Estas cosas pasan

Katherine Ortega muestra la cabeza de pollo frita que encontró en una bolsa de Mc Donald's. Su denuncia se basaba en que el incidente "fue asqueroso" y le provocó insomnio. Foto: AP.
No descubro a nadie nada nuevo cuando digo que los americanos, en realidad los que conocemos como yanquis o gringos, están como una chota. Yo siempre me acuerdo de aquello que decían los irreductibles galos: "Están locos estos romanos", teniendo en cuenta que los new romanos sin duda son los yanquis, no confundir con guiri, otro acierto de nuestro idioma de calle.
Digo esto porque leo en escolar una noticia que toma de Tele 5 sobre una mujer estadounidense:
"Hace unas semanas, una mujer estadounidense denunció a la cadena de comida rápida Wendy’s porque había encontrado un dedo en el interior de un plato de chile. Ahora ha salido a la luz que la denunciante, Anna Ayala, ya había presentado otras demandas parecidas en anteriores ocasiones. No es un caso aislado: en Estados Unidos han sido muchas las denuncias estrambóticas que han desembocado en indemnizaciones millonarias." (la noticia al completo en Tele 5)
Un amigo de allá de cuando yo andaba por aquellos lares me contaba riendo algunas de las más divertidas denuncias que sus compatriotas hacían, para luego, en seguida, decirme con tristeza que esa costumbre tan yanqui de denunciar sin medida era la que había acabado con el sistema público de sanidad y con cualquier buen samaritano; que si veías a un individuo tirado en el arcén mejor dejarlo estar no fuera que por un descuido al ir a ayudarlo le dislocaras un brazo y te denunciara. Con estas cosas me acuerdo en seguida de Jó, qué noche! de Scorserse y también de una de las historias fantásticas que me contó.
Un niño invita a un amiguito a pasar unas idílicas vacaciones en un yate. Por un tonto resbalón el amiguito del niño se rompe un brazo. La familia del niño llevan al amiguito a urgencias, le escayolan con diligencia el brazo y todo perfecto, algo más que contar en el colegio. Hasta ahí cierta normalidad, lo extraordinario es que a los dos días se presenta el padre del amiguito con un abogado y una denuncia pidiéndole una cifra exagerada de ceros porque su niño, o sea el amiguito, se había roto un brazo.
Que están locos estos romanos, no cabe duda y si no, compren un mechero en cualquier sitio, aunque no fumen, sólo por curiosidad, descubrirán una pegatina que es un panfleto enorme de instrucciones de uso y es que estas cosas pasa, sobre todo allí.





