, ven conmigo al banco, cabemos los dos, y así te daré calor, anda no vayas a atrapar una pulmonía, mientras le hacía la propuesta intentaba darle un poco de calor con las manos, no, no te preocupes, lo mejor que me puede pasar es que mañana ya no me despierte, me contestó, no le hice ni puñetero caso, la ayudé a levantarse, la llevé al banco, otra vez, como en las pelis, y la acosté, primero la tapé con su manta y luego con la mía, y como última medida, la abracé todo lo que pude, al rato sus cuerpo entró en calor.
El sol no tardó en salir, apenas pude dormir tratando de que no perdiera la temperatura, cuando se despertó lo primero que hizo fue girarse hacia mí, me tocó los labios con las uñas negras, por qué no me dejaste en la hierba, me dijo, yo suspiré, si te hubiera dejado en la hierba ahora estarías congelada y me caerían varias años por homicidio involuntario, cada vez sus labios estaban más próximos a los míos, apestaba a drogas como yo. No lo creo, dijo, a lo sumo, continuó, me hubieran trasladado a la complutense, no sabes que hacen con nosotros cuando abandonamos este mundo, te lo diré, nos llevan a la universidad para que los estudiantes y los catedráticos nos abran y nos cierren las veces que les convenga.
Nos pusimos a reír como dos adolescentes. Nos besamos, cogió sus cosas, es decir, su manta y sus circunstancias, me dijo gracias por darme calor, y se alejó.
Comentario:
Vayaaaaaaaa.... Muy bien. ¿Te gustan mucho los bancos no? Abrazos varios.





