Sufragio universal
Ahora que está pronta la conmemoración del 75 aniversario (septuagésimo quinto, si me quieren erudito) de la aprobación del voto femenino en neustro país, un 2 de octubre de 1931.
Y nos movemos en una continua conspiración judeomasónica o intergaláctica, quién sabe, por lo que dice determinada prensa que se ha lanzado, además, a publicar esquelas en las que hablan que tal señor fue "vilmente asesinado por las ordas (sic.) marxistas".
El poder del voto se ha desprestigiado tanto que casi nadie vota siguiendo unos principios ideológicos, sino persiguiendo la "utilidad" del voto o buscando castigar a tal o cual partido. Lo próximo es que tengan en cuenta el descontento de los que votan en blanco, que es el modo que tenemos algunos de criticar los intereses creados de este sistema, y le den más publicidad a los votos en blanco, comenzando por Catalunya.
Y nos movemos en una continua conspiración judeomasónica o intergaláctica, quién sabe, por lo que dice determinada prensa que se ha lanzado, además, a publicar esquelas en las que hablan que tal señor fue "vilmente asesinado por las ordas (sic.) marxistas".
El poder del voto se ha desprestigiado tanto que casi nadie vota siguiendo unos principios ideológicos, sino persiguiendo la "utilidad" del voto o buscando castigar a tal o cual partido. Lo próximo es que tengan en cuenta el descontento de los que votan en blanco, que es el modo que tenemos algunos de criticar los intereses creados de este sistema, y le den más publicidad a los votos en blanco, comenzando por Catalunya.
Corruptible
Fabián Bielinsky narra en la película "Nueve reinas" la historia de un tipo ladino, Marcos (Ricardo Darín), que es capaz de vender a su hermana por unos pesos.
Hay una secuencia, en el baño de un hotel, en la que Marcos le explica a Juan (Gastón Pauls), individuo timorato y pusilánime, que en este mundo no faltan chaperos, lo que faltan son ofertas. Dejaba claro que todos tenemos un precio y más aún en un mundo que se balancea al ritmo del Dow Jones, el Ibex 35 y el Nikkei japonés.
Ayer, cuando veía la noticia de la salida de prisión de Marisol Yagüe, avejentada, e Isabel García Marcos, exultante; comenzaron mis dudas sobre quién era el pelele de la operación Malaya. Algo inquietante se movió en mi interior, como en un cuento de Lovecraft, cuando la señora García Marcos declaraba que los 360.000 euros en efectivo que la señora guardaba en su casa, no sé si en una talega para el pan o en un coqueto calcetín Ruiz de la Prada, eran ahorros. Que llevaba desde los 25 años trabajando, que tenía dos másters y más cosas.
Pobre de mí, que llevo desde los 19 trabajando, que tengo sólo un máster que me costó sudarlo y que vivo de prestado en casa de mi hermana hasta que encuentre un alquiler de precio razonable; pobre de mí que nunca veré tamaña cantidad de dinero ni expuesto en un problema de aritmética, ni escrito en un cheque. ¿Dónde está la trampa? Me pregunto. ¿Por qué una sale derrotada de la cárcel y la otra sale como si viniera de un balneario? ¿Tendrán algo que ver las visitas conyugales? Como estaba recién casada...
Cuando veo estos dislates de nuestro mundo político, en seguida pienso en dos cosas:
1. En la cara abotargada de José Blanco y en su voz de ornitorrinco. Claro que después de que el Gran Wyoming lo comparara con "otra persona inteligente" como Milhouse Van Houten, ahora no puedo despegar esa similitud de mis neuronas.
2. En el magnífico cuento de Mark Twain, "El hombre que corrompió a una ciudad" y en la ironía mordaz del mejor Twain sobre la honorabilidad de nuestros incorruptibles vecinos.
Sálvese quien pueda, y quien tenga en un zulito de escayola bolsas de basura llena de billetes de 500 euros. Con este paisaje político y social, luego se quejan las encuestas de que España sea el cuarto país por la cola en el fracaso escolar (30% de nuestros alumnos que esperan, como recoge el amigo Fritanga en su blog, no tener que trabajar como sus padres de ocho a tres).
Hubo un tiempo en el que quise ser ciclista, pero entonces los ciclistas como José Luis Laguía o Álvaro Pino, tenían estudios y en el tiempo de descanso se les veía leyendo un libro. Además nadie hablaba de corticoides o dopping, esa palabra surgió cuando los intereses económicos comenzaron a ser importantes.
Hay una secuencia, en el baño de un hotel, en la que Marcos le explica a Juan (Gastón Pauls), individuo timorato y pusilánime, que en este mundo no faltan chaperos, lo que faltan son ofertas. Dejaba claro que todos tenemos un precio y más aún en un mundo que se balancea al ritmo del Dow Jones, el Ibex 35 y el Nikkei japonés.
Ayer, cuando veía la noticia de la salida de prisión de Marisol Yagüe, avejentada, e Isabel García Marcos, exultante; comenzaron mis dudas sobre quién era el pelele de la operación Malaya. Algo inquietante se movió en mi interior, como en un cuento de Lovecraft, cuando la señora García Marcos declaraba que los 360.000 euros en efectivo que la señora guardaba en su casa, no sé si en una talega para el pan o en un coqueto calcetín Ruiz de la Prada, eran ahorros. Que llevaba desde los 25 años trabajando, que tenía dos másters y más cosas.
Pobre de mí, que llevo desde los 19 trabajando, que tengo sólo un máster que me costó sudarlo y que vivo de prestado en casa de mi hermana hasta que encuentre un alquiler de precio razonable; pobre de mí que nunca veré tamaña cantidad de dinero ni expuesto en un problema de aritmética, ni escrito en un cheque. ¿Dónde está la trampa? Me pregunto. ¿Por qué una sale derrotada de la cárcel y la otra sale como si viniera de un balneario? ¿Tendrán algo que ver las visitas conyugales? Como estaba recién casada...
Cuando veo estos dislates de nuestro mundo político, en seguida pienso en dos cosas:
1. En la cara abotargada de José Blanco y en su voz de ornitorrinco. Claro que después de que el Gran Wyoming lo comparara con "otra persona inteligente" como Milhouse Van Houten, ahora no puedo despegar esa similitud de mis neuronas.


2. En el magnífico cuento de Mark Twain, "El hombre que corrompió a una ciudad" y en la ironía mordaz del mejor Twain sobre la honorabilidad de nuestros incorruptibles vecinos.
Sálvese quien pueda, y quien tenga en un zulito de escayola bolsas de basura llena de billetes de 500 euros. Con este paisaje político y social, luego se quejan las encuestas de que España sea el cuarto país por la cola en el fracaso escolar (30% de nuestros alumnos que esperan, como recoge el amigo Fritanga en su blog, no tener que trabajar como sus padres de ocho a tres).
Hubo un tiempo en el que quise ser ciclista, pero entonces los ciclistas como José Luis Laguía o Álvaro Pino, tenían estudios y en el tiempo de descanso se les veía leyendo un libro. Además nadie hablaba de corticoides o dopping, esa palabra surgió cuando los intereses económicos comenzaron a ser importantes.
La rentrée
Volvemos al mismo infierno que dejamos, al calor húmedo, a la siesta de cerveza, canícula y chicharras. Regresamos al sosiego del trabajo (a mí al menos me sosiega trabajar), a la voz adormecida de Ben Harper, a reclamarle a los amigos algún que otro encuentro. Volvemos a encontrarnos la invasión de idioteces por fascículos, las novedades editoriales de los mismos de siempre, la humedad elevada en el ambiente y las pelusas bajo la cama. Volvemos del verano y nada ha cambiado. Incluso me parece que todo fue un sueño, el curso en Baeza, el viaje a Lisboa con M y la locura de convivir (en plan Gran Hermano) con 47 adolescentes con las hormonas (Def.: f. BIOL. Producto de la secreción de ciertas glándulas del cuerpo de animales y plantas que, transportado por la sangre o por la savia, regula la actividad de otros órganos Todos sabemos qué otros órganos) y feromonas (Def. f. BIOL. Sustancia excretada por algunos animales que influye en el comportamiento de los de su misma especie) encendidas. Experiencia maravillosa, volvería a cometer tamaña insensatez.
Volvemos a casa y nos encontramos que el mundo no sabe salir del fango donde se hunde sin remisión. ¿Qué haríamos sin conocer la intrahistoria de los que nos rodean, vecinos, panadera, abacera y charcutero? Porque la Historia, así con mayúsculas, escrita por los telediarios, comienza a parecerse a una hez vacuna, de las de pasto y plasta. ¿Quién decía que la Historia la escriben los grandes nombres? En fin, pesimismo para la vuelta al cole. El Ministerio de Educación francés y su magnánimo idiota, Gilles de Robien, piensa que llevar una camiseta con una hoja de marihuana es apología del cannabis; por lo que decide prohibir el uso de cualquier artículo que tenga la forma de la hoja de la maría. ¿Se aceptaría una hoja de parra en una camiseta o se consideraría que induce al pecado de la lujuria que cometieron Adán y Eva en el Edén? Lástima de los que todavía creen que la letra con sangre entra. (Aunque alguna colleja bien dada en un momento concreto nunca está de más).
Para no dejar de flotar en la desazón del regreso a casa, TVE vuelve a emitir un programa de Línea 900 titulado "La cosecha del subsidio", en el que nos muestra las desigualdades obscenas con las que se reparte el dinero del subsidio agrario, las millonarias ayudas que la Unión Europea concede, y que reparte equitativamente entre los que más tienen (Si Robin Hood dejara de ser un zorro de dibujitos y levantara la cabeza). Las ayudas se reparten del siguiente modo: el 80% del dinero entre el 20% de los que reciben subvenciones. Personajes interesantes como la Duquesa de Alba (no es la única duquesa), el dueño de la Inmobiliaria Osuna, los señores Ibarra y Botín y otros tantos ilustres de la dádiva bancaria de nuestro país neoliberado; que reciben poco más de un millón de euros al año, una minucia. Mientras tanto, los que verdaderamente cultivan las tierras o tienen ganado, van perdiéndolo todo y nuestra agricultura o se va al garete o se convierte en terreno urbanizable. ¿Alguien se acuerda de los olivos del Aljarafe sevillano? Por mentar un despropósito. A este ritmo los tomates tendrán un aspecto mágico, entre el cinabrio y el bermellón, con un brillo delicioso y un aspecto impecable frente a un sinsabor desnaturalizado.
Y a todo este despliegue de pesimismo, me entero de que Tito Fernández, el director de Sor Ye-ye, Cateto a babor y No desearás al vecino del quinto, se ha muerto. Una lástima, claro que, personalmente, me apena más la pérdida de Dewey Redman, extraordinario saxofonista de jazz, que también nos dejó.
Pero ya está bien de lamentarse, que vuelve el cole y tengo que comprar tela de cosas chachis: la mochila con ruedas, la carpeta de anillas, el cuaderno de cuadros y el lote de bolígrafos. Además del uniforme para volver guapetón al colegio.
Volvemos a casa y nos encontramos que el mundo no sabe salir del fango donde se hunde sin remisión. ¿Qué haríamos sin conocer la intrahistoria de los que nos rodean, vecinos, panadera, abacera y charcutero? Porque la Historia, así con mayúsculas, escrita por los telediarios, comienza a parecerse a una hez vacuna, de las de pasto y plasta. ¿Quién decía que la Historia la escriben los grandes nombres? En fin, pesimismo para la vuelta al cole. El Ministerio de Educación francés y su magnánimo idiota, Gilles de Robien, piensa que llevar una camiseta con una hoja de marihuana es apología del cannabis; por lo que decide prohibir el uso de cualquier artículo que tenga la forma de la hoja de la maría. ¿Se aceptaría una hoja de parra en una camiseta o se consideraría que induce al pecado de la lujuria que cometieron Adán y Eva en el Edén? Lástima de los que todavía creen que la letra con sangre entra. (Aunque alguna colleja bien dada en un momento concreto nunca está de más).
Para no dejar de flotar en la desazón del regreso a casa, TVE vuelve a emitir un programa de Línea 900 titulado "La cosecha del subsidio", en el que nos muestra las desigualdades obscenas con las que se reparte el dinero del subsidio agrario, las millonarias ayudas que la Unión Europea concede, y que reparte equitativamente entre los que más tienen (Si Robin Hood dejara de ser un zorro de dibujitos y levantara la cabeza). Las ayudas se reparten del siguiente modo: el 80% del dinero entre el 20% de los que reciben subvenciones. Personajes interesantes como la Duquesa de Alba (no es la única duquesa), el dueño de la Inmobiliaria Osuna, los señores Ibarra y Botín y otros tantos ilustres de la dádiva bancaria de nuestro país neoliberado; que reciben poco más de un millón de euros al año, una minucia. Mientras tanto, los que verdaderamente cultivan las tierras o tienen ganado, van perdiéndolo todo y nuestra agricultura o se va al garete o se convierte en terreno urbanizable. ¿Alguien se acuerda de los olivos del Aljarafe sevillano? Por mentar un despropósito. A este ritmo los tomates tendrán un aspecto mágico, entre el cinabrio y el bermellón, con un brillo delicioso y un aspecto impecable frente a un sinsabor desnaturalizado.
Y a todo este despliegue de pesimismo, me entero de que Tito Fernández, el director de Sor Ye-ye, Cateto a babor y No desearás al vecino del quinto, se ha muerto. Una lástima, claro que, personalmente, me apena más la pérdida de Dewey Redman, extraordinario saxofonista de jazz, que también nos dejó.
Pero ya está bien de lamentarse, que vuelve el cole y tengo que comprar tela de cosas chachis: la mochila con ruedas, la carpeta de anillas, el cuaderno de cuadros y el lote de bolígrafos. Además del uniforme para volver guapetón al colegio.





