astronautas y desamores
Me lo he gastado todo en astronautas, llegaban en naves espaciales, haciendo florituras en el aire, seduciéndome, volviéndome loca.
Nos uníamos atraídos por la gravedad de los universos, nos pasábamos los días acariciando los mandos, dando paseos espaciales hasta un meteorito con un cartel que avisaba “abstenerse especuladores inmobiliarios, Ayuntamiento de Marbella”. Recorrián mi cuerpo en busca de vida, hacían fotos de mis volcanes, pero lo mejor era cuando entraban en ellos, no te preocupes me decían, es una misión de reconocimiento, acabaremos pronto. Como si estaban toda la vida dentro de mi, ¡Vivan las misiones de reconocimiento!.
Sólo había una cosa que me preocupaba terriblemente, que me hacía sentir unos celos incalculables, ningún matemático era capaz de invertarse una fórmula que expresara mi angustia y mi temor, esa cosa se llamaba Houston, los astronautas siempre estaban en contacto con él, Houston por aquí y Houston por allá, ¿quién era ése tipo qué tenía loco a los astronautas?. Tenía tanto miedo que nunca fui capaz de preguntarles, prefería vivir en un cuarto oscuro sin abrir la puerta. Todos volvían con él, más tarde o más temprano.
Me he quedado sola, los astronautas pasan de largo, ya no les intereso, es verdad que alguna vez han aterrizado en mi, pero sólo estaban de paso o tenían problemas con los motores de combustión y apenas me han hecho caso. Me lo he gastado todo en astronautas, todos mis sueños, mis años, tanto esfuerzo para nada, para seguir sola en este universo. Por lo que he tomado una decisión, convertirme en un agujero negro, es decir, ser absorbida por mi propia gravedad hasta quedar dividida en materia flotante que vague por el espacio en busca de algún astronauta perdido, sin un Houston con quien volver.
Nos uníamos atraídos por la gravedad de los universos, nos pasábamos los días acariciando los mandos, dando paseos espaciales hasta un meteorito con un cartel que avisaba “abstenerse especuladores inmobiliarios, Ayuntamiento de Marbella”. Recorrián mi cuerpo en busca de vida, hacían fotos de mis volcanes, pero lo mejor era cuando entraban en ellos, no te preocupes me decían, es una misión de reconocimiento, acabaremos pronto. Como si estaban toda la vida dentro de mi, ¡Vivan las misiones de reconocimiento!.
Sólo había una cosa que me preocupaba terriblemente, que me hacía sentir unos celos incalculables, ningún matemático era capaz de invertarse una fórmula que expresara mi angustia y mi temor, esa cosa se llamaba Houston, los astronautas siempre estaban en contacto con él, Houston por aquí y Houston por allá, ¿quién era ése tipo qué tenía loco a los astronautas?. Tenía tanto miedo que nunca fui capaz de preguntarles, prefería vivir en un cuarto oscuro sin abrir la puerta. Todos volvían con él, más tarde o más temprano.
Me he quedado sola, los astronautas pasan de largo, ya no les intereso, es verdad que alguna vez han aterrizado en mi, pero sólo estaban de paso o tenían problemas con los motores de combustión y apenas me han hecho caso. Me lo he gastado todo en astronautas, todos mis sueños, mis años, tanto esfuerzo para nada, para seguir sola en este universo. Por lo que he tomado una decisión, convertirme en un agujero negro, es decir, ser absorbida por mi propia gravedad hasta quedar dividida en materia flotante que vague por el espacio en busca de algún astronauta perdido, sin un Houston con quien volver.
Comentario:
Porque todos la hemos mirado y la hemos llamado puta por hacernos caer al cielo. Gracias tú.
Comentario:
Podrías hacerte un ciclo de estas historias de la luna y el espacio...
G.
G.





