cosas
Me gustaría pasar un día de sexo en tu verano, me llevaría una cestita con bebida y fruta fresca, una toalla y un buen protector. No suelo utilizar el bañador ni gafas de sol. No me faltaría mi libro “Como montarte una orilla de mar en tres emociones sin resbalar en tus labios”.
Me tumbaría sobre la arena de piel fina, cerca de las duchas, cerca del bar de helados. Miraría el cielo de los senos, cerraría los ojos un instante para abrirlos velozmente en un chapuzón verdoso, hundiéndome hasta el fondo casi tocando con los dedos el universo hipodérmico del mar, hasta acabar exhausto de sales. Sales cristalinas que me graduan la vista para verte de cerca borrosa alucinación de un shock normovolémico, que me detiene el alma en una barca de la cruz roja algo descolorida.
Luego, tumbado dormido leo los semáforos verdes. En el mar no hay semáforos, no hacen falta, los tiburones tienen preferencia y si te descuidas las medusas te multan por exceso de insolación.
Me gustaría pasar un día de sexo en tu verano, que la corriente de un electrodeméstico nos despertara con las tostadas de un locutor acuático por qué todo en ti es mar. Mar son las cimas de las montañas, mar son autopista asfaltadas, mar son los libros que me leías en voz baja. No digo que seas una sirena, por qué si lo eras cuando yo no te veía, pero que el mar y tú sois como la mágnum y la bala que tomaré esta noche antes de irme a dormir a ver si me quita el olor de tu sexo, que huele a-mar.
Me tumbaría sobre la arena de piel fina, cerca de las duchas, cerca del bar de helados. Miraría el cielo de los senos, cerraría los ojos un instante para abrirlos velozmente en un chapuzón verdoso, hundiéndome hasta el fondo casi tocando con los dedos el universo hipodérmico del mar, hasta acabar exhausto de sales. Sales cristalinas que me graduan la vista para verte de cerca borrosa alucinación de un shock normovolémico, que me detiene el alma en una barca de la cruz roja algo descolorida.
Luego, tumbado dormido leo los semáforos verdes. En el mar no hay semáforos, no hacen falta, los tiburones tienen preferencia y si te descuidas las medusas te multan por exceso de insolación.
Me gustaría pasar un día de sexo en tu verano, que la corriente de un electrodeméstico nos despertara con las tostadas de un locutor acuático por qué todo en ti es mar. Mar son las cimas de las montañas, mar son autopista asfaltadas, mar son los libros que me leías en voz baja. No digo que seas una sirena, por qué si lo eras cuando yo no te veía, pero que el mar y tú sois como la mágnum y la bala que tomaré esta noche antes de irme a dormir a ver si me quita el olor de tu sexo, que huele a-mar.
Comentario:
Algunas imágenes habrías que pulirlas. Pero en general está bien. Y el final me gusta.
G.
G.





