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la letra e
blog personal de Joaquín Blanes
Acerca de
La letra e intenta renovarse.
Sindicación
 
Comer fuera de casa
Hay días en los que mi otredad le da por preguntarme que cuándo vamos a ir a comer al "Maldonas". Yo le digo que para qué, si a mí la comida del "Maldonas" ni plin ni cataplín, si es que la huelo y me dan hasta mareos. Yo le cuento a mi otredad mi experiencia de planchista en el Burguer Burrito Borreguiles. El olor que las hamburguesas desprenden cuando están en la plancha es un olor intenso del que no puedes deshacerte ni siquiera después de una ducha dándote friegas. Ese olor es tan insoportable, que lo recuerdo profundo y constante durante el sueño. Nunca antes, ni siquiera durante la adolescencia, he tenido más granos.

Pero esto, que es absolutamente cierto, no le sirve de nada a mi otredad, que insiste en convencerme. Lo peor no es que quiera que la acompañe, que lo hago, a disgusto, pero lo hago. Yo es que soy muy cumplidor. Lo peor es que insiste en que me pida otra cosa que no sea una ensalada. ¿Cómo le explico yo a mi otredad, que además de ingeniera es bastante cabezona, que no me gusta la comida del "Maldonas"?

Menos mal que a mi otredad le pones solecito en el aire, una mesita en la calle, una cervecita y unas aceitunas y se le olvida el "Maldonas" y esas zarandajas y termina comiendo unas coquinitas de Huelva, unas lagrimitas de pollo y unas tortillas de bacalao, mientras se pimpla dos o tres cañas, y se la ve tan feliz que uno no entiende qué le atrae tanto del "Maldonas" ¿Será el payaso ese, que le da morbo?
 
Lunes



Por regla general a las personas no les gusta el lunes como día, a mí, particularmente el día que detesto es el domingo. Me gustan lo lunes, no puedo evitarlo, considero una liberación estar activo y los domingos los paso casi asustado de tanta pereza y tanta gula. Me encantan los lunes, por el lugar que ocupan en la semana, porque suponen el principio y no el final y prefiero, claramente, los principios a los finales. Qué quieren que les diga, yo soy así, un poco rarito. No se me agobien como el tipo de la viñeta de Forges de hoy (fantástico Forges, como siempre), y disfruten del lunes, que cada vez los días son más largos, las noches más cortas y el tiempo empieza a ser cálido y apetecible. Feliz Día de Lunes.
 
La invención de Loulé



Mira que nos fuimos al Algarve buscando tranquilidad, pero una cosa es la tranquilidad y otra cosa es el abandono. Fuimos a Loulé buscando algún sitio, tal vez un bar donde tomar una cerveza o un café, un lugar más o menos tranquilo, pero al menos abierto. No encontramos mucho donde elegir. Depués estuvimos paseando y salvo algunas señoras que corrían decididas a la hora de misa, lo demás parecía desierto. Llegó un momento en el que casi gritamos: "Ea, venga, salid ya, habéis ganado. La quedamos otra vez, pero salid ya, por favor".

Seguimos paseando y como vimos que no había nada más que hacer, decidimos regresar por donde habíamos llegado. Vimos pasar un par de coches y algún gato despistado persiguiendo una mosca. Por un momento pensamos que aquel lugar tenía mucho que ver con La invención de Morel. ¿Y si en verdad los habitantes de Loulé eran hologramas? Proyecciones de un tiempo ya pasado que siguen proyectándose, atemporales, día tras día y dio casualidad de que no coincidimos con el momento más festivo, su carnaval. ¿O peor, y si en verdad somos nosotros los hologramas proyectados sobre la ciudad de Loulé y por eso no coincidimos con sus habitantes? Qué sé yo, me quedé con la mosca detrás de la oreja pensando que lo primero que haría al volver a casa sería buscar algún episodio de Expediente X, esas historias tienen tanto disparate dentro que la mía me parecería de una normalidad casi aburrida.
 
Solución de una incógnita



Hombre preocupado por las contradicciones. (Poema delicioso de Ángeles Mora, también mujer indispensable: "Las contradicciones parecen insufribles / en nuestro mundo. / Pero uno intenta / huir de ellas / como los pájaros: / huir quedándose.") Creo haber encontrado, por fin, el sistema utilizado para contar el número de asistentes a una manifestación. Visto que las autoridades dan un número, siempre limitado, y los organizadores dan otro, siempre exagerado; y después de ver el nuevo anuncio de Axe, siempre tan romántico y preocupado por la igualdad de género. He llegado a la siguiente conclusión: tanto las autoridades como los organizadores ponen a uno de los suyos con ese aparatito que en el anuncio lleva Ben Affleck y el ascensorista y le van dando al pulgar mientras cuentan, cada cuál a su modo. Las autoridades de cada diez descuentan uno, los organizadores a cada diez le suman dos. Siempre y cuando la manifestación se haya detenido el tiempo suficiente, ¿por qué creen si no, que se hace tan lento el avance? Porque están estos dos individuos dale que te pego al ojo y al pulgar, para ir contando. El problema, bien grave, sucede cuando la manifestación reinicia la marcha y el individuo contador no ha llegado al final de sus cuentas. Entonces, irremediablemente, tendrá que comenzar, de nuevo, el recuento.

¿Cuántos fueron ayer a la manifestación de los estudiantes franceses? ¿50.000 ó 23.000? Me queda la incógnita, todavía, si el número de personas que asiste a estas manifestaciones es siempre tan cerrado. ¿Qué pasa con el tipo que hace 50.001? ¿A ese no le dejan entrar en el calor de la multitud? ¿Qué pasa con los que suman la diferencia entre los dos cómputos? ¿Qué sucede son esos 27.000 de diferencia? ¿Estaban chupando cañas en los bares cuando se hizo el recuento por parte de las autoridades? ¿O el que estaba chupando cañas era el contador de los organizadores y como veía doble, los 23.000 que acudieron le parecieron a él 46.000 y los otros 4.000 restantes eran vecinos curiosos, de esos que se acercan en cuanto ven un grupo de personas rodeando cualquier cosa? Como ven me quedan todavía muchas incógnitas por despejar, pero sigo en ello, no desespero.

 
Mujeres indispensables (I)
Esta misma tarde, haciendo el bobo, como de costumbre, encontré una reseña interesante sobre Hipatia de Alejandría en un blog conocido (mercadillo de pensamientos). Honestamente diré que no había escuchado nueces de esta señora tan atrevida para el siglo IV y V.

Reseña interesante, mucho más detallada que en la Wikipedia y que me indujo a pensar, siempre alegremente, sin meterme en honduras donde no hago pie, sobre el papel de algunas mujeres decididas que quisieron ser algo más de lo que la sociedad les permitía ser. Pensaba, como no, en mi idolatrada Sor Juana Inés de la Cruz. Mexicana sublime que decidió meterse a monja para poder seguir cultivando su atroz bibliofilia. Aquella sociedad tan moderna sólo le permitía dos opciones: o casarse o ser monja. Optó por lo segundo como modo de encontrar una libertad parcial.

Hay muchas otras, deberíamos dedicarle un tiempo de reflexión a esas hazañas, mujeres verdaderamente emprendedoras, dispuestas a pagar cualquier precio, antes que doblegarse. ¿Cuándo aprenderemos los varoncitos?

Dejo caer una redondilla de Sor Juana, poema que siempre me pareció ejemplar.

- III -

Arguye de inconsecuencia el gusto y la censura de los hombres, que en las mujeres acusan lo que acusan


Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis.

Si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?


Combatís su resistencia
y luego con gravedad
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.

Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco
al niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.

Queréis con presunción necia
hallar a la que buscáis,
para pretendida, Tais,
y en la posesión, Lucrecia.

¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?

Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.

Opinión ninguna gana,
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata,
y si os admite, es liviana.

Siempre tan necios andáis
que con desigual nivel
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.

¿Pues cómo ha de estar templada
la que vuestro amor pretende,
si la que es ingrata ofende
y la que es fácil enfada?

Mas entre el enfado y pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y queja enhorabuena.


Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.

¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada
o el que ruega de caído?

¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga
o el que paga por pecar?

¿Pues para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.

Dejad de solicitar
y después con más razón
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.

Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.



 
Manda huevos
Dispongo este titulito en un caro homenaje a nuestro ex de Perejil Island. Singular y heroica batalla por algunos ramajos y un par de cabras. Pero la historia manda huevos, nunca mejor dicho. Por un lado porque la censura en EE.UU. sigue teniendo naturaleza fuerte y estable y obra cuando le viene en gana. En la Superbowl retrasaron unos segundos la emisión para evitar despezones y cortaron la letra de una canción de los Rollings.
Ahora llega esta campaña publicitaria que ha tenido que retirar Volkswagen, véase foto infra.



La foto la tomo de Escolar, la noticia la encuentro en El mundo y en Tele 5.

Por otro lado, manda huevos que unos tipos hagan una campaña publicitaria utilizando una palabra española (o castellana, para no herir sensibilidades) porque sí, porque les sale de los idem.
Qué barbarité, manda oeufs!! Pandilla de políglotas.
 
Cinefilia

Me piden, los alumnos de Producción, una lista con mis películas favoritas. Yo la haría encantado si tuviera una base de datos en la que recogiera todas las películas que me han fascinado o cautivado a lo largo de los años, pero no es así, por lo que de seguro me dejo en la memoria otro buen puñado.
Mis películas favoritas son muchas, porque comencé a ver películas con asiduidad, que yo recuerde, desde los ocho años. Acudía al cine dos veces por semana, cuando los cines todavía tenían sesión doble; una lástima que no hayáis podido conocer la maravilla de entrar a las seis de la tarde en el cine y salir alrededor de las diez de la noche. Mi tía abuela me ponía en una bolsa un bocadillo, un plátano y una Pepsi-cola para que luego mi tío me acompañara hasta la entrada del cine y me dejara instalado en una butacota enorme durante horas. Allí he visto de todo, bueno, malo y peor. De entre todas aquellas tardes a oscuras, destaco una noche maratoniana en la que proyectaban En el estanque dorado y El Cid, salí casi a las doce de la noche. Recuerdo muchas otras tardes, pero tampoco es plan de ponerme nostálgico ni de daros la brasa con mis memorias más viejas.

Vayamos al grano. Elaborar una lista así a vuelapluma es un acto casi imposible de realizar, pero lo intento. Allá vamos:


1. Los cuatrocientos golpes. François Truffaut.

Imprescindible. Esta película marcó un antes y un después en el cine, para mí mucho mayor que Al final de la escapada de Jean Luc Godard. Descubrir al personaje de Antoine Doinel, alter ego de Truffaut, fue una revelación, porque yo tuve una infancia atípica, no tan jodida como la de Doinel, pero sí extraordinaria, entendiendo esto como fuera de lo ordinario.
La película está muy bien realizada, el personaje es cautivador, la historia tiene una naturalidad que no busca el artificio, tampoco su iluminación. Hay secuencias memorables y la última, cuando Doinel corre y se encuentra con el mar, me sigue estremeciendo.
Me fue imposible evitar recordar esa secuencia cuando vi 7 vírgenes el otro día, más tarde leí una entrevista con Alberto Rodríguez que explicaba su referencia a Los cuatrocientos golpes, no solo en la historia, en el personaje, también en ese final en el que Tano se pone a correr hacia no importa qué parte.
Una lista dentro de la lista me hace enumerar aquí dos o tres películas del cine francés, también esenciales para mí:
Hiroshima, mon amour de Alain Resnais o Mi tío de Jacques Tati.



2. Ser o no ser. Ernest Lubitsch.

También imprescindible. Una película con un gran sentido del humor para un tema tan delicado como fue el alzamiento nazi y sus consecuencias. Sin embargo, Lubitch, austriaco, maestro indiscutible de Billy Wilder, siempre tuvo en sus manos el arte de sugerir en lugar de mostrar. El propio Wilder decía que Lubitch decía más con una puerta cerrada que con una puerta abierta. Era el maestro del fuera de campo, lo activaba con una maestría ejemplar. El chiste final no tiene desperdicio.



3. El apartamento. Billy Wilder.

En realidad cualquiera de Billy Wilder valdría aquí. Pero traigo esta película porque Con faldas y a lo loco es muy conocida e Irma la dulce es difícil de conseguir. El apartamento tiene, además de humor, una tristeza en sus personajes con los que no puedo evitar identificarme. Siempre me gustaron los perdedores en las películas, porque a los héroes los quiere todo el mundo, pero en los perdedores nadie se fija. De pequeño solía identificarme más con algunos malvados porque en el fondo su maldad estaba justificada.
Actualmente me identifico mucho con los secundarios. El final de esta película también es mágico, entrañable.


4. Léolo. Jean-Claude Lauzon

Hablando de perdedores, esta película fue un descubrimiento, un hallazgo increíble por su rareza, por su dureza visual y esa historia del pobre Léolo. La vi hace mucho, pero dudo que haya pasado por ella el tiempo, seguramente sigue siendo tan desoladora como entonces, pero al mismo tiempo tan hermosa. Tiene mucha literatura.


5. Drowning by numbers. Peter Greenaway.

Cuidado con esta película, porque hay que acercarse a ella sin prejuicios. Es rara de narices, con una historia más bien desordenada, porque la historia es lo de menos. Es un juego estético, el divertimento brutal de un matemático amante de la pintura y del color.


6. La habitación del hijo. Nanni Moretti.

Me encantó por su sencillez, creo que por eso mismo la tengo entre mis favoritas, porque me deslumbran las historias simples, cotidianas. Cuando escribo intento que los personajes sean reales, tangibles, que no chirríen al hablar, al pensar en voz alta, como le pasa algunas veces a muchas películas, sobre todo españolas. Nanni Moretti hace una película increíblemente terrenal, no sólo son creíbles sus personajes, además se pueden tocar, a cualquiera de nosotros nos puede suceder algo parecido y nuestra reacción sería la misma. Lo delicioso de esta película es que en el fondo y a pesar de la tragedia, es optimista.


7. Con la muerte en los talones. Alfred Hitchcock.

También vale cualquiera de sus películas. Vértigo, Marnie la ladrona, Sospecha, Los pájaros, Psicosis, etc. Cualquiera. Yo elijo ésta porque se llevó por delante muchas horas de mi insomnio. (Perdonadme, pero tengo que daros la brasa con lo personal). Hace años, no tantos, no creáis, por motivos que no vienen a cuento pero fueron decisivos, pasé un periodo de cuatro años sin dormir más de una o dos horas al día. Un insomnio estremecedor que estaba acabando con toda percepción de la realidad. Pasaba las noches viendo películas en un catorce pulgadas conectado a un vídeo. Vi Con la muerte en los talones unas quince veces. Conozco la película de memoria. Además, para colmo, me enamoré perdidamente de Eva Marie Saint y quise tener veinte años más para poder conquistarla. No paso nada entre nosotros, claro.
Me parece una película formidable, con una trama enrevesadamente jodida, con el tema recurrente del amigo Hitchcock sobre el falso culpable y con un toque de picardía al final de la película que no se le escapa a nadie. Magnífica.


8. Recursos humanos. Laurent Cantent

Esta película francesa fue como una bofetada en la cara, para entendernos un hostiazo, porque no me la esperaba. Es dura, sin concesiones, tiene una estética limitada, más bien simplona, a los actores no los conoce ni la madre que los parió, pero eran fascinantes. La película, y no cuento nada, hay que verla y punto. Luego la comentamos. Sólo decir que necesité tomarme una copa cuando salí del cine y es algo que no hago, ni habitualmente.


9. Broken Silence. Wolfgang Panzer

La traducción sería silencio roto, esta película me encantó y llevo detrás de ella años, no tiene nada que ver con la española del mismo nombre que dirigió, si no recuerdo mal, Montxo Armendáriz. Era una película que vi en un cine de Ginebra, una tarde tan gris como sosegada, después de quedarme con el culo helado en la placita de Rousseau. Me metí en el cine y descubrí que para hacer cine basta con querer contar una historia tocada por alguna especie de magia. Broken Silence era eso, porque estaba rodada con una cámara doméstica y al hombro, pero la historia era tan conmovedora que la calidad de la imagen era lo que menos preocupaba. Hermosísima película.


10. Cyclo. Anh Hung Tran

Lo que me fascinó de esta película fue su contundencia, su colorido y esa historia de fondo sobre el amor imposible, que tanto me cautiva. Además, la estética de las películas asiáticas tiene una concepción muy diferente a la occidental, por lo que ese exotismo me llama mucho la atención. El tema de la violencia, brutal, sin concesiones, pero tratada al mismo tiempo con una delicadeza fuera de lo común hacen que uno se quede pegado al asiento.
Dentro de esta estética asiática destaco: In the mood for love y Old Boy.


11. El año que vivimos peligrosamente. Peter Weir.

Esta, creo, es la única película que le acepto al idiota de Mel Gibson. La película es estremecedora sobre los totalitarismos asiáticos y la frialdad de la colonización “diplomática” de los occidentales. Sukarno, uno de los hombres más crueles de Indonesia es el trasfondo político, pero hay también una bonita historia de amor entre el personaje que interpreta Mel Gibson y el de Sigourney Weaver; pero la interpretación que sostiene la película es la de Linda Hunt haciendo de un hombrecito batallador.

He querido buscar las películas más raras que he visto y que me han dejado alguna que otra dócil cicatriz, películas de las que soy incapaz de olvidarme, películas que vuelven a mí como un recuerdo indeleble, como una fotografía de algún amigo que se murió o de algún amor que me dejó esperando su regreso en la sala de un aeropuerto o con los mocos helados mientras hacía el trayecto ciego de un ferry que me llevaba a Staten Island. Películas que igual no figuran en ninguna lista de las mejores películas de la historia, tampoco lo hacen mis amigos en ninguna de los mejores tipos del mundo, pero para mí lo han sido y lo siguen siendo.
 
Premios Max (III)
Definitivamente, apago la tele y abro un libro antes de dormirme.
Esta tarde encontré en la librería de mi amiga Margot, en Tomares, Sevilla, que siglo XXI está sacando en bolsillo
los libros de Eduardo Galeano. He comprado el de Patas arribas que abre fuego del siguiente modo:

Mensaje a los padres

Hoy en día, ya la gente no respeta nada. Antes poníamos en un pedestal la virtud, el honor, la verdad y la ley... La corrupción campea en la vida americana de nuestros días. Donde no se obedece otra ley, la corrupción es la única ley. La corrupción está minando este país. La virtud, el honor y la ley se han esfumado de nuestras vidas.

(Declaraciones de Al Capone al periodista Cormelius Vanderbilt Jr., unos días nates de que Al Capone ingresara en prisión).

Curiosa indicación la de monsieur Capone, si Gil levantara la cabeza estaría de acuerdo.
 
Premios Max (II)
Le acaban de dar el premio Max al mejor dramaturgo a Juan Mayorga por Hamelin.
Menos mal, se lo merecía, desde hace un par de años le sigo los pasos a los textos de Juan Mayorga,
hacía tiempo que no teníamos un dramaturgo tan imaginativo, tan directo y duro,
lleno de sinceridad y mala uva, original y pleno de actualidad.
Si sigue escribiendo obras como Hamelín y Animales nocturnos,
entrará por méritos propios en el círculo de Valle-Inclán y Buero Vallejo.


Lo increíble: Los premios Max se han sumado a la moda del SMS, con mensajitos ridículos del tipo
"Eres el mejor. Mami te quiero", y cosas por el estilo.

Qué pronto me voy a ir a la cama.
 
Premios Max (I)
Lo de esta noche está siendo un caso para que los del C.S.I. se luzcan.
Encontrarle sentido al homicidio artístico que Calixto Bieito está haciendo con los premios Max tiene su miga.
Lo que yo le tengo a Bieito no es envidia, lo juro, es incomprensión natural. O yo soy un lerdo brutal o, hasta la fecha,
lo que he visto de Bieito me ha parecido una bobada nada interesante.

Comprendo que montar un espectáculo para dar unos premios endogámicos no es nada fácil, pero ¿qué cuernos pinta Teddy
Bautista el Pope de la SGAE presentando la gala, dando las buenas noches en un catalán macarrónico? ¿Qué carámbanos fritos
pinta ese niño idiota, vestido de antigualla, señalando con el dedo y mordiendo una manzana? Que alguien me lo explique, por caridad cristiana.

De momento.

Lo mejor: la manzana con antifaz icono del premio, obra de Joan Brossa.

Lo peor: Que debo estar haciéndome mayor porque me he vuelto un criticón feroz. Mejor no os digo lo que estoy pensando justo ahora, mientras un
mañico canta una jota y una señora, vestida de lagarterana, la baila como si estuviera atada a un palo.

Estoy atento a los premios al mejor autor teatral en castellano. Se lo tienen que dar a Juan Mayorga, además por Animales nocturnos, aunque si se lo dan por Hamelin
me conformo, en mi particular admiración hacia este dramaturgo,
 
Nada está a salvo
Puede parecer apocalíptico el título de esta entrada, pero lo es, sobre todo después de ver el magnífico reportaje que pasaron ayer en Línea 900.
Espeluznante los intereses creados en la zona del pirineo aragonés. Ingenuo de mí, yo que creía que la especulación inmobiliaria estaba concentrada en tres puntos cerrados (el Aljarafe sevillano, Marbella y Murcia) y resulta que en realidad nada está a salvo de esta plaga que destruye construyendo.
Lo peor no es que la política vaya indisociablemente unida a la construcción, claro que la construcción va unida, a su vez, al fútbol y el fútbol a la política y así en sus etcéteras. Lo verdaderamente terrible es comprender que si uno no entra en el juego de la corrupción inmobiliaria puede quedar como un idiota y además ser mucho más perjudicial para su salud que fumar.
Un Sindiós. Un desastre, vaya.
 
Corporativismo
El DRAE se refiere al corporativismo del siguiente modo:
"En un grupo o sector profesional, tendencia abusiva a la solidaridad interna y a la defensa de los intereses del cuerpo."
Salvo la tendencia abusiva, sí que admito mi inclinación a la solidaridad con el grupo. Sobre todo con este grupo de amigos "blogeros" donde creo que no existe macho alfa ni nada por el estilo.
Donde dice "a la defensa de los intereses del cuerpo" no le pondré pega alguna. Defiendo, y mucho, los intereses de mi cuerpo. Sin duda y sin rubor.
Hago corporativismo e incluyo en Otras voces, otros ámbitos el "Tlog" de Tosi, interesante por sí solo, pero si encima le dedica una viñeta a "Las demasiadas horas"... ¿Viva el corporativismo!

Ilustración de NALPA
 
Frío de marzo
El otro día, lleno de alevosía y nocturnidad, en medio de un bar donde descrifrábamos antiguas amistades, un amigo me comentaba el tema de los móviles en los institutos. Nos inquieta a los dos porque somos profesores de eso que llaman enseñanza secundaria. Lo que venía a comentarme este amigo era algo sorprendente. Una señora, una señora madre de sus hijos, para más datos, hacía una diatriba contra internet. Para ella lo alarmante no era que a los chavales les de por imitar La naranja mecánica y grabarlo en pequeñas pantallas y que se los pasaran en mensajitos o luego lo colgaran de internet. Para la señora madre de sus hijos lo maléfico era internet, el desastre social estaba en las capacidades infinitamente malévolas de la cibernética, no en la educación que les damos a esos chavales -me incluyo en la parte que me coresponde, como profesor que no como padre-.

Lo siento, pero reivindico la galleta materna, esa que alguna vez nos han regalado las madres para mantener la compostura. Ahora vendrán las huestes más alarmadas a denunciarme por defensa de la violencia. A mí mi madre me ha dado galletas, la Sole de 7 vidas da collejas a diestro y siniestro y no salimos tarumbas o retorcidos.

Para los más dialogantes, los de la nueva escuela del niño intocable, les recomiendo que lean la última entrada del Descodificador

Como regalo un pedazo donde habla de fútbol, esa hermosa escuela:
"Si la mete le damos un plátano", chilló un chaval de unos diez años cuando Roberto Carlos estaba a punto de tirar una falta.
 
Suplementos culturales
Honestamente, me cuesta mucho confesar que los sábados, lo primero que hago, después de levantarme, porque de otro modo sería complicada la translación de partículas en plan la mosca de Cronenberg, es ir a comprar el periódico, concretamente el ABC -y aquí es donde reside mi dilema-, ya me gustaría comprar otro diario, pero sinceramente, en estos momentos es el que tiene mejor suplemento cultural, sin duda. ¿Qué ha pasado con los otros? El cultural anda en horas bajas, a veces se atreve con algún inédito y parece animarse, pero en seguida regresa a su estado natural: la inconstancia. Del otro, del Babelia, mejor no hablamos.

Definitivamente me quedo con el ABCD, aunque haya columnistas, no ya de la vieja escuela franquista, sino de la viejísima escuela. Lo primero que hago es acercarme al humor del perspicaz Rodríguez Rivero, me conformo con que uno de sus fragmentos sea bueno para que merezca la pena el esfuerzo de primero levantarme y luego ir a por el ABC. Toda una aventura.

Eso sí, nunca me olvido de llevarlo dobladito que parezca más un papel papirofléxico que un periódico; a ser posible bajo la axila, siempre dentro del chaquetón.
 
Ir despertando
Ya va siendo hora, me dicen, de que tome las riendas -como si yo supiera cabalgar- de esta voz llena de letras, que me deje de bobadas, que los amigos del otro lado de allá buscan saber de mí más a menudo -como si tuviera algo interesante que contar cada día-, que los amigos de este lado de aquí me dicen que adelante, que ahora que hay novelita en la calle haga algo bueno por ella -como si no me bastara haber sufrido tanto escribiéndola-. En cualquier caso yo no pondría la mano en el fuego por mí mismo, pero prometo, únicamente prometo, hacer todo lo posible para estar a la altura -como si yo fuera tan alto- de lo que los demás pretenden o buscan o persiguen o defienden.
Haré lo que pueda, lo prometo.
De momento despierto este blog de la hibernación. Eso ya es algo ¿verdad?

P.D. Gracias por los mensajes alentadores sobre Las demasiadas horas, es un placer saber que está gustando.
 
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